19 julio 2008

Sea como fuere, el caso es el Camino de Santiago, lo echan cuesta arriba, camino de Colombres, y nuestro sendero (E-9) arranca desde otras latitudes exactamente desde Bustio y parte hacia la atalaya del Pico Cañón.

Concretamente el trazado comienza en el Parque de la Remansona (Bustio), y continúa, una vez cruzada la carretera Nª-634, por debajo de un paso inferior, y desfila por pista de zahorra, hormigonada en algunos tramos, y va recorriendo los barrios de la Texera y Salcea, hasta enlazar con el camino real que nos lleva hacia el citado picoCañón

A lo largo del sendero existe toda una variada señalización de GR, colocada en cruces y desviaciones. La cual nos acompañará en todo el trazado, aunque hay que ir precavidos pues el vandalismo es moneda corriente por estos predios y las señales siempre se llevan la peor parte.

Antes de subir a coronar el pico, encontramos a nuestra derecha los viejos restos de una casamata o nido de ametralladoras restos antiguos de nuestra incivil Guerra del 36. Desde dicha posición cubrían a toque de metralla todo el paso de la amplia vega; cuestión que el general Ballesteros allá en las guerra francesas debió desechar tal posición, por otra mas altozana y dominante, y de vientos más frescos pues no era cuestión de observar paseantes sino de cortarle el paso al presumible enemigo, aunque en éste en algunas ocasiones fuera de la propia casa.

El Picu Cañón" se llama así desde el año 1810, antes era el" Pico de la Garita " ya que es un buen punto para otear la amplia ría de Tina y sus aledaños, y contemplar los cercanos Mons Vindius (Picos de Europa), tan famosos como majestuosos. Aunque un poco más cercano a nosotros veremos resplandecer el color azulón de la Quinta Guadalupe donde hoy está emplazado el Archivo de Indianos, ubicado en el vecino núcleo de Colombres, y que guarda añgún que otro tesoro masónico.

El cambio en la denominación de la citada atalaya, se debió a que en él emplazó el General Ballesteros, un cañón que sacó del fuerte de Llanes, con el cual defendió durante varios meses la entrada de las tropas francesas, hasta que el 22 de mayo de 1809 una flotilla desembarcó en la Cueva de El Pindal procedente de San Vicente de la Barquera. Estos subieron por sorpresa y se desplegaron por el "Coterón de las Liebres" y se acabó la dominancia.

Dicen las leyendas que estos franceses pretendían conseguir la custodia de la iglesia, [para una vez que parece que se presentan como civilizados defensores de lo patrio, pues les atizamos de lo lindo] al final terminaron por abandonar el suelo patrio expulsados de la heroica y vetusta España por ensalzados prebostes de la rancia derecha asturiana reconvertida al liberalismo.

¿Qué tiene esto de mágico,? Pues más bien poco, pero el camino es conocimiento y entretenimiento y no deja de ser paradójico una invasión francesa para proteger una iglesia. ¿Tan importante era? Cosas así también lo hacían otros famosos franceses, los míticos Templarios, que luchaban años y años por determinadas posiciones que no parecían tener valor estratégico alguno. Símil difícil pero edificante cuando menos.

Como todas las grandes epopeyas, éstas casi siempre concluyen en cuestiones crematísticas o pragmáticas, y el citado cañón que mantuvo al rojerío del momento a raya terminó siendo desmontado por un gallego que se casó en Pimiango, [siempre hay un gallego por medio, pues ya lo dice la canción de Zapato Veloz: hay un gallego en la luna…]; que lo llevó rodando hasta el Haidin" y más tarde lo espitó en Bustio para amarrar los barcos, hasta que en 1936 se lo llevaron para hacer las famosas pesetas. Al menos eso es lo que dicen…y no seré yo quien desmienta las crónicas.

