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08 noviembre 2010

BOSQUEJO SOBRE LA FIGURA DE DE ALVARO DE ALBORNOZ (II)


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Manuel Azaña; Álvaro de Albornoz, Alcalá Zamora; Miguel Maura, Largo Caballero; Fernando de los Ríos; Alejandro Lerroux; Casares Quiroga 

Albornoz y la Masonería
Dicha membresía generalmente permanece oculta pese a que filiación esté fijada en el seno de una logia madrileña que ostentaba el título distintivo de Respetable Logia Simbólica Dantón.[1]

De dicha logia hay un expediente más bien escaso, aunque ello no impide reseñarla como una de las logias más “políticas” del Gran Oriente Español, puesto que es un taller al que arriban diversos activistas políticos decididos a proyectar en la masonería sus propios recursos frente a la dictadura de Primo de Rivera. Es el momento de conjuras en las cuales se conjuntaban hombres y fuerzas tan diversas como pudiera se un sector del ejército, o políticos del antiguo régimen, y como no los emergentes nuevos valores republicanos, y en cuyo movimientos se implicaron además algunas de las logias más activas de la Región Centro del Gran Oriente Español.

Varios masones de la logia madrileña Ibérica: José Salmerón, Antonio Lezama y Marcelino Domingo, fundan el 5 de noviembre de 1925 el triángulo, (embrión de una logia) que un año más tarde dará lugar a la Respetable Logia Dantón, en la que ingresan José Giral, o Martí Jara, y tras ellos un buen número de militares, políticos e intelectuales, cuyo trasvase al trabajo masónico explica así Martí Jara en una carta a Unamuno:

"Escribimos a usted en nombre de la logia Dantón, un grupo – un poco los de siempre- que ahora hemos entrado en la masonería para infiltrarle nuestra pasión política”. 

Este proceso de creación de la logia y de otras de nuevo cuño, venía precedido de la crisis abierta desde 1925 con el enfrentamiento abierto entre el Supremo Consejo del Grado 33º y la logia Ibérica, a lo cual se sumó una serie de circunstancias como nos recuerda Gómez Molleda:

"Se agravó con la aparición avasallante de la nuevas y brillantes logias políticas la Dantón, la Mare Nostrum y la Unión. Los desastroso resultados de los complots y conspiraciones contra el Dictador propiciados desde aquellas logias, y que habían ocasionado la detención de miembros muy significados de la Centro, y la prisión prolongada durante bastante meses del Gran Maestre Regional, Daniel Anguiano, en la Cárcel Modelo de Madrid, hicieron de espoleta para el estallido del conflicto"

Este pequeño taller en el que se inserta nuestro biografiado, compuesto en sus mejores momentos por unos 36 miembros, será en adelante el instrumento para enlazar la acción política en las directrices del Grande Oriente, acción que consiguen mediante la participación en las grande Asambleas Generales de 1927 y 1928, con el objetivo de poder estrechar lazos entre las logias y la Alianza Republicana, de cuyo protagonismo va a recelar la Gran Logia Regional de Mediodía, y Martínez Barrio. Pues con el taller madrileño ya había sus más y sus menos, pues además de esa actividad política en las logias el hecho de de producirse exaltaciones al 2º y 3º grado masónico en un mismo día como sucedió con Martí Jara y José Giral y el propio Álvaro no acababan de gustar a algunos sectores masónicos.

Con este ambiente el cual no se pudo atemperar, pese a las componendas de Martínez Barrio, concluye con la creación de una Junta Interina en la Gran Logia Regional del Centro que termina suspendiendo de derechos a las dos logias en litigio: Dantón e Ibérica, como así se comenta en un documento enviado al Consejo Federal Simbólico:

"No es grato manifestaros que nuestra circular de fecha de diciembre de 1930 ha producido en los Valles de Madrid el efecto que nos proponíamos; es decir, desencantar a algunos queridos hermanos que por tener captada toda su excelente buena voluntad en apasionamientos de orden político no habían tenido la fuerza necesaria para reaccionar hacia una actividad masónica deslindada de la profana [...]. Creemos haber dado, si no la solución categórica a las hondas divergencias de la Regional Centro, por lo menos abrir una era de posibilidad para que se vaya solucionando la crisis de fraternidad que emanan de los apasionamientos a que hacemos referencia"

La carrera masónica de Álvaro de Albornoz Limiana, se resume pues en breves líneas a diferencia del resto de sus otras actividades profanas. Fue iniciado en la logia Dantón, y existen ciertas divergencias sobre sí su iniciación como Aprendiz Masón fue el 18 o el 23 de marzo de 1927. En la ceremonia ritual de iniciación masónica adopta el nombre simbólico de Juan Prouvaire. Lo que sí es seguro, es que fue exaltado a los grados 2º y 3º en un solo día, en concreto tal ceremonia ritual se celebró el 23 de mayo del mismo año.

