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25 marzo 2010

UN ALMA MATER DE “LA VERDAD” JUAN GONZALEZ RIO. (Juan Rio)

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Una vez se escarba en la intrahistoria y en las menguadas bases documentales encontramos una de las figuras capitales de la masonería asturiana: el maliayés Juan González Río. Vino al mundo en Peón y fue bautizado en Candanal el día 3 de Enero de1824, ambos pueblos pertenecen al Concejo de Villaviciosa, donde parte de su familia tenía fijada su residencia. [i]

Sus padres, una familia de posibles, enseguida le dan formación y, seguramente influenciado por la figura de un hermano de su padre, que, a la sazón era sacerdote en la parroquia de Candanal, terminan orientándole hacia la carrera de Derecho.

José María de Labra,[ii] en un artículo recordatorio sobre la persona de Juan González Ríos, nos da muchas pistas de su trayectoria y así encontramos que este abogado en su tierra natal “había contribuido a dar un gran desarrollo a la producción de la manzana y la fabricación de sidra, contándose en el número de los primeros cosecheros de esta zona”

No deja de sorprender, cuando uno entra en la vida de Juan González Ríos (que por cierto no tiene ni una simple reseña en la Gran Enciclopedia Asturiana), encontrarse con una vida dedicada con entusiasmo a la abogacía; pero también a la política, en la cual perseveró hasta el final de sus días. Provenía políticamente del Partido Progresista (que representaban los ministros de la Guerra y Gobernación: Juan Prin y Práxedes Mateo Sagasta, ambos dos masones y grados 33º); en 1868 es elegido Diputado Provincial conforme al R. Decreto del 30/10/1863, pero lo que le determinará como político será su participación en la revolución de 1868, donde firma el Manifiesto de la Junta Provisional de Gobierno de Asturias, constituida en Oviedo el 30 de Septiembre de 1868.

En Cortes Constituyentes que serán elegidas por medio del sufragio universal, se dará al pueblo el Gobierno que mejor le convenga. La libertad nos elevará al rango de una gran Nación. Asturianos ¡ Abajo los Borbones ! ¡Viva la Libertad! ¡ Viva la Soberanía Nacional¡

Este era el manifiesto que firmaba en Oviedo junto a varios viejos repúblicos y demócratas, como Manuel Pedregal y Ruiz Gómez, futuros ministros; y José González Alegre, abogado y periodista que llegó a ser Diputado y Gobernador Civil, y así hasta otros seis notorios personajes asturianos.

Tras la firma del manifiesto, y siempre según las notas de Labra, Juan González Río pasa a formar parte del Comité Directivo del Partido Radical y sale elegido en cuarto lugar, con 2688 votos, en las elecciones del Octubre de 1868 para formar parte de la Junta Permanente del Gobierno. Un año más tarde le encontramos como 2º Comandante del Batallón de Voluntarios de la Libertad, pasando a continuación a ser su jefe.
1872 será para Juan González Río, instalado ya en Oviedo en la calle Rúa 16, un año clave, pues en dicho período se le nombra Secretario de la Audiencia de Madrid, a donde se traslada; para un año más tarde entrar a formar parte por la Asamblea Republicana como miembro de la Cámara de Diputados por Asturias, concretamente por el Concejo de Belmonte.

Será también en 1872 cuando es iniciado en la masonería (el 5 de febrero) donde adopta el simbólico de “Riego”, muy consustancial con su carácter. Varios autores afirman que su iniciación fue en el seno de la logia Luz Ovetense, (cosa extraña que pudiera iniciarse en este taller que no tuvo carta constitutiva hasta el 6 de Abril de 1874); y la correspondencia que existe del taller, nada nos dice de que se hubiera solicitado permiso como taller en transición, para iniciar y , menos aún, para otorgar grados superiores, por lo cual es muy posible que fuera iniciado durante su estancia en Madrid, puesto que tampoco se le encuentra como miembro de los talleres más tempraneros de Asturias.