Por debajo del pico Cañón o de la Garita, está la Ería Nueva, y ya debajo de ésta Trasmoscantos, lugar en el que se juntaban los peregrinos que cruzaban o bien la ría en barca o los que bordeaban ésta hasta su cruce por el paso de Unquera-Bustio; en todos casos, ambos entraban por entre el encinar (fuerza y duración) que se envuelve en mágica y espesa atmósfera esotérica, en la que se embosca este complejo ternario que forman el monasterio cisterciense de Tina, la ermita de Santo Medero y la Cueva del Pindal.

Es un espacio increíble en todos los sentidos, pues es patente la soledad que transmite por todos los rincones el lugar, y personalmente me recuerda a los desiertos de la Cartuja.

Las pozas donde fluye de manera imaginable el agua marina, los vericuetos perdidos entre el antropogónico encinar, los innumerables senderos…,todo desprende un sabor de antiguas estancias y quehaceres. Es un extraño vergel sumido en una curiosa penumbra que a cada metro deja transpirar magia y esoterismo, sin que se pueda precisar o definir el modo y la forma, tal y como nos comentaba Juan G. Atienza.

Es además un lugar de fábulas, según nos cuenta Juan Luis Rodríguez Vigil, en su Geografía Sagrada de Asturias- en cuyo libro nos transcribe la leyenda “de tres hermanos Tina, Marina y Medé (Emeterio) que fueron perseguidos por unos piratas cuando viajaban en barco. Aunque llegaron a la costa, sanos y salvos gracias a la protección de la Virgen, juraron que nunca volverían a poner los pies en una embarcación, pero tomaron posturas diferentes con respecto al mar.

Marina, decidió que no quería ni verlo ni oírlo, por lo que buscó refugio en Llanes. Tal vez la huella de esa hermana la podemos encontrar en la Iglesia de Santa María en la capital llanisca. ¿Ver veremos?

La otra hermana– Tina, a la que le gustaba escucharlo, pero no quería volver a contemplarlo, se fue a vivir al monasterio de medieval posiblemente al que luego dio lugar al actual de Tina, cuyo emplazamiento recoge el cantar de esta manera :


Dichoso del peregrino
que cruza en Bustio la ría
y que llega a descansar
junto a la Virgen de Tina.
Que bien duerme el peregrino
cuando la Virgen le mece
!ay, quien fuera peregrino en Tina
cuando amanece!


Desde el desvencijado monasterio “ se oyen los bufidos del oleaje aunque no se alcance a ver el agua”. Si ya el entorno es de una belleza singular, más puede serlo al escuchar esos extraños ruidos marinos provenientes de los bufones, que más bien parecen bramadorios en los cuales los misteriosos atlantes hacen llegar sus faunos lamentos.

Por otro lado la leyenda de los tres hermanos y su viaje escabroso por mar, del cual llegan sanos y salvos bajo la protección de la Virgen, tiene como resultado que en vez de poner tierra de por medio con la mar océana se quedan todos ellos a vivir al rumor de las olas. Lo cual nos indica la posibilidad de una lectura hermética, que nos sugiere un viaje iniciático mediante el cual los hermanos recobran su cuna, la vuelta a un lugar querido, a sus ancestros, en el cual todos ellos se establecen, y cada uno de ellos se dedica a trabajar su piedra bruta en una especie de vida contemplativa.

Esa travesía de los hermanos recuerda a los viajes iniciáticos, donde todo es tormenta y caos, la búsqueda, y como no, un ir al centro de la tierra, una travesía siempre en la que siempre hay una mano protectora que te asegura en el caos y que desde la inquietud (lo tenebroso) te ayuda a caminar hacia esa quietud que parecen recobrar los hermanos al rumor de la mar cántabra, al lado de la cual se supone han encontrado la Luz, o simplemente, están al lado de algún punto del camino.

Del monacato de Tina y sus dependencias apenas si quedan en pie algún que otro resto como la iglesia, en cuya entrada se aprecia un destruido horno de pan y los pedazos de lo que creo que fue un pozo agua, hoy totalmente anegado, y un poco más allá los desvencijados restos de otras construcciones anejas, que se supone era las dependencias monacales.

