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24 abril 2009

PROYECTO DE CONSTITUCION FEDERAL DEL ESTADO ASTURIANO

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Apenas hace unas horas se presentaba en la Junta del Principado de Asturias un libro que trata del Proyecto de Constitución Federal del Estado Asturiano que impulsaron en 1888 los Republicanos Federales asturianos que acaudillaba el médico gijonés Eladio Carreño.
recojo la reseña del periódico en que colaboro La Nueva España que hace una crónica de la presentación del libro que tiene un Estudio Preliminar de una de las promesas más brillantes de la historiografía asturiana: Sergio Sánchez Collantes.

El historiador Sergio Sánchez reedita un proyecto de constitución federal asturiana de 1883


En la mesa, por la izquierda, Justo Vilabrille, concejal de Cultura de Gijón; María Jesús Álvarez, presidenta de la Junta General del Principado, y Sergio Sánchez Collantes, durante la presentación del libro en el Parlamento asturiano.
Oviedo, M. PALICIO  (LNE)
La Junta General del Principado y el Ayuntamiento de Gijón celebraron ayer el Día del Libro sacando a la luz uno muy singular. Es una reedición que llega a los 125 años de la original, que se presenta corregida, aumentada y estudiada. Se trata del «Proyecto de Constitución Federal del Estado Asturiano» elaborado por republicanos federalistas asturianos en torno a 1883. 

Editado conjuntamente por la Junta y el ayuntamiento de Gijón, el libro es el resultado del hallazgo «milagroso» del historiador Sergio Sánchez Collantes, que dio con el texto en Argentina y firma el estudio preliminar y el análisis incluidos en el volumen. 

Aquel proyecto, redactado por el médico y ex alcalde de Gijón, Eladio Carreño, y otros insignes republicanos asturianos, se concibió en paralelo a los elaborados en otras regiones. Querían ser impulsos democratizadores y de demanda del reconocimiento de derechos en una época en la que la defensa de la democracia, dice Collantes en el libro, «comportaba muchos riesgos y no pocos disgustos». El documento, según la valoración que ayer hizo el historiador, «tiene un trasfondo que le da valor, y es que siguió un proceso lo hace único». El proyecto, recuerda el investigador, fue aprobado en 1883 por la asamblea federal regional, convocada por el Partido Federal de Asturias, y por la nacional 1888, por lo que «lleva el refrendo de cientos de asturianos y miles de españoles».

Respecto a su contenido, Collantes aclara que «no es un texto separatista» y que su estela llega hasta la actualidad a través del reconocimiento de derechos toda índole, desde la libertad de expresión a la de conciencia, la separación de la Iglesia y el Estado o el entonces innovador sistema de tributación progresiva.

Pues bien, traigo a colación este texto,  y de este libro unos enlaces que no hace mucho publicaba en este mismo pizarrón, textos inéditos de mi autoría, en los que trabajo sobre las comitivas que participaron en el Pacto Federal Astur Galaico , y que pueden ser un modesto complemento a este trabajo de Sergio Sánchez Collantes, sin que por ello quiera quitarle todo su protagonismo, pero como parece que hay quienes quieren hurtar ciertas membresias como comentaba no hace mucho Pedro Vila en Carafueyu, pues expongo aquí la perspectiva masónica.
Por otra parte,  tal autor (Sergio Sánchez Collantes) publicaba hoy día 24  en la prensa local gijonesa (EL Comercio) un artículo sobre el citado Proyecto de Constitución Federal  que también les reproduzco para su conocimiento.

E L 29 de abril de 1883, hacia las cuatro de la tarde, un grupo de republicanos federales entraron en un local de la gijonesa plaza de San Miguel. Eran pocos pero representaban muchas voluntades, ya que se trataba de los delegados que habían elegido, por sufragio universal, cientos de federales varones de un buen número de concejos. En ese lugar se celebró una histórica reunión del Partido Federal Asturiano, cuya meta fue validar un borrador titulado 'Proyecto de bases de Constitución regional asturiana'. Su autor era el médico Eladio Carreño, alcalde de la villa durante la breve República de 1873 y a quien, según estimó Pepín de Pría hace más de un siglo, le debían «Gijón y toda Asturias las primeras semillas de libertad». A lo largo de ocho jornadas, esos representantes leyeron y discutieron el borrador constitucional, que fue aprobado el 6 de mayo de 1883 tras introducir leves modificaciones. En una última reunión, cerca de 800 personas abarrotaron el teatro Jovellanos, que se ubicaba donde hoy se alza la biblioteca del mismo nombre.