En 1877, el taller Luz Ovetense está abatiendo columnas, y Juan Ríos asiste en calidad de invitado a la instalación de una nueva logia Nueva Luz (1877-1886) en los valles de Oviedo. Será este último taller el que reciba como nuevos y fraternales miembros a toda la saga González Ríos. En el seno de dicha logia el patriarca alcanzará la veneratura durante los cursos masónicos de 1878-1880-81, llegando a ostentar el grado último de la masonería (el grado 33º) de Soberano Gran Inspector, estando acompañado por dos de sus hijos que se inician al mismo tiempo, concretamente en 1878. Manuel adopta el simbólico de “Cicerón” y su otro hijo, Arcadio, adopta el simbólico de Rossi”. Los dos hermanos permanecerán en la logia hasta 1886, dos años después de la muerte de su padre, acaecida en Septiembre de 1884.

La logia Nueva Luz tuvo una vida muy activa puesto que llegó a editar en la conservadora ciudad ovetense un periódico como “ La Verdad” del que apenas queda un ejemplar.

Pero no vale la pena finiquitar la reseña sobre este activo francmasón, que va cambiando su primigenia tendencia monárquica para pasar a un republicanismo beligerante y combativo, que le lleva a estar presente en la candidatura de la Unión Democrática en Oviedo, que tanto había alentado el propio Leopoldo Alas; en
esta nueva formación Juan Ríos, como le llamaban sus correligionarios del librepensamiento, ya está más cómodo y en esa nueva plataforma se encuentra con otro abogado con el cual comparte banco masónico y municipal, Pancracio Alvarez Llana.

En la Corporación constituida en Junio, el grupo republicano que encabeza Juan Río despliega una oposición constante a Longoria Carvajal y, a su vez, contra quien en última instancia le había nombrado, el Gobernador, que frente a las propuestas de este republicano y laicista grupo, tiene que intervenir con un escrito cuyo título rezaba “ De apercibimiento y amonestación a la mayoría[iii].

De hecho una des las escaramuzas que se produjeron en el seno de la Corporación tuvo lugar con motivo de la conmemoración del desarme de la tropas carlistas por parte de la Milicia Nacional de la Ciudad de Oviedo, acción que había tenido lugar el 19 de octubre de 1836 y en la que habían muerto cinco milicianos. Tal acontecimiento se venía recordando desde 1845 con un acto religioso en la Iglesia de San Isidoro, donde se encontraba el panteón de las víctimas.

En el pleno del Ayuntamiento del 13 de Octubre de 1879 el concejal republicano y francmasón Juan González Ríos, considerando que se cumpliría mejor con el recuerdo de los fallecidos si se descartarse todo carácter religioso en los actos conmemorativos, propone la organización de un homenaje cívico, dedicándose el importe de la función religiosa a donativos para descendientes de aquellos patriotas.

Juan González Río, pasa a la historia como un símbolo del librepensamiento y de la masonería, y ello por dos razones, aunque casi nadie lo recoja como tal :

1º/ Porque la pluma de Clarín, con clara ironía, nos ha dejado el retrato de un librepensador y de su entierro, (como bien nos describe Paloma Uría Ríos, en su artículo “EL entierro civil de la Regenta era el entierro de Ríos” entre los cuales se comenta:

..donde destacan una serie de rasgos que se repiten en la novela y en el entierro de J. González Ríos: el anticlericalismo de los amigos del muerto, la negativa de los curas a dar cristiana sepultura a los que mueren “fuera de la iglesia”; el carácter de manifestación progresista y anticlerical que tuvo el entierro, la asistencia de numeroso público , subrayando la presencia de los obreros [iv]

2º/ Porque su epitafio masónico en el cementerio de San Salvador de Oviedo ha sido de los escasísimos símbolos que se han salvado en Asturias, (después de la orden del generalísimo de erradicar toda la simbología masónica inclusive de los cementerios), y es de los pocos vestigios masónicos a excepción de las tumbas de los librepensadores: Rosario Acuña y Villar Valdés, en el Cementerio del Sucu en Ceares (Gijón) , y el Antuña Ordiales, en el cementerio de Carbayín.

