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03 septiembre 2010

ASTURIAS MAGICA Y ESOTERICA. De Colombres a Pendueles

 
El actual GR lo han llevado nuestras autoridades turísticas carretera abajo hacia Colombres, pero yo les propongo seguir por la falda del Pico Cotella hacia el caserío de San Sebastián para continuar pista adelante hacia La Garita y dejarnos caer, ya en brusco descenso, por el camino real hacia el Torreón, con la posibilidad de bajar hasta la playa de la Franca.

En esta playa sucedió un famoso episodio que nada tiene que ver con lo mágico, sino con la traición y ya que recorremos el camino bueno será hacerlo con todas las consecuencias y conocer todas esas historias que la memoria histórica entierra bajo una pesada losa del olvido- Después de la Guerra Civil Española, cuando actuaban los “maquis” en la sierra, se les infiltró un topo que hizo que buena parte de esos legendarios “fugaos” que capitaneaba el guerrillero Mata, bajaran a por un alijo de armas a esta recóndita playa, y allí les dio caza la Guardia Civil y el propio topo que disparó sobre ellos con el pretexto de mostrarles el funcionamiento de una ametralladora, de este topo de nombre Carlos, al igual que otro famoso terrorista internacional, jamás se volvió a saber.

Parece ser que esta historia a decir de Gracia Noriega, inspiró un episodio de la novela “La paz empieza nunca” de Emilio Romero y el film “Los días del pasado” de Pedro Olea..

Lindando con esta playa en la cual desemboca la ría de Santiuste, tenemos la recóndita playa de La Acacia, no sabemos muy bien porqué se le ha adjudicado tal topónimo, que por otra parte corresponde con el símbolo del Maestro, decir también, que así son conocidos los masones, como los Hijos de la Acacia, aquellos que han seguidos las costumbres de los constructores operativos.

La acacia estaba en la antigüedad dedicada a Hermes y viene a representar la inmortalidad del espíritu, algunos autores ven su origen en la leyenda de Hiram, la más esotérica en el simbolismo masónico y la más representativa en el grado de Maestro Masón, por ser la planta que ha crecido y delata la tumba escondida por los asesinos del citado maestro.

De ahí que al Maestro Masón cuando se le pregunta acerca de su identidad responde “la acacia me es conocida” que viene a significar “ he estado en la tumba, he triunfado en ella levantándome de los muertos y , estando regenerado he ganado la inmortalidad

Según Guenón la corona de espinas de Cristo estaba hecha de espinas de acacia, desempeñando estas el papel de rayos luminosos que vendrían a representar un simbolismo solar. Como podremos comprobar el camino está tachonado de símbolos, de mensajes y simpáticos topónimos, como podemos ver en el caso de la playa citada.

Volviendo al camino, a la altura del Torreón en vez de bajar a la playa, podemos optar por cruzar el pueblo de la Franca cruzando la Nª 634 y así enlazar con el GR E-9 y con el Camino de Santiago, el primero enfila la Sierra Plana por la ladera Sur, abandonado el Camino de Santiago o Vereda de los Salvadores, la cual opta por subir hacia la Venta de Satiuste, camino de Llanes.

Del lugar de Santiuste proviene, aunque nacido casualmente en Aller (Asturias), Don Antonio Rubín de Celís al que se cita como masón, pese a haber sido Obispo de Cartagena-Murcia y Patriarca de las Indias Occidentales, y de cuyos cargos fue depuesto. Fue así mismo compañero de otro liberal Martínez Marina al que también se acusa de los mismo. Rubín de Celís al triunfar el alzamiento de Riego, notorio masón, fue elegido miembro del Consejo de Estado. Entre masones y constructores anda el juego.