Lo que sucedía en Asturias formaba parte de un singular proceso constituyente impulsado por el Partido Federal en las regiones españolas. Se trataba de que todas ellas ultimaran sus respectivos proyectos constitucionales y eligieran a sus representantes para una asamblea nacional del partido, con el objeto de que tales borradores fueran discutidos y aprobados en ella. De este modo, el federalismo español no sólo otorgaba una pátina jurídica a sus propuestas democráticas alternativas, sino que tal experimento vivificaba las ilusiones de la militancia y, además, podía servir de legalidad interina en el caso de que se volviera a proclamar la República, hasta que se reunieran unas Cortes Constituyentes tras unas elecciones. Esa trascendental asamblea que congregó a los representantes de las provincias, se celebró en Madrid en el otoño de 1888.

El borrador llegado desde Asturias, considerado «digno de todo encomio» y «modelo de método y de claridad», fue aprobado sin variación ninguna en la sesión del 9 de octubre.

A lo largo de sus 92 artículos, estructurados en 18 títulos, el 'Proyecto' recoge buena parte de las aspiraciones del federalismo asturiano, mientras que otras cuestiones se postergaron, estimando que debían ser objeto de legislación en su día y no materia de ordenamiento constitucional. El título I principia declarando que «el Estado soberano de Asturias quiere formar parte integrante de la Federación española» (art. 1), proclama la soberanía popular (art. 2) y establece como forma de gobierno una República democrática federativa con capital en Oviedo (arts. 4 y 5). Los títulos II y III contemplan los derechos individuales, políticos y sociales. Los primeros se consideran «anteriores y superiores a toda legislación, por ser inherentes a la naturaleza humana», o sea, que no pueden ser limitados ni mermados. 

Entre ellos sobresalen las libertades de pensamiento, de cátedra, de prensa y de conciencia para profesar la religión que se desee -en la época, la del Estado era la católica- sin que nadie pueda ser obligado «a asistir, erigir ni sostener un culto religioso» (arts. 6, 11 y 14); los derechos de reunión y asociación pacíficas (art. 6); la abolición de la pena de muerte, la justicia gratuita, las debidas garantías procesales en caso de detención y el juicio por jurado (arts. 7, 8 y 10); la igualdad de todos los asturianos ante la ley, «sin privilegio alguno de lugar, de nacimiento, de riqueza ni de familia», por lo que «no se reconocen títulos de nobleza» ni «honores hereditarios» (art. 9); en fin, la inviolabilidad del domicilio, de la correspondencia y de «la propiedad legítima» salvo en «los casos de utilidad pública» y previa indemnización (arts. 12 y 13).

En lo que respecta a los derechos llamados «políticos y sociales», se prevé que los asturianos contribuyan a las cargas del Estado «proporcionalmente a sus riquezas» (art. 23) y la obligatoriedad de «defender la patria» en caso de guerra se impone a todos (art. 20), pero la fuerza militar sostenida por Asturias está «constituida por voluntarios» (art. 72). Se introducía con ello un principio de justa igualdad en dos ámbitos caracterizados por hirientes discriminaciones: baste señalar que los adinerados podían eludir el servicio militar pagando la «redención». 

También se contempla el derecho de voto para los asturianos mayores de 20 años, que pueden igualmente ser elegibles desde los 25; ello en un momento de sufragio censitario, o sea, que sólo votaba quien tenía un cierto nivel de renta. Ahora bien, no se explicita que las mujeres sean beneficiarias de tal derecho, a pesar de que en las elecciones de 1869 ya se las había visto por las calles gijonesas repartiendo y publicitando la candidatura federal. Juicios extemporáneos aparte, debe señalarse que varias constituciones regionales -la gallega, sin ir más lejos- sí previeron el sufragio femenino, lo que hace del texto asturiano un proyecto comparativamente moderado, por muy progresivo que resultara en la España de 1883.