Juan González Río fallece el 10 de septiembre de 1884, a las cinco y media de la tarde, y de su sepelio se hace eco Las Dominicales del Librepensamiento, cuya crónica nos dice que fue velado en su quinta de Otero donde “establecieron los masones una guardia de honor que veló día y noche el cadáver de su hermano queridísimo”. Fue acompañado desde el Campo de los Patos por las comitivas de la Diputación Provincial, momento en el cual los masones colocaron sobre el ataúd una corona de siemprevivas y acacias. Una parte de esa comitiva estaba compuesta por los Sres. Acebal y Buylla, Manuel y Marcelino Pedregal, Labra, Cuesta Olay, D. José Alegre, Sardá, y Arango. “Las cintas del féretro las llevaban como ex -diputado constituyente el Sr. Corujedo, como Teniente Alcalde D. Rafael Alegre, en representación del Círculo Republicano Sr. Álvarez Llano; por la prensa el director de El Eco, Sr. Uría; por la masonería el Sr. Lafarga; en representación de la clase obrera Silverio Cuevas, y en representación de la Diputación provincial D. Miguel Figares, tras ellos un cortejo de unas seis mil personas [...] eran las nueve de la noche cuando se despidieron los duelos y esto impidió que los Sres. Pedregal y Labra y Rdez. Trio pronunciasen las palabras de despedida.”[v]

Esta inmensa procesión de dolor y homenaje a Juan González. Río va a tener un fuerte contrapunto en cuanto a las relaciones civiles y eclesiásticas sino también una fuerte repercusión en la corporación ovetense, puesto que a la hora de dar sepultura al finado, además del abandono general en el que se tenía sumido el cementerio civil, se van producir otra serie de situaciones que van a generar diversas protestas y mociones por parte de sus correligionarios que se trataran en sesión secreta del Consistorio el tema, en concreto los puntos a tratar son: las faltas cometidas por el sepulturero Manuel Morán, de abandonar el decoro del recinto denominado cementerio viejo, y el insulto que dicho operario había proferido al afirmar “que no tenía obligación de limpiar el local ni de enterrar, pues ellos no sepultaban más que a cristianos y no animales que ningún producto daban, debiendo el ayuntamiento pagar a quienes lo hiciesen” [vi]

A este librepensador e ilustre hermano del grado 33º, Juan Ríos, la masonería ovetense le rinde un homenaje en su memoria y recuerdo, constituyendo el 25 de Agosto de 1888, con francmasones provenientes de los talleres Nueva Luz su antigua logia, y Caballeros de la Luz, un nuevo taller bajo el auspicio del Gran Oriente Nacional: La Respetable Logia Juan González Río, [vii] que pondría en marcha una serie de obras de ayuda y beneficencia, quedando otros proyectos sin llevar a cabo dada la poca disponibilidad de recursos y el ambiente hostil, fustigado desde las hordas eclesiales capitaneadas por el Obispo Martínez Vigil y más tarde por su sobrino Maximiliano Arboleya, Deán de la Catedral de Oviedo y autor del libro “Otra masonería: el integrismo contra la Compañía de Jesús y contra el Papa “ (Oviedo, 1929), dichos clérigos, tío y sobrino, encabezaron su propia cruzada antimasónica.


[i] Sus abuelos maternos eran naturales de Fano y su madre, Doña Rosalía Meana era natural de Baldornón, los abuelos paternos eran originarios de la parroquia de Muñás (Luarca), y su padre Fernando González Río nace en Dorias (Salas)
Datos correspondientes al acta de Bautismo existente en el Archivo Histórico Diocesano bajo el epígrafe 61.10.2 folio 54
[ii] Artículo publicado el Periódico “El Porvenir “de Madrid en Septiembre de 1884 con la firma del citado autor.
[iii] Libro de Acuerdos del Ayuntamiento de Oviedo.
[iv] Rvta Astura, Nuevos Cartafueyos d´Asturies nº 2 1984.
[v] Las Dominicales del Librepensamiento 21 septiembre de 1884 nº 83. pag. 3.
[vi] Libro de Actas del Ayuntamiento de Oviedo, 13 septiembre de 1884.
[vii] Victoria Hidalgo “La masonería en Asturias en el siglo XIX”, hace un extenso e interesante estudio de este taller.

Texto @ Victor Guerra

19 agosto 2007

LA RESPETABLE LOGIA JUAN GONZÁLEZ RÍO (1888-1894)[1]


Es una pena el escaso espacio que podemos dedicar a un taller de esta envergadura puesto que su estudio, requiere ya de por sí todo un libro, dadas las circunstancias socio-políticas que le tocó vivir y las apuestas que como logia masónica afrontó.

Este taller levanta sus columnas en los valles de Oviedo, en un mes poco habitual para los trabajos masónicos, como es el mes de agosto En él se reúnen hasta ochenta y siete hermanos masones provenientes de las logias Nueva Luz y Caballeros de la Luz, con sus respectivas planchas de quite, y pasan a constituir una logia capitular denominada Juan González Río en honor a este ilustre francmasón que tantos servicios había prestado a la Orden. La logia en un principio tenía otra ubicación que desconocemos, y en un balaustre de 1892, sabemos que tenían como punto geométrico o sea la sede de sus trabajos, en la Corrada del Obispo nº 7 principal.

