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27 marzo 2013

Pedro González Blanco director de Latomia y su libro Masonería

Desde que conocí el trabajo y la personalidad de Pedro González Blanco, siempre tuve en mente en hacer algo para que su figura y su trabajo fuera conocido, y ha llegado la ocasión de presentar la re edición de un pequeño libro que el escritor y francmasón luaunquín realizó, supongo que con la idea de dar a conocer campos abiertos a la especulación investigativa.
cuadernos-de-cultura-la-masoneria

Por ese motivo cuando me encontré con este viejo texto muy raro y hasta casi podría decir que es inencontrable no dudé en su re edición a través del apoyo que me ha ofrecido la Editorial Masónica.es, aporto pues parte del trabajo introductorio para un mejor conocimiento del libro.

Título: Cuadernos de cultura    Subtítulo: La Masonería
Autor: Pedro González-Blanco     Estudio preliminar: Víctor Guerra
Colección: Serie Azul (Textos históricos y clásicos)
1ª edición, enero 2013
ISBN (edición impresa): 978-84-94095-00-9   ISBN (edición digital): 978-84-94095-01-6
Depósito Legal: AS-03995-2012
Tamaño: 210 x 140 mm   Páginas: 118
PVP: 11 euros 

Parte de Introducción al libro de Pedro González Blanco:

Con apenas un poco más de tres años de andadura como masón Pedro González Blanco en 1934 en plena estancia en España y desarrollando las labores de director de la Revista Latomia, (ya casi finalizando su andadura) manifiesta sus preocupaciones iniciático masónicas no ya en la revista sino que las vierte en un pequeño libro, que hoy reproducimos.

Dicho libro se edita en su momento  en el proyecto editorial de los Cuadernos de Cultura, cuya redacción se encontraba en la calle Luis Morote 44 de Valencia, siendo esta editora dirigida por un importante francmasón: Marín Civera[1], que era además un «militante en la CNT valenciana, reconocido por su importante trabajo como editor, sobre todo por haber sido el principal impulsor de los Cuadernos de Cultura, con un centenar de títulos publicados quincenalmente entre 1930-1932. Se trataba de una colección didáctica y muy asequible en la que la presencia anarquista coexistía con la pretensión general de «difundir entre el proletariado conocimiento científicos de todo tipo», y con firmas republicanas, incluso de conservadores contrarios a la monarquía; la distribución de los Cuadernos la efectuaba la revista Estudio».[2]

El libro La Masonería, es un opúsculo de unas 48 páginas de diminuta letra, y con un formato de 16,5 x 11,5 cm; y en cuyo seno el autor toca realmente muchos temas como los Orígenes, La Masonería Especulativa, La Gran Logia Inglesa, Las Constituciones, el Ritual, etc.

TEMATICA
A través de una serie de capítulos de muy distinta extensión, y de una forma cronológica y metodológica Pedro González Blanco nos va trasmitiendo su visión de la masonería, que como veremos está a caballo entre una teodicea anglosajona de la masonería en la que él en parte cree, pero muy distanciada su puesta en escena en las logias del primer tercio del siglo XX en las que él trabaja.

Esa tensión entre los polos opuestos la va a ir desgranando en pequeñas concreciones que nos pueden en cierto modo descolocar por su planteamiento, dada la imagen que se ha trasladado de la masonería de ese siglo, y sobre todo la comprendida entre los años 1931 y 1936, de una masonería muy politizada, mientras que Pedro González Blanco nos expone otra perspectiva de reflexión muy diferente y en cierto modo muy distante, y que aún hoy es el nudo gordiano entre ambas planteamientos masónicos.