Pero volvamos a nuestro camino señalizado como GR, y que hemos dejado en Pimiango. Como decíamos el GR se echa carretera abajo a buscar el pueblo de El Peral, que nos va permitir pasar a Colombres, pero antes podemos echar un vistazo al cementerio de Ribadedeva, que se encuentra antes de desembocar en la Nª 634, un cementerio que fue levantado en vida de su promotor D. Manuel Ibáñez, Conde de Ribadedeva que donó 5.000 pts de aquella época, (1885) para que se construyese el cementerio y poder edificar el panteón familiar donde reposarían sus propios restos. Así lo hacen también los hermanos de la Cartuja.

Este prohombre y su hermano Luis Ibáñez Posada como la gran mayoría de los emigrantes de la época, salieron para América a edad temprana, estableciéndose Manuel en México y Luis en Cuba, aunque mantendrían estrechos vínculos comerciales toda su vida. Con el paso del tiempo, ambos hermanos adquieren una sólida posición económica y empresarial en los respectivos países, y a su regreso a su tierra natal serán fundadores del Banco Hispano Americano, donde Luis Ibáñez Posada, ocupó durante años la presidencia. Ambos son los autores de la actual imagen del pueblo.

El panteón familiar con ciertas reminiscencias o toques góticos podemos contemplarlo en toda su dimensión, aunque los sellos heráldicos[VG1] familiares que lo coronan apenas sin son apreciables debido al efecto del paso del tiempo. Otra cuestión que nos llamará la atención es encontrar tumbas subterráneas, muy frecuentes en la zona sur de España, pero no tan frecuente en Asturias.

Cruzamos la Nª 634, en El Peral, no sin antes echar un vistazo a la Capilla del Cristo del Bao de los siglos XVII y XVIII, con su pórtico cerrado de carpintería tallada que era cuidada por un ermitaño que tenía un luz encendida durante todas la noches. De nuevo el ermitaño como en Santu Medé, pero aquí ya más expresivo en tanto que se nos habla del candil, pues estamos en la parte más exotérica del camino.

El ermitaño representa el noveno arcano del tarot y es la alegoría de un anciano en cuya mano derecha lleva una linterna, tal presencia se halla siempre muy cerca de las aquellos lugares donde se encuentran también las huellas templarias, en Montsacro, sin ir más lejos tenemos también un ermitaño. Simbología larga y prolija

Versea el llanisco poeta Celso Amieva al Cristo: Rézale al Cristo del Bao/, de Colombre, para que/ yo pueda volver un día.

Tal rezo o súplica nos viene como anillo al dedo por aquello de los emigrantes, pero ahora dejemos que un personaje real como Laurent Vital, cronista de Carlos I nos cuente, algo de la villa en su camino desde Villaviciosa hacia Castilla acompañando al joven Carlos I, mientras nosotros subimos hacia ella «... tuvo que pasar la noches del 28 de setiembre en una pequeña y mala aldea o cabañal, llamado Colombres...»

Hoy la cosa es distinta y la altozana capital del concejo, se deja pasear, degustar y admirar sus bellos edificios donde encontramos la destacable iglesia de Santa María construida por el arquitecto pintor Darío de Regoyos a finales del siglo XIX. Su fachada es historicista y neobarroca y posee dos torres cuadradas flanqueando el cuerpo central.

Otra de las construcciones que pronto llamaran nuestra atención es la Quinta Guadalupe, actual sede del Archivo de Indianos. En su interior se han reconstituido algunas dependencias con mobiliario de la época, que ofrecen al visitante un reflejo de la “casa indiana”. El resto del edificio está ocupado por una exposición sobre los distintos aspectos de la emigración: la salida de los emigrantes y los puertos de destino, los grandes centros sociales de la emigración española, la añoranza de la tierra, etc.

Cuenta la Fundación con biblioteca y un importante archivo documental sobre los centros asturianos de México, Buenos Aires, Cuba y otros centros y sociedades asturianas y españolas en América.

En Colombres se venera a un santo más prosaico y profano que es la figura de Íñigo Noriega. Nacido precisamente aquí en 1853, emigra a México a los catorce años y está jalonada de innumerables anécdotas y leyendas. Se trata de uno de los más importantes empresarios españoles en el México de finales del siglo XIX y principios del XX.