En cuanto a la iglesia esto es lo que nos dicen Mari Cruz Morales y Emilio Casares “Las tres destruidas naves están unidas en una sola, estaba constituida por una estructura espacial arquitectónica de una gran sobriedad y armonía que indudablemente hay que enlazar con las aspiraciones del monasterio y su tradición de monjes arquitectos con un conocimiento y búsqueda consciente de los espacios arquitectónicos propicios a la nueva reforma de la Orden Benedictina”.[1]

No parece que dicho monasterio contara con mucha ornamentación simbólica, más bien hay que pensar que se insertaba en la idea cisterciense de que los ojos y la razón no necesitan de la imperiosa simbología que existe en otros monacatos, puesto que estamos en los más sincrético del camino, aquí el desarrollo espiritual no transcurre en un museo de alegorías representadas en capiteles, metopas o canecillos, sino en uno mismo, y más intenso es cuando se realiza esa especie de Transmutación, que se magnifica cuando se recorre la Vereda de los Salvadores.

Quien lleve en sus venas la permanente búsqueda de lo iniciático, el grial de la existencia, encontrará en éste sagrado lugar que los pelillos se le erizan sin saber que está sucediendo a su alrededor, pues el lugar transmite singulares vibraciones y algo parece flotar en el ambiente, el cual terminará por seducirnos como lo hizo con el tercer hermano: Emeterio que “tomó la decisión de no embarcarse, no quería dejar de ver y oír el mar, y se instaló al otro lado de la cueva, desde donde pudo mirar y escuchar las aguas” Un lugar que también embrujó al masón y erudito Fermín Canella, que lo llegó a contemplar en pleno esplendor, o sea sin derruir.

Salimos de los ruinas cistercienses de Tina, que muchos nos dice de aquellos tiempos, pues la piedra habla siempre, puesto que acompaña al canto litúrgico y lo prolonga a modo de eco por la bóveda del monacato, pero los mirmullos del canto se hoyen también por el denso encinar, por el cual el ritmo y la melodía gregoriana se debía esparcir en una extraña y singular prolongación del monacato.. Imaginaos por un momento la escena. Aunque la piedra también tiene un aspecto muy importante, su expresivo silencio.

Dejamos Tina y varias lápidas sepulcrales sin inscripción, una rota, y otra que anda rodando por la zona, y tras ellos nos disponemos a cruzar la profunda huella que deja la Riega Bartolo (Bartolomé, era un apóstol de Jesús, que corresponde a un sobrenombre, que le fue añadido a su antiguo nombre que era Natanael (que significa "regalo de Dios").

Tal vez ese sea el símbolo de la riega pura y cristalina que fluye tan cerca del monasterio, y que en un lugar tan bravío no deja de ser un regalo del Gran Arquitecto, pues aportaba una cristalina agua al monacato y un encanto muy especial.

No deja cuando menos, curioso un nombre para una riega que desemboca en uno de esos bramadorios ya citados, y más cuando Bartolo parece que fue uno de los pastores que estaba acompañado de un ermitaño y ayudado por San Miguel en su encuentro con Luzbel, cuando iba camino de Belén.

Este entorno sin saber porqué me recuerda a San Bartolomé de Ucero en Soria donde también hay una cueva, un gran santuario, un río y los templarios circulando por allí.

Llegamos de forma cómoda entre el eucaliptal y el encinar al singular entorno de la ermita de Santo Medé, que proviene de genitivo Sancti Emeterii. Extraño es éste San Emeterio, que pulula por nuestras tierras asturianas, pese a su posible origen burgalés o leonés.

