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16 marzo 2011

José María Loredo Aparicio. Masón y Marxista (1ª parte)

 Con motivo de la publicación sobre José María Loredo Aparicio,  trabajo editado por  Boni Ortiz, que es una recopilación de artículo que ha ido recogiendo de José María Loredo Aparicio, y que se titula: José María Loredo Aparicio en el País de los Soviets” y está publicado por la Fundación Andreu Nin (Asturias).
Jose María Loredo Aparicio en el país de los Soviets (Boni Ortiz, editor)
Abre el libro un saluda de la Alcaldesa de Langreo, que recuerda la figura de un langreano, y debiera también recordar la presencia masónica y progresista de otros langreanos como El Chova.

Luego vienen el Prólogo de Enrique del Olmo,presidente de la Fundación Andreu Nin,  y el Prefacio de un sobrino de Loredo Aparicio: Rafael Loredo Coste, y remata la faena el propio Boni Ortiz, con una interesante introducción, en la cual aporta algún dato más a los existentes. Es curioso como algunos personajes asturianos se nos muestran totalmente refractarios, y cada dato es toda una aventura conseguirlo, y sino que se lo digan a quienes han trabajado y trabajan sobre figuras como las de Belarmino Tomás, el anarquista Entrialgo, Eleuterio Qunitanilla, el mismo Mallada, etc.

Tras esa introducción de Boni, vienen 17 artículos que Loredo publicó acerca de su famoso viaje a la URSS. Que fue todo un acontecimiento.

Aprovecho pues para reseñar el libro de Boni, a la vez que le doy las gracias por su cita, ya que pese a todo no se olvida, de esa faceta que otros olvidan, como es la masónica. Boni, la saca sin más con una larga cita de un trabajo mío, ahí queda patente sin más, y como digo aprovecho para aportar una ponencia que presenté en 1 Congreso sobre la Historia del PCE 1920-1977 que se celebró en Oviedo en mayo del 2004, y que llevaba el título de: Las Relaciones de la Masonería y el PCE. Los masones comunistas asturianos y el caso de José María Loredo Aparicio.
“En una palabra, preparar el terreno para la actuación de la otra ala del Gran Vampiro: los incendios y saqueos de iglesias por las rojas jaurías marxistas de los Sin Dios. Esta es función ya de la Masonería Roja, mientras se organiza tranquilamente, impunemente el Asalto al Estado para el momento del estallido de la Revolución en Marcha”.
F. Ferrari Biloch “Entre masones y Marxistas”

 INTRODUCCIÓN.

La, “antimasonería de izquierdas”, denominada así por el profesor Marco Novarino en un sus sugestivo trabajo[1], ha sido muy poco estudiada, tal vez porque el gran enfrentamiento habido entre la masonería y la iglesia católica, y por las ideologías conservadoras que las sustentan solaparon otras problemáticas que tenía en su seno la sociedad masónica en relación con otras organizaciones políticas e ideologías, y máxime con aquellas que se puede decir que se alinean en la denominada corriente del materialismo marxista.

Lo que ha generado que en la actualidad contemos con variados investigadores centrados en el desarrollo de muchos trabajos de investigación dedicados a escudriñar las tortuosas relaciones entre masonería e iglesia, descuidando un campo que hoy se nos presenta sumamente interesante, tanto por las repercusiones en el desarrollo de los acontecimientos políticos nacionales e internacionales, como por las consecuencias que tuvieron en el seno de las respectivas sociabilidades de las que estamos hablando, y que además tuvieron su repercusión en el seno de la sociedad del momento.

Abundando en esta cuestión, nos damos cuenta que no parece que haya mucha inclinación entre los historiadores del pensamiento político a trabajar sobre este fondo, además no se suelen manejar las fuentes bibliográficas masónicas para apoyar los trabajos historiográficos, o para intentar a situarlos en una prospectiva más amplia y pluridiversa que nos ayude a situar en el complejo mundo de las ideas y de las ideologías las opciones personales, como la masónica, tan singular como singularizante.

Cuando hablamos de masonería no se trata de entelequias místicas o esotéricas, sino de las opciones personales que van marcar de una u otra manera al profano que se acerca hasta esta sociabilidad, para pasar por esa auto-modelación de piedra bruta que representa en masonería el profano a la perfección en piedra angular, cuyo paso tiene por objetivo hacer de cada masón un librepensador, y que ha tener como consecuencia un reflejo en la propia sociabilidad masónica y como no su proyección en la esfera social en que se mueve el francmasón, aunque a veces no es difícil distinguir donde acaba lo uno y comienza lo otro, y máxime en aquellos masones que optan por proyectarse como tal en el campo político o viceversa. Aunque habría que preguntarse antes ¿Si hay o existe una ética y una moral masónica?

