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07 agosto 2011

Masonería en Gijón . (I)

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Hace ya tiempo. años, cuando los de casa;  distintos miembros de diversas Logias, levantaban los hombres cuando como Aprendiz Masón, como yo  preguntaba sobre ¿Quienes habían sido nuestros precursores?

Nadie sabía nada, más allá lo que Ferrer Benimeli había publicado, o lo que habían visto en aquella lejana exposición que había montado en Gijón la Cultural Gijonesa sobre la Masonería .

Había, y sigue habiendo poco interés interno sobre la propia masonería, durante casi doce años apenas si  alguien me ha preguntado  acerca de ella, es más,  nunca en clave interna se ha dado una conferencia o una tenida acerca de esa masonería asturiana o gijonesa,  digamos que  siempre ha habido más interés desde el lado profano por la masonería y sus hombres, que desde lo interno. Es una cosa sorprendente, pero se así se confecciona nuestra historiografía  y nuestras disposiciones e inclinaciones que dice mucho de quien somos y como consideramos lo nuestro.  Es más en las conferencias publicas que he tenido en la región, digamos que racanea bastante el numero de Hermanos que se acercan, no a verme a mí, sino para  saber algo de lo q que fuimos, y sobre quien compuso esta curiosa sociabilidad.

Esas aptitudes fueron las que un día me llevaron a investigar sobre nuestros orígenes, y que culminaron en un pequeño trabajo  que fue premiado con un naciente premio el “Premio IES Rosario de Acuña” . Luego las investigaciones siguieron su curso hasta llegar a los 700 paginas actuales y calculo que concluirá con casi 1300 paginas.

Con motivo de una conferencia en el seno del Aula de Cultura de Club de La Nueva España, rescaté este texto,  que fue el primer trabajo de acercamiento a la masonería gijonesa, que como libro,  ya adelanto que está agotado.
VG

1.- Introducción.

Sì partimos de la imaginería que ya de por sí tiene un movimiento o asociación secreta o “discreta” (como gustan de decir los masones) unido a la parafernalia de un régimen que durante casi cuarenta años difundió la idea del contubernio judeo–masónico y marxista, como la fuente de la cual provenían todos los males que padecía nuestro país, todo ello generó una escenografía individual y colectiva, que ha conseguido en buena parte desdibujar casi por completo el sentido y el fin de la masonería. Enterrando en el olvido colectivo, algo que ha constituido, queramos o no, parte de la historia española de los dos últimos siglos.

Ante tal yacimiento historiográfico diversos investigadores se han lanzado a escudriñar en el filón de temas y subtemas que aún quedan por desvelar en toda su profundidad, que van desde la influencia socioeducativa de la masonería en la sociedad, al influjo que en su propio desarrollo tuvieron las persecuciones que sufrió, como fue el caso español .

Tal es la importancia que dicho estudio está teniendo, que hoy se pueden contar hasta ocho Simposios[1], e innumerables los encuentros y jornadas que se han celebrado en España sobre dicha temática. En los cuales se ha hablado de masonería y política, de masonería y religión, y de la relación de la masonería en los movimientos libertadores o independentistas de Iberoamérica...etc. Uno de los temas que aún queda pendiente por desarrollar son las denominadas “masonerías regionales”, que aún cuando está desarrollado un capítulo importante dentro de la bibliografía española, promovidas en parte por historiadores miembros del CEHME, aún queda mucho trabajo por desarrollar.

Una de esas masonerías regionales, que es un terreno medio virgen en cuanto a su estudio, es la masonería asturiana, que ha tenido un contenido desarrollo en los foros internacionales del CEHME, con pequeñas aportaciones por parte e los profesores Victoria Hidalgo, Amalio Calvo Díaz, Victor Guerra e Ivan Pozuelo Andrès[2].

El cómputo general de la bibliografía regional existente hasta el momento sobre dichos temas, se completa, aparte de las ponencias ya reseñadas, con algunos artículos en prensa y revistas[3] y sobremanera al trabajo de la profesora de la Universidad de Oviedo Victoria Hidalgo con su libro “La Masonería en Asturias en el siglo XIX[4], que abrió la espita de la investigación masónica en Asturias, y siguiendo esa línea de investigativa, se cuenta en estos momentos con otra reciente aportación con un trabajo sobre la masonería en la Comarca de la Sidra.[5]

Abordar pues la historiografía de la masonería asturiana, es una tarea atrayente, pero enormemente difícil, y más, si no damos un pequeño repaso a lo que algunos autores entienden masonería o los propios masones explican sobre su Orden, y que nos puedan no sólo ilustrar sino también situar sobre las bases conceptuales de lo que francmasonería significa.