Parece ser a la vista de las leyendas patrísticas, que le tal Emeterio era hijo del centurión y mártir Marcelo. El poeta hispano Prudencio recogió en verso los relatos de la muerte de Emeterio y Celedonio, éste último era hermano de Emeterio. Estos hermanos formaron parte de las legiones romanas hasta que se decretó la persecución de los cristianos. Por lo que decidieron entonces entregarse al procónsul de Calahorra, declarando su fe, y aunque fueron encarcelados y torturados nunca renunciaron a su religión, por lo que fueron condenados a morir decapitados a las orillas del río Arrendó, el 13 de marzo del año 300. Se cuenta que antes de morir, Emeterio lanzó al aire su anillo, y Celedonio su pañuelo que ascendieron hacia el cielo a la vista de todos.

La leyenda también dice que sus cabezas decapitadas llegaron hasta Santander a bordo de una nave de piedra, que atravesaron la roca conocida como la Horadada de los Mártires y encallaron en la costa. Cuestión que parece enlazar con parte de la leyenda asturiana, lo que no deja de ser paradigmático, pues también en la parte alta de Calahorra se ubica la iglesia del Salvador, probablemente en testimonio perpetuante del hecho martirial. De nuevo El Salvador.

Santo Medé tiene bajo su advocación una impresionante ermita, con lugar anexionado para el alojar al ermitaño. En el pórtico de esta enorme capilla se rodó la película El Abuelo (1998), y en una capillita estival aledaña podemos ver que el citado santo está representado en una pintura mural tocado con una extraña indumentaria y chistera, de claro sabor bizantino.

Como todo santo que se precie, éste ha de tener al menos una leyenda cuasi mágica, y alrededor de Santu Medé hay más de una, y la que sigue ya es un poco de travestidos, pues parece que la idea no era dedicarle la ermita a tal santo, sino a la misma Virgen, pero según narran las leyendas, al escultor que talló la imagen en lugar de la Virgen, le salió un santo, y por aquello de ahorrar en costes pues todo quedó bajo la advocación de San Emeterio de ahí que se cante:

San Emeterio glorioso
eso bien lo sabéis vos
de que fuisteis elegido
para ser madre de Dios.

En esta ocasión estamos ante la clásica situación, pero con variante, de la construcción de una ermita que se desea ponerse bajo la advocación de un determinado santo o deidad, y ésta o éste escurre el bulto para irse un poco más allá. En la presente situación Santo Medé se queda pegado a las viejas tradiciones antropocéntricas de las cuevas, y es la Virgen la que opta por subirse hasta Piminago.

Tal santo da pábulo a otras leyendas sobre poderes curativos, que parece ser, transmutan las aguas del lugar, cuestión muy propicia para los senderistas, pues están tales aguas indicadas para los problemas de pies, de ahí que todo “quisqui” opte por lavarse los pies en la zona y mirar de paso si se le curan los juanetes, pues parece que el santo tiene predicamento y poder en tal cuestión, como asi lo expresa n el pericote:

Valamé, valamé
mi tiu el coxu rompió un pié
y después que lu rompió
lu llevó a Santu Medé

“Los núcleos mágicos y su relación con los manantiales son fenómenos que singularmente siempre van unidos, encontrando casi siempre al lado del agua el santuario, cuya relación “vendría referida a la virtud física o metafísica del manantial y al simbolismo que lo gobierna y lo define, que tiende siempre a identificarlo como su significación griálica de continente y transportador del conocimiento supremo”[2]
[1] El Románico en Asturias (zona Oriental). Ayalga Ediciones 19977
[2] Juan G. Atienza: pag. 37.

14 julio 2008

El Camino de los San Salvadores


Durante unas semanas, estimado lectores, éstas del verano permitánme que abandone la docta ciencia de la investigación, aunque en mi caso no llegue más que al plumilleo investigativo, y les ofrezca unas relajantes paginas referidas también a esta tierra asturiana, y vista desde los mágico y lo esotérico, pero desde una visión divertida y locuaz y un tanto alocada, y sin mucho son, pero que me relaja y que durante ese verano les iré martirizando con las diversas entregas.

