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14 noviembre 2008

El anticlericalismo Masónico y las Cámaras Girodano Bruno


Introducción.-

Las relaciones de la masonería y la Iglesia como institución, han sido fruto de varios y variados trabajos[1]. Pero ha sido parca la investigación sobre las relaciones de la masonería y el entorno eclesiástico, y aún menos aún los trabajos circunscritos al ámbito geográfico de Asturias. Tal vez el único acercamiento a dicha temática y problemática consista el trabajo a cerca del semanario masónico La Verdad, publicado en su día en este mismo boletín[2].

Por tanto, carecemos de trabajos de investigación en los que podamos realizar una apoyatura documental suficiente para analizar y esclarecer con profundidad las relaciones habidas entre las dos sociabilidades, que aún asentando en buena aparte, la una su magisterio en el bien común, y habiendo sido interpretada la otra -la masonería- como una religión civil (laica y política)[3], influida e influenciada en buena parte por las iglesias: Católica y Anglicana, no por ello dichas sociabilidades han dejado de estar encontradas en el difícil campo de la praxis, y más cuando ambos contendientes se han situado en el campo político.

En medio de un ambiente cargado de significaciones, de actitudes y de todo un mundo gestual, que supone toda una reivindicación, y una definición ideológica, donde la masonería va a constituirse en el vehículo hegemónico de tales aspiraciones, “ donde “había mucho de militancia en la masonería, pues en la vida profana cada hermano debía constituir un ejemplo paradigmático de todas las virtudes, y el secreto de comportamiento se aprendía en el seno de la Orden”[4].

 Es evidente que la lucha por arrancar al clero del ejercicio del poder en el seno de la sociedad civil, se podría decir que se da en torno a la Edad Media, acción que pasó por distintas fases hasta desembocar, a finales del siglo XIX, en la separación de la Iglesia y el Estado Aunque en algunas latitudes, este principio o proceso no se dio con toda profundidad, y tal situación fue caballo de batalla política e ideológica entre algunas de las sociabilidades, en las que se encuadra la masonería.

 Pero será la Reforma protestante y la Contrarreforma católica en el siglo XVII, cuando los llamados esprit forts primeramente apuesten por la separación radical entre la esfera espiritual y la temporal. A lo largo del siglo XVIII esa lucha se manifiesta en términos de oposición contra el clero por sus beneficios y privilegios, y por tanto no ha de sorprendernos que el Abate Lefranc de París; Auguste Barruel en Inglaterra y Lorenzo Hervás y Panduro en Roma, desarrollasen la tesis complotista de masones, jansenistas y protestantes, como fieles muñidores de la caída del Estado monárquico y la religión católica.

En el siglo XIX, los planteamientos siguen siendo los mismos aunque los postulados de del Siecle de la Lumieres, van a calar de forma tan honda en los movimientos filosóficos y políticos, éstos se van a manifestar con un mayor radio de acción con la articulación del librepensamiento como corriente ideológica, y se va a exteriorizar de forma contundente al amparo de la proclamación de las libertades por parte de la Revolución de 1868.

Librepensamiento y Masonería.-
Por su parte el movimiento librepensador devendrá de un proceso continúo por crear organizaciones que agrupasen los diversos criterios y personalidades, cuya expansión va a traer consigo la publicación en España, de forma más tardía con referencia al resto de Europa, y una vez logrados ciertos criterios conceptuales mínimos, la edición de diversos medios de opinión de carácter netamente librepensador, aunque a veces impregnado de hondas raíces deístas. Aún así, el movimiento tenderá, en líneas generales, a propensiones cada vez más radicales, creando a su vez una importante trama asociativa desplegando amplios espectros de acción tanto político como social.

Así se encuentra en 1869 en Barcelona, la primera publicación: El Librepensador, y en Madrid La libertad de Pensamiento, esta última revista se erige como “órgano de la Gran Asociación Española de Librepensadores”[1], aunque como nos indica el propio Álvarez Lázaro, habrá que esperar a 1889 a que el movimiento librepensador se consolide, cuestión que se efectuará el 15 de agosto de 1882 cuando Bartolomé Gabarró funde en Barcelona la “Liga Anticlerical de Librepensadores”, está a su vez se fracturará dando lugar a la “Unión Fraternal Ibérica de Librepensadores” y ésta a la “Asociación Universal de librepensadores”.