Tema complejo que nos sacaría de las conceptualizaciones en que no vamos a mover en esta comunicación, por tanto debemos admitir como premisa para poder entender el resto de la exposición que sí existe esa ética y esa moral masónica[2].

Al hilo de lo expuesto, advertir la incoherencia en el tema de la incompatibilidad de la masonería y ciertas ideologías, pues por un lado a la masonería como sociabilidad se la ha perseguido desde los regímenes autoritarios más maximalistas como fueron el bolchevique o el franquista, y por otra parte esas mismas ideologías, sobre manera las más conservadoras, han logrado articular un arquetipo que ha terminado por crear un discurso donde se mete y se mezcla la masonería y el comunismo, conformado como no podía ser menos con el otro mal universal como es el judaísmo, con lo cual ya tenemos el famoso Contubernio judeo-masónico-comunista, tema al que ha dedicado toda una obra capital el masonólogo José Antonio Ferrer Benimeli[3], analizando tal cuestión desde diversos ángulos y perspectivas.

A renglón seguido hay que hacer notar la complejidad del tema y patentizar la dificultad añadida ante esa falta de trabajos de investigación sobre la interrelación de la masonería y quehacer político y máxime en el ámbito regional asturiano. Tales carencias se aprecian en este caso en la falta de datos sobre uno de los fundadores del Partido Comunista en Asturias como fue José María Loredo Aparicio, sobre él apenas sí sobrepasan la docena de citas existentes sobre su persona y obra, y en ninguna se hace mención por ejemplo de su membresía masónica o sus relaciones con otros masones y organizaciones.
Lo cual nos obliga a volcarnos sobre los pocos trabajos de referencia existentes, que en parte ya hemos reseñado, y que servirán como guía para ir definiendo y prefijando esas relaciones y su repercusión entre masonería y política en el ámbito asturiano.

MARCO POLITICO INTERNACIONAL y SURGIMIENTO DE LA IDEA DE INCOMPATIBILIDAD

Para entender la incompatibilidad que se va a establecer de forma orgánica entre la utopía masónica y materialismo marxista, no queda más remedio que realizar un breve repaso sobre los orígenes de esta situación que podemos retrotraer a 1902, año en el cual Lenin sienta las bases de la articulación del partido comunista a través de su artículo ¿Qué hacer? “Que se considera como verdadero fundamento teórico del futuro partido comunista” (NOVARINO 1995).

Aunque será a partir de la revolución bolchevique del 17, cuando se empiece a fraguar lo que dos años más tarde, en 1919, será una real plasmación de tal incompatibilidad, con la creación de la Internacional Comunista (IC), que dará como resultado entre otros, la citada ruptura entre masonería u los movimientos socialistas mas avanzados, el aislamiento del movimiento socialista que estaba unido a la II Internacional, al menos desde el punto de vista organizativo. Será al mismo tiempo la Iª Guerra Mundial la que abrirá más esa brecha diferencial entre socialismo y comunismo al enfrentarse el ala reformista y la izquierda revolucionaria en función de sus planteamientos ante las revoluciones alemana y rusa:

“La distancia entre uno y otro se volvió abismal a consecuencias de las revoluciones rusa y alemana, cuando revolucionarios y reformistas se encontraron combatiendo en campos contrarios: en Rusia, los bolcheviques aniquilaron a los mencheviques y a los socialistas revolucionarios, mientras en Alemania los socialdemócratas de derechas, aliados con los partidos moderados, triunfaron de los espartaquistas y socialistas independientes”[4].