Buena parte del 'Proyecto' se consagra a delimitar las esferas de actuación de los tres poderes: el legislativo, el ejecutivo y el judicial, rigurosamente separados y declarados «electivos, amovibles y responsables» (títulos IV al XI, artículos 27 al 65). Se establece un sistema bicameral, según el cual «el pueblo asturiano delega el poder legislativo» en la Diputación Asturiana y el Concejo Federal, siendo la primera elegida por sufragio universal directo, como representante de la voluntad general, y el segundo por los municipios y distritos judiciales, como garante particularmente de sus autonomías. Esos dos cuerpos legislativos, reunidos cuando la ley prevea, forman la Junta Suprema Asturiana. El poder ejecutivo lo desempeña la llamada Comisión Ejecutiva Permanente, integrada por cinco individuos, y su presidente lo es también del Estado. Finalmente, se contempla que el poder judicial sea ejercido por los jueces municipales, los tribunales de distrito, los jurados y el Tribunal de Justicia del Estado.

L os títulos siguientes abordan la enseñanza, la fuerza pública, los impuestos y la beneficencia. Descuella singularmente el primero, que consagra la gratuidad, obligatoriedad y laicidad de la instrucción elemental para «todos los habitantes de ambos sexos» (arts. 66 y 67), así como el derecho de las mujeres a ingresar en la universidad (art. 70), un logro crucial, habida cuenta de las escasas novedades operadas en dicho ámbito desde que Concepción Arenal necesitó travestirse para entrar en las clases de la madrileña. En el proyecto regenerador del federalismo, pues, era vital democratizar el acceso a la enseñanza y la cultura. Finalmente, los últimos títulos se dedican a la revisión constitucional; las disposiciones generales y transitorias, y las delegaciones al poder nacional, es decir, al «Pacto de los Estados Nacionales» o «Estado Federal de la Nación Española» (aduanas, puertos, navegación, canales, minas, montes, correos, telégrafos, ferrocarriles, sanidad, enseñanza superior, tratados de comercio, relaciones diplomáticas, fabricación de moneda y algunas otras prerrogativas).

Tras editarse la Constitución, el periodista republicano gijonés Pedro Pitiot se hizo con un ejemplar, al igual que tantos asturianos. Un siglo largo después, cuando todos ellos habían desaparecido y nadie se acordaba ya ni de la existencia del preciado documento, ha reaparecido en Argentina, en manos de un nieto de Pedro que hubiera nacido en España si su abuelo no hubiera tenido que emigrar -mucho antes de la guerra- a causa de las ideas que sostenía. Vivero de mentes inquietas y adelantadas, en el federalismo asturiano bulleron ideas y valores que, andando el tiempo, han devenido principios tan glorificados como huecos y faltos, además, de virtualidad rotunda.

Sergio Sánchez Collantes

04 octubre 2008

Masones en el Pacto Federal Astur-Galaico: Moreno Barcia y otros (III)


El otro masón que acompaña a Eladio Carreño, en la firma del Pacto es José Pérez Villamil, del cual no lo podemos confirmar como francmasón, pues el escaso desarrollo de la historiografía de la Villa de Ribadeo, nos ha impedido saber a ciencia cierta si uno de los baluartes septembrinos como lo era Pérez Villamil, pertenecía o no a la orden masónica, aunque a tenor de lo que expone el masonólogo Alberto Valín quedamos en una incertidumbre muy clásica en masonería:

“No nos sorprendería en absoluto encontrar a republicanos como Segundo Moreno, Andrés Caballería, José Pérez Villamil o Mamerto Infanzón. Pero desgraciadamente, y debido al sempiterno problema de no haber tenido acceso a su desconocida documentación, tenemos que contentarnos con bosquejar, a grandes rasgos, esa poco conocida historia[1].

 En Ribadeo había una logia La Fortaleza nº 82 (1891-1894)[2], en la que  el profesor Valín, sitúa a Pérez Villamil, y fundamenta su tesis de pertenencia y membresía  en que éste había enviado al Marqués de Santa Marta, un pésame por la muerte de su mujer, y en cuya misiva se tilda de “correligionario” al  Marqués de Santa Marta, que  era a la sazón el Gran Maestre General de la Gran Logia Simbólica Española, bajo cuyos auspicios estaba la logia ribadense.