Su expediente masónico que se halla en el Archivo de Salamanca nada nos indica de que hubiera obtenido los altos grados masónicos, explicación que podemos encontrar en que tal su inclinaciones estaban más bien en el orden de las preocupaciones políticas, y a la utilización de la logia y sus miembros como instrumento político, tendencia muy proclive entre los miembros de la Dantón, que vieron menguar su influencia cuando la logia perdió el pie, frente a los masones "apolicistas" en cuya línea estaba el también asturiano y convecino: Augusto Barcia.

Se ignoramos la fecha de salida de la masonería y el modo en que lo hizo, si fue mediante “plancha de quite” o fue expulsado.

Albornoz como casi todos los masones será juzgado por el Tribunal Represión de la Masonería que se le acusa de los siguientes hechos: aparecer en el cuadro lógico de la logia Dantón de Madrid, el 31 de Agosto de 1927, con el grado de Maestro y también haber sido citado en la VIII Asamblea Nacional Simbólica celebrada los días 8-9-10 -11 de Julio 1929 como H:. Juan Prouvaire, que había sufrido prisión. También aparecía mencionado en algunos escritos masónicos, y en cartas dirigidas a él en los términos de "hermano" lo que valió una severa condena del Tribunal.

Álvaro de Albornoz y el Ateneo de Madrid.
El Ateneo de Madrid va a suponer para algunos de los socios y asiduos algunos de ellos notables autodidactas como la docta escuela de formación ciudadana y republicana, y para intelectuales como Álvaro de Albornoz va a constituir el Ateneo de Madrid la universidad de la vida, pues en su seno y entre su pasillos y tertulias van poder lidiar espadas ideológicas y conceptuales con los referentes de la intelectualidad del momento.

Si desde que Canovas inaugurara el Ateneo de Madrid ya era una referencia como la “Docta Casa”, más lo era para aquellos que venían de provincias como Álvaro de Albornoz, que nada más aterrizar en la capital se va hacer socio obteniendo el carnet número 6.875 y fechado el 10 de diciembre de 1899, contando apenas con 20 años de edad 

Debió haber una baja con el regreso de Alvaro a Asturias, puesto que nos encontramos con otra alta como miembro, que lleva fecha del 18 de octubre de 1926. 

Su baja definitiva como miembro del Ateneo no será hasta el momento más dramático de su vida y de la propia España: el 1 de febrero de 1936.

Aunque desconocemos a ciencia cierta sus periplos vitales en el Ateneo, sabemos por ejemplo que en el Curso de 1921-1922 participa en las conferencias impartidas por la Comisión de Ciencias Morales y Políticas, donde participa junto con Castrovido, Zulueta, Unamuno, y Royo Villanova, en cuyo seno solicita el restablecimiento de las garantías constitucionales.

En abril de 1922 Álvaro de Albornoz toma la palabra en otro acto celebrado por la Liga de los Derechos del Hombre, en la que también intervienen reconocidos masones como el asturiano Augusto Barcia*, o el propio Jiménez de Asúa*.

Lo propio a estas alturas de la exposición no sería hablar sobre Álvaro de Albornoz en el Ateneo, sino sobre la presencia de la masonería en la docta casa, pues si bien las logias madrileñas eran auténticas escuelas de formación ciudadana la continuidad en tal labor debían obtenerla los propios masones en los salones y pasillos del propio ágora madrileño. 

De la estancia o actividades de valdesano en el Ateneo de Madrid no volvemos a saber nada hasta 1930 en que reingresa con lo que Antonio Ruiz Salvador denomina “Vieja y nueva presidencia: la de Gregorio Marañon.[2] En ese momento se dan de alta varios miembros de la activa política y vida cultural que además les cabe haber sido masones; Eduardo Barriobero, Melquíades Álvarez, Marcelino Domingo, José Salmerón, Lerroux, etc. Los cuales algunos van a ocupar cargos en las actividades que va a desarrollar el Ateneo: Azaña* como Presidente, Fernando de los Ríos* se encargará de Ciencias Morales y Políticas, en Responsabilidades se encuentra entre otros a Marcelino Domingo*, Miguel Maura e Indalecio Prieto; Ángel Galarza* y Julio Álvarez del Vayo* están la Junta de Gobierno; y José Giral* en Ciencias Exactas.