En este ambiente, con una masonería que en España, que empieza a florecer de nuevo, tras el desastre que supuso la pérdida de las posesiones coloniales en el 98, y cuya repercusión conllevó la practica desaparición de la estructura masónica, más en unas zonas que otras. En el caso de Asturias a partir de 1896 apenas si hay noticias de actividad hiramista, la cual no retornará a estas tierras hasta 1912, aunque con otros parámetros y perfiles ideológicos distintos, donde por ejemplo los elementos alto-burgueses más preponderantes de la segunda mitad del siglo se habrán quedado en el camino a finales del siglo anterior.
Con este renacimiento masónico en el primer tercio del siglo XX, en el seno de las logias se va a dar con mayor ímpetu la presencia de diversas opciones ideológicas, destacando como novedosas las opciones más obreristas como el anarquismo o el socialismo, que empezaron a tener hueco en la masonería a finales del siglo XIX, pero que en ésta nueva era es una realidad que va a formar parte del bagaje masónico junto con otras orientaciones ideológicas asentadas dentro de la sociabilidad masónica ya desde lejos como el republicanismo.

La presencia en el seno de las logias y las Obediencias de estas concepciones ideológicas van a traer consigo un cierto cambio de mentalidad en los propios masones, y por ende llegará como no podía ser menos la apertura a nuevas problemáticas en las logias, aperturismo que se va a traducir, sobre manera, en las temáticas de las planchas[5], algunos de cuyos contenidos ya se venían dando a finales del XIX, pero que en este siglo van a tomar carta de naturaleza trazando temáticas como: Compatibilidad entre masonería y el proletariado anarquista planteado por el anarquista Anselmo Lorenzo[6]; Memoria sobre las causas del analfabetismo en España y las medidas para combatirlas, que entre presentan entre otros talleres masónicos la logia Jovellanos nº 337 de Gijón[7]; o la Resolución adoptada en el Ateneo de Madrid en la reunión mantenida por el Dr. Simarro, gran Maestre del Grande Oriente Español y los diputados y periodistas masones, con relación al proyectado bloqueo de Rusia[8], en 1919.

Con estas circunstancias como fondo, se llega a las dos primeras Internacionales, celebradas la primera en Moscú en 1919, donde no se toca el tema masónico, aunque planea entre algunos delegados, pero será en la reunión de Petrogrado, que se celebra el 17 de julio de 1920, donde se van a tocar los temas de la membresía masónica y su trascendencia en la militancia política comunista, moción que planteó el Partido Socialista Italiano (PSI). Aunque parecía muy descarnado tratarlo con la profundidad que se requería en parte por miedo a las repercusiones que ello pudiera tener en la propia militancia y organización comunista, y cómo no, entre los propios dirigentes, ya que muchos de ellos, en concreto dentro del cuadro orgánico del Partido Socialista Francés algunos de ellos eran masones.

En ese momento, en la propuesta de la moción mediaba de por medio un “antagonismo de principios a un antagonismo político-organizativo donde la masonería, renunciando a su imagen de escuela iniciática, asumía el aspecto de partido de la pequeña burguesía con una estructura secreta. Su carácter de sociedad secreta la hacía particularmente peligrosa en el enfrentamiento real entre burguesía y proletariado”[9].

Será en la Tercera Internacional cuando el asunto de la pertenencia a la orden de los Hijos de la Luz, (los masones) cobre toda su preponderancia, ya que será León Trotsky quien planteará con toda la profundidad la escabrosa situación retomando el tema bajo argumentos tan típicos como tópicos que igualmente se repetirán en el IV Congreso:

“Los Comunistas debían afirmar la incompatibilidad completa y absoluta, implacable, entre el espíritu revolucionario y el de la pequeña burguesía masónica, instrumento de la gran burguesía, [...]. Hemos cometido una falta al tolerar que, por lamentable inercia, camaradas de valor hayan pertenecido a la masonería, pero después de reconocer esta falta emprendemos una lucha implacable contra esa máquina de subversión de la revolución. La liga de los Derechos Humanos y la francmasonería son máquinas burguesas que embaucan la conciencia de los representantes del proletariado francés. Declaramos a estos métodos una guerra sin cuartel, por constituir un arma secreta e insidiosa del arsenal burgués”[10].

Sin embargo aunque quedaba patente la incompatibilidad entre la utopía masónica y el materialismo comunista dentro de los objetivos de la Internacional Comunista, no será hasta la celebración de este IV Congreso, celebrado en Moscú entre el 11 y 20 de noviembre de 1922, cuando se añada la famosa 22 condición para ser miembro del Partido Comunista, a saber: la incompatibilidad del comunismo y la masonería en cualquier país del mundo.

En dicho Congreso se concluyó aceptando tal proposición que se expresó en estos términos “la prohibición a los militantes comunistas de estar bajo la adscripción de la masonería”, por tanto, se encargó al Comité del Partido Comunista Francés, que era quien estaba más afectado por la situación que liquidara antes del 1 de marzo de 1923 todas las conexiones del partido con la masonería.