Movimientos librepensadores en general nucleados en torno a los movimientos republicanos federales, anarquistas y miembros de la masonería, y en ese gran cajón de sastre se van a dar las más variopintas concepciones y reivindicaciones, hasta tal punto que llegaran a crear estado de opinión y a movilizar amplias capas de la sociedad que enarbolaran el anticlericalismo como eje de sus discursos.

 Grupos nacidos, sobre manera, en Cataluña, que se van a ir ramificando por toda la península llegando a constituir o a sostener en pie lo que llegó a ser un verdadero catalizador del movimiento: Las Dominicales del librepensamiento, semanario que se fundará en Madrid en 1883, y convertido en el órgano de la “Federación Internacional de Librepensamiento en España, Portugal y América íbera”. Labor de divulgación que realiza el citado semanario,  que será apoyada por diversas Obediencias masónicas, tónica como bien recogen la convocatoria de la Logia La filosofía Positiva del Gran Oriente de Francia del 29 de mayo de 1905, era en ocasiones todo un clamor en algunas logias:

”...Considera que es preciso impulsar enérgicamente al Librepensamiento anticlerical y militante; urgir mediante una grandiosa manifestación que lleve a cabo la Ley de Separación[2].

En esta corriente se situarán hombres como Ramón Chíes, y Fernando Lozano, mentores de Las Hojas del Librepensamiento, y como no, masones como Odón de Buen o José Francos Rodríguez, éste último visitó en varias ocasiones Asturias de la mano de otra ilustre librepensadora y masona madrileña, pero gijonesa de adopción: Rosario de Acuña, que a su vez representaba la cultura del librepensamiento femenino de carácter deísta, aun cuando siempre se la exponga como la precursora de la “Escuela sin Dios”. Habrá también otras mujeres masonas Ángeles López de Ayala, o Belén Sagarra, en una visita que ésta realiza a Trubia, cuando tras su mitin –discurso se constituyan en varios grupos de librepensadores en diversa localidades asturianas[3]

Llegados a este punto, es bueno hacer un alto en el camino y aclarar la confusión conceptual que ha habido, y que aún hoy persiste, sobre masonería y librepensamiento, que suelen ser consideran como sinónimos. Dejemos que sea el profesor Álvarez Lázaro el que nos explique las convergencias:
“Sin duda, no pueden confundirse las organizaciones masónicas con las librepensadoras, pero el movimiento masónico supuso un gran soporte para el librepensador, y viceversa. La intransigencia de la iglesia católica los aglutinó en un común denominador: el anticlericalismo, pero el maridaje entre ellos hay que buscarlo también en la identidad de ideales. De hecho el confucionismo entre masonería y librepensamiento radica en el programa común de libertad, de instrucción, de tolerancia, de perfección del hombre en particular y del progreso humano” [4].
 Hombres que, además, en Asturias, tuvieron la oportunidad de la acción formativa y de reflexión en las logias, téngase en cuenta la cantera krausoinstitucionista que había en los talleres masónicos de aquel momento, y o que a su vez fueron portavoces y difusores de tales conceptos en sus respectivas acciones políticas y sociales, expresadas con más o menos radicalidad, y planteando una vez más, el trabajo masónico como proyección social y política.

Ello dio como fruto que en Oviedo se pusiese en pie un medio de comunicación que ayudara en esa labor evangelizadora contra el clericalismo imperante. Proyecto que se materializa con la edición del periódico ovetense La Verdad [5].

Portavoz democrático del republicanismo zorrilista, que a su vez representó la voz de las logias, al menos de una segmento de ellas, y se hizo también eco de las preocupaciones de los librepensadores asturianos, que hicieron de sus páginas el tablón de denuncia y escarnio del quehacer del clero, ya que en sus semanales páginas, además de artículos doctrinales de carácter político, librepensador y masónico, se retrataba con “pelos y señales “ la acción y vida cotidiana de la “clericalla y de los cogolludos”, como así los tildaban en buena parte de sus escritos.