En 1893 El Grande Oriente Nacional de España se expresaba de este modo:
La francmasonería no es una religión positiva, ni una escuela filosófica, ni un partido político, rechaza todo exclusivismo, y su doctrina y sus principios son universales, puesto que en lo fundamental convive con los dogmas, principios y doctrinas de todas las religiones de todas las escuelas, de todos los partidos. Reconoce y proclama la armonía de los mundos, creada y sostenida por el Gran Arquitecto del Universo (G\A\D\U\[i]). (NOTA)[6]

EL Gran Arquitecto es causa eterna, ley primordial y Suprema Razón del Universo...”[7]

Daniel Bresniak (historiador masón), define lo que él entiende por la conjunción de una serie de masones reunidos en tono al tal taller :

“...Una logia abierta... busca la heterogeneidad. No deja instalarse una ideología obligatoria, Trabaja cuestiones y no recibe ninguna respuesta como definitiva. Está compuesta de racionalistas, intelectuales y artesanos, de pobres y ricos, de simpatizantes de izquierda y de derecha... Vive también la vocación esencial de la Orden masónica, definida en las Constituciones de Anderson[ii]. La Francmasonería tiene por fin reunir a personas que sin ella hubieran seguido ignorándose. Ella rompe los desniveles sociales, profesionales e ideológicos. Ella funde. Cumple así la función de Hermes: franquear los límites, constreñir a los hombres y a los dioses a negociar”. [8]

Podríamos decir, por tanto, que la masonería es una “actividad” de esclarecimiento permanente mediante un método que desarrolla la introspección. La especulación simbólica y la profundización, no solo en lo personal y desde lo individual, sino también desde lo colectivo profundizando en aquellos temas que preocupan al hombre y a la sociedad, y todo ello en torno a un espacio que se denomina templo [iii] o logia. [iv]

Esa reunión de hombres que tienen un mismo sentir frente a ellos mismos, y tienen una peculiar perspectiva en cuanto al trabajo personal y social, es la que ha originado un tipo de organización que trabaja bajo los métodos antes citados, es lo que hoy se conoce como Masonería.

Se podría seguir dando cientos y cientos de definiciones, pero todas de alguna forma, giran esencialmente sobre los mismos conceptos, aunque en la realidad haya interpretaciones que generan toda una praxis de relación y entendimiento con la sociedad en función de Obediencias, de los Ritos, y de la propia configuración de los talleres, que conlleva necesariamente una serie de comportamientos y de aptitudes que los historiadores, masones y no masones, se están encargando de sacar a la luz. A pesar de ese esfuerzo de hacer entendible la historia de la masonería, de profundizar en el grado de penetración social en Asturias, aún queda por sacar a la luz varios capítulos, tal vez los más esplendorosos de la francmasonería asturiana.

Una historia que se ha hecho, en parte, por autores ajenos a ella y también por historiadores pertenecientes a la propia familia masónica, -como dice la profesora Gómez Molleda[9]- en ocasiones todo ello “ ha sido campo abonado para las fantasías históricas y revolucionarias”. Tan cierto es, que hay quien quiere retrotraer históricamente el nacimiento de las logias al confín de los tiempos, aunque existen posturas más cautas que exponen que el nacimiento de la masonería en Asturias arranca con el Trienio Liberal, y exponen como avanzados masones a personajes de la talla de Rafael del Riego, Cangas Argüelles, Argüelles, Flórez Estrada, o Evaristo San Miguel,[10] llegando a incluir en dicha nómina, además de los anteriormente citados, al mismísimo Jovellanos como reconocido masón. Pasando muchos de ellos, con o sin razón, a estar presentes en la iconografía masónica.

De las pocas noticias contrastadas que se poseen con relación a esta primigenia actividad masónica, hecha en Asturias o por asturianos, es en los comienzos del siglo XIX, y son las correspondiente a un natural de Alesga, estudiante de derecho, que estaba adscrito a una logia de Cádiz y la temprana aportación a la historia masónica de la ciudad de Gijón con dos autóctonos, los hermanos Joaquín y Pedro Cinfuentes,[11] naturales de dicha villa y con residencia en la capital de España, que en torno a 1810-1812, estuvieron adscritos a bonapartista logia madrileña Beneficencia Josefina.

Siglo adelante se irán configurando en la región dos masonerías articuladas como tal. Una en la última mitad del siglo XIX, y la otra en el primer tercio del siglo XX, ambas dos, con sus distintos altibajos e incidencias, arrojan dos tipos de masonería distintas, y por ende, dos perfiles de masones con diferenciados rasgos muy determinados por la época histórica que a cada uno le tocó vivir.

Las convulsiones políticas en que se vio envuelta la sociedad asturiana en ambos períodos, afectaron, como no podía ser menos, de forma determinante al desarrollo de la francmasonería en Asturias.

2.- TALLERES MASÓNICOS EN ASTURIAS EN EL SIGLO XIX

No se puede abordar la aproximación a la masonería gijonesa, sus áreas de influencia y su papel histórico, sin antes hacer un breve repaso sobre las formaciones que se dieron en la región durante el siglo XIX, que nos dará un enfoque de referencia importante para juzgar, no sólo lo que pasa en el seno de la ciudad, sino también en los propios talleres y su proyección en el siglo XX.