Por tanto aprovechando que el Camino de Santiagop por orden y mando del Principado se ha convertido a su ven el Gran Recorrido (GR ) E-9 me he lanzado a los juegos sincréticos que les dejo para su lectura.

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1º Etapa: BUSTIO-LLANES. LA PUERTA MAGICA DE ASTURIAS
Comenzamos nuestro viaje por el GR–E9, un sendero de largo recorrido que ya su bautizo corresponde a una curiosa coincidencia, seguramente no buscada por sus autores y diseñadores, auqnue debamos saber lo que tal signatura significa exotericamente : Gran Recorrido (GR), que se señaliza con bandas blancas y rojas. La letra E corresponde a España, y el nº 9 correspondería a la numeración Internacional.
Por tanto para comenzar nuestro camino es bueno dejar volar la imaginación y adentrarnos en el juego hermético y cabalístico que nos va poniendo delante el propio camino, que además nos pide una mente y un corazón abierto, no para terminar creyendo en ovnis o en fanstamagóricos espíritus andantes, sino para entrenar nuestros sentidos a percibir y relacionar todo con el Todo, o la nada con el Universo, que por algo se empieza.

Eha pues, ésta es la propuesta, un símil juego de la oca lleno de interpretaciones y simbolismos, abierto a múltiples interpretaciones y relaciones, tan objetivas y subjetivas como nuestra razón lo estime oportuno,.
En nuestra mano está descifrarlo, y por supuesto vivirlo y recorrerlo para ver sie es cierto lo que digo.

Pero el inocente GR E-9 guarda celosamente todo un contenido esotérico de juegos malabares de proyección cabalística, la primera en la frente y eso sin echar a caminar, pero debemos prepararnos a loq que se nos viene encima pues la conjunción de letras y números del sendero que iniciamos tiene todo un significado cabalistico y por ende esotérico.

Vayamos por partes: la letra G es todo un pozo de significaciones, pues la G griega tiene forma de escuadra (símbolo esencial en el oficio de los constructores que además dejaron su saber a través del camino como iremos viendo); en otra vertiente la Ghimel hebrea evoca la Gran Tríada, luego veremos que pasa con la tríada, que a su vez es el símbolo del Centro, que bien pudiera corresponder a esta Vereda que comenzamos.

La G es una letra esencial en la masonería pues aparece asociada a la Estrella Flamígera y utilizada por las escuelas pitagóricas y la masonerías operativa y especulativa. El estudioso René Guenón le asimila una clave simbólica en la cual juega un papel importante que se relaciona con los Fideli d´Amore, hermandad templaria a la que perteneció el poeta Dante, y que a su vez estuvo relacionada con la masonería; auqnue más adelante veremos que por aquí también andan todos caballeros, poetas, constructores y hasta masones.

La letra R tiene menos trascendencia hermética, para los hebreos representa la independencia, que tal vez podamos referirla al sentido de como debe recorrerse el camino; por otro lado tal letra es para los musulmanes el vigésimo nombre de dios Rabb, y la letra G para estos mismo creyentes representa el vigésimo octavo nombre de dios Ghafur” que quiere decir el “Gran Perdonador

Ese mismo que encontramos en cada etapa representado en basílicas y catedrales como El Salvador. Por todo ello, cada vez queda más claro que ir a Santiago de Compostela no es lo importante, sino rue lo esencia es realizar el camino, en cuya esencia radica la búsqueda de Rabb y del Ghafur, el encuentro con uno mismo en ese atanor que es el viaje iniciático.

Asimismo la letra E representa el Este, en esta caso al Oriente, que en masonería es la cabeza del templo donde trabajan los masones, lugar donde se coloca el Venerable, el Orador y el Secretario y lugar en el que también se colocan las tres grandes luces que lo conforman el compás, la escuadra y el libro de las Constituciones o el libro sagrado, que bien puede ser la Biblia, o el Corán, y como no las herramientas necesarias para los constructores: el compás y la escuadra.