 En el resto de las comitivas, puesto que estaban representadas las cuatro provincias gallegas,  encontramos a varios miembros de la francmasonería,  por Orense asisten: Camilo Pérez Castro; Emilio Meruéndano; Esteban Quet; Francisco Casanova; Alejandro Quereizneta; José Casal y el al activo militante republicano federal Cesáreo Rivera Abraldes, alcalde de Rivadavia y Diputado a Cortes Constituyentes de 1873, por el mismo distrito que le encontramos en pleno Sexenio Democrático.

 Cesáreo Rivera  se iniciará el 31 de octubre de 1871, lo que se ignora es si fue iniciado en el seno de la logia orensana Auria nº 59, fuese a como fuese, tomó el simbólico de Zuinglio” y estuvo, al menos eso sí lo podemos  documentar,  en el seno de la logia Luz de Avia n º 64 de Orense, entre 1871 y 1876, taller  que finalmente abandonó, aunque la logia siguió trabajando a la gloria del G:.A:.D:.U:.[3], hasta abatir columnas, supuestamente sobre 1894.

 El hermano Zunglio como grado capitular formó parte del Soberano Capítulo Unión Ibérica nº 86, en el cual le encontramos en 1890 con el grado 14º del REAA[4].y el cargo de Orador[5].

 También en dicha comitiva se encontraba Antonio Prieto Puga. Tras el renacimiento en 1869 de la masonería a través de logias como la coruñesa Herculina nº 10, o la Finisterre nº11:
“Tanto cualitativa como cuantitativamente, se dieron en plena Restauración Borbónica, a lo largo, aproximadamente, de la década 1885-1895, sin duda la etapa de su gran apogeo, para caer repentinamente, en aquel insostenible y mortal declive – como una forma más o menos parecida, sucedió en el resto de España peninsular- que llevaría en tres años escasos, al total abandono, desapareciendo de nuevo en un silencioso “sueño masónico” hasta bien entrado el nuevo siglo”[6].

 Hay que tener en cuenta,  como nos indica el citado profesor, que la Heculina es fundada, mes y medio  después de haberse celebrado el Pacto Federal, y parece haber muchas prisas por fundar un taller  de altos grados,  lo cual nos da la pista de lo que en parte estaba sucediendo:

“No olvidemos que la influencia republicano –federal de esta logia tuvo que ser importante, y que estos federales como Tapia Segade o Antonio Prieto, temerosos de la probable influencia centralista de la dirección del Partido Republicano Federal Español, habían escogido días antes la vía pactista regional dentro del seno de este partido, con ánimo de poder garantizar la autonomía de los distintos entes regionales”[7].
 Prieto Puga es un empleado de origen orensano, concretamente  de Xunqueira de Ambía que se inicia en la masonería en enero de 1867, y dadas las urgencias del naciente taller, el hermano Prieto Puga es exaltado al grado de Compañero (2º) el 24 del mismo mes y año.

La ascensión de Prieto Puga es meteórica pues en el cuadro de 1872 ya ocupa el cargo de 1º Vigilante con el nombre simbólico de Bravo,  y aparece ostentando el grado 29º del REAA. En el curso masónico siguiente ya ocupa la Veneratura[8]. Prieto Puga será andando el tiempo cofundador y propietario del periódico coruñés La Voz de Galicia,  y ocuparía el cargo de  Gobernador Accidental de la Coruña,  durante la caída de la Iª Republica, aunque se despediría de ella dando un:  ¡Viva la Asamblea Nacional, único poder legítimo de la República Federal Española!

  En la comitiva que salió de Lugo hacia La Coruña iban: Vicente Somoza, Vicente Calderón y Vieites; Cándido Robellón; Idelfonso Serrano; Serafín Villar; José Sanjurjo, Eladio Fernández Miranda y el francmasón: Segundo Moreno Barcia, que habitaba en la villa de Ribadeo, en cuya villa sita en la frontera astur-galaica se van a levantar entre 1873 y 1894 dos logias: Perfección y La Fortaleza.

 La primera que se tiene datada es la logia Perfección nº 89 (1873-1874), en la que supuestamente debía encontrarse inscrito Segundo Moreno cuya pertenencia a este taller, salvo que aparezca documentación al respecto, debemos dejar colgada en el clavo de las conjeturas, aunque es muy fácil que lo fuera, puesto que había sido profesor y director de la Escuela Náutica de Ribadeo en ese tiempo.