La existencia de actividad masónica en el siglo XIX en la región y que podamos contrastar con varias fuentes documentales, la tenemos a partir de 1850, donde se inicia la andadura de los “Hijos de la luz[v], con un primer taller en Gijón.

Oviedo, en cambio, se abre a la actividad de los “Hijos de la viuda”[vi] de forma más tardía en 1874, con la apertura de trabajos por parte de la logia Luz Ovetense y concluye dicha presencia, al igual que en Gijón, de forma brusca en 1894 con el abatimiento de columnas de la logia Juan González Río. El resto de talleres repartidos por la región concluyeron su vida sin poder sobrevivir a las grandes logias ovetenses y gijonesas.[12]

En este período de casi cuarenta y cuatro años, la francmasonería en su conjunto, pasó por graves momentos de abatimiento y represión, hasta concluir su actividad con las consecuencias del desastre colonial del 98. Catástrofe en la cual se vio envuelta por diferentes razones la masonería, cuya participación y trascendencia, está en período de estudio.

Esta masonería asturiana del siglo XIX, tras diversos conteos de logias y afiliados, da como resultado un total de 23 talleres, con un montante aproximado de unos 560 masones[13]. En este mismo período tenemos una importante presencia de Obediencias en el seno de la masonería española, y como consecuencia se producirá un cierto cambio de talleres o logias, que primero se adscriben a una Obediencia[14] y luego a otra, situación que también afectará a las logias asturianas.

Los parámetros en que se mueven las logias asturianas, tampoco difieren en demasía de la que se configura en el resto del estado, al menos en cuanto a la ideología de sus miembros. En general profesan una ideología de corte republicano que abarca desde el más matizado conservadurismo, hasta cierta militancia con matices beligerantes, sin llegar a los extremismos que se dan en zonas con fuerte presencia anarquista, como Valencia o Cataluña. En Asturias el fenómeno de la presencia anarquista dentro de los talleres masónicos no se dará hasta el primer tercio del siglo veinte.

El componente socio profesional de las logias asturianas va a estar también en consonancia con la aptitud política que se ha comentado. Así pues, a finales de siglo diecinueve hay en el cuadro lógico de los talleres, una presencia importante de profesores, abogados, médicos, comerciantes e industrial, cuyos perfiles reúnen la característica de cierto progresismo social y político. Algunos llevarán esa militancia ideológica como librepensadores, no solo al seno de las organizaciones políticas, sino a los organismos que rigen la sociedad: corporaciones locales o al propio parlamento. Así mismo se detecta dentro de la francmasonería regional de dicho siglo, la presencia de elementos que van a coadyuvar a poner en pie las primeras organizaciones obreras de carácter político y sindical.

Apuntar en este sentido, que la masonería de dicha época hizo una apuesta seria por la incardinación del elemento obrero en su filas, y es obvio que el iniciado en masonería, llegara a tener un determinado status de conocimiento e instrucción, que difícilmente podría obtener en otro lugar y que lo cualificaba como un buen dirigente.

Hay por otro lado, en la raíz de las logias asturianas una clara vocación librepensadora que les llevaba a estar presentes en los proyectos de beneficencia y socioeducativos, pero imprimiendo en todos ellos un cierto punto laicista. ¿Hasta donde llegó esa labor formativa o educacional de las logias masónicas en la gente de extracción social y cultural inferiores? y ¿Hasta donde alcanza el obvio trasvase de influencias entre hiramismo y el societarismo obrerista? Estás preguntas se las hacía la propia iglesia asturiana de aquel tiempo, y ello generó por parte de ésta y bajo el liderazgo del Obispo Martínez Vigil, una cruzada contra la masonería que se denominó liga antimasónica, a la que contestaron de forma beligerante algunos talleres, como fue el caso de la logia Juan González Río o los Amigos de la Humanidad, que llegaron a tomar posturas de enfrentamiento con la iglesia.

Es importante remarcar que en aquellos momentos dentro de la masonería peninsular se estaba debatiendo una vez más la concepción del (GADU), si éste era un dios revelado y por tanto era necesario creer en ese dios para pertenecer a la masonería, o por el contrario era un principio universal y como agnósticos se podía formar parte de la orden. En Asturias, también se dieron estas dos divisiones dentro de los “Hijos de la luz”. Bajo ese prisma puede ser entendida la colaboración de algunos francmasones, caso de Braulio Vigón y sus colaboraciones con órdenes religiosas en pro de la enseñanza. Otros en cambio, optaron por adentrarse aún más en una fuerte raigambre librepensadora, donde podemos destacar las figuras de Juan González Río, Rafael Calzada, César Álvarez Cascos o la propia Rosario de Acuña.