Esa liquidación llevaba consigo la declaración de ruptura y retractación con la organización masónica, que debía hacerse pública mediante la prensa del partido, de no cumplir con esas condiciones cualquier militante comunista y miembro de una Obediencias masónica su actividad sería considerada como “penetración en el partido de un agente enemigo”[11].

LAS REPERCUSIONES.
Está claro que el mazazo que había puesto en marcha León Trotsky fue definitivo, al menos para la facción comunista francesa, pues ello contribuyó a que según León Blum en la “vieja casa” quedara la minoría, y una mayoría que encabezaban los masones: M. Cachin, L. Oscar Frossard fundaran las Sección Francesa de la Internacional Comunista, que no tardando mucho, en 1921 tomaría el nombre de Partido Comunista Francés, y en cuyo Comité Directivo estaba compuesto precisamente por Frossard, y Cachin, a la sazón director del órgano central L´Humanité, por Antoine Coen, futuro Gran Maestre de la Gran Logia de Francia; Louis-Antonie Ker y Víctor Meric[12].

Por otra parte la presión trotskista va a lograr que L. Antoine Ker se retracte de su pertenencia a la masonería en carta publicada en el L¨Humanité el 17 diciembre de 1922. Por su parte Antoine Coen pedirá la suspensión provisional hasta el 5º Congreso sobre dicha materia, organizando mientras tanto una reunión en la Rue Cadet, sede del Gran Oriente de Francia, para tratar el fondo de la cuestión y lo que ella implicaba, reunión que fue muy reprobada por sus compañeros militantes comunistas que desde las páginas de L´Humanité denunciaban que tanto la celebración a esa reunión y la asistencia a ella significa la traición a los postulados del IV Congreso, razón por la cual se escribían artículos de este tono “Les Freres ennemis[13]. Frossard ante tal presión dimite como Secretario, junto con Antonie Coen, mientras otros creaban dentro de partido diversos “Comités de Resistencia”, que finalmente serán aniquilados por la maquinaria disciplinar de la Internacional.

La situación existente en esos momentos en Alemania e Italia, no será muy distintas, pues también se estaban planteando cuestiones de esta naturaleza: “Permitir a la masonería la entrada en el Partido era dejar que penetraran en él elementos retrógrados, junto con la ideología pacifista burguesa”[14]. En Italia Nicolas Bombacci daría una vuelta de tuerca más a la tesis con un artículo donde se argumentaba que la masonería era cómplice del fascismo[15].

En España las repercusiones de tal prohibición no se hicieron esperar, pues provocó en el seno de la masonería, un cierto malestar, ya que dentro de la Orden había ciertos sectores que veían con buenos ojos la Revolución Rusa, especialmente el Gran Maestre del GOE Luis Simarro, que interpretó como un duro golpe la decisión de la Tercera Internacional, ya que la puesta en práctica de tal resolución por parte del Partido Comunista de España, afín a esa Internacional, conllevaría la expulsión drástica de distinguidos masones que habían expuesto y elogiado, en las logias y fuera de ellas, el modelo de cambio social que había de conllevar la revolución rusa.

No es que hubiera muchos comunistas dentro de las filas masónicas, más bien estos son una minoría casi anecdótica, sino fuera por el prestigio de su personalidad, algunos de los cuales se vieron entre la espada y la pared, y más cuando reputados republicanos y Grandes Maestres, como Martínez Barrio invitaron a las logias que dirigían bajo los auspicios de la Gran Logia Regional del Mediodía, a una mesa redonda donde se hablaría de la “intolerancia religiosa dirigida desde Roma y la intolerancia demagógica propugnada por Moscú”[16].

A raíz de 1919, y viendo lo que estaba aconteciendo el Partido Socialista Obrero Español, previendo lo que se le venía encima, celebra un Congreso extraordinario para determinar la orientación política internacional a la cual se debían acoger, lo que desembocará, dada la radicalidad de tendencia en el voto, la creación del Partido Comunista Español, ya que hubo 14.100 votos de los reformistas contra y 12.497 los partidarios de la III Internacional.

Prohombres del socialismo y de la masonería como Fernando de los Ríos aconsejaban desde su doble condición de político y masón vincularse a la Internacional Socialista, mientras Daniel Anguiano excitaba los ánimos para estar bajo la III Internacional, aun cuando ello llevara consigo el final de su membresía masónica.