LA APUESTA POR LA MODERNIDAD
La logia Juan González Río, que ha historiado la profesora Victoria Hidalgo en su obra sobre la masonería asturiana del XIX, es la logia no sólo más numerosa, ya que en el cuadro lógico de su constitución de 1888 se sientan en sus bancos ochenta y siete miembros, luego en el cuadro lógico de 1891 comprobamos que la logia sólo la conforman cuarenta y cuatro afiliados, sin embargo al año siguiente la afiliación sube hasta los cincuenta y dos y concluye al menos documentalmente en 1893, con un listado fechado el 1 de enero con setenta miembros.[2] Sino que también es la más interesante tanto por las apuestas que hizo, como por la época en que se desarrolló y que la marcaron como uno de los talleres más progresistas, por su radical apuesta por la modernidad que se refleja en varias de sus actuaciones.

La Juan González Río, como taller bajo los auspicios del Gran Oriente Nacional de España que presidirán cuando Alfredo Vega cuando Rispa Perpiña, opta asimismo por la opción clásica de muchos talleres masónicos, o sea la tendencia republicana que marca las directrices de ese Gran Oriente, y que se observan muy claramente en el órgano de expresión de la logia asturiana: el semanario La Verdad, heredado de la anterior logia.
Y esa misma opción queda de manifiesto en el resumen que le envían al Soberano Gran Comendador, con fecha del 25 de enero de 1890 en la cual le dicen:
“También hemos hecho extensivos nuestros trabajos aliados de los elementos afines a la constitución del nuevo ayuntamiento, llevando al seno de aquella Corporación seis hermanos y alcanzado mayoría los republicanos, derrotando en la elección de Alcalde a las huestes pidalinas, que contaban seguro el triunfo. De este hecho transcendental en la marcha progresiva de nuestra Institución en estos valles, se han ocupado preferentemente los periódicos católicos y monárquicos de esta capital, atribuyendo el triunfo de los demócratas a la influencia masónica que consideran irresistible”[3]

Los seis hermanos masones colocados en el Consistorio ovetense, eran de forma certera Arcadio González Río, hijo de Juan Río, proveniente del ayuntamiento anterior; así como Ramón Martínez Elorza, entran en esta nueva corporación Manuel González Río y Enrique Gurano López, teniendo que cesar proveniente de la corporación anterior Rafael Pumares, los otros pudieran ser Manuel Fernández Rodríguez (Protector), industrial que había estado inscrito en Luz Ovetense, y Trófimo Collar de Peso que trabajaba como oficial de la secretaría del Ayuntamiento. Es muy posible que dado que no tenemos los listados completos de las logias año a año, nos falten los datos necesarios para contabilizar el concejal que nos falta.

En ese nuevo consistorio estaba también Leopoldo Alas, y el alcalde elegido fue Manuel Díaz Argüelles Álvarez Valdés con 16 votos frente a catorce de Gerardo Berjano. La presencia de francmasones dentro de la Corporación ovetense fue importante, puesto que incluso llegó a estar ocupada la alcaldía por un francmasón, o que lo sería en un futuro como Ramón Pérez de Ayala.[4]

Otra apuesta de esta logia que se levantó a la memoria de Juan González Ríos, vendrá de la mano de su base social, puesto que ya no estamos ante un taller de la burguesía compuesta por catedráticos y abogados muy conectados muchos de ellos con los “bloques de poder” locales y regionales, y por lazos ideológicos y culturales, sino en presencia de una pequeña burguesía comercial y asalariada que afluye a los talleres y que unido al aperturismo de anexar a la actividad masónica a las clases populares, arrojó una diversidad socioprofesional muy distinta a lo acontecido anteriormente.

Es en ese momento cuando aparecen en la logia capataces de obra, labradores, zapateros, etc; producto no del azar, sino de un decidido envite por incorporar a los bancos de la actividad masónica a las clases obreras, puesto que pasan a ser consideradas como uno de los ejes de la sociedad y por tanto eran merecedores de consideración y respeto, de ahí que se plantee con este cambio de aptitud facilitar su incorporación a los trabajos logiales y que su acceso no fuera gravoso para sus más que precarios peculios. De hecho se plantea una rebaja en las capitaciones y derechos de exaltación y demás pagos y cuotas.