Dicha cultura estaba tan presente en algunas logias, que no en vano, en Gijón se reunió uno de los diversos Congresos de Librepensamiento que se celebraban por toda España y Europa, a los cuales algunas logias enviaron sus delegaciones.[15] Y como expresión de tales posicionamientos, a lo largo del siglo diecinueve como del veinte, se editaron diversas revistas de carácter masónico en las cuales trabajaron codo con codo librepensadores y masones: “ La Verdad” de Oviedo, “EL Hombre Rojo “ y “Minerva” estas dos últimas en Gijón

Además de las concomitancias ya descritas sobre la composición socioprofesional, el carácter ideológico y la militancia anticlerical, hubo en la masonería cierto componente urbano (tendencia asimilada a la masonería moderna), que presenta un desarrollo territorial que responde en parte a la presencia del elemento obrero cualificado en las poblaciones más industrializadas: Avilés, Gijón, Trubia, y luego los centros donde se hallan los elementos más ilustrados, Oviedo, Luarca, y Navia, lo cual generará un determinado mapa de formaciones masónicas en la región:

Formaciones masónicas en la Asturias del siglo XIX[16]
GIJON:
v Logia Los Amigos de la Naturaleza y Humanidad, 1850-1854 (31 miembros).
v Logia Los Amigos de la Naturaleza y Humanidad,1871-1875 (34 miembros).
v Logia Amigos de la Naturaleza y de la Humanidad, 239;1879-1888 (76 miembros).
v Logia Amigos de la Humanidad, nº 61; 1889-1894 (59 miembros).
v Logia La Perla del Cantábrico, nº 75; 1891-1892 (16 miembros).
v Logia La Razón, n º l24; 1878-1888 (8 miembros).
v Logia Ciencia y Virtud, nº 128 (¿?).
v Capitulo Provincial Juan Padilla, (¿?).

OVIEDO:
v Logia Luz Ovetense, 1874-1877 (52 miembros).
v Logia Nueva Luz, 1877-1886 (98 miembros).
v Logia Los Caballeros de la Luz 1886-1888 (11 miembros).
v Logia Juan González Río, nº 42; 1888-1893 (129 miembros).
v Capitulo Vigilantes de Asturias, 1889-1892 (29 miembros).

AVILES :
v Logia Justicia, nº 123; 1879 (24 miembros).
v Logia Concordia, nº 375; 1887 (24 miembros).

BELMONTE: Logia Fraternidad, nº 128; 1879 (11 miembros).
BIMENES: Logia Simbólica Luz de Bimenes, nº 87; 1891

LUARCA:
v Logia Estrella Benéfica, nº 169; 1882 (¿? );
v Logia Luz de Luarca, nº 236; 1883-1888 (12 miembros).
v Logia Jovellanos, nº 128; 1891(18 miembros).

NAVIA:
v Logia Antorcha Civilizadora, 1879-1888 (20 miembros);
v Triángulo Rafael del Rieo, 1892 (5 miembros);

TRUBIA: Logia El Trabajo, nº 39; 1872 (53 miembros)

Evidentemente a la luz de este catálogo de talleres y la cuantificación de sus miembros, cifrada en unos 511 masones, no deja ser cierto que hubo un cierto grado de influencia en la sociedad asturiana, que contaba entre 1887 y 1897 con una población que rondaba las 600.000 personas, o sea, que había un francmasón por cada 1.174 habitantes. Sí tenemos en cuenta el grado de formación y de conocimiento, y los recursos económicos, que las propias logias y los propios francmasones tenían, estamos hablando de un colectivo social, que necesariamente habría dejado su impronta en el entorno en el cual se desarrollaba. El grado de penetración en la sociedad es uno de los componentes que motivan esta aproximación a la masonería gijonesa.

3.- TALLERES MASÓNICOS EN ASTURIAS EN EL SIGLO XX

Entre 1894 y 1911 como por arte de encantamiento, hay una aparente desaparición de la masonería de la sociedad asturiana, producido tal vez, por el naufragio colonial de finales de siglo como ya hemos comentado, aunque las verdaderas razones quedarán aún en la oscuridad, debido al vacío documental existente, que tampoco se sabe explicar muy bien a qué razones obedece.

La primera noticia del regreso de la actividad masónica a la región, se produce a través del levantamiento de columnas del triángulo Amese, que se asentará en los valles de Gijón. El finiquito a su vez de ésta masonería vendrá dado por otra gran catástrofe como fue la Guerra Civil, que conllevará la muerte civil y por ende el final de la presencia societaria de la orden. Pagando sus escasos miembros, fieles aún a la Orden, las consecuencias de su adscripción bien con cárcel o emprendiendo el largo camino del exilio, y en algunos casos con la propia muerte.

En este primer tercio de siglo, el desarrollo de la orden masónica en Asturias es de parecidas características al resto de las masonerías regionales que se dan en el territorio español; tal vez las diferencias entre ambas se basen fundamentalmente en las peculiaridades que pudieran derivarse de la idiosincrasia ideológica, territorial y socioecómica de cada región, que reúne en momentos muy concretos de la historia asturiana una serie de hechos culminantes y de cierta peculiaridad, como pudieran ser las grandes huelgas mineras del 17 o el proceso revolucionario de 1934.