El Ateneo va a ser punto de fricción al igual que las logias, que a mi personal juicio van a correr vida paralelas en el momento en que se cierra el Ateneo al producirse la Sublevación de Jaca y el posterior encarcelamiento de varios miembros de la junta directiva. Al respecto sería bueno seguir a Ruiz Salvador y a la profesora Gómez Molleda[3], para ver los paralelismos entre las actividades del ágora cultural madrileño y las propias logias “Esquivando unas veces la oposición de sus dirigentes y contando otras con su expresa o tácita autorización, las logias del Gran Oriente Español y también de la Gran Logia Española, de Madrid, Barcelona y Valencia, colaboraron activamente en los preparativos y desarrollo de la célebre Sanjuanada” frente al desarrollo de esta graves crisis política”.[4]

Una vez fuera de la cárcel Álvaro de Albornoz dará una conferencia (4 de abril) sobre Bolívar, el libertador encadenado.

Es además en ese momento cuando se empiecen a estructurar nuevas logias con el objetivo de acoger a las fuerzas inconformistas como La Unión o la Dantón, y en cuyos talleres veremos a algunos activos socios del Ateneo como Pedro Rico*, los González Blanco*, Simeón Vidarte*, Joaquín Dicenta*. Etc.. 

Pero esta ya es otra historia muy larga y compleja en la que también tiene su parte el propio Ateneo de Madrid, pues no sería extraño que después de las tenidas masónicas algunos miembros luego pasasen por los salones de tan distinguida sociedad y allí prolongasen sus peculiares tenidas.

La última actividad ateneísta de Álvaro de Albornoz y Limiana se va a producir el 22 de marzo de de 1935 con el tema La proyectada revisión constitucional, [Cuestión tan curiosa como coincidente con los tiempos actuales en la que parecen estar de moda tantos los masones como la revisión de la Constitución]. Esto decía Albornoz:

Pero si yo soy un partidario entusiasta de la Constitución del 9 de diciembre de 1931, lo soy mucho menos de su revisión, y esto por tres motivos: primero porque me parece una iniciativa inoportuna, segundo porque me parece una iniciativa sospechosa; tercero porque me parece una iniciativa encaminada, más que a revisar la Constitución a revisar la República [y concluía…] es preciso afirmar e imponer el respeto a la Constitución. La constitución es la República y la República, porque así lo ha querido el pueblo es una institución nacional que combatida por unos y traicionada por otros, pero amada y defendida por el pueblo, será el instrumento que forje una patria nueva, digna de aquella España que no es la de los que confunden la bandera de los Borbones con la bandera de la patria”[5].

Es como vemos toda una premonición, pues a los cuatro años justos de la conferencia, comenzaba un largo periodo que llevó al exilio a muchos de aquellos prohombres de la triple enseña republicana, entre ellos a Álvaro de Albornoz que pasó al Oriente Eterno masónico allá en Méjico. Y al cual dedicarían sus correligionarios del periódico mensual Izquierda Republicana, un encomiable número 92 del año XV, (septiembre –octubre), en el cual varios compatriotas escribían esto de Albornoz:

Era un hombre, lo repito, más aún todavía que en lo intelectual, con serlo tanto, en los moral. SU desinterés como abogado de los pobres, su gran gesto romántico al renunciar por dignidad a la Presidencia del Tribunal de Granarías Constitucionales, su vida austera y sencilla, su fe inquebrantable en la libertad, su amor encendido por la República..” (Gordón Ordás).
“Una vida política tan activa y agitada como la suya, en un medio ambiente contra el cual se revelaba, había de tener la consecuencia de innumerables persecuciones, procesos y encarcelamientos; Todos ellos fueron timbres de gloria de nuestro ilustre amigo que siempre los soportó con paciencia rayana a veces en el estoicismo”. (José Giral).

“Cabe mayor romanticismo que el de ser republicanos sin creer posible implantar la República, sin esperar premios ni galardones por una conducta heroica que tiene la cárcel por única recompensa. Pues de esos fue , a mi juicio Álvaro de Albornoz” (Indalecio Prieto)

En definitiva, Álvaro de Albornoz no era un republicano histórico más, sino la encarnación viva de la República Española, tal y como la entendían los republicanos de siempre y para siempre.

Víctor Guerra García
Miembro: Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española (CEHME)
Instititut d´ Études et de Recherches Maçonniques (IDERM) Francia

[1] AHNS. Expediente personal masónico de Álvaro de Albornoz. A733/22.
[2] Antonio Ruiz Salvador: Ateneo, dictadura y República. Fernando Torres. Editor.
[3] Dolores Gómez Molleda: La Masonería en la crisis española del siglo XX. Editorial Universitas. Madrid 1998.
[4] Gomez Molleda, ibidem, pág 122.
[5] Heraldo 25 de marzo de 1935.
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