En general Pedro González Blanco en el libro demuestra un conocimiento bibliográfico masónico intenso e importante y ello lo va mostrando, tanto en la edición de los distintos números de la Revista Latomia, que cuenta en cada uno de ellos con una extensa recensión bibliográfica muy recomendada, y además su conocimiento llega más allá al citar a autores y materias que en general debían estar como muy vedados al resto de la masa masónica, y a las que él estaba accediendo dadas las notas y remisiones que constantemente realizaba a sus textos. Esto cobra aún más importancia cuando comprobamos que esas lecturas luego no parecen estar en las bibliotecas de las logias, sino que eran patrimonio personal de los masones, pues en los inventarios de registros de los servicios documentales franquistas a los locales de las distintas logias y de las sedes regionales no se encuentran ese tipo de lecturas.

No cabe duda de que su trabajo como profesor de filosofía, y versado traductor de obras del alemán y del inglés le hacer ser un hombre muy docto en el conocimiento y manejo de los fondos bibliográficos, su búsqueda y accesibilidad a ese conocimiento lo vamos a ir viendo plasmado en los textos que van trufando sus artículos.

Es por otra parte un autor que no se arruga a la hora de mostrar sus opiniones, que como ya he expuesto en más de una ocasión iba un poco a contracorriente, ya que además de la inmersión en el conocimiento francmasónico que va exponiendo a lo largo de varios apartados en que divide su pequeño libreto, abre todo un melón sobre la edulcorada visión sobre la masonería y sus tópicas historias, al muy actual, y hasta creo que muy poco comprensible o creíble para aquella época.

En las diferentes temáticas va derramando su particular visión y pensamiento, y nos va dejando perlas sobre dicha materias: la Masonería Especulativa, el nacimiento de las Grandes Logias, lo que nos muestra un autor muy encima de la masonería de momento y sobre los asuntos que se estaban desarrollando tanto dentro del orbe francés como anglosajón, pese al poco tiempo que llevaba en masonería, apenas cuatro años, y pese a ello nos presenta un panorama de trabajos, aún hoy, muy actuales, y que por ejemplo se están debatiendo muchos de ellos dentro del pensamiento masónico francés de última hornada.

Por tanto, el Hermano Bolívar empata en su época con las exposiciones de la Escuela Auténtica de Gould sobre la masonería, que son las que le hacen decir en 1933 que Anderson pese a que ha traspasado el umbral de la historia hiramista «su talento era muy mediano… y era deplorable escritor», redundando una vez más en el axioma de que estamos ante una «crónica fantaseada», tal y como hoy podemos ver en los trabajos de autores como Roger Dachez, y su L´invention de la franc-maçonnerie.

Sorprenderá ver a un Pedro González Blanco alambicarse en una masonería liberal como la española de los años 30, masonería muy comprometida en lo político, y plantear cosas que hoy suenan más una «masonería regular» que al producto lógico de la incardinación en una masonería liberal como la del GOE o la GLE; pero el Hermano Bolívar como buen teósofo y esoterista[3], podemos decir que su concepción masónica está más cerca de las tesis que definen a la Gran Logia Unida de Inglaterra y los «Antiguos», al menos al expresar esa idea de que un masón debe «creer en Dios y obligarse a la ley moral, es decir … ser cristiano pues la masonería toma la defensa de la religión de Cristo, sin rebozo ni atenuaciones de ninguna especie».

No es algo fácil de digerir lo expuesto, al menos para una masonería liberal tanto desde la masonería de los años 30 como desde la perspectiva actual, pero hay que tener en cuenta la fuerte inclinación esotérica del propio Pedro y parte del grupo en el cual se insertaba, y la tensión con el momento en que viven logial y políticamente, momentos aquellos que por ejemplo le hacer decir a otro compañero de andanzas editoriales como es el francmasón Mariano Benlliure, que:

"Aquí en España, a pesar de que imitamos a la masonería francesa y de que nuestro anticlericalismo es tan burdo y fanático, por lo general, como el peor clericalismo, hemos conservado en nuestra declaración de principios el antiguo «landmark» de la creencia en Dios, y en nuestro rito y simbolismo la fórmula del «Gran Arquitecto del Universo» (…) No obstante, sí hay discusión. Se quiere dar cabida en nuestras logias, y no solo cabida, sino preponderancia, al más radical ateísmo materialista, a esa concepción mecanicista del Universo que representa la más rotunda negación de todo sentido deísta».[4]