Hay otras características más intrínsecas del trabajo masónico, que han constituido un importante hito, y que no ha sido suficientemente estudiados, como ha sido la influencia socioeducativa de la orden a través de sus proyectos más emblemáticos como la Escuela Neutra, [17] pasando por la singularidad que supuso la heterogénea presencia de anarquistas, socialistas, y reformistas en las logias, abordando y emprendiendo proyectos de fuerte compromiso social, que les llevó a muchos de ellos, como francmasones y como militantes políticos a estar al lado de las instituciones legalmente constituidas, convirtiéndose por tales compromisos en testigos y en pacte activa en dos acontecimientos como las proclamaciones de las dos repúblicas[18] que se dan en España.

Si el siglo anterior, en el seno de las logias había entablados fuertes debates internos sobre temas como: la emancipación de la mujer, la democracia interna, o la proyección socioeducativa...etc, el siglo veinte, consolidará parte de esos debates y emergerán otros que, sin ser radicalmente distintos, sí que arrojan unas características propias del siglo que nace y de una región que va despuntando de un cierto letargo cultural y político. Ante ello Gijón, se constituye en el aglutinante de todo el trabajo hiramita del primer tercio del siglo. Aunque se intentan levantar algunos talleres en las denominadas alas territoriales asturianas, estas formaciones nacen en momentos muy convulsos y en ocasiones como revulsivo frente a determinadas problemáticas internas de la orden, además de hacerlo con una cierta escasez de miembros y de recursos que arropen dichos proyectos.

A su vez, frente a la pasividad social y política del entorno, las logias o los propios francmasones optarán en algunos casos por un claro y activo posicionamiento socio-político, cuya realidad se manifiesta en la presencia de francmasones que participan en las distintas instituciones sociales y políticas que se dan en el seno de la sociedad asturiana. En ésta época llama la atención la influencia de una determinada opción política, el partido Reformista de M. Álvarez, que de alguna manera capitaliza la acción de la Orden en Asturias, originando una singular simbiosis entre reformismo y masonería, a pesar, de la pluralidad ideológica que había dentro de los talleres. Esta conjunción tan fuerte entre masonería y política generará importantes problemas de desenvolvimiento de la Orden en dos sentidos: en el interno y en el societario, como más adelante veremos y llegando a crear un cisma dentro de la masonería asturiana fundamentalmente a partir de 1931.

Con respecto a la composición socio-profesional de los talleres en éste período, es de destacar la presencia de una pequeña burguesía emergente de comerciantes y pequeños empresarios, que convive de forma singular en el seno de las logias con líderes obreros y pequeños profesionales. En su mayoría están concienciados políticamente, más a finales de esa andadura que al principio, y en general están muy alejados del viejo concepto burgués de siglo pasado de la tutela paternalista que se dio en diferentes medios, laborales, sociales e incluso políticos.

En cuanto a las Obediencias presentes en la región, a diferencia del siglo anterior, en el presente siglo la tutela de las logias vendrá dada fundamentalmente por un solo Oriente, (que será fruto del trabajo de reunificación del Maestro Morayta), representado por el Gran Oriente Español (GOE) que se constituye en un poder hegemónico puesto que todos los talleres a excepción de uno trabajaran bajo sus auspicios, pasando a constituirse en Obediencia suprema. La segunda potencia masónica la representaba la Gran Logia de Española, [19] con un solo taller en Asturias, el triángulo Astúrica.[vii]

En Asturias en 1922 se constituye la Gran Logia Regional del Noroeste (GLRN) que auspiciará y alentará una potente masonería de corte urbana, que a su vez presenta un parco desarrollo por las zonas periféricas de la región. Hay en cambio una característica distinta al siglo anterior, y era que si bien en el diecinueve, había muchos originarios de la urbe dentro de los talleres, en el presente siglo serán gentes de la zona rural que emigran hacía las zonas industrializadas las que conformen el conglomerado de las formaciones hiramitas que se dan en ese momento. En parte dicha tutela también creará cierto matiz centrípeto en la configuración del desarrollo de talleres que se dan en la región.

Llama también la atención dentro de ésta época, que si bien en la anterior, la presencia de féminas dentro de la masonería era escasa, solo había dos mujeres dentro de las logias, en el presente siglo la mujer no estará presente ni como logia de adopción.[viii] En este tiempo la única mujer masona de la que se tiene constancia en la ciudad y que está de un modo u otro presente en algunos actos y que vivía en una apartada casa del Cervigón ( La Providencia) es Rosario de Acuña.[20]

Formaciones masónicas en la Asturias del siglo XX [21]
GIJON :
v Triángulo Amese, n0 68; 1911. (GOE).
v Logia Jovellanos, n0 337-1912. (GOE).[22]
v Logia Jovellanos, n10; 1924- 1936. (GOE).
v Logia Riego, n 02; 1923. (GOE).
v Logia Astúrica, n° 27; 1925. [23] (GLE).
v Logia López del Villar, n° 14; 1933. (GOE).
v Capitulo Rosacruz Alberto de Lera, 78, 1933. (S.Gr. Consejo del Grado 33º ).
v Triángulo Evaristo S. Miguel de Jove, 1923.(GOE).
v Gran Logia Regional del Noroeste .[24] (GOE).

