29 enero 2007

En recuerdo de Melquiades Alvarez

Nicho de Melquiades Alvbarez en el Cementerio de La Almudena de Madrid


En otro blog, Masonería siglo XXI, hablaba de los masones que habían caido a manos republicanas.

La verdad es que ignoro cuantos fueron, y supongo que fueron pocos, pero en honor a la memoria histórica, hay que decir que muchos masones se encontraron en el bando de la incompresión y fueron detenidos por unos y por otros.

Quién se vío en esas tesituras fue Melquiades Alvarez, El Tribuno, el mismo que ensalza una parte de la derecha más rancia, y que reniega de la masonería como apestados, y a la cual hay que decirle que Melquidaes Alvarez se revistió del mandil masónico.

No tardando mucho expondré en este mismo tablón una de sus planchas.

Valga hoy como memoria de su trabajo este artículo publicado en su día el Diario La Nueva España

A PROPOSITO DE MELQUIADES ALVAREZ, o el CANTO DE LAS DOS MONEDAS.

La moneda de la memoria histórica está amenazada de muerte, pues la a aparición de nuevos autores y las nuevas revisones del marco histórico aportados por gentes como José María Marco; Pío Moa, etc y la labor de hijos, nietos y biznietos que revindican la memoria de sus antepasados ayudados en algunos casos por toda una cohorte de pudientes empresarios, y rancias familias, que reivindican ya sin freno su largo abolengo están logrando entre todos que en parte se desdibujen los contornos de nuestra reciente historia.

Es el caso de lo que está sucediendo con Melquíades Álvarez, al que se le han dedicado varios trabajos, en mi mesa están los estudios de Manuel Suárez Cortina: El reformismo en España; o el Maximiano García Venero: Melquíades Álvarez. Historia de un liberal; Luis Iñigo Fernández con Melquíades Álvarez, un liberal en la segunda Republica, su nieta Sarah Alvarez de Miranda: Melquíades Álvarez, mi padre en el canto de la moneda; Antonio L. Oliveros: Un tribuno español: Melquíades Álvarez; Justo García Sánchez con su trabajo Melquíades Alvarez Profesor Universitario y como no el otro gran trabajo de Antonio Oliveros: Asturias en el resurgimiento español.


Pues bien en toda esta pléyade de trabajos la faceta de francmasón ha quedado escamoteada; escondida y hasta sumergida en los más importantes olvidos la figura del Tribuno Melquidaes: y si embargo bajo el prisma de la historiografía masónica y hasta política, es muy difícil entender la existencia y deesarrollo de Melquíades y del propio Partido Reformista, sin que se aborde esa membresía masónica.

Ya en el libro de su nieta Sarah Álvarez Miranda, prima de un republicano de pro D. Luis Arias Argüelles Meres, que la ayudó en la labor de hacer realidad la publicación del libro, cual experto amanuense de clara estirpe orteguiana y azañista, vuelven a escamotear la pertenencia masónica.

Se obvia en muchos de los abordes que se han hecho el retrato de Melquíades Álvarez esa membresía, y por ende, las consecuencias que trajo para aquellos francmasones que siguieron a lo largo del primer tercio del siglo XX al Hermano:. Triboniano, pues este era el nombre simbólico utilizado por Melquíades en masonería.

Debemos decir en honor a la verdad que a Melquíades se le observa ya desde la masonería, del siglo XIX, como una joven promesa a la que habría que “captar”, y terminará incardinándose en la Orden Masónica en 1912 en la logia Jovellanos de Gijón
[1], de la mano de su amigo Alberto de Lera, Gran Maestre de la Gran Logia Regional del Noroeste, ambos consiguen hacer realidad el binomio de masonería y reformismo, como bien nos os cuenta Oliveros en su libro Asturias en el Resurgimiento Español.