Si tales cuestiones en sí mismas nos puideran decir más bien poco o casi nada por excepticos y para aquellos que no creen en cosas raras o extrañas, no se apuren pues ya saben ese apotegma de “ no creo en brujas pero haber haylas”. Llegados a este punto habría que preguntarse: ¿Qué hace un incrédulo de tal calibre, como usted, leyendo uunos párrafos de esta calaña? Textos donde se dan la mano lo esotérico y lo exotérico, y todo ello envuelto en el más puro hermetismo,que iremos disfrutando o maldiciendo a bordo de la escoba histórica que me creado apar el momento.

Se trata pues de hacer más “diver” el camino; de hacerlo más entretenido y si por casualidad tocamos la flauta y la fibra sensible de las personas y el territorio, pues mejor que mejor, por eso volviendo al redil de nuestras conjeturas, de nuevo probamos con lo que nos pueda decir el número 9, que es el triángulo del ternario, o sea el tres multiplicado por sí mismo, que vendría a representar la imagen de los tres mundos: material, espiritual y mental, estadios en los que nos solemos desenvolver los humanos, aunque unos con mejor fortuna que otros; por tanto estamos hablando del número que viene a representar la Vida, la Generación, y la Regeneración inmanente. O sea aquello que se ha de dar a lo largo del Camino.

Comenta un estudioso como Juan Carlos Daza que en los Misterios de Eleusis: Deméter llora y busca a Coré, durante nueve días, que lo pone en relación con las 9 vueltas que dan los 9 maestros que buscan la tumba del Maestro Hiram, el gran arquitecto del Templo de Salomón.

Historia, mito y leyenda que nos obligaría a rellenar un sin fin de páginas, y a escabrosos terrenos en los cuales el embrollo estaría asegurado, y por ende a la conclusión o finalización de este libro- ruta por falta de espacio. O sea que salto de vértigo y proseguimos.
Aunque no podemos obviar que el 9 es el símbolo del Maestro que viene representado en la Tabla de Theon o Tabla de la Memoria, el cuadrado mágico de orden 3 (3x3) que conjuga los nueve primeros números. 
Volviendo a la masonería esas son las luces que iluminan la cámara del Maestro. Número que a su vez representa lo eterno de la inmortalidad humana. ¡Ahí queda eso!


En la tradición hebraica es el número que representa el símbolo de la Verdad , ya que se reproduce así mismo, y para colmo, es un número que por ser la última cifra de la serie representa el fin y el comienzo , el nacimiento y la germinación, al tiempo que la muerte, aunque esa germinación es hacia abajo, material.

Armados de tan sólidos argumentos y tan peregrinas herramientas comenzamos un camino-sendero que como un puzzle nos irá arrojando un sin fin de casillas y de saltos, de atrás y jacia adelante, a modo del gran Juego de la Oca. Una peregrinación de carácter iniciático o simplemente lúdico, como ustedes prefieran, pero como en todo, por en medio estará el conocimiento y nuestra predisposición a comprenderlo.

Tal vez no lo sepan ustedes modernos pateadores de estas infraestructuras sendristas, pero al realizar el modernos GR E-9, están ustedes volviendo a realizar la vieja senda peregrina e iniciática de los Salvadores, un primigenio camino que se denominó Camino de San Salvador, de ahí el refrán de: “quien va Santiago sin ir a San Salvador, visita al criado y no al Señor”.

Camino o senda ésta que fue abandonada, pues ya ustedes saben,o imaginan por efectos del marketing, del mal tiempo, del mal andar, y como no de la jungla de intereses políticos, religiosos y monetarios que se dieron en determinada época e instancias y que concluyó con la preeminencia del llamado Camino Francés, o sea un pujante sol, e infraestructuras por doquier, y mucha pujanza, aunque les falte la mar salada.