AVILES: Triángulo José Rizal, nº 13, 1934. (GOE).
GRANDAS DE SALIME: Logia Amor y Trabajo, 10. (GOE).
OVIEDO: Logia Argüelles, nº 3; 1931-1936. (GOE).
TURON : Triángulo Costa, nº 5,1928. (GOE).
NAVA: Triángulo Ferrer , nº 2, 1924. (GOE).

Estos son a grandes rasgos los parámetros, en cuyas dos épocas, se desenvuelve la masonería asturiana. En definitiva, en un mar de inquietudes y zozobras políticas y sociales que la conmovieron tanto en un siglo como en otro, y que no la dejaron tomar el rumbo tantas veces deseado, obligándola a veces a jugar, el siempre complicado equilibrio político-religioso, un juego que se quebró en ocasiones y en épocas tan convulsas como las reseñadas.

Víctor Guerra. Miembro del Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española (CEHME)



[1]El Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española. (CEHEME) Constituido en1984, y presidido por el prestigioso historiador J.Antonio Ferrer Benimeli, lleva organizando ocho Symposiun de Metodología Aplicada a la Historia de la Masonería Española. En el año 2000 se celebró en el mes de Octubre en Segovia el IX Symponsiun, donde el autor de este trabajo presentó la ponencia: “Aproximación a la masonería Asturiana del siglo XX.
[2] Victoria Hidalgo.: “La represión masónica en Asturias”. 1º Symposiun. Zaragoza, 1989. Amalìo Calvo Díaz “ Masonería y esoterismo. Otra visión de la crisis moderna desde la psicología”. VIII Symposiun. Barcelona 1997.Víctor Guerra.: “Aproximación a la masonería asturiana del siglo XX” e Ivan Pozuelo Andrés.: “La masonería española en la revolución del 34 y la guerra civil española”. IX Symposiun. Segovia 2000.
[3] Victor Guerra, ha escrito diversos artículos en los distintos diarios regionales: EL Comercio; La Nueva España; Voz de Asturias; y en revistas como Antorcha (Avilés); Minerva (Barcelona); o Delta (Madrid); o Boletín de Amigos de Ribadesella; y La Voz del Occidente (Asturias)...etc.
[4] Esta obra fue premiada con el prestigioso Premio Juan Uría Ríu (Oviedo 1985)
[5] Guerra, Víctor: La masonería en Asturias 1850-1938 (Los francmasones de la Comarca de la Sidra). Etd. KRK. Oviedo 2000.
[6] Los superíndices en números romanos, remiten al apartado n°6 sobre términos masónicos.
[7] AHN.: Boletín del GOE, Memoria anual. 1873
[8] Beresniak,D.: L´apprentiassage maconnnique une école de l´eveil?. La Lavandou. Ed. Detrand. 1983
[9] Gómez Molleda, Ma. Dolores.: La masonería en la crisis española del siglo XX. Editorial Universitas.
[10] En el “Diccionario Enciclopédico de la Masoneríade Frau y Arús. Se recoge la cronología de los Grandes Maestres , en la cual, encontramos a Rafael del Riego como Gran Maestre en el año1821. Manuel Moreno de la Universidad de Sevilla en su trabajo “La masonería Española ante Blanco Wite”, da como reconocidos masones a Canga Argüelles, Flórez Estrada, Argüelles y Evaristo San Miguel , citados por otros autores como declarados masones y que tienen adjudicado un nombre simbólico, trabajo publicado en los anales del III Symposiun de Metodología Aplicada a la Historia de la Masonería Española, “Masonería Política y Sociedad”. Córdoba, 1987
[11] Joaquín era Oficial del Ministerio del Interior, casado con 47 años, iniciado el 17 de Mayo de 1810, 1º experto el 19 de Septiembre y 2º Vigilante en Junio de 1811, Pedro era Tesorero general, con residencia también en Madrid, viudo de 50 años, iniciado en febrero de 1811 y tesorero de la logia en Junio de 1811. Datos todos ellos aportados por Ferrer Benimeli en su trabajo sobre “ Masones asturianos en la Cuba y Puerto Rico del siglo XIX” Revista Astura. N°4
[12] Aunque Pedro Álvarez Lázaro en un trabajo sobre librepensamiento, en “La masonería en la historia de España” habla de que la logia Luz de Luarca está presente en el Congreso Internacional de Ginebra de Librepensamiento en 1902.
