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04 agosto 2007

Plancha de j. Maldonado "21 Meses de Vida Masónica"

Homenaje a José Maldonado en el Cementerio de la Espina (salas-Asturias) el 15 de noviembre del 2000 por varios masones y el Ateneo Republicano de Asturias


José Maldonado, último presidente de la República en el exilio, y miembro de la logia España, en el aniversario de la muerte de quien fuera su amigo realiza la siguiente trabajo de arquitectura leido en Logia

Tributo a la memoria del Q.:. H.:. Dioniso Ferrer, Simb.:. MODESTINO, en el primer aniversario de su muerte.

Hace un año, en el alba del 6 de febrero de 1950, el Q.:. H:.: Dioniso Ferrer, entraba en el Oriente Eterno, exactamente a lo veintiún meses y dos días de haber recibido en nuestros Augustos Misterios. En la tarde fría y lluviosa del inmediato Jueves día 9 los numerosos amigos de quien, en el mundo profano, era magistrado del Tribunal Supremo[i] le acompañábamos a su última morada en el cementerio parisiense.

Allí estaba el Q.:. Il.:. H.:. Jefe del Estado Español, sobreponiéndose a sus dolencias físicas, no obstante la particular inclemencia para rendir el debido tributo de gratitud y reconocimiento tal leal servidor de la Justicia de la República.

Imborrable perdurará entre nuestros recuerdos aquella estampa de unánime y sincero dolor que vimos, como pocas veces, reflejado en todos los semblantes. Nada vino a turbar la elocuencia impresionante de tan dramático silencio subrayado tan solo por nuestro Q.:. H.:. del Ministerio de Justicia cuando, atenazada su voz por la emoción, dio lectura al Decreto por el Gobierno Constitucional español, en el exilio, concedía al desaparecido a título póstumo el grado de Comendador de la Orden de la Liberación de España.

¡Ha transcurrido un año¡ En este primer aniversario de su muerte con la intención sincera de interpretar el pensamientos de los QQ.:. HH.:. de la Respetable Logia “España” a la que Dionisio Ferrer ofrendó sus últimas actividades e ilusiones quiero rendirle el tributo de mi recuerdo en esta modesta columna del Norte, aquí donde cobra su salario el Apr.:. que es siempre toda obrero masón.

“vine a la masonería-nos decía nuestro H.:. en uno sus trabajos de Aprendiz- un poco más tarde en mi vida civil, por razones o escrúpulos que lealmente os expuse, pero llegué a ella desbordada el alma de entusiasmo…” En efecto con criterio que respetamos, pero que no compartimos, el profano Dionisio Ferrer estimando que el ser masón pudiera hacerle aparecer sin la necesaria independencia en su condición de Magistrado, se abstuvo durante muchos años de llamar a las puertas de nuestro templo, más de él puede afirmarse justamente que fue siempre masón en potencia que había de llegar ineluctablemente por su honorabilidad sin tacha su rectitud inquebrantable, su recia formación liberal, va a verse solamente proclamado en la calidad que de hecho poseía, una vez traspasado el umbral de la Iniciación.

El Destierro. Este destierro interminable- para muchos ha sido el paso a la eternidad- que los emigrados españoles soportamos con tanta dignidad como entereza.

Destierro que, entre sus muchos males, tiene el de anular frecuentemente la personalidad y los valores y desviar profesionalmente al exiliado adscribirlo por la acuciadora e imperiosa necesidad de subsistir. Pero destierro que, a veces- eterno contraste de las cosas humanas- al abrir horizontes y posibilidades nuevas, proporciona campo adecuado para el ejercicio de vocaciones y aptitudes que no encontraron ocasión de manifestarse en la patria perdida.

El exilio, separando forzosamente al profano Ferrer de la excelsa misión de juzgar, le llevó hacia la luz y le encaminó por la senda que había de conducirle a cumplir su destino de masón.

Y vino a decorar nuestra columna del Norte, convertido en el Q.:. H.:. Modestino, ese obrero puntual y laborioso que todos habéis conocido y que desarrolló, en solo unos meses de vida masónica- los últimos meses también de su vida- una actividad realmente extraordinaria, como si, al abrirse las compuertas que le retenían en el mundo profano todo el caudal de su formación pre-iniciática irrumpiese a raudales; a veces con intensidad tal que se hacían indispensables las obligadas precauciones y medidas de seguridad para evitar posibles desbordamientos y encauzar aquel.

Recuerdo, como manifestación característica del temperamento de nuestro inolvidable H.:. aquellas “sus inquietudes” que con regularidad matemática exponía al taller en todas sus tenidas, intervenciones que producían automáticamente el efecto de que el Venerable y los VVig.:. empuñasen al unísono sus malletes y aguzasen con el H.:. Orador su atención para elaborar una réplica que no siempre pareció fácil.

Su dinamismo, que queda reflejado en los Anales de este taller en planchas grabadas y trozos de arquitectura de toda suerte y sus ansias de conocer y practicar los Principios que inspiran a nuestra Institución le llevaron como Visitante a numerosas tenidas y ceremonias en otros cuadros y hasta asistió – lo cito como dato curioso- a una boda masónica, acto ritual que estoy cierto que muchos de los que aquí están no habéis tenido ocasión de conocer.

