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25 enero 2015

HEMEROTECA MASONICA ASTURIANA. Noticias en 1967

La hemeroteca que se ha ido reuniendo a  lo largo de varios años, con ayudas varias y variadas en procedencia han hecho crecer en volumen los AZ que ya suman unos 10 volúmenes contendiendo noticias, artículos, reportajes, recuerdos, etc.



El primer trabajo que abre esta modesta Hemeroteca personal, es un artículo publicado en 1967, el 11 de noviembre  en la Revista Blanco y Negro  en el n´º 2897


Un artículo  firmado por  Colin Cross, que centra su trabajo sobre  la masonería en Gran Bretaña, y en el cual resaltaba que la masonería inglesa de ese momento contaba con un capital de 3.400 millones de pesetas.

Es un artículo que sorprende para dicha época pues no sigue la corriente antimasónica al sino que retrata una masonería burguesa y muy enfocado dicho artículo para los «mas media» españoles, que viendo lo tramontanos que eran en aquella época, tal vez fuera peor la de 1970 en adelante con gentes como  De la Cierva y demás…


Víctor Guerra

16 diciembre 2014

Masonería en gotelé

La logia Rosario de Acuña celebra su tercera tenida blanca abierta

Logia Rosario de Acuña, situada en La Calzada. masones, masonería, Gijón Logia Rosario de Acuña, situada en La Calzada.

Pablo Batalla Cueto
Pablo Batalla Cueto   @pbatallacueto   ASTURIAS 24
 
Cuando la mayoría de la gente se imagina una logia masónica, la imagen viene a ser algo así como una lujosa pero oscura catedral subterránea, donde se dan cita hombres poderosos ataviados con togas y sombreros extravagantes, prestos a diseñar, como en un Risk real, las líneas maestras del porvenir del mundo mientras cantan aquello de «Who controls the British crown? Who keeps the metric system down? We do! We do!»

La realidad de la sede que en Gijón alberga a la logia Rosario de Acuña no podría ser, empero, más distante de aquélla. Hablamos de un pequeño bajo de La Calzada, con una tosca puerta de metal tras la cual se extienden dos modestas estancias de paredes revocadas con gotelé; unas encantadoras antípodas del lujo en las cuales se reúnen, dos veces al mes, los en torno a treinta masones de la hermandad para debatir tranquilamente sobre eutanasia, laicismo, la deuda o el misterio radical de la existencia humana.

 A nadie controlan y ningún hilo mueven estos hombres y mujeres cuyos ágapes son de tortilla, jamón serrano y Trina de limón en platos y vasos de plástico blanco. El lujo mayor es un cartel de metacrilato que lanza una consigna vieja y nueva a quien entra en el local: «¿Por ventura es la sociedad otra cosa que una gran compañía en que cada uno pone sus fuerzas y sus luces y las consagra al bien de los demás?».

La logia celebró el jueves su ya tradicional tenida blanca abierta, que en el críptico argot masónico significa una especie de jornada de puertas abiertas, mediante la cual buscan darse a conocer a fin de deshelar los mitos en ocasiones rocambolescos que pesan, siguen pesando, sobre esta asociación de librepensadores. De estas tenidas, la logia Rosario de Acuña ya ha celebrado tres, siempre por estas fechas y siempre con el mismo orden del día: una introducción sobre qué es la masonería y, seguidamente, una ponencia de en torno a una hora sobre algún tema de interés relacionado con la masonería en general o la logia en particular. 

Ambas corren siempre a cargo del abogado Ricardo Fernández, miembro de la logia y experto autodidacta en la procelosa historia de los masones. En esta ocasión, su plancha —así se llama a las charlas en el argot— versó sobre la figura, injustamente olvidada, de la excepcional mujer que da nombre a la logia, única entre más de mil trescientas que lleva nombre femenino en el Gran Oriente de Francia, federación a que pertenece.