Pero sí bien las convergencias entre ambos movimientos han quedado claras, también las divergencias se van hacer notar, y éstas se ponen de manifiesto a través de un rapport que cada Federación Internacional de librepensadores, debía presentar en su Congreso, y que tenía este texto: ¿En que proporción están representadas las diversas clases sociales en los grupos de librepensamiento y en las logias masónicas?

De hecho, será W. Heaford, secretario de la Federación Internacional de Librepensamiento inglesa, quien le ponga el cascabel al gato, al proclamar:

“Que las logias masónicas en Inglaterra son autocríticas, ricas, reaccionarias y religiosas. El Rito inglés exige al profano la aceptación de la idea de Dios. Muchos de nuestros librepensadores ricos, pero que en su mayor parte no son miembros de nuestras secciones de propaganda, no vacilan en pronunciar - A la gloria del Gran Arquitecto del Universo- y en hacerse francmasones. El Gran Oriente de Francia debe remediar este mal, formando entre nosotros logias abiertamente librepensadoras”[6].

Estaba claro que la masonería bíblica, y de hondas raíces místicas[7], cuya representatividad tiene la Gran Logia Unida de Inglaterra, y aquellas otras Obediencias situadas en ese alineamiento conceptual, tenían problemas para insertarse en dicha corriente Librepensadora, tal y como exponía el fundador de la logia zaragozana de Caballeros de la Noche en 1889:

“Fúndense sociedades librepensadoras o republicanas pero que no se cubran con el dictada de masónicas; Únanse si así lo desean los iniciados que comulguen con aquellas opiniones, que libres son para hacerlo, pero no quieran arrastrar a la francmasonería, está por encima de todos los partidos políticos y de todas las iglesias” [8].

Aunque había puntos en común dentro de las logias con respecto a la Iglesia, había una importante facción de masones y de logias que se alineaban más en la tesis del librepensamiento, que se hacían eco de esta proclamación expresada en el Congreso de 1904 de Roma, y que terminará por imponerse en el seno de algunas Obediencias:

“El librepensamiento no es una doctrina; es un método, es decir una manera de conducir el pensamiento y, por consecuencia, la acción en todos los dominios de la vida individual y social”.
Este método no se caracteriza por la afirmación de ciertas verdades particulares sino por la obligación de buscar la verdad, de cualquier orden que sea, por los medios naturales de la inteligencia humana, por la sola luz de la razón y la experiencia”[9].

La mayoría de los masones y librepensadores asturianos no se quedarán bajo la tesitura inglesa, sino que una parte de ellos, trabajará bajo cánones más aperturistas representados por el Gran Oriente de Francia, que ya había tenido en 1850, y luego en 1871 logias en Gijón[10].

La acción de los masones ovetenses tampoco se va a quedar solo en el papel, sino que les vamos a encontrar en varios acontecimientos que se darán dentro de la órbita de librepensamiento, tanto es así, que les vamos a encontrar en los diversos Congresos de Librepensamiento[11], como el de Madrid de 1892, suspendido por Sagasta,[12] o en el Congreso Universal de Librepensadores de Ginebra de 1902, donde asiste una representación asturiana que porta el estandarte de la logia Luz de Luarca, y que presumiblemente pudiera ser César Álvarez Cascos, quien lo representase.