A tenor de este texto queda patente el valor de estos masones que editaban la revista Latomia, y plantean tanto el Hermano Bolívar, como el propio escultor Benlliure, lo que nos viene a demostrar su contemporaneidad y los presumibles encontronazos con la idiosincrasia de las Obediencias en las que se inserta en sus dos períodos el proyecto de la Revista Latomia, tanto dentro del Gran Oriente Español como de la Gran Logia Española.

El texto que reproducimos de Pedro González Blanco La Masonería, viene a describirnos, un poco como de pasada, esa tensión que ha tenido de siempre la masonería española, la cual se ha movido entre las dos grandes inclinaciones y praxis, entre los dos polos opuestos que representan por un lado a la Gran Logia de Unida de Inglaterra, y por otra el Gran Oriente de Francia.

En todo caso Pedro González no hace de esta creencia y posicionamiento, un caballo de batalla, aunque su empreño desmitificador tampoco le hace parecer miope, y entra como hoy diríamos a saco en temáticas como la leyenda de Hiram y su desarrollo, planteando algunas cuestiones que deja por ejemplo en el apartado de El Mito de Hiram y la hipótesis judeo cabalística en Masonería, las cuales hoy se afirman como innovadoras en los discursos sobre la mitología hiramista y su repercusión en el quehacer masónico; tal y como proyecta en estos mismo momentos y con mucha más amplitud y actualidad Roger Dachez en Hiram et ses frères.

El discurso que desarrolla Pedro González se articula en base a la religión natural andorsiana como punto de Unión de los hombres, a la vez que se fundamenta sobre una base racionalista que le hace decir que el «Dios de los deístas, que reina pero no gobierna, se parece demasiado al Gran Arquitecto del Universo».

Esa misma tensión entre el espiritualismo y el racionalismo la vemos clara, y de nuevo vuelve a empatar con la visión de su compañero Benlliure, cuando nos dice que las bases masónicas francesas se jacobinizaron perdiendo su campo «neutral» haciendo de esta una «religión francmasónica racional y filosófica» constituyéndose en escuelas de formación a modo de «emancipación de las almas y la autonomía de las conciencias individuales».

Refiriéndose, por ejemplo al caso de España, no duda en calificar el trabajo que se debería realizar en las logias como «lugares de recogimiento y de serenos análisis- y no en clubs de vociferantes y de ambiciosos. Desde entonces, y aun descontando la contribución que al triunfo de las esencias liberales prestó la masonería española, y descubriéndonos ante los mártires de la idea democrática, la Orden pasa en España por la más honda crisis que haya podido asaltar a una institución».

Poco a poco y de forma muy condensada y precisa, y a base de finas pinceladas Pedro González Blanco nos habla de la masonería inglesa, en el apartado ¿Por qué la masonería nace o se renueva en Inglaterra? Cuestión ésta que va a reforzar con el artículo La masonería Inglesa, donde trata la cuestión de la famosa «polémica entre Antiguos y Modernos».

A decir verdad, no anda sobrado de aciertos el masón de Luanco, pues no en vano utiliza una buena y amplia base documental para desarrollar sus tesis, ya que parte del conocimiento y lectura de quien se puede considerar como el precursor que empezó a revisar la historiografía masónica hecha hasta el momento, (Gould) del cual a su vez Pedro González Blanco va a ir plasmando no solo con retazos en este librito, sino también en densos artículos que se fueron insertando en los diferentes números de la Revista Latomia, los cuales a su vez fueron la materia prima para este acercamiento tan rompedor titulado La Masonería.

Ya he expuesto que su inclinación pro inglesa, o «regular» no le impide por ello darnos una visión sobre la masonería en el Continente, a la cual no duda en calificar de