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16 junio 2007

¿EL GENERAL ARANDA MASON?(Ejemplo de una represión)


Repasando viejos papeles me encuentro con un recorte del periodista asturiano Eugenio de Rioja, que el ño 2004 (LNE 22-2-2004)trataba la la figura del general Aranda, y daba las claves del silencio que se habían cernido sobre su figura.

No voy a entrar en el análisis de la figura de Aranda, y su desarrollo en Asturias, del que habría que mucho que decir, y mucho que desentrañar, sobre manera en sus actuaciones con respecto a labores de represión, que por ejemplo, otro general como López Ochoa quería evitar a toda costa, y de las cuales como Jefe al mando, tuvo que acarrear con las consecuencias, las cuales tuvieron como corolario su irradiación como prestigioso masón.

Deseo referirme a la posible filiación del General Aranda como franc-masón. Membresía que el autor del extenso artículo (E. Rioja) no encontró registrada como tal, en el Diccionario Enciclopédico de la Masonería de Arús y Abrines, Sin embargo la posible filiación masónica del general Antonio Aranda, fue un “cerco que le tuvo cercado toda su vida y bastante más doloroso y largo que el de Oviedo” y al que Franco le tuvo sometido durante años y que conllevó la instrucción de un voluminoso expediente conteniendo unos 114 documentos sito en el Archivo de Salamanca.

Por otro lado se dice, y se escribe que el pase a la reserva del Antonio Aranda, fue una decisión personal del general Franco, y que para ello utilizó el Decreto Ley del 12 de julio de 1940, aunque hay quien observa que ese pase a la reserva fue producto de una Ley especial, que se ha venido conociendo como la “Ley Aranda”, y que en parte podría muy bien responder a las secuelas de su petición de un “régimen en el que la libertad y la autoridad fueran justamente defendidas por el poder moderado basado en el más exacto convencimiento de la libertad de opinión”. Tal y como escribía en 1956 en una carta dirigida a Don Juan de Borbón

No se puede negar que su posible petición de entrada en la masonería debió influir de forma importante, por no decir que fue el origen en su pase a la reserva, y por tanto es bueno situar en ese contexto el caso de Aranda, y en concreto en el marco de la existencia de la Ley de Represión de la Masonería y Comunismo, que es el punto del cual parte la apertura de un expediente como posible masón.

Es el suyo un voluminoso expediente que se le instruye y que arranca precisamente con un primer documento de los 114 existentes, en el cual se habla de una carta que envía la Logia Hermes de Ceuta, dirigida a la Logia Concordia de Madrid con fecha de 7 de febrero 1935, donde se dice:

”En Tenida celebrada el 5 de febrero, nuestro
Hermano José Victory Goñalons, al regreso de su viaje de esos valles, expuso vuestros deseos de que aplomásemos sobre el profano Antonio Aranda Mata, quien ha solicitado ser iniciado en nuestra augusta Orden “.

La carta sigue exponiendo el júbilo que producía entre las columnas de los masones asistentes a la tenida, ya que “se trataba de un valiosísimo elemento sobre el cual nuestra aplomación es completamente favorable, creyéndolo digno de recibir el honroso título de frac.-masón”.

Si teníamos alguna dudad o posible confusión en una fechada el 20 de octubre del 1993, se comentan los detalles de los profanos que habían solicitado entrar en la masonería se expone que el profano Antonio Aranda Mata, era un nacido en Leganés, provincia de Madrid, el 13 de noviembre de 1988, que vive en la calle Ferraz nº 2, Madrid. Es coronel de Estado Mayor y actualmente en la 1ª Inspección General del Ejército”.

Estas van a ser las claves sobre las que se va apoya la Dirección General de Seguridad, y en especial su Sección encargada de Represión de la Masonería y el Comunismo, (la famosa, Sección 4ª) que el 31 de diciembre de 1940 se dirige al Sr. Delegado del Estado para la Recuperación de Documentos, Sección de Servicios Especiales, con ubicación en Salamanca, con objeto de recabar informaciones para el expediente que se instruye sobre Antonio Aranda Mata.

El expediente se va rutinizando con la aportación de las contestaciones del Ministerio del Ejército y del Inspector de Falange encargado de la depuración, aunque el expediente dará un vuelco con el informe del Capitán de la Guardia Civil: D. José Gómez Hernández, al mando de Marcelino Ulibarri y Eguilaz, en el cual comentaba que en los archivos existía un documento fechado en la cárcel de Yesería el 4 de diciembre de 1939 y firmado por Aselo Plaza Vinuesa, el que fuera Gran Maestre de la Logia Regional del Centro de España, dependiente del Gran Oriente Español, y miembro a su vez de la las logias Hispano Americana de Madrid en 1925, de la Matritense y de la Nomos y que decía: “ entre otras logias trabajaban el General Cabanellas, y habían pedido el ingreso Aranda y Queipo”.