Nuestro Camino Costero, este moderno E-9, Santiaguista donde los haya, y que antaño alguien bautizó como la Senda de los Salvadores, ya fue fruto del trabajo e investigaciones y con defensa a ultranza ante aquellas rancias autoridades turísticas de finales de los 60, con D. Fraga Iribarne al frente, y cuyas tesis defendía D. Luis Merediz Parreño, pariente de un interesante masón, del que ya hablaremos más adelante.

Don Luis defendía este camino costero sobre otros, como así lo atestiguan sus interesantes notas, estudios, y pese a sus presiones sobre la élite política del momento para que esta Vereda tuviese un fiel reconocimiento mediático no hubo manera. . Hasta llegó a realizar un mapa con el recorrido costero con los topónimos en árabe y demás cuestiones esotéricas por si pitaba la cosa, aunque poco a poco va pitando.
Según las viejas notas autógrafas de D. Luis Merediz, este camino costero tenía el don ser protegido por una llamada Hermandad de los Cambeadores”, que a su vez dió origen a la Orden de los Caballeros de la Espada” y sucesivamente a la Orden de San Salvador … ¿Que tiene que ver esa vieja Orden de Cambeadores, de la cual hay tan pocos rastros como referencias, con la fenecida Orden del Temple y sus aficiones cambistas? Hallar la contestación no es fácil, y seguramente que al realizar el camino iremos descubriendo por nosotros mismo todo ese misterio.

Estamos pues, ante una ruta que comienza en la frontera astur-cántabra de Unquera- Bustio, y que busca la sombra del impresionante bosque, que se cobija bajo la falda del Pico Cañón , en el borde litoral oriental y cuyo camino despues d emucho andar y cabilar concluye en las remansadas aguas de la ría del Eo.

Arribamos pues, tras estas prolijas vueltas por los intricados misterios hermenéuticos, a las tierras de Bustio. Sí no queremos echar pie al agua para cruzar por la desembocadura de la ría de Tina Mayor en su encuentro con la brava mar cántabra, la maniobra la podemos hacer en barca cruzando a la altura del Pozo del Ángel.

En caso de marearnos, o de no tener cuatos o de que no haya barquero , que todo puede ser, debemos dar un rodeo y entrar andando paralelos a la carretera Nª 634, hasta concluir ante la población de Unquera-Bustio iniciando así el recorrido de la Vereda de los Salvadores por las tierras de Asturias, y sin mojar un ápice nuestra sandalias.

Las guías oficiales del Camino de Santiago, echan el camino desde Bustio hacia Columbres, por la llamada Cuesta del Canto, según se recoge de las Impresiones de viaje (Por Oriente) del viajero asturiano Juan de Llano Ponte (1866).

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Es muy posible que en parte fuera así, aunque me temo que había dos caminos: uno camino abierto al consumo general donde lo que primaba era lo exóterico (externo), no exento de hitos religiosos; y luego estaba aquel otro camino de carácter más sincrético y esotérico (interno) que funcionaban a modo de pasillo cósmico, de los cuales solo nos quedan las huellas, y esa atención que nos reclama el recinto, monumento o lugar. Y la prueba la tenemos en que no tiene mucho sentido subir hacia Colombres, estando el monasterio de Tina, o el Pindal o Santo Emeterio por aquellos otros lares más al norte e interesantes que Colombres, que ahora está muy bonita pero que antiguamnete pues era lo que era.

Juan G. Atienza en su Guía de la España mágica, nos comenta: “esos lugares constituyen algo así como pasillos cósmicos que propician el acceso al plano de la realidad superior. Ignoro que clase de puertas, ventanas o de hilo conductor conforman, ni sé en qué manera propician el paso o la experiencia a ese plano superior”
Theón de Alexandría, comentarista del cuarto siglo A.d. trabajaba sobre la significación alegórica de los números al igual que Nicómaco de Greasa.
Victor Guerra

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