Fernández abordó durante en torno a una hora la intensa biografía de Acuña, que nació en Madrid pero murió en Gijón, en una famosa casa en La Providencia que llegó a convertirse en meca de las manifestaciones del Primero de Mayo, después de siete decenios de republicanismo y lucha feminista sazonados de escándalos desatados por la desoladora incomprensión de aquella sociedad atrasada y cainita. 

Antes, otro de los hermanos había inaugurado la tenida encendiendo ceremoniosamente varias velas dispersas por la segunda sala, llamada templo aunque en ella no se celebre culto religioso alguno y llena de detalles de simbolismo a veces evidente y a veces no: un busto de la República y dos columnas corintias con las letras “B” y “J” inscritas en sus fustes; la bandera francesa y una profusión de triángulos: mesas triangulares, sillas triangulares, un triángulo luminoso. Todo remite al tres, el número de principios del trilema de aquel agridulce 1789. La ausencia de dogmas se revela clara cuando uno ve una gran bandera rojigualda compartiendo el espacio con enseñas tricolores dispuestas aquí y allá. No se trata de catequizar, sino de debatir y reflexionar con la ayuda de símbolos que sólo son extraños porque datan de hace dos siglos, tiempos clandestinos de lucha antiabsolutista, y se han conservado así por un saludable respeto a la tradición.

Fernández quiso cerrar la plancha con un pasaje escrito por la propia Rosario de Acuña, de singular hermosura: “El estrecho criterio que informa a todos los mercenarios de la fe nos llevaría de nuevo al légamo hirviente de las edades prehistóricas. Es preciso que apartemos de nuestro camino, con misericordia, pero con firmeza, a esas almas que se yerguen al paso de la razón adulta del hombre, como bloques de granito en abrupta costa; que las rompientes las circunden, y aunque no sean derribadas de pronto, el manso vaivén de las aguas irá desmenuzándolas hasta convertirlas en suave arenal, donde rodarán luego las olas, vistiéndolas de espuma. Nuestra labor sea acaso de siglos, pero su desmenuzamiento es seguro. 

Los límites de nuestro esfuerzo se pierden en las profundidades del porvenir, así como sus durezas se hunden en las oscuridades del pasado. Nosotros vamos hacia el paraíso; ellos vienen del caos». Después se abrió un breve turno de preguntas, que el público aprovechó para preguntar, entre otras cuestiones, por qué Rosario de Acuña acabó en Gijón o si hubo alguna actividad masónica, por mínima que fuese, durante la larga noche del franquismo. Las respuestas a estas preguntas fueron, respectivamente, porque se lo ofreció el Ateneo Obrero y no, nada de nada: el franquismo arrasó la masonería más de lo que arrasó el comunismo, que ya es decir. Sólo desde hace unos veinte años, vuelve a haber masones en España. Si en Francia hay alrededor de 50.000, en toda España no pasan de los 3000.

Acabado el encuentro, el mismo hermano que había encendido las velas al comienzo fue apagándolas con el mismo cuidado con un apagavelas metálico. Un delicado aroma a cera quemada impregnó entonces la estancia mientras salían los asistentes








22 abril 2011

Los papeles Masónicos de Gijón en el archivo de Salamanca



La amplitud de lo incautado, cuando Asturias cae en manos de las tropas franquistas, es ingente en el volumen de papeles, enseres, muebles e inmuebles.

En lo que se refiere a Gijón y a lo estrictamente masónico podemos decir que, tras varios decretos y ordenes del general Cabanellas, de Francisco Franco y de la Junta Técnica del Estado, finalmente, un 22 de octubre de 1937, una parte de los Servicios Especiales destacados en Gijón ponían, tras la caída de la ciudad, en manos facciosas los locales de la Gran Logia Regional del Noroeste, en donde, además de la Escuela Neutra estaban asentados los trabajos de las logias Jovellanos, Riego y el Soberano Capítulo Caballeros Rosacruces «Alberto de Lera», incautándose en el acto de cuanto material obraba en dichos locales, sitos en la calle la Playa, n.º 5 y 7 (hoy, Vázquez de Mella), lugar donde estuvo hasta no hace muchos años la Agrupación Artística Gijonesa. Edificio expropiado y revendido.