El expediente de Aranda se va engrosando de tal forma que se recaba el acta de la Cámara de Maestros, de febrero de 1935, así como todas las fichas masónicas existentes sobre los miembros que habían asistido a la tenida (reunión de masones) citada , y a su vez se solicita la ratificación de Aselo Plaza, nuevamente el 5 de mayo de 1943, que tras contar su periplo masónico y político vuelve a citar a Aranda y a Queipo de Llano, como peticionarios de entrada en masonería, a la vez que alega que no tiene conocimiento de que éstos hayan llegado a iniciarse como masones.

A lo largo de la urdimbre del expediente sobre Aranda, se van a ir produciendo otras declaraciones, entre las que constan las de dos asturianos: José María Friera Jacoby, que fue Gobernador de Salamanca, y la del socialista Teodoro López Cuesta (padre del que fuera rector de la Universidad de Oviedo). Que declaran haber visto en las logias la foto del coronel Aranda como profano que pedía penetrar en los secretos hiramistas

En esos intermedios se conoce que la candidatura de Aranda, presentada primeramente en 1933, y vuelta a ser presentada o tenida en cuenta en 1935, fue rechazada ésta última debido a su actuación en los sucesos del 34 en Asturias, donde además hubo una brutal reacción sobre un triángulo masónico radicado en Turón, y que entre otros lideraba Leoncio Villanueva, que fue acusado de la matanza de los frailes y curas habidos en esa localidad durante los sucesos del 34.

De todas formas quedaba claro que si bien Antonio Aranda Mata, no estaba probado que se hubiera iniciado masón, el régimen o las tenía todas consigo y estaba muy interesado en debatir si el hecho de solicitar la pertenencia, pudiera ser sinónimo de pertenencia y en todo caso, si eso pudiera ser constitutito de ser considerado como delito. De tal forma que hay un empeño en demostrar por parte de los servicios policiales en demostrar esto, para lo cual se recurre a mostrar por acusadores y defensores ante al tribunal mediante la recogida en los distintos diccionarios masónicos la significación de las acepciones de aplomación, iniciación, etc, de manera que se conociesen “las normas y procedimientos que la masonería utilizaba “y de ello se pudiera concluir alguna cuestión que aclarase el sentido o no de culpabilidad.

En resumen queda meridianamente claro que la masonería por alguna razón retrasó la aprobación de los expedientes de solicitud de Aranda, y que una vez acaecidos los sucesos del 34, ante la reactivación de una segunda petición de entrada fechada en 1935, los masones la rechazan pues le hacen responsable de buena parte de los sucesos del 34, teniendo además importantes detractores que manifiestan “la acción embaucadora de Aranda” como así lo manifiesta el masón José Loredo Aparicio, en su libro escrito en México:” La piedad de Franco”

El expediente sobre Aranda se cierra el 6 de octubre de 1947, con un nuevo envío al General Subsecretario del Ministerio del Ejército de los documentos masónicos relativos a la solicitud de ingreso del entonces coronel Aranda.

Estaba claro que Franco andaba tras esa filiación y quería demostrar, esa interesada petición de Aranda. Éste a su vez, sabía que su nombre andaba en boca de notables masones establecidos en el poder: Lerroux, Martínez Barrio, incluso del fugaz masón Manuel Azaña, y hubiera logrado mucho más si hubiese formado parte de las columnas masónicas.

Si ya la sospecha de haber sido masón, por los documentos comentados, le valieron ese pase a la reserva, si Franco hubiera logrado la deseada prueba, ello hubiera significado ipso facto la conclusión de la carrera de Antonio Aranda Mata, mucho antes de haber llegado a Director de la Escuela Superior del Ejército, y posiblemente hubiera sido imposible su rehabilitación en 1976.

Y tal vez todo esto explique, aunque en parte, las claves del silencio que se cierne sobre Aranda Mata, al que no se puede considerar masón puesto que para ello se debe de haber pasado por las aplomaciones, exámenes a los que someten los profanos para luego proceder al balotaje sin macula de la logia en la que ha solicitado la pertenencia, y que da derecho a poder paras por las pruebas rituales tras las cuales se le concede el grado de Aprendiz Masón y le permite portar el mandil y los guantes como miembro de la masonería

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Víctor Guerra García

Miembro del CEHME y del IDERM

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