 Lo que si sabemos ya de forma documental es que Segundo Moreno Barcia, [tío del Gran Maestre del Gran Oriente Español: Augusto Barcia,  que lo fue en el curso masónico 1921-1922] era un francmasón que trabajaba la piedra bruta dentro de la logia Brigantina, la cual  busca la exaltación “coruñesista” en el gentilicio Brigantium .

 Dicho taller masónico levanta columnas en 1877, bajo los auspicios del Gran Oriente de España.  Moreno Barcia, ejerce como Venerable,  con el máximo grado del Rito Escocés Antiguo y Aceptado de  Soberano Comendador del Grado 33ºdurante el curso masónico de 1888.

En 1892, año se le pierde la pista en esta logia que continuará sus trabajos hasta 1895.[9]
 A Moreno Barcia simbólico Manín”le volvemos a encontrar en el seno de un orientalista Rito como es el de Memphis y Mizrain[10] al que se va a acoger la Gran Logia Regional Galaica que recibe la Carta Patente[11] el 10 de mayo de 1890, cuya sede será, como no podía ser menos,  la ciudad de La Coruña.

Esta logia se denominará unos meses más tarde Gran Logia Regional de Asturias y Galicia nº 2.

 Sobre las orientaciones de la masonería de aquellos momentos el Hermano Robespierre en un artículo publicado en el Boletín del Gran Oriente de España escribía:
Hoy dentro de que llaman Masonería española, existen grandes Orientes bien caracterizados: lo hay liberal progresista como el de España; reaccionario, absolutista y casi feudal como el Nacional (de Pantoja); republicano y librepensador como el Nacional (de Ros), en su novísima evolución, creando logias Giordano Bruno y republicano de acción como el llamado Mizraím[12].

Será pues en esta última órbita, en la cual se inscriban buena parte de los francmasones que lideran el pacto republicano federal, que como vanguardia de su pensamiento y escala de valores van a poner en marcha las Escuelas Laicas.

 En Coruña va a ser Moreno Barcia uno de sus promotores a través de Asociación Benéfica “Miguel Servet”, que  será el ente que  ponga en funcionamiento tales centros educativos.

 Este impacto del krausismo y la Institución Libre de Enseñanza dentro de la masonería y entre los dirigentes del republicanismo en general,  va a traer como consecuencia que en Asturias se dé también varias fundaciones como el Ateneo Casino Obrero de Gijón,  que liderarán en un primer momento Eladio Carreño y Angel Hevia,  y en cuyas directivas se irán sumando diversos francmasones.

 Volviendo al Comité de la Coruña firmante del pacto federal, no deja de ser paradójico que en la comitiva presidida por un asturiano: Ramón Pérez Costales[13] no aparezca ningún francmasón, sabiendo como sabemos de la intensa actividad de las logias en la ciudad de La Coruña y su adscripción al republicanismo.