Con ese giro casi copernicano que se produce en 1891, se aborda la reconstitución de la logia, tras una primera fase muy efectista y el posterior abandono de una buena parte de la membresía más burguesa, se plantea como estrategia el poder recuperar parte de ella el poder sumar a otros colectivos sociales para conformar una masonería más acorde con los tiempos que corrían.

Eso sí, dentro de las mentes de buena parte de los miembros del taller parece haber un miedo atroz a determinadas opciones políticas como las ideas anarquistas, que más tarde poblarán las logias del siglo XX. Esa reticencia de las clases burguesas progresistas que pueblan las logias se manifiesta en el acta de la tenida del 9 de abril de 1892:

“...Tengamos más que nunca especial cuidado al proponer la admisión[5] de profanos trabajadores, procurando que sean de conducta intachable y que les adornen dotes de virtud y honradez e inteligencia.... y sea realicen trabajos prácticos que tengan resonancia en la vida profana y que al protestar contra los actos reprobados de algunos anarquistas se haga patente el fin humanitario de la masonería”[6]
Por otro lado la incorporación al mundo masónico del movimiento obrero, sobre manera aquel que estaba alejado de las ideas anarquistas, que tanto condenaban algunos miembros de la logia, va a traer consigo la combinación de dos opciones políticas, una muy asentada y pluridiversa como era el republicanismo y otra que avanzaba a pasos agigantados en la sociedad civil y que tiene por ende su repercusión en la masonería, la cual ni más ni menos que el incipiente movimiento socialista, opción por la que se decanta la logia ovetense de forma clara y rotunda, rompiendo frontalmente con los límites andorsianos que rigen en los talleres masónicos de neutralidad política y religiosa:
“..aunando todos nuestros esfuerzos, nuestra inteligencia y energía, comencemos la lucha, noble, pero porfiada y ruda contra el crimen y la ignorancia y contra la mal llamada Anarquía, tendiendo nuestra mano y abriendo nuestros templos al Socialismo, como uno de los medios que pueden contrarrestar las nefandas teorías del terror”[7]


Esta opción genérica no se queda ahí, sino que en una carta que le envían a Francisco Rispa Perpiñá, le recomiendan que puesto que va asistir al Congreso de Librepensamiento con motivo del Centenario de Galán, exponga lo siguiente:

“...hagáis ver la necesidad de proteger abierta y decididamente a las clases trabajadoras en el orden político y administrativo y la conveniencia indiscutible de impulsar y apoyar al Partido Socialista.”[8]
Esta medida de ir creciendo a base de incorporar a los trabajos masónicos a los obreros manuales de tendencia socialista, es la que hace que aparezcan miembros como Juan Nepomuceno Martínez, modesto zapatero que viene a representar la viva imagen del nuevo espíritu de la masonería que desea la logia Juan González Río.
La peripecia vital de este zapatero se va recogiendo de aquí y allá, sobre todo de aquello relacionado con la fundación del socialismo en Asturias. En 1891 lo encontramos como uno de los primeros obreros que recibe el periódico El Socialista, un ejemplar que había venido en 1889 desde Bilbao de manos de N. Santamarina.

Luego, el inquieto Juan será unos de sus primeros suscriptores, ese mismo año en el seno de la Federación Local de Sociedades que agrupaba a varios sectores encontramos dentro del sector de los zapateros y en una de las Juntas Directivas de la Sociedades de Resistencia, a Juan Nepomuceno como secretario.

Ese mismo año interviene en el mitin del 1º de Mayo como orador.

Juan Nepomuceno de simbólico Cervantes, - con lo que deja traslucir con tal adopción, el carácter de un hombre inquieto-, pasa en los cuatro cursos masónicos, en los cuales hallamos su nombre por los siguientes cargos: Guarda Templo 1889, Secretario Adjunto 1891-92, y 1º Experto en 1893, su grado era el de Maestro Masón (3º).