[13] Los profesores Antonio R. De las Heras y Tomás Nogales en su trabajo “El estado actual del Banco de Datos de Masonería”, presentado en el V Symposiun Internacional de la Historia de la Masonería Española, (Cáceres 1991); nos dan otra estadística diferente, ellos hablan de 18 talleres y de 711 masones, entre los que se encuentran una mujer. En mi trabajo sobre ” La masonería en Asturias 1850-1938”. Contabilizo 23 talleres y unos 560 masones y 2 mujeres. La contestación, a esta disparidad numérica, procede de que se contabilizan 711, como entradas totales, y muchos de ellas son repetidas puesto que han estado en varios talleres ( se contabilizan un total de unas 163 repeticiones).
[14] Obediencia: federación de Logias organizadas en Potencia Suprema. Tradicionalmente el nombre de Gran Oriente, designa a la federación de Logias de diferentes Ritos y la Gran Logia que utilizan el mismo. Para una profundización en el tema puede consultarse la obra de Pedro Alvarez Lázaro La Masonería Escuela de Formación del Ciudadano”. Universidad Pontificia de Comillas, 1998
[15]La logia Luz de Luarca, asiste al Congreso Internacional de Librepensamiento de Ginebra de 1902, presumiblemente con César Álvarez Cascos como su representante.
[16] El numero y la adscripción de las distintas logias a veces no corresponderá con otras informaciones, puesto que al haber logias que unas veces pertenecieron a un Oriente u Obediencia, y luego se pasaron a otro, dichas numeraciones sufrieron alteraciones, de ahí que haya una misma logia con dos o tres números distinto, según el cambio obedencial que hubiera hecho y la política de numeración que tuviera dicha Orden, las hubo que respetaron el numeral y otras que reasignaron nuevos números.
[17] Proyecto educacional que impulsó la Logia Jovellanos nº 1.
[18] Ver articulo de Víctor Guerra en Rvta Antorcha nº 32, 1999 “Masonería y la República“ donde se comentan cuestiones como que en 1873 y 1931, fechas de las proclamaciones de la 1ª y 2ª República, y finalmente en 1936, los francmasones de la ciudad de Gijón, fueran parte de la comitiva que portaba las órdenes por las cuales se debía entregar, en ese mismo momento, el poder a los leales de la República. Así como los artículos publicados en el diario La Nueva España (edición de Gijón): “Gijón y el Compromiso Republican”o (16/02/2001); “República y masonería en Asturias” (14/05/2001); “Repaso al 14 de Abril”, (30/04/2001).
[19] La Gran Logia de Española, esta Obediencia nace de la separación de la Gran Logia Regional Catalano-Balear del Gran Oriente Español y se constituye en “Potencia Simbólica Nacional” con el nombre de Gran Logia Española, en la Asamblea Extraordinaria del 15-17 de marzo de 1921.
[20] Sobre Rosario Acuña hay diversos trabajos publicados: Bolado, J.: “El cuerpo de los Vientos (Cuatro literatos gijoneses)” Biblioteca Gijonesa del siglo XX. Gran Enciclopedia Asturiana. Gijón 2000. Y en el diario El Comercio: (04/05/1999) “Rosario de Acuña”; diario La Nueva España: (05/05/2001) “La actualidad de Rosario de Acuña”.
[21] Hay que tener en cuenta que este estudio solo alcanza hasta 1938, al final del siglo XX se registran otros proyectos masónicos: Gran Logia Asturiana; la Logia Rosario de Acuña; Logia Amigos de la Naturaleza y Humanidad; Logia Caballeros de la Luz; que merecen un estudio aparte.
[22] Esta Logia pasaría más tarde a redefinirse como “Jovellanos” nº 1, cuando el Gran Oriente Español, pasa constituirse como un conglomerado federal de grandes Logias Regionales.
[23] La noticia de la creación de este triángulo no está clara, se da como fecha de levantamiento de columnas 1925, puesto que así se recoge en el Boletín de la Gran Logia de Española de Marzo de 1925.
[24] Existe ya una referencia a este proceso de las Grandes Logias Regionales en la nota nº 12 que en parte explica la creación de estos entes regionales. Sí se desea profundizar más en el tema debe consultarse a Mª Dolores Gómez Molleda, obra citada pag. 3