[1] VALÍN FERNÁNDEZ ALBERTO. Op. cit.,p. 385 .
[2] De esta logia tenemos en 1892 un cuadro de dignidades: Venerable: Francisco Ordóñez; Orador: Francisco Salvadores; Tesorero: Tomás Fernández y Secretario: Marcos González.
[3] Esta invocación del Gran Arquitecto del Universo, es utilizada comúnmente en el seno de la denominada  Masonería de Tradición.
[4] Es uno de los más antiguos ritos que se practican en la masonería, y uno de los más extendidos. Hay varias historias sobre su origen,  unas van a buscar sus orígenes junto al primer hombre, y otras nos hablan que fue un rito instituido alrededor de 11762 en las Grandes Constituciones de Federico II de Prusia. Es un Rito escalonado en  33 grados.
[5] Guardián de las Constituciones y censor de las Ceremonias. Su palabra es incontestable puesto que representa la Ley del Derecho Masónico.
[6] VALÍN FERNÁNDEZ, ALBERTO. Op. cit.
[7] VALÍN FERNÁNDEZ, ALBERTO. Op cit p. 81
[8] El Venerables es el presidente de la logia.
[9] Años antes, junto a otro reconocido masón coruñés Santiago Casares Paz, (padre del también francmasón Quiroga Casares) una generación más joven que Moreno Barcia, van a trabajar codo con codo en el proyecto de la Constitución Federal Española.
[10] Este Rito fue patentado en 1814 en París, aunque se ha escrito en varios tratados que se practicaba con anterioridad en Italia, y en cuyo desarrollo intervinieron dentro de la masonería diversos grupos como los Carbonarios que resultaron ser el soporte imprescindible para su desarrollo. Se compone de 90 grados tomados del Escocismo, del Martinismo y de la llamada Masonería Hermética.
[11] Carta constitutiva entregada por una Obediencia a siete maestros masones, por la cual se autoriza y reconoce la facultad para constituirse en un taller masónico.
[12] ÁLVAREZ LÁZARO, PEDRO: La masonería escuela de formación del ciudadano.  Madrid.  Universidad de Comillas 1998.
[13] Ramón Pérez Costales, natural de Oviedo. Era un médico muy comprometido con las conspiraciones contra Isabel II, tanto es así, que participa en 1866 en el levantamiento de los Sargentos del Cuartel de San Gil por lo cual tiene que exiliarse a Portugal. Cuando triunfa La Gloriosa, Pérez Costales regresa y se establece en La Coruña, de ahí que le veamos al frente de la comitiva coruñesa del Pacto Galaico-Astur. En 1872 sale elegido Diputado cargo que repite en las Cortes Constituyentes de la Iª República (1873). Cuando Pi y Margall se hace cargo de la Presidencia del República Pérez Costales es nombrado Ministro de Fomento
Pérez Costales fue pintado por Picasso, puesto que Costales actuó como protector y doctor personal del pintor durante la estancia de Picasso en Coruña. La  esposa de Costales de origen  francés ayudada a Picasso con sus lecciones del idioma francés. El doctor Costales patrocinó y fue mentor en Galicia con su primera exhibición: "Una Vida de Picasso”. Con la caída de la Republica tras un corto exilio  regresa a Coruña y toma como iniciativa fundar la Academia Gallega, la cual  toma cuerpo en 1906. Fallece en 1911.

.Trabajo de Victor Guerra (Inédito)

28 septiembre 2008

MASONES EN EL PACTO REPUBLICANO FEDERAL ASTUR-GALAICO: Tapia Segade. (II)


Continuación del anterior post.

...A este respecto decir que aún resta mucho por estudiar para  poder decantarse por una íntima  convivencia e influencia entre republicanismo  y masonería. Aunque buena parte de los estudios que se han hecho al respecto se inclinan hacia esta posición,  ya que hay sucesos y eventos que han permitido ir desarrollando un cierto corpus documental que va dando suficientes pautas para ir  confirmando  la teoría de una cierta influencia mutua y cada vez más clara entre los movimientos políticos y masónicos.

Cuestión ésta que  vemos registrada en posicionamientos y documentos  de todo tipo y naturaleza que empiezan a dar solidez a la simbiosis entre masonería y republicanismo.

Entre esos destellos que nos van colocando en dichas certidumbres,  está el hecho de encontrar en el ámbito interno de muchas logias una concepción republicana entre sus miembros que a la vez  reflejan una heterogénea conformación del movimiento republicano, como bien explica Manuel Suárez Cortina:

Una tripartita organización y división entre un posibilismo débil social y políticamente, una izquierda federal escindida por la posición de Pi y Margall, de un lado, y los federales orgánicos que conformaron el Partido Federal Coalicionista, y, finalmente junto a ellos, un republicanismo progresista que se organizó solamente a principios de los 80. [...] que diseñaron estrategias de unión, fusión, alianza y coalición reiteradamente fracasadas en su articulación y funcionamiento[1].

Parte de esas estrategias políticas, y quedaría por demostrar la posible e hipotética influencia masónica en ellas,  fue el pacto que suscribió el Partido Republicano  cuyo ideario expresado en 1868, consideraban que:
“La soberanía popular es el fundamento de nuestro dogma y por su naturaleza intransferible e inalienable declara así mismo, que todo poder político que siempre emanará de ella, será por lo tanto amovible y responsable.
La asamblea general Galaico-Asturiana considera de hecho como única forma de gobierno, capaz de perpetuar la práctica de nuestras grandes y patrióticas aspiraciones la Republica democrática federal”[2].