Podemos decir que Melquíades Alvarez nace con la masonería del siglo XX, pues tras el desastres del 98, no había masones en activo en Asturias, hasta principios de 1911 que es cuando se colocan las primeras piedras y a las cuales acude Melquíades Álvarez con ese impetú que le caracterizaba, pues no solo apoya el nacimiento de la masonería sino que empuja la Escuela Neutra.

Pudiera pensarse que la estadía de Melquíades en el seno de la masonería, fue puramente casual, al igual que le que sucedió con el presidente D. Manuel Azaña, pero no, esa estadía de Melquíades fue larga y prolija, aunque haciendo justicia no se puede obviar que defendió la memoria de Ferrer y Guardia, y que se manifestó contra la Ley de Jurisdicciones, y estaba, al menos en esos primeros tiempos por la libertad de culto y la secularización total de la vida española, aunque tampoco se puede uno olvidar que fue también el defensor de José Antonio Primo de Rivera, y no se le perdonó su abandono o traición a la causa republicana.

Melquíades Alvarez, tuvo una larga vida en masonería, parece que terminó obteniendo su grado 18º por el cual pagó 50 pesetas en 1924. Así mismo aparece en un cuadro lógico de la logia del 30 de septiembre de 1926, pero su paso por el taller asturiano debía ser más virtual que real, aunque no deja de estar clara su ascendencia reformista a través de sus más grandes aláteres como fueron Alberto de Lera, y Antonio del Villar (Gran Maestre y Gran Secretario de la Gran Logia Regional del Noroeste).


Pero de su paso por la logia no nos queda nada, no hay apenas planchas, y apenas si sale en las citas de los balaustres del taller. Es como una extensa sombra masónica cuya estela se percibe, pero apenas si parece manifestarse.

Pero sí que tuvo una importancia capital en la masonería astur, y fue cuando Melquíades por efecto directo o indirecto, fura uno de los mayores culpables de que los masones asturianos que le siguieron de manera ciega, con una fé a prueba de bomba, luego sería quebrantada cuando se vieron en tierra de nadie, ante el muro de la imcompresión.


Ese momento se produce cuando Melquíades pacta con la CEDA, acto al que que se opone de forma frontal la masonería, y ello trae consigo que se expulse a los afiliados masones que habían dado el paso de seguir a Melquíades hasta la CEDA, puesto que su permanencia en ambas organizaciones, masonería y el Cedismo eran incompatibles.

Melquíades fue un tribuno, un líder que supo atraerse a las gentes de la logia y dejó en tierra de nadie a aquellos masones que le siguieron, “pues como melquiadistas se consideraban gente de orden” y tal posición será por un lado la que conlleve que el régimen republicano les rechace como miembros del republicanismo, y para colmo de sus males, se verán como objeto de persecución por parte de la dictadura franquista.

Es por eso que Melquíades, se le puede considerar responsable de esos hombre, que no abrazaban el reformismo, sino el melquiadismo que tanto propaló dicho tribuno, y que fue la causa de buena parte de sus males, tal vez esa es la fisura que queda para que encaje todo el entramado de esta historia, en la cual había que profundizar analizando sus amistades, sus avales para ver cuales eran los hilos “discretos” que se movían a su alrededor.

Este apunte intenta colocar a Melquíades Álvarez en otra perspectiva que se debiera abordar sin dilación, para situar al personaje en su propio periplo y encrucijada.

Hoy Melquíades Álvarez a los setenta años del su fusilamiento pese a tanta pompa, y recurso familiar, reposa en una “cutre hornacina” del cementerio de Madrid, al que este francmasón pese a todo, le colocó una rosa, como hermano que fue.
[1] Archivo de Salamanca Exp. 8 Legajo 161, en el cual nos indica que Melquíades Álvarez fue iniciado en día 123 de noviembre 1912, y exaltados a los grados de Compañero (2º) y Maestro (3º) el 28 de agosto de 1915 y el 10 de diciembre de 1917


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