Otro congreso, el tercero celebrado en Madrid en 1921 sellará definitivamente la ruptura con la III Internacional, llevando parejas nuevas escisiones, tal como expone el profesor Novarino en su trabajo, eso conllevó “la bolchevicación el partido, “entendida como la asimilación y adaptación de los principios y experiencias de los bolcheviques rusos”[17].

Entre los casos más significativos que se dieron en España, con cierta semejanza con el episodio acaecido con la masonería francesa, están por un lado Daniel Anguiano, dirigente comunista que se va a negar a salir de la sociabilidad masónica, abandonando el Partido[18], su caso además constituyó una arma de defensa de ciertas posiciones ideológicas que defendían algunos Altos Grados de la masonería española del GOE, denominados los apoliticistas como Augusto Barcia, que exponía en el Convento de Ginebra ante el resto de la masonería internacional el caso de Anguiano como ejemplo por no seguir los postulados de la III Internacional, aunque también ello tenía una doble lectura u objetivo como era el de rebajar el grado de reproche que se le hacía por parte de la masonería internacional más ortodoxa sobre de la politización de las logias Españolas. Finalmente parece que Anguiano, en 1922 abandonará la sociabilidad masónica.

Al respecto anotar que la profesora Gómez Molleda, lo da como adscrito a su logia madre aún en 1931[19]. Repasando el expediente de dicha logia vemos que aparece en los listados de 1928 y 1931 con una anotación marginal en el capítulo Observaciones del cuadro lógico[20] como “Honorario”, no sabemos si tal anotación se trata de que es Venerable Maestro Honorario, o es un miembro no activo de la logia y por ende para no perder tal entidad y personalidad en el taller, es nombrado como miembro Honorario[21], de hecho en la comunicación que se envía a las logias con el Comité directivo Nacional salido de la Asamblea Nacional de 1926 consta Daniel Anguiano como Gran Maestre de la Gran Logia Regional del Centro, que será sustituido en 1931 por Pedro Rico.

En sentido inverso tenemos los casos de Andreu Nín, iniciado en la logia Adelante nº 360 al Oriente de Barcelona y Venerable Maestro de la logia Justicia nº 393, Rafael Vidiella, iniciado en la logia Justicia nº 9 bajo los auspicios de la Gran Logia Española y Venerable Maestro de la logia Karl Marx nº 92, de esa misma Obediencia.

De todas formas, masones como Daniel Anguiano van a intentar dar la batalla ideológica dentro de la masonería alineándose en las llamadas logias políticas, que tantos quebraderos de cabeza va a dar al GOE, en el seno del cual van a exponer cuestiones atrevidas y a veces escabrosas, para una masonería como la española, que estaba en una situación delicada ya que estaba en plena dictadura de Primo Rivera, y además intentaba nadar entre la ortodoxia masónica que querían marcar los Altos Grados más alineados en la filosofía andorsiana que defendía la Gran Logia Unida de Inglaterra y las lecturas más liberales que marcaba en esos mismos tiempos la masonería francesa más tendente y proclive a una proyección social y política.


[1] NOVARINO, Marco. Se licenció en Historia en la Universidad de Turín con una tesis que obtuvo el Premio Optime de la Unión Industrial de la ciudad y actualmente es investigador en la Fundación Ariodante Fabretti de Turín. Responsable de la Sección Estudios Ibéricos del Istituto di Studi Storici "G. Salvemini" de Turín. Consiguió también el Premio Giacomo Treves por la mejor investigación sobre la masonería italiana en el trienio 1995-1998. Es socio ordinario de la Associazione Ispanisti Italiani, socio fundador del Comité de documentación historica sobre el trotsquismo español (1936-1948) de Barcelona, Miembro del Arbeitsgemeinschaft fur die neueste Geschichte Italiens de Trier (Alemania), del Institut d'Etudes et de Recerches Maçonnique de París, y del Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española de Zaragoza y socio ordinario de la Asociación para el Estudio de los Exilios y Migraciones Ibéricos Contemporáneos de Madrid. Ha publicado entre otros, el presente trabajo que ha servido de guía para la elaboración de esta Comunicación.: NOVARINO, Marco. Las resoluciones antimasónicas de la Internacional Comunista y sus repercusiones en Francia y España. La Masonería en la España del siglo XX. Actas del VII Symposium Internacional de la Historia de la Masonería Española. Toledo, 1995, pág.489 ss.
[2] La masonería no tiene ningún decálogo o código ético que tenga una vigencia oficiosa, ya que no constituye una unidad ideológica o filosófica. La ley moral a la que nos referimos no consiste en un listado de fórmulas, sino que son un conjunto de claves, de direcciones, que la conciencia debe reasumir según la ética propia de cada uno. La ética masónica tiende a ser una práctica que emanando de las logias se extiende hacia la sociedad. En cuanto al término moral es una de las alusiones más frecuentes en masonería, y algunas grandes Logias conciben la masonería como “un sistema particular de moral”, mientras que por ejemplo, para el Gran Oriente de Francia fija como deberes de la masonería y del masón “el estudio de la moral universal”.
[3] FERRER BENIMELI, José Antonio. El contubernio judeo-masónico –comunista. Madrid, Ediciones Istmo. 1982.
[4] NOVARINO, Marco. Las resoluciones antimasónicas de la Internacional...op.cit. p 490.
[5] Planchas. Son los trabajos de debate que presentan los Hermanos ante la logia.
[6] AHNS. Leg.618 A, exp. 17.
[7] Boletín Oficial del Grande Oriente Español. Ano XXI, núm., 225, Madrid, 30 de julio de 1913, págs. 119-121.
[8] FERRER BENIMELI, José Antonio. La masonería Española. Madrid, Ediciones Istmo, 1996, pág. 121-122.
[9] NOVARINO, Marco, Las resoluciones antimasónicas de la Internacional...op.cit. p 492.
[10] TROTSKY, León. Communisme et franc-maçonnerie, en La Correspondance Internationale, nº 95, 9 diciembre de 1922.
[11] FERRER BENIMELI, José Antonio. La Masonería. Madrid, Alianza Editorial. 2002, pág. 122.
[12] Cachin. Era Profesor de filosofía, y adjunto al Ayuntamiento de Paris y Diputado, fue iniciado en la logia La Concordé Castillonnaise al Oriente de Castilon, en enero de 1889, abandonó la masonería en 1901. Frossard, se discute sobre su pertenencia a la masonería, aunque tras su ruptura con el PCEF se inició en 1926 en la logia L´Internationale, dándose de baja en enero de 1937. fue ministro con el Gobierno de Vichy. Coen, era abogado de la Corte de Apelación de París, iniciado en julio de 1909 en la logia Minerva de la Gran Logia de Francia, luego se afilió a la logia Jean Jaurés (1922) y fue Gran Maestre Gran Logia de Francia entre (1955-1956).
[13] L¨HUMANITE , “Les frères ennemis,”, 3 diciembre de 1922.
[14] L´HUMANITÉ, 23 diciembre 1922.
[15] BOMBACCI, Nicolas. “La fran-maçonnerie et Mussolini”, Bulletín Communiste nº 20 17 de mayo de 1923.
[16] SANCHEZ FERRE; Pere. La logia Lealtad. Un exemple de maçoneria catalana (1869-1939), Barcelona, Editorial Alta Fulla, 18985, pág. 113.
[17] NOVARINO, Marco, Las resoluciones antimasónicas de la Internacional...op.cit. pág. 507.
[18] Daniel Anguiano, fue propuesto para iniciarse en julio de 1917, y se inició en la logia Hispano-Americana el 8 de agosto de 1917. Como nombre simbólico adoptó el de “Verdad”, fue un activo miembro del Comité de Huelga Revolucionaria del 17, condenado a cadena perpetua en indultado en 1918 por haber sido elegido Diputado. El grado de Compañero Masón (2º) lo alcanzó el 3 de febrero de 1922, y el de Maestro Masón (3º) en 5 de junio 1922, el grado 18º en 1927. Fue Gran Maestre de la Gran Logia Regional Centro.
[19] GOMEZ MOLLEDA, María Dolores. La masonería en la crisis española del siglo XX. Madrid Editorial Universitas 1998. pág.24.
[20] Cuadro Lógico: Listados anuales de los masones de una logia que se envía todos los años a la Obediencia.
[21] AHNS. Logia Hispano-Americana. Legajo 52 A.
PONENCIA CON REGISTRO PROPIEDAD INTELECTUAL. UNIVERSIDAD DE OVIEDO
TRABAJO  DE VÍCTOR GUERRA .MIEMBRO DEL CEHME (Zaragoza) y DEL IDERM (Francia)
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