Para llevar adelante este proyecto el Partido Republicano Federal decide crear diversos comités asentados en las cabeceras de los Concejos o Ayuntamientos. Dichos comités “estarían formados por tres o más individuos nombrados por sufragio directo de todos los republicanos del mismo Concejo o Ayuntamiento

Dentro de los partidos republicanos que tenían representación, al menos en Asturias, el Partido Republicano Federal disfrutaba de una presencia importante en una ciudad industrial como Gijón, aunque esa percepción está también un tanto inflada  puesto que se ha focalizado por parte de los historiadores cuando se ha estudiado el republicanismo asturiano,  en una sola tendencia y ubicación,  como ha  sucedido con el republicanismo federal gijonés, al cual se le ha colocado como  paradigma y buque insignia del movimiento republicano, lo que ha fagocitado otras posibles existencias, tal vez hasta con más fuerza y razón y presencia.

Esa cuestión ha conllevado a que haya quedado sin estudiar la presencia de otras facciones republicanas existentes en el territorio astur, cerrando la posibilidad de poder valorar el peso, organización y desarrollo de otras opciones políticas republicanas.  Encontrándonos con paradojas tan curiosas como haber encontrado en pleno siglo XXI  un descocido semanario masónico y republicano como La Verdad[3],   con  veneros en base a noticias y artículos y editoriales que rompen con la idea de un aislado Alas Clarín, como uno de los pocos referentes republicanos del Oviedo de la Regenta.

Los  acercamientos, aún tímidos, al tema de la relación entre masonería y republicanismo denotan que una parte de los masones de las logias gijonesas se encuadraban en la opción federal que encabezaban en Gijón el médico Eladio Carreño y el industrial Tomás Zarracina, aunque ninguno de los dos  era miembros de la masonería. Sin embargo en Oviedo  el peso del republicanismo estaba muy enraizado en la sociabilidad masónica cuya tendencia mayoritaria era la encabezada por Ruiz Zorrilla. Lo cual no es baladí al tenor de la cantidad y cualidad de sus miembros.

Pero volviendo al tema que nos ocupa el Pacto Federal y su  estrategia de  puesta en marcha de distintos comités locales por parte del Partido Republicano Federal,  fragua en Coruña el 18 de julio de 1869  con el Pacto Galaico- Asturiano:

 “Puesto que consideran que la soberanía popular es el fundamento de nuestro dogma y por su naturaleza intransferible e inalienable, declara así mismo que todo poder político que siempre emanará de ella será por lo tanto amovible y responsable. La asamblea Galaico-Asturiana considera de hecho como única fuerza de gobierno, capaz de perpetrar la práctica de nuestras grandes y patrióticas aspiracione: La Republica Democrática Federal”[4].

Los Comités firmantes de este Pacto Galaico Astur estaban compuesto, en el caso del asturianos  por el médico Eladio Carreño, y su comitiva la cual  había arribado a Coruña a bordo del vapor “Cantábrico” tras una travesía lenta y peligrosa por la intensa neblina que se cernió sobre toda las costa.

La comitiva la integraban siete personas: Wenceslao Guisásola, Rafael González Posada, José Pérez Villamil, Francisco Palacios, Fernando Álvarez, Federico Tapia Segade, y Ramón de Dolaragaray.

En esta primera comitiva  encontramos a dos masones: Federico Tapia Segade, [5], asturiano de raíces, pero asentado en la vida coruñesa, el cual en ese momento ocupaba un destacado lugar como activo militante del republicanismo en la  capital gallega,  además dada  su activa militancia va a estar también  presente en el primer congreso del Partido Republicano Federal de Madrid del 31 de marzo de 1870 representando a La Coruña, ciudad de la cual  será Alcalde durante el período de 1872 a1873.

La documentación masónica galaica, muy escasa al respecto, nos dice que en septiembre de 1870 el propietario coruñés,  nacido en 1825,  Tapia Segade, de nombre simbólico “Templanza”   se había iniciado como Aprendiz masón en febrero de 1867, el cual va a encabezar junto con otros la separación de la logia Herculina nº 10, en dicho taller vestían en ese momento, el  mandil masónico,  varias personalidades destacadas de la política, las ciencias y las letras, atraídas como dice el profesor Valín “por la seducción del esotérico encanto de la utopía francmasónica[6].

