05 febrero 2016

RECUPERANDO AL MAESTRO ELEUTERIO QUINTANILLA


Hace ya unos días, y tras un silencioso y callado trabajo del grupo de trabajo Eleuterio Quintanilla   y del Aula Popular José Luis García Ría,  se presentó en el  Club de la Nueva España de Gijón,  el libro: Memoria de Eleuterio Quintanilla

Fundador y militante de la CNT, periodista, director de la Escuela Neutra, bibliotecario y profesor del Ateneo Obrero de Gijón,y exiliado, este fue el periplo de este francmasón nacido en Gijón y fallecido en  Burdeos en 1966.

Es la figura que se quiere rescatar desde hace años el olvido, empeño que en la presentación del libro por parte de Chema Castiello y Yolanda Díaz, quedó patente, pues la presentación contó con un lleno total,de variopinta grey  con la intención de conocer aún más la figura de este autodidacta chocolatero que se aupó hasta la dirección de la Escuela Neutra, (1911-1937).

 Proyecto educativo que auspiciaron tanto las sociedades obreras, como el incipiente republicanismo reformista de Melquíades Álvarez y la también flamante masonería asturiana, encabezada por la Logia Jovellanos nº 337, que finalmente mantuvo y sostuvo el proyecto incluso hasta 1937.

Me interesó  de tal acto, sobre manera, el retrato de Chema Castiello, construido desde el cariño al personaje, al cual se le añaden una serie de pinceladas que  nos acercó a esa figura ambivalente,  en la que nos movemos  los autodidactas, de ser displicentes  vanguardistas, tal vez por falta de prejuicios y sujeciones culturales y políticas, lo cual también hace que las aventuras intelectuales terminen siempre de modo un tanto trágico, en tanto que terminan siendo proyectos derrotados por la imperiosidad de los tiempos de las urgencias o el imperialismo de las pluridiversas corrientes de moda

Luego estos  hechos, estas propuestas van recobrando vida de la mano de otros siendo nítidos referentes de nuevas regeneraciones, paradojas de la vida, tan solo quedará  en el poso de la memoria y  la experiencia intima de haber parido la cosas, y en ese juego Eleuterio Quintanilla fue un corredor de fondo que jugó  a poner unas ideas en marcha, como  la coaligada acción política entre el pujante anarquismo y el naciente socialismo astur, o sea  la unión sindical entre la UGT y la CNT, batalla que dio junto con otro personaje recientemente biografiado como fue Teodomiro Menéndez, compañero de bancada masónica y de luchas y planteamientos por la acción conjunta que nunca pudo ser.

El cuadro sutil que nos fue exponiendo Chema Castiello, era la imagen  de un hombre vibrante, de fuerte y bien construida oratoria, así lo recuerdan muchos compañeros, pero en definitiva estamos ante un náufrago de los abencerrajes astures tan proclives a la destrucción de ideas, ideales y referentes, y cuyos embates hicieron que el Maestro se refugiara en una especie de introspección misógina muy proclive en su carácter, que reconozco en alguno de sus descendientes.


El maestro chocolatero que salió del barrio, de la fábrica, para darse un denso baño de intelectualidad y construcción personal en el seno de la autoformación obrera, pero también en el seno de organizaciones como el Ateneo Obrero de Gijón, donde colaboró y conoció y se codeó  con brillantes figuras como Sánchez Gali, o la pujante juventud reformista encarnada en Marino Merediz Díaz Parreño, o Dionisio Cinfuentes, con intelectuales  como Fernando Vela, fustes  intelectuales a los que hay que añadir la presencia de  un brillante Melquíades Álvarez, o Ulpiano Alonso, o un inquieto empresario  como Gervasio de  la Riera. 

En definitiva, una importante formación en la sociabilidad de la ciudadanía. que en aquellos momentos pivotaba desde las intensas asignaturas en las variopintas bancadas políticas y sindicales a las impartidas desde las diferentes columnas masónicas, en las cuales también el Maestro de la Escuela Neutra, tuvo ocasión de recibir y es de suponer que también de disertar.

Pero algo debió pasar para que durante 17 largos años,  su currículo masónico no llegara  hasta el rojo mandil de Maestro Masón, pues como dicen los castizos quedó para vestir santos masónicos como  Aprendiz Masón (1º),  lo que ya nos indica  un presunto fracaso, no sé si personal o colectivo, motivo  por el  cual  su memoria se ha quedado  perdida en un extraño silencio  masónico en el cual habrá que  escarbar, pues es un chocante contrapunto de intenso contraste con su acción como referente de la Escuela Neutra.

El relato presentado por Chema Castiello, veraz y trufado de nuevas informaciones traídas de un reciente viaje por tierras francesas, visitando a amigos y familiares, en un ingente compromiso para recuperar la figura del introspectivo Eleuterio Quintanilla, que puso proa  al exilio con un pequeño pelotón de niños, a modo de recuerdo permanente de su transcendental dedicación a la formación de la infancia obrera  gijonesa.

Con un exilio tan duro como largo, que hizo que el Compañero libertario y francmasón, se cobijara en el denso y oscuro caparazón introspectivo, añadiendo otra derrota más, eslabón de una larga ristra de proyectos derruidos por las intemperancias de cada momento.

Pero la labor del Aula Popular José Luis García Rúa, en la recuperación de la memoria histórica y familiar de quien ostenta a modo de título su trabajo socioeducativo, es impresionante, pues el libro va recorriendo a través de los recuerdos de los distintos familiares de Eleuterio Quintanilla, los episodios de un quehacer, de una idea, y de una preocupación cotidiana, incluso el de la subsistencia, lección dura la del exilio y el destierro.
Es un libro el presentado, de tamaño pequeño de unas 165 páginas que nos aportan, una delicatesen historicista que hay que saborear recreando cada hoja desde la efímera memoria aquellos tiempos, aquellas memorias colectivas que yo he escuchado durante los nueve años de continuadas visitas a las tierras francesas y platicadas por los descendientes del áspero destierro español.

En fin una emotiva presentación que cerró la otra coautora Yolanda Díaz, que trajo a la memoria de los asistentes, gentes de la tiza, viejos y maduros representantes de aquel anarquismo libertario de los años 70, donde tanto Juanjo, de HC, como yo mismo, junto como otros tantos dábamos la batalla contra el cenetismo más rancio y plomizo de aquellos tiempos, pues lo dicho una plural asistencia  a la que Yolanda expuso las distintas traducciones que hizo Eleuterio Quintanilla, una serie de cuentos que se recogen en dicha publicación.

Y así se cuenta como el viejo «paisano» español ha  quedado perdido para la memoria francesa, y el reencuentro con una parte de la sociedad gijonesa  a través de este  virtual recuerdo del viejo anarquista náufrago de una derrota, que ha ido tomando color y ternura, por un «paisanín» como Eleuterio Quintanilla, a cuya presentación del libro asistí emocionado sintiendo en el ser interno e íntimo esas raras semejanzas que el azar nos ha dado, como la militancia anarquista y faista, la dura membresía masónica y algunas otras preocupaciones intelectuales, en las cuales cada uno ha hecho sus pinitos. Es un daguerrotipo  efectivo que nos devuelve a lo más íntimo de cada persona,

Gracias Compañeros¡¡¡¡

He dicho Victor Guerra
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