Dicha incautación va provocar controversias entre la jurisdicción militar, que representaba Ángel Colmeiro, y la Delegación Nacional de Servicios Especiales, cuyo delegado era Marcelino de Ulibarri. Agria polémica que llegará hasta el 25 de enero de 1941, día en el que el delegado Ulibarri se hace con el preciado botín que tenían los militares como parte del sumario abierto.

Por distintos informes sabemos que la incautación se componía de documentos de diversa índole: títulos o diplomas de masones, por ejemplo los de Crisanto Alonso Pérez, Aquilino Fombona, Nicanor Fernández García, o Álvaro González; también había folletos variados; memorándum de las logias y de la Gran Logia y, cómo no, cartas de unos a otros, por ejemplo las de Pablo Iglesias a Tejedor, u otras de Marcelino Aguirre a Rogelio García y Arturo del Villar.

A los masones gijoneses les había dado tiempo, en parte, a deshacerse de papeles comprometedores como pudieran ser los cuadros lógicos; y, en general, de todo aquello que pudiera comprometer la seguridad de los hermanos masones. De hecho, vemos como en los últimos años carecemos de los listados de miembros de la logia. 
 
Digamos que lo encontrado por los Servicios Especiales de Ulibarri era poca cosa para lo que significaron 25 años de trabajo masónico desarrollado por las distintas logias que se reunían en dicha sede.

Sin embargo, a ese volumen documental que hoy forma parte del bagaje de Salamanca y que está microfilmado, o sea, con una copia en el Archivo Histórico de Asturias, sito en Oviedo, y con el cual se está acometiendo la historia de la masonería asturiana, hay que sumar otros enseres que fueron cargados en varios vagones de tren con destino a Salamanca.

Entre esos enseres había, repartidos por el edificio, muebles, como 4 divanes de terciopelo rojo, y varios bustos de escayola correspondientes a Víctor Hugo, Galán y García, Pablo Iglesias o Rosario de Acuña, los cuales se encontraban en el parvis, o sea, en el vestíbulo de la logia.

En la antesala de entrada al edificio, ricamente amueblada, había un retrato de Jovellanos bajo cuyo patronímico habían colocado los masones gijoneses su taller.

En la cámara de reflexión, donde se introducía a los profanos, se encontraban los clásicos utensilios para la reflexión antes de entrar a las pruebas de la iniciación masónica: una mesa, una calavera, un martillo, varios cartones con diversas máximas. También los requisadores se encontraron con un bastidor, con un esqueleto pintado y, como complemento, un ataúd de tamaño natural que debió de sorprenderles, aunque ello forma parte del atrezo de cierto ritual del grado de maestro.

En la sala n.º 8, así numerada por los Servicios Especiales en su largo inventario, había varias columnas usadas para los diferentes ritos con las iniciales J y B, 24 sables antiguos, 23 espadines y otros utensilios. No es que los hermanos practicaran la esgrima, sino que tenían la misión de construir la llamada «bóveda de acero» con ellos en alguna de las ceremonias masónicas al uso. También se halló diversa vestimenta masónica correspondiente a los distintos grados básicos de la masonería y otra perteneciente a los llamados Altos Grados, todo ello bajo el rito escocés antiguo y aceptado.

En el templo masónico, en donde se realizaban las tenidas, y que los señores de los servicios de incautación titularon como el «salón de actos», se encontraba la mesa del Venerable Maestro, colocada al oriente del taller, y con los utensilios clásicos: mazo, pebeteros, pluma y tintero.