Entre esas figuras que se sientan en la Herculina nº 10 cabe destacar al arquitecto urbanista Arturo Soria y Mata, y a Manuel Becerra Bermúdez. [En la relación de masones de la logia coruñesa, hay un oriundo del Concejo Nava, concretamente del pueblo del cual tomará prestado el nombre para su simbólico “Pruneda” y que responde a las coordenadas de Timoteo Peña González, al que encontramos tallando su piedra bruta en la logia Herculina entre los años 1871-1872, con el grado de Maestro Masón (3º) y la profesión de Vista de Aduanas].

Esa ruptura dentro de la logia Herculina va traer consigo el levantamiento de columnas de otro taller la Respetable Logia Romano nº 6, taller del cual carecemos  de casi todas las bases documentales, aún así se sabe que la ruptura no fue fácil y arrojó innumerables problemas que parecen resolverse a juzgar por la plancha[7], que envían al Gran Consejo del Gran Oriente de España el 28 de Mayo de 1872, donde ambos talleres se tienden la mano de la paz y la concordia.

 En la logia Romano nº 6, encontramos que el firmante junto con Eladio Carreño el Sr.  Tapia Segade era  el 1º Vigilante[8] de la logia, y será en ese mismo taller donde se le exalte al grado 30º del Rito Escocés Antiguo y Aceptado (REAA),  que recibe el título de  Gran Caballero Kadohs.

La inclusión de Tapia Segade dentro de los firmante por Asturias, creemos  responde  a lo menguado de la comitiva gijonesa, pues no parece que haya una representatividad más extensa que responda a pluralidad  regional,  lo cual es lógico por otro lado,  ya que tal comitiva  responde a su vez a la presencia del partido en la región  muy centrado en Gijón.

Ello sin olvidar las ascendencia asturiana de Tapia Segade, aunque su vinculación vital es con Galicia, como lo demuestra su participación en el proyecto federal gallego que culmina en la primera Asamblea Federal de la Región Gallega que convoca el Partido Democrático Federal (partido de Pi y Margall) para aprobar el proyecto de Constitución o Pacto para la Constitución del Estado, que tiene lugar en el Teatro de María Pita de la Coruña entre el 16 y el 19 de diciembre de 1886, siendo él precisamente  quien la presida




[1] SUAREZ CORTINA. MANUEL: El gorro frigio (Liberalismo, Democracia y Republicanismo en la Restauración)” Madrid. Editorial Biblioteca Nueva. 2000.
[2]  También en el aspecto del republicanismo los historiadores clásicos del republicanismo asturiano como Suárez Cortina en su obra: El Gorro Frigio. O Radcliff, Pamela: Política y Cultura Republicana en Gijón de fin de siglo,  y el libro de TOWSON N.: El Republicanismo en España (1830.1977). Trabajos en los cuales se obvia cualquier referencia al republicanismo ovetense, bosquejándose así mismo toda una historiografía en base a la presencia republicana federal gijonesa, anulando  las posibles presencias de otros grupos o tendencias, con cierta fuerza y presencia  en la región, pero a los cuales no se han investigado por el desconocimiento de las fuentes,  o la falta de uso en manejar archivos masónicos .
[3] GUERRA GARCÍA, VÍCTOR  “La Verdad, un semanario masónico en el Oviedo finisecular. Boletín del Real Instituto de Estudios Asturianos º 160, Oviedo, 2002.
[4] La Republica Española. Periódico Democrático. Gijón 27 de julio de 1869.
[5] Para conocer la figura de Tapia Segade es importante el libro de ALFEIRÁN RODRÍGUEZ, XOSÉ Y ROMERO MASÍA, ANA El republicanismo coruñés Aproximación histórica e selección documental 1868-1936. La Coruña. Edita Ayuntamiento de La Coruña. 2001.
[6] VALÍN FERNÁNDEZ, ALBERTO. Op, cit.
[7]Balaustre, así se llaman a los documentos internos que se envían entre si los masones y logias.
[8] Oficial de la logia que se ocupa de los Compañeros y de la disciplina del taller.

Victor Guerra
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