De él se cuenta que alcanzó fama ante el gobierno de la ciudad por oponerse a la ley que ordenaba el cierre de las puertas de las cantinas a las 12 de la noche, por lo cual "se vio forzado" a quitarlas en su establecimiento. Según la leyenda, así comenzó a forjarse uno de lo mayores imperios empresariales de México. De entre sus empresas destaca la desecación del lago Chalco, del que haría una explotación agrícola, en la que trabajaban de 2.000 a 3.000 obreros. Era también propietario de otras muchas haciendas, minas, fábricas textiles, ferrocarriles, líneas de vapores, etc., y fundó en México las ciudades de Colombres y Ciudad Reinos. Para el cuidado de sus propiedades disponía de un ejército particular de 250 hombres.
La buena estrella de Noriega se apagó con el triunfo de la Revolución. Expropiados todos sus bienes, falleció en la ciudad de México en diciembre de 1920, en el domicilio de una de sus hijas.

Los indianos asturianos tuvieron gran fuerza en lugares como Cuba y Méjico, aunque algunos fueron calificados como americanos del pote , “aquellos que regresaron con las manos vacías porque, como se decía con ironía, se les había caído su maleta por la borda en viaje de vuelta” . Durante el siglo XIX, hubo una potente comunidad que además formó parte de la interesante orden del GADU (Gran Arquitecto del Universo), unos peculiares constructores que ya no utilizan las herramientas físicas de los canteros sino que las transforman en simbólicas y con ellas trabajan la piedra bruta que en esta caso, es cada cual. Estamos hablando de los canteros o constructores especulativos: los francmasones herederos de los masones operativos: los constructores.


Salgamos bien por Colombres, o bien por la Franca, se ha de tomar la carretera de Tresgandas, y tomar el Camino de Santiago que va pasando por encima del río Cabra, camino de la solitaria Venta de Santuiste, ante la cual se levanta el castro o Castrón de Santiuste. En la Venta descansó el patricio Jovellanos en 1791. Frente a ella se ubican los espectaculares bramadorios de Santiuste.

El Camino de Santiago va por la vertiente norte de la Sierra Plana,, y nuestro camino el ya mítico E-9 tras cruzar el río Cabra, hace un giro y sube por la vertiente sur, pasando por los lugares de Tobíu y LLavadero, abandona el GR la cómoda pista y se enfrenta a unas penosas pendientes en dirección Noreste, para luego ir virando paulatinamente hacia el Oeste y ganar el cumbral de la sierra y poder cruzarla en casi toda su dimensión. En el cumbral de de la sierra se hallan los túmulos de la Borbolla, también conocida como Sierra de Vidiago.

A lo largo de toda su longitud (8 km de longitud y 1 km. de anchura) se esparce la necrópolis megalítica de finales del paleolítico que cuenta con unos cincuenta túmulos con un estado de conservación muy diverso. Los tumulus son sepulcros bajos y en tierra y a veces se refiere el término a muy diversos tipos de tumbas. En todo caso, la imagen original de estos enigmáticas arquitecturas funerarias con su frecuentes corazas pétreas, estelas hincadas y otros elementos monumentales, distaría muy mucho de la discreción en la que hoy se hallan sumergidos, que en general han sido devorados por la vegetación y el vandalismo. En la Borbolla se cuenta con algún túmulo enigmático como el de Las Campillinas.

De nuevo un importante hito en el camino. Un lugar sagrado, un enterramiento dominando de nuevo la vereda. sacra. Desde lo alto de la sierra podemos divisar buena parte de la ruta recorrida, y la que nos queda por recorrer, espectáculo que no merece la pena perderse, sobre manera el valle que queda a nuestra izquierda el llamado Valle Oscuro, cuya singularidad y belleza dejaremos para mejor ocasión

Llegamos al entronque con la carretera que viene de Pie de la Sierra y viramos a la derecha para emprender ya por asfalto una desenfrenada bajada hacia Buelna.