[1] Álvarez Lázaro, Pedro: Librepensamiento y secularización en la Europa contemporánea. Universidad Pontificia de Comillas. Madrid 1996.
[2] AHNS. Legajo. 392. Expediente 8.
[3] El Noroeste. 17, septiembre de 1899.
[4] Álvarez Lázaro, Pedro: “Masonería y librepensamiento españoles de entre siglos”. En la publicación: La masonería en la Historia de España. Zaragoza 1989.
[5] Guerra García, Víctor: “La Verdad” un periódico masónico en el Oviedo finisecular. BIDEA nº 160. 2002.
[6] Álvarez Lázaro, Pedro op. cit.. Pagina 115.
[7] MASONERÍA BIBLICA: Bajo esta concepción masónica se sitúa de forma definida la Gran Logia Unida de Inglaterra (GLUI) y en las grandes logias americanas. Nace en el medio protestante, sin que ello signifique un conflicto con otras profesiones religiosas, ya que para llegar a es confluencia utiliza el GADU como voluntad revelada. Y huye de colocar a la masonería como movimiento filosófico que admita cualquier orientación u opinión. Y se considera como un sostén de la religión.
Es una masonería que basa toda su tradición en la Biblia, y no en la Biblia en general, sino en el viejo testamento por una parte de donde extrae el “corpus” general y luego hace una profesión de fe en el desarrollo neo-testamentario con el tema de los San Juanes.
En general practica el RITO DE EMULACIÓN[7] (RE). Rito codificado en 1813 en Gran Bretaña, por una logia de “Iniciación”, compuesta de “Modernos y Antiguos” que fundaron la GLUI. A juzgar por algunos investigadores es de los mejores ritos que se conservan, y éste basa sobre la construcción del templo de Salomón. Bajo esa concepción de tradición hace una lectura “dogmática” de los Landmars de Anderson.
Es un rito donde no hay trabajo filosófico ni simbólico que se descarga en el ámbito de los Agapes. Dicho Rito está compuesto de tres grados, más un complementario a la maestría que se denomina del Real Arco. Este Rito exige la creencia en Dios y en la inmortalidad del alma, y por tanto en sus rituales hay un momento reservado para la oración elevada al Altísimo.
[8] Ferrer Benimeli, José A: Masonería española contemporánea. Vol II. Editorial Siglo XXI. Madrid.
[9] AHNS. Legajo 392. Expediente 8.
[10] Guerra García, Víctor: 150 Aniversario del Gran Oriente de Francia en Gijón. Diario La Nueva España. 8 y 9 Mayo 2003, dentro del suplemento Más Gijón.
[11] Se celebraron 19 Congresos: Bruselas:1880;1895; 1910. Londres 1881. París 1881; 1882; 1889; 1900; 1905. Ámsterdam 1883. Amberes 1885. Londres 1887. Madrid 1892. Ginebra 1902. Roma 1904. Buenos Aires 1906. Praga 1907. Munich 1912. Lisboa 1913.
[12] El librepensamiento asturiano a su estuvo representado aunque deforma un tanto parca en el Congreso de Librepensamiento de septiembre de 1892, celebrado en Madrid, contra el cual protestará el prelado Martínez Vigil, en una comunicación ante el ministro de Gracia y Justicia por la celebración de tal Congreso; al que asistieron unas 150 organizaciones masónicas. A dicho congreso va acudir un gijonés de residencia, el tenedor de libros Eduardo Guilmain, que acude en representación de la logia Fraternidad Ibérica radicada en Madrid. Este librepensador masón, había trabajado en la logia Los Amigos de la Naturaleza y Humanidad entre 1873-1874, con el cargo de Orador de la logia. 


[1] VV.AA.: Masonería y religión: Convergencias, oposición, ¿Incompatibilidad? Curso de Veranos de El Escorial. Editorial Complutense. Madrid 1996. Ferrer Benimeli, José A.: Masonería, Iglesia e Ilustración Vol: I-IV Fundación Universitaria Española. Madrid 1986.
[2] Guerra García, Víctor: “La Verdad” Un semanario masónico en el Oviedo finisecular. BIDEA nº 160. Oviedo 2002.
[3] El término Religión se utiliza en este contexto  como nos indica Aldo Mola: “no   en el sentido hodierno de religiosidad, espiritualidad, pietas, sino en su acepción refuerte de fe”. Mola, Aldo Alessandro: “Es la masonería una religión?” en: Masonería y religión: Convergencias, oposición, ¿Incompatibilidad? Curso de Verano de El Escorial. Editorial Complutense. Madrid 1996.
[4]Sánchez Ferré, Pere:Anticlericalismo y Masonería en España”. En: Masonería y religión: Convergencias, oposición, ¿Incompatibilidad? Curso de Verano de El Escorial. Editorial Complutense. Madrid 1996.

Victor Guerra
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