Había también 4 mesas correspondientes a los dos vigilantes de la logia, al secretario y al orador con sus herramientas y símbolos. El templo contenía varias hileras de sillas, para 24 miembros. El cuadrilongo se hallaba decorado y adornado con los símbolos propios y con el estandarte de la logia, un escudo que suponemos de la Gran Logia.

En la secretaría había varios armarios y butacas, un cuadro con el personal docente y el alumnado de la Escuela Neutra de Gijón. Se decoraba la estancia con varios bustos y fotografías referidas a Stella Margarita, a Rafael del Riego y al político alemán Stremann, así como diversos objetos, entre ellos variados libros y folletos. 
 
Lo cierto es que hoy todo ese material compone, en gran medida, la exposición masónica del Archivo de Salamanca, en la cual se representa, con todos esos elementos, una logia abierta al público, siendo la mayor parte de ese material el que Ulibarri se llevó de la Gran Logia Regional del Noroeste. Hasta parte de los capuchones que visten algunos maniquíes de los que se hallan en la logia representada son de la sede gijonesa.
Tal y como se están poniendo las cosas, será cosa de revindicar desde la opción personal, institucional y asociativa, la devolución del material incautado. Eso sí, a cambio nos comprometemos a devolver a Salamanca los microfilmes que en su día se enviaron a Asturias. Todo ello en justa correspondencia con lo que se le ha entregado a Cataluña, ya puestos a abrir el melón.

Pues eso, que igual alguien chifla en el gobiernín astur, o se da cuenta de que tener un museo masónico en Asturias puede ser un puntazo, aunque tal cosa ya se le ofreció en su día al alcalde de Nava, cuando estaba en venta el edificio donde se ubicaba la botica de Gustavo, en Acevo, en Nava, punto de reunión del taller masónico naveto y que, de haberlo conseguido, hubiera supuesto para la villa todo un puntazo a bajo coste, con tanto morbo como anda suelto, y cuyo edificio hoy ha desaparecido.

Aunque nos queda la casa de Failiellu, en Sellaño, Ponga, con símbolos masónicos  interesantes y únicos en Asturias. Conseguirlo será cuestión de calentar motores y y de ver como responden los nuevos rectores políticos de las regiión

Ironías aparte, está claro que los únicos que deben ganar en todo este trance son las compañías de transporte y de seguros, porque los historiadores perderemos la oportunidad de trabajar en un sitio centralizado y que representa la memoria histórica en sí mismo. Debemos tener cabal memoria de por qué y cómo se hizo la ruptura cuando uno visite el Archivo de Salamanca, para no olvidar, ni desperdigar lo que aquello ha representado.

Por otro lado, al personal político le parece más vital pedir la devolución y repatriación nacionaliega de papeles que preocuparse por su futuro y conservación. No hace mucho desplegaba el que suscribe una pequeña campaña, entre gente sensible a estos temas, acerca de la mejora en la catalogación y conservación de mandiles, diplomas y títulos masónicos, que son una maravilla en cuanto a iconografía y simbología, amén de la gran importancia que revisten per se, dados los materiales utilizados: desde el papel, a la tela, al pergamino etcétera. Muchos de ellos están metidos, sobre todo los títulos masónicos, en los expedientes personales o logiales, con lo que dichos materiales sufren y se deterioran.

La contestación a tal cuestión, que mejoraría la conservación y desdoblaría un fondo ya de por sí interesante, dando a conocer de este modo una gama nueva de documentos perdidos entre otros muchos, he de decirles que ha sido nula. Ahora sí, apretarse para cerrar filas para la recuperación de papeles parece estar a la orden del día y a eso se apunta todo el mundo.

Lo que esto da a entender es que la conservación importa un bledo, así como la memoria histórica, todo lo cual se resume muy bien en la canción de María Dolores Pradera «Devuélveme el rosario de mi madreÉ y quédate con todo lo demás».

Víctor Guerra MM.:. del Rito Francés,  y es  miembro del Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española (CEHME) y del Institut d´Études et de Recherches Maçonniques (IDERM), Francia.
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