La aptitud de la logia en cuanto a los temas obreros, va a ser muy determinante en esa línea que hemos definido, llegando a pronunciarse ante la situación de los obreros, como así lo hace la logia ante una visita de Sagasta a Asturias, al que invitan al taller, aunque le disculpan por su no asistencia dados sus múltiples actos protocolarios, aunque aprovechan para hacerle patente la difícil situación por la cual estaban atravesando los obreros de las fábricas de armas de La Vega y Trubia, así como la situación social de los ancianos, para que en el caso de que llegue a la Jefatura del Gobierno “los poderes públicos no les nieguen la práctica de uno de las más inminentes virtudes sociales: el Trabajo.”[9]

Otra de las cuestiones que llama la atención, es la presencia de una mujer ocupando un lugar en los bancos de la logia en igualdad de condiciones que el resto de sus hermanos. Cuestión que choca con las Constituciones de Anderson en las cuales se nos indica que para “ser masón es necesario ser libre” y evidentemente la mujer en siglo XVIII y XIX estab muy lejos de serlo, al menos autónoma

Este hecho casi insólito tiene su repetición en otro minúsculo taller sito en la zona central asturiana: Luz de Bimenes, logia y villa donde encontramos en el año de 1892 a otra mujer: Salvadora Rodríguez Vigón.[10]

La fémina que trabaja codo con codo en la logia ovetense es Eulalia Menéndez Vizcaíno de simbólico Caridad, y posible esposa de Pedro Fernández Campa (Graco), industrial hojalatero que también trabaja en el mismo taller. Llama la atención, por que no había como es clásico en la masonería de la época una logia de adopción[11] que la acogiera, hay que tener en cuenta que las Obediencias españolas dudaron durante mucho tiempo acerca de admitir en su seno al elemento femenino puesto que no se quería perder “el reconocimiento” de la Gran Logia de Unida de Inglaterra, lo cual a su vez estaba en contradicción con el espíritu liberal de la sociabilidad masónica española. ésta de una forma más bien tímida e indecisa va dando pasos para incorporar con plenos derechos en los talleres a la mujer, cuestión que nos vienen a demostrar la presencia en las actas y por la posesión de diversos grados de Eulalia Menéndez Vizcaíno en una logia masculina como la Juan González Río, taller que marcó todo un reto en la masonería asturiana.


Víctor Guerra.
Miembro de CEHME (Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española)



[1] AHNS. Expedientes A- 739-/3-1; 3-3; 3-5; 9-1.
[2] Ibidem. Expedientes A- 739/ 3-1.
[3] AHNS. Expediente 739./A 3-4.
[4] Ramón Pérez de Ayala , en su expediente masónico instruido por el Tribuna de Represión de la Masonería sólo se recoge que había solicitado ser admitido dentro de la masonería, en concreto la solicitud fue presentada ante la logia Ibérica nº 7. Se recogía dicha noticia del Boletín del GOE nº 220 de fecha del 27 agosto de 1910, y se cita también en dicho expediente que su pertenencia venía dada porque se le citaba y aparecía su fotografía a en el libro La masonería al Desnudo de Ferrari Biloch, al que dicho tribunal cita a declarar para recabar de dónde había sacado tal conclusión. AHNS. Exp. 8 Legajo 317.
Gómez Molleda en su libro ya citado, lo da sin ningún tipo de reticencia como miembro de la masonería, en su relación de parlamentarios pertenecientes a la Orden; lo mismo con Ferrer Benimeli que lo cita en su libro: La masonería española contemporánea. Volumen II. Edt. Siglo XXI.
[5] La condiciones para la admisión dentro de la masonería en esos momentos eran: Tener 21 años; tener una buena reputación y buenas costumbres; tener solvencia económica; poseer la instrucción necesaria para poder seguir las enseñanzas y realizar el objetivo de la institución, y contar con el espíritu suficiente para poder ofrecer una garantía de discreción, reserva, y generosidad. (en general han cambiado muy poco dichas condiciones de admisión).
[6] ANHS. Expediente 739/ 3-5.
[7] Ibidem.
[8] Carta que envía la Juan González Río en abril de 1892. AHNS. Expediente 739/ 3-7
[9] AHNS. Expediente 739-A 3.
[10] Su biografía y periplo pueden verse en GUERRA, Víctor.: La Masonería en Asturias 1850-1938. Los francmasones de la Comarca de la Sidra . Editorial KRK. Oviedo, 2000.
[11] Logia que está compuesta exclusivamente por mujeres, sus orígenes provienen del siglo XVIII, ya que los talleres femeninos debían estar bajos los auspicios de un taller regular (masculino) que velaba y regía sus trabajos.
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