Diríais que el Q.:. H.:. a quien va dirigido este recuerdo, presentía el próximo fín de sus existencia y le acuciaba el deseo de asimilar las doctrinas de nuestra Orden, tarea a la que se entregó con fervor ejemplar que conservó, como veréis hasta el instante mismo de su muerte. Estado de conciencia que se me aparece resumido en un gesto, testimonio de su entereza de espíritu que para mayor parte de vos pasó probablemente desapercibido, ocupaba la oratoria de nuestro Q.:. H.:. Rousseau quien en pasaje de su discurso pronunció esta frase “ y si alguno de nosotros cae en nuestro camino…” Sabéis cual fue la reacción del Q.:. H:.. Modestino, señalarse a sí mismo en el pecho, fija la mirada en el altar del Orador, con ademán que quiso decir “ Ese soy yo”.

Esta fue la última Tenida a la que asistió el Q.:. H.:. Ferrer que había alcanzado el Grado de Compañero masón y ocupaba el cargo de Hospitalario del taller.

Después en la sala del hospital de París se consumó la tragedia que ninguno de nosotros olvidará jamás. Aquella interminable agonía, en plena conciencia y lucidez, salvo ligeros eclipses de delirio, soportado con entereza tal que hasta los que le asistían estaban sobrecogidos.

Momentos que realzaron aún más su fervor masónico y que le acreditaron en posesión de la suprema Maestría ante el tránsito definitivo.

Cómo olvidar aquella hora una de las varias que parecía ser la última en que decía nuestro Q.:. H:. 1º Vigilante “ En ausencia del VM.:. vos representáis al taller, despedirme de todos los HH.:. y cuando presa del delirio, le escuchábamos claramente la frase ritual de “VM.:. M.:. y QQ.:. HH.:., y aquel interés de todos los Sábados que seguían a nuestras Tenidas, nunca perdió la noción del tiempo- de conocer las actividades de la logia, y muchas más que no quiero evocar para no hacer extensa la plancha.

Queríamos abrigar una última esperanza más la triste realidad se impuso, y un mal día sobre una losa de mármol del depósito del hospital en que murió yacía nuestro H.:. Modestino envuelto en un blanco sudario sobre el que aparecía prendida una minúscula bandera tricolor española; hecho éste que no se explica sino como cumplimiento de un encargo que el propio enfermo diera a alguna de las personas que le prestaban asistencia. ¡ Así rindió el último tributo de lealtad al régimen legítimo de su patria al que ofrendó como masón su vida¡

Con que emoción, al contemplarle así, recordaría al Q.:. H.:. Roussseau sus propias palabras y el gesto de que fueron seguidas .

Hace un año, al homenaje del mundo profano, siguió el fraternal tributo que nuestros Rituales prescriben para honrar la memoria de cuantos obreros masones caen para siempre, en la mano las herramientas de trabajo.

Aún resuenan en nuestro oídos los bellísimos trozos de arquitectura que escuchamos con igual emoción y dolor sincero que eran pronunciados; aún tenemos presente aquel negro túmulo, envuelto en las banderas de la Patria perdida, y la de la Francia hospitalaria, en el que reposaban simbólicamente nuestro Q.:. H.:.. Sobre él las insignias de la Orden de la Liberación de España que impuso el Q.:. H.:. Vicepresidente del Gobierno Español y también recordarlo bien, la banda y el mandil de Maestro Masón, jeraquía suprema de la Masonería Simbólica que la Cámara del Medio de la Respetable Logia España quiso a título póstumo conceder.

El destino de Dionisio Ferrer se había cumplido

Más no quedemos bajo el peso de esta triste y dolorosa impresión. Así como a la baterías de duelo suceden siempre baterías de alegría, renazca en nuestros corazones el júbilo que nos es necesario para continuar recorriendo el camino que el deber y la promesa prestada nos marcan. Guardemos siempre vivo el recuerdo del H.:. perdido, su asiduidad, su fervoroso entusiasmo, se estricta observancia de la etiqueta y si así lo queréis pensad conmigo que transcurrirán varios años y unidos a mí para forjar una fantasía, desvanecida ilusión que hubiera podido tener realidad.

V.:. M.:. y QQ.:. HH.:. VVg.:. batid simbólicamente vuestros malletes y vosotros HH.:. aprestemos imaginarias espadas y formemos ilusoria bóveda de acero que bajo ella pasa el Orden de Aprendiz precedido de estrellas el Q.:. Hermano Modestino, presto a escalar las gradad del Oriente y recibir sobre sus hombros el collar de Venerable de la Respetable Logia España.

UN H.:. del Cuadro.

[i] Por último, la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo tuvo el trágico honor de pronunciar la última sentencia de éste órgano, de fecha 28 de diciembre, prácticamente un mes antes de la caída de Barcelona, siendo sus autores los magistrados Fernández Orbeta, Pascual Leone y Dionisio Ferrer

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