[i]: G:.A:.D:.U:.. Gran Arquitecto del Universo, símbolo de Dios para algunos masones; el Principio Creador para otros, para todos la Ley. En 1886 en la Revista La Luz (periódico librepensador) del que era director Rosendo Arús Arderius, comentaba: “en nuestro concepto, la masonería, no debe ser como tal sociedad , ni atea ni deísta. Déjese a dios (sic) para las controversias y dictados de la fe sobre todo de sociedades que, como la masónica dicen tener un objetivo en la tierra, con exclusión e independencia de toda finalidad religiosa y váyase directamente, sin provocar dificultades y obstáculos a la consecución de ese fin, que se dice ser el planteamiento de la libertad, de la igualdad y la fraternidad entre los hombres”.
[ii] Constituciones de Anderson. Las Constituciones son reglas y tradiciones a observar por una obediencia, que junto con los Reglamentos Generales, constituyen la ley del francmasón afiliado a ella, y por tanto es un documento fundamental en la Masonería. Su estudio es la pieza clave para la comprensión de la francmasonería. Anderson fue un pastor presbiteriano londinense, que con motivo de la reforma de la francmasonería en Inglaterra, fue nombrado en 1721 para informar con otro notable masón: Desaguliers, sobre los trabajos anteriores de otro masón Jacobo Payne y así se fueron constituyendo diversos trabajos que fueron aprobados por las 20 logias que en aquél momento estaban constituidas en Gran Logia, queda pues como un texto básico de la Ley Masónica, y que está compuesto de tres partes: 1ª/ Desarrollo Histórico; 2ª/ Desarrolla los deberes de la masones y las reglas que han de regir en la Institución Masónica; 3ª/ Contiene cuatro cantos masónicos.
[iii] Templo. Para el masón es el ideal a realizar, es decir, el Templo de Salomón que jamás se acabará de construir. En su acepción alegórica para los masones es la imagen y la representación del Universo y de todas las maravillas y perfecciones de la creación. Fuente de luz y de verdad que la francmasonería ha adoptado como prototipo para la enseñanza y la aplicación simbólica de sus doctrinas. También se llama templo al local donde se reúne una logia
[iv] Logia. Está compuesta por cinco maestros que desempeñan los siguientes cargos: Venerable, 1º Vigilante, 2º Vigilante, Orador y Secretario, luego estaría la Logia perfecta compuesta por siete o más hermanos masones; Triángulo se llama a un taller masónico, en el cual por su escaso número de efectivos o miembros no puede llegar a ser logia Pueden constituir un triángulo un mínimo de tres masones entre los que al menos debe haber un Maestro
[v] Hijos de la Luz. Denominación que se dan así mismos los masones. Hay que tener en cuenta que La luz se identifica tradicionalmente con el espíritu o con la manifestación de la moralidad, de la sabiduría, y de las siete virtudes; el color blanco que se le atribuye atiende a la síntesis de la totalidad. La luz está en relación complementaria con la oscuridad. El simbolismo de la salida de las tinieblas (oscuridad) hacia la Luz está en todos los rituales. Luz y Oscuridad son valores alternantes de la evolución representados en el ajedrezado de la Logia. De ahí que muchos talleres lleven en su nombres dicho término puesto que es la eterna búsqueda del conocimiento iniciativo y la adquisición de la coincidencia de un centro y de una fuerza espiritual.
Y por tanto “Recibir la Luz es ser admitido mediante el ceremonial pertinente de iniciación, y tras pasar por las distintas pruebas de purificación, y prestado juramento de no declarar los misterio de la masonería
[vi] Hijos de la Viuda. Es una expresión bíblica por la cual los masones se designan así mismos y que está tomada del libro de “Los Reyes 17;1-24”. Cuando Elías resucita el hijo de la viuda Serepta. Hiram también es hijo de una viuda de la tribu de Neftalí. La viudez significa en la tradición hebrea “ ser despojado” también está relacionado con el mutismo, incapacidad para articular palabras; así es como el término “Hijos de la viuda” cobra el significado: “Los masones son aquellos que, mudos y despojados en este mundo de exilio, esperan ser rescatados por el maestro” Hay otras explicaciones que expresan que puesto que la Masonería es la viuda del Maestro Hiram, y los masones son sus hijos. Otras exponen que la Masonería es la viuda de todas la ordenes iniciáticas extinguidas, las cuales una vez “ consumido su tiempo” se reabsorben en su germen a fin de atravesar un período de oscuridad simbolizado por el velo negro de la viuda.
[vii] Este Taller dependía de una Gran Logia: Grandes centros de Obreros o masones libres, que en los tiempos antiguos dirigían las grandes obras arquitectónicas y la organización y relaciones de las corporaciones de constructores. Se formó la de Estrasburgo cuando en 1459 las de Alemania se pusieron bajo su autoridad en la Asamblea de Ratisbona. La de Suiza era independiente, permaneció en Berna en el siglo XV cuando la construcción de la catedral, y luego fue trasladada a Zúrich, pero siempre en casos graves y dudosos acudía a Estrasburgo. La de Viena que dirigía las de Estiria y Hungría era independiente, pero acudía también a Estrasburgo.
Después de la reforma filosófica-social de la francmasonería en 1717, la Gran Logia es un cuerpo superior que en algunos países reúne el supremo poder de la Orden (Diccionario francmasónico de Chomin Alonso. Madrid 1999)
[viii] Logias de Adopción. Se denomina así a la masonería compuesta por mujeres, y que estaban bajo la protección de un taller simbólico regular (masculino) que auspiciaba sus trabajos. Hoy en día hay Obediencias que reconocen como tal a las logias compuestas por mujeres, sin tener que estar bajos los auspicios de logias masculinas

Víctor Guerra. Miembro del Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española (CEHME)

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