En Buelna penetramos tras cruzar de nuevo la Nª 634, a la altura del palacio de los Mier, de este pueblo fueron renombrados oriundos dos hermanos: un Arquitecto y un Maestro de Obras, los Bustamante Bárcena, uno diseñó el puerto de San Vicente la Barquera, y el otro dirigió la obra de la Iglesia de Alles (Peñamellera).

El Camino de Santiago desde esta población va casi paralelo a la carretera nacional y la local que entra hacia Pendueles, por otra parte el GR E-9 va en dirección a predios más tranquilos y lúdicos, pues busca el rumor ddel litoral, visitando casi todas las calas, cumpliendo así la máxima de “conocer el paisaje y el paisanaje” y más si el personal está en bikini o nudismo playero.

Entramos de forma plácida y entretenida en Pendueles, que se formó como Ayuntamiento Constitucional en 1820 en época de Riego, del que ya hemos hablado; en tan distinguido lugar que pronto reconoceremos por sus edificios encontramos la iglesia parroquial dedicada a San Acisclo.

El patricio Jovellanos que también hizo un recorrido por estas tierras nos dice lo siguiente: Que fue una fundación de Flaino (laín) y Todisla, cerca de la Era 1.038, y que es la única de esta advocación que está cerca del mar. San Acisclo se pronuncia y se lee San Tocillo en lengua vulgar de Asturias.

¿Quién era este santo de nombre tan castellano? San Acisclo era hermano de Santa Victoria, y ambos eran nacidos en León; al quedar huérfanos fueron llevados a Córdoba huyendo de la persecución, donde fueron recogidos por una dama que profesaba el cristianismo. Siendo jóvenes llegó a Córdoba el gobernador romano Dión que impuso en la ciudad la pena de muerte a los que no adorasen a los dioses. Victoria y Acisclo confesaron públicamente la fe de Cristo, siendo por tanto martirizados. Fueron sometidos al fuego y luego sumergidos en el río y como salieran con vida de estos suplicios, Acisclo fue degollado y a Victoria le fueron amputados los pechos y cortada la lengua y finalmente asaeteada. Ocurrió esto el 17 de noviembre de 313, fecha en la que la ciudad de Córdoba y muchos otros pueblos, entre ellos Pendueles venera al santo.

Cuando rastreamos de donde sale dicho nombre nos encontramos que proviene de acisculus: pico de picapedrero, que a su vez proviene del latín ascia: hacha, azada; y este del indoeuropeo ak: punta. Dándose la casualidad de que con este nombre se designaba a los canteros. Esos constructores que jalonan el camino de mensajes en iglesias, bailías y lazaretos que para nosotros son de naturaleza críptica, pero que el iniciado de la época, tales mensajes constituían el libro de la sabiduría, el saber itinerante que los Maestros Constructores iban legando como huella de su sapiencia.

Este paradigmático San Acisclo lo encontramos a su vez en las cercanías de Jaca, en Oturia –"oro en lo alto"–. y se le relaciona con el Grial que según la leyenda él mismo había traído y custodiado largamente en Oturia.

Echamos un vistazo a los posibles mensajes que nos han podido dejar los hermanos constructores en la iglesia bajo la advocación de un guardián del grial, tal y como describen María Cruz Morales y Emilio Casares en su libro:

“En general son restos románicos, destaca una portada apuntada y ligeramente abocinada con cuatro arquivoltas que descansan sobre unas molduras corridas, resultado de la fusión de los primitivos capiteles independientes. Estas molduras conservan todavía la distinción entre el capitel y los codillos pero la decoración se hace ya en forma de una faja continua. En la izquierda esta decoración es floral con hojas de parra y racimos alternantes y en la derecha una rama de parra de la que cuelgan también hojas y uvas alternadamente, terminando en un figura humana estilizada con un mazo en la mano. En las impostas , el pez y el pan y el vino y una cruz, en la derecha, en la izquierda dos dragones.[1]

Parece como sin faltaran partes de esta construcción medieval de la cual solo tenemos un parcial mensaje, y por tanto se nos hace rara esa simbolización de un producto tan escaso como raro en Asturias, salvo que los interpretemos como mensajes, puesto que constituyen dos elementos presentes en el alimento espiritual: la gnosis y el espíritu, tal como los entendía San Clemente de Alejandría: “El vino es la pan lo que la vida contemplativa y la gnosis son a la vida activa y a la fe”, alimentos que son compartidos por los hermanos en todo banquete ritual, a modo de una última cena..


[VG1]Ver escudo heráldico

Texto propiedad de Victor Guerra, que se puede utilizar a condición de cita

19 agosto 2010

ASTURIAS MAGICA Y ESOTERICA. Por tierras Mansoleas

Sea como fuere, el caso es el Camino de Santiago, lo echan cuesta arriba, camino de Colombres, y nuestro sendero (E-9) arranca desde otras latitudes exactamente desde Bustio y parte hacia la atalaya del Pico Cañón.

Concretamente el trazado comienza en el Parque de la Remansona (Bustio), y continúa, una vez cruzada la carretera Nª-634, por debajo de un paso inferior, y desfila por pista de zahorra, hormigonada en algunos tramos, y va recorriendo los barrios de la Texera y Salcea, hasta enlazar con el camino real que nos lleva hacia el citado pico Cañón 
 
A lo largo del sendero existe toda una variada señalización de GR, colocada en cruces y desviaciones. La cual nos acompañará en todo el trazado, aunque hay que ir precavidos pues el vandalismo es moneda corriente por estos predios y las señales siempre se llevan la peor parte. 
 
Antes de subir a coronar el pico, encontramos a nuestra derecha los viejos restos de una casamata o nido de ametralladoras restos antiguos de nuestra incivil Guerra del 36. Desde dicha posición cubrían a toque de metralla todo el paso de la amplia vega; cuestión que el general Ballesteros allá en las guerra francesas debió desechar tal posición, por otra mas altozana y dominante, y de vientos más frescos pues no era cuestión de observar paseantes sino de cortarle el paso al presumible enemigo, aunque en éste en algunas ocasiones fuera de la propia casa. 
 
El Picu Cañón" se llama así desde el año 1810, antes era el" Pico de la Garita " ya que es un buen punto para otear la amplia ría de Tina y sus aledaños, y contemplar los cercanos Mons Vindius (Picos de Europa), tan famosos como majestuosos. Aunque un poco más cercano a nosotros veremos resplandecer el color azulón de la Quinta Guadalupe donde hoy está emplazado el Archivo de Indianos, ubicado en el vecino núcleo de Colombres, y que guarda añgún que otro tesoro masónico. 
 
El cambio en la denominación de la citada atalaya, se debió a que en él emplazó el General Ballesteros, un cañón que sacó del fuerte de Llanes, con el cual defendió durante varios meses la entrada de las tropas francesas, hasta que el 22 de mayo de 1809 una flotilla desembarcó en la Cueva de El Pindal procedente de San Vicente de la Barquera. Estos subieron por sorpresa y se desplegaron por el "Coterón de las Liebres" y se acabó la dominancia.

Dicen las leyendas que estos franceses pretendían conseguir la custodia de la iglesia, [para una vez que parece que se presentan como civilizados defensores de lo patrio, pues les atizamos de lo lindo] al final terminaron por abandonar el suelo patrio expulsados de la heroica y vetusta España por ensalzados prebostes de la rancia derecha asturiana reconvertida al liberalismo. 
 
¿Qué tiene esto de mágico,? Pues más bien poco, pero el camino es conocimiento y entretenimiento y no deja de ser paradójico una invasión francesa para proteger una iglesia. ¿Tan importante era? Cosas así también lo hacían otros famosos franceses, los míticos Templarios, que luchaban años y años por determinadas posiciones que no parecían tener valor estratégico alguno. Símil difícil pero edificante cuando menos. 
 
Como todas las grandes epopeyas, éstas casi siempre concluyen en cuestiones crematísticas o pragmáticas, y el citado cañón que mantuvo al rojerío del momento a raya terminó siendo desmontado por un gallego que se casó en Pimiango, [siempre hay un gallego por medio, pues ya lo dice la canción de Zapato Veloz: hay un gallego en la luna…]; que lo llevó rodando hasta el Haidin" y más tarde lo espitó en Bustio para amarrar los barcos, hasta que en 1936 se lo llevaron para hacer las famosas pesetas. Al menos eso es lo que dicen…y no seré yo quien desmienta las crónicas. 
 
Por debajo del pico Cañón o de la Garita, está la Ería Nueva, y ya debajo de ésta Transboscantos, lugar en el que se juntaban los peregrinos que cruzaban o bien la ría en barca o los que bordeaban ésta hasta su cruce por el paso de Unquera-Bustio; en todos casos, ambos entraban por entre el encinar (fuerza y duración) que se envuelve en mágica y espesa atmósfera esotérica, en la que se embosca este complejo ternario que forman el monasterio cisterciense de Tina, la ermita de Santo Medero y la Cueva del Pindal.
Es un espacio increíble en todos los sentidos, pues es patente la soledad que transmite por todos los rincones el lugar, y personalmente me recuerda a los desiertos de la Cartuja.

Las pozas donde fluye de manera imaginable el agua marina, los vericuetos perdidos entre el antropogónico encinar, los innumerables senderos…,todo desprende un sabor de antiguas estancias y quehaceres. Es un extraño vergel sumido en una curiosa penumbra que a cada metro deja transpirar magia y esoterismo, sin que se pueda precisar o definir el modo y la forma, tal y como nos comentaba Juan G. Atienza. 
 
Es además un lugar de fábulas, según nos cuenta Juan Luis Rodríguez Vigil, en su Geografía Sagrada de Asturias- en cuyo libro nos transcribe la leyenda “de tres hermanos Tina, Marina y Medé (Emeterio) que fueron perseguidos por unos piratas cuando viajaban en barco. Aunque llegaron a la costa, sanos y salvos gracias a la protección de la Virgen, juraron que nunca volverían a poner los pies en una embarcación, pero tomaron posturas diferentes con respecto al mar.

Marina, decidió que no quería ni verlo ni oírlo, por lo que buscó refugio en Llanes. Tal vez la huella de esa hermana la podemos encontrar en la Iglesia de Santa María en la capital llanisca. ¿Ver veremos?

La otra hermana– Tina, a la que le gustaba escucharlo, pero no quería volver a contemplarlo, se fue a vivir al monasterio de medieval posiblemente al que luego dio lugar al actual de Tina, cuyo emplazamiento recoge el cantar de esta manera :
Dichoso del peregrino
que cruza en Bustio la ría
y que llega a descansar
junto a la Virgen de Tina.
Que bien duerme el peregrino
cuando la Virgen le mece
!ay, quien fuera peregrino en Tina
cuando amanece!

Desde el desvencijado monasterio “ se oyen los bufidos del oleaje aunque no se alcance a ver el agua”. Si ya el entorno es de una belleza singular, más puede serlo al escuchar esos extraños ruidos marinos provenientes de los bufones, que más bien parecen bramadorios en los cuales los misteriosos atlantes hacen llegar sus faunos lamentos. 
 
Por otro lado la leyenda de los tres hermanos y su viaje escabroso por mar, del cual llegan sanos y salvos bajo la protección de la Virgen, tiene como resultado que en vez de poner tierra de por medio con la mar océana se quedan todos ellos a vivir al rumor de las olas. Lo cual nos indica la posibilidad de una lectura hermética, que nos sugiere un viaje iniciático mediante el cual los hermanos recobran su cuna, la vuelta a un lugar querido, a sus ancestros, en el cual todos ellos se establecen, y cada uno de ellos se dedica a trabajar su piedra bruta en una especie de vida contemplativa.

Esa travesía de los hermanos recuerda a los viajes iniciáticos, donde todo es tormenta y caos, la búsqueda, y como no, un ir al centro de la tierra, una travesía siempre en la que siempre hay una mano protectora que te asegura en el caos y que desde la inquietud (lo tenebroso) te ayuda a caminar hacia esa quietud que parecen recobrar los hermanos al rumor de la mar cántabra, al lado de la cual se supone han encontrado la Luz, o simplemente, están al lado de algún punto del camino. 
 
Del monacato de Tina y sus dependencias apenas si quedan en pie algún que otro resto como la iglesia, en cuya entrada se aprecia un destruido horno de pan y los pedazos de lo que creo que fue un pozo agua, hoy totalmente anegado, y un poco más allá los desvencijados restos de otras construcciones anejas, que se supone era las dependencias monacales.

En cuanto a la iglesia esto es lo que nos dicen Mari Cruz Morales y Emilio Casares “Las tres destruidas naves están unidas en una sola, estaba constituida por una estructura espacial arquitectónica de una gran sobriedad y armonía que indudablemente hay que enlazar con las aspiraciones del monasterio y su tradición de monjes arquitectos con un conocimiento y búsqueda consciente de los espacios arquitectónicos propicios a la nueva reforma de la Orden Benedictina”.[1] 
 
No parece que dicho monasterio contara con mucha ornamentación simbólica, más bien hay que pensar que se insertaba en la idea cisterciense de que los ojos y la razón no necesitan de la imperiosa simbología que existe en otros monacatos, puesto que estamos en los más sincrético del camino, aquí el desarrollo espiritual no transcurre en un museo de alegorías representadas en capiteles, metopas o canecillos, sino en uno mismo, y más intenso es cuando se realiza esa especie de Transmutación, que se magnifica cuando se recorre la Vereda de los Salvadores.
Quien lleve en sus venas la permanente búsqueda de lo iniciático, el grial de la existencia, encontrará en éste sagrado lugar que los pelillos se le erizan sin saber que está sucediendo a su alrededor, pues el lugar transmite singulares vibraciones y algo parece flotar en el ambiente, el cual terminará por seducirnos como lo hizo con el tercer hermano: Emeterio que “tomó la decisión de no embarcarse, no quería dejar de ver y oír el mar, y se instaló al otro lado de la cueva, desde donde pudo mirar y escuchar las aguas” Un lugar que también embrujó al masón y erudito Fermín Canella, que lo llegó a contemplar en pleno esplendor, o sea sin derruir.
Salimos de los ruinas cistercienses de Tina, que muchos nos dice de aquellos tiempos, pues la piedra habla siempre, puesto que acompaña al canto litúrgico y lo prolonga a modo de eco por la bóveda del monacato, pero los mirmullos del canto se hoyen también por el denso encinar, por el cual el ritmo y la melodía gregoriana se debía esparcir en una extraña y singular prolongación del monacato.. Imaginaos por un momento la escena. Aunque la piedra también tiene un aspecto muy importante, su expresivo silencio. 
 
Dejamos Tina y varias lápidas sepulcrales sin inscripción, una rota, y otra que anda rodando por la zona, y tras ellos nos disponemos a cruzar la profunda huella que deja la Riega Bartolo (Bartolomé, era un apóstol de Jesús, que corresponde a un sobrenombre, que le fue añadido a su antiguo nombre que era Natanael (que significa "regalo de Dios"). 
 
Tal vez ese sea el símbolo de la riega pura y cristalina que fluye tan cerca del monasterio, y que en un lugar tan bravío no deja de ser un regalo del Gran Arquitecto, pues aportaba una cristalina agua al monacato y un encanto muy especial. 
 
No deja cuando menos, curioso un nombre para una riega que desemboca en uno de esos bramadorios ya citados, y más cuando Bartolo parece que fue uno de los pastores que estaba acompañado de un ermitaño y ayudado por San Miguel en su encuentro con Luzbel, cuando iba camino de Belén. 
 
Este entorno sin saber porqué me recuerda a San Bartolomé de Ucero en Soria donde también hay una cueva, un gran santuario, un río y los templarios circulando por allí. 
 
Llegamos de forma cómoda entre el eucaliptal y el encinar al singular entorno de la ermita de Santo Medé, que proviene de genitivo Sancti Emeterii. Extraño es éste San Emeterio, que pulula por nuestras tierras asturianas, pese a su posible origen burgalés o leonés.

Parece ser a la vista de las leyendas patrísticas, que le tal Emeterio era hijo del centurión y mártir Marcelo. El poeta hispano Prudencio recogió en verso los relatos de la muerte de Emeterio y Celedonio, éste último era hermano de Emeterio. Estos hermanos formaron parte de las legiones romanas hasta que se decretó la persecución de los cristianos. Por lo que decidieron entonces entregarse al procónsul de Calahorra, declarando su fe, y aunque fueron encarcelados y torturados nunca renunciaron a su religión, por lo que fueron condenados a morir decapitados a las orillas del río Arrendó, el 13 de marzo del año 300. Se cuenta que antes de morir, Emeterio lanzó al aire su anillo, y Celedonio su pañuelo que ascendieron hacia el cielo a la vista de todos. 
 
La leyenda también dice que sus cabezas decapitadas llegaron hasta Santander a bordo de una nave de piedra, que atravesaron la roca conocida como la Horadada de los Mártires y encallaron en la costa. Cuestión que parece enlazar con parte de la leyenda asturiana, lo que no deja de ser paradigmático, pues también en la parte alta de Calahorra se ubica la iglesia del Salvador, probablemente en testimonio perpetuante del hecho martirial. De nuevo El Salvador. 
 
Santo Medé tiene bajo su advocación una impresionante ermita, con lugar anexionado para el alojar al ermitaño. En el pórtico de esta enorme capilla se rodó la película El Abuelo (1998), y en una capillita estival aledaña podemos ver que el citado santo está representado en una pintura mural tocado con una extraña indumentaria y chistera, de claro sabor bizantino. 
 
Como todo santo que se precie, éste ha de tener al menos una leyenda cuasi mágica, y alrededor de Santu Medé hay más de una, y la que sigue ya es un poco de travestidos, pues parece que la idea no era dedicarle la ermita a tal santo, sino a la misma Virgen, pero según narran las leyendas, al escultor que talló la imagen en lugar de la Virgen, le salió un santo, y por aquello de ahorrar en costes pues todo quedó bajo la advocación de San Emeterio de ahí que se cante:

San Emeterio glorioso
eso bien lo sabéis vos
de que fuisteis elegido
para ser madre de Dios.

En esta ocasión estamos ante la clásica situación, pero con variante, de la construcción de una ermita que se desea ponerse bajo la advocación de un determinado santo o deidad, y ésta o éste escurre el bulto para irse un poco más allá. En la presente situación Santo Medé se queda pegado a las viejas tradiciones antropocéntricas de las cuevas, y es la Virgen la que opta por subirse hasta Piminago. 
 
Tal santo da pábulo a otras leyendas sobre poderes curativos, que parece ser, transmutan las aguas del lugar, cuestión muy propicia para los senderistas, pues están tales aguas indicadas para los problemas de pies, de ahí que todo “quisqui” opte por lavarse los pies en la zona y mirar de paso si se le curan los juanetes, pues parece que el santo tiene predicamento y poder en tal cuestión, como asi lo expresa n el pericote:

Valamé, valamé
mi tiu el coxu rompió un pié
y después que lu rompió
lu llevó a Santu Medé

“Los núcleos mágicos y su relación con los manantiales son fenómenos que singularmente siempre van unidos, encontrando casi siempre al lado del agua el santuario, cuya relación “vendría referida a la virtud física o metafísica del manantial y al simbolismo que lo gobierna y lo define, que tiende siempre a identificarlo como su significación griálica de continente y transportador del conocimiento supremo”[2]
[1] El Románico en Asturias (zona Oriental). Ayalga Ediciones 19977
[2] Juan G. Atienza: pag. 37.

Este texto es propiedad de Víctor Guerra, que se puede tomar a condición de la obligada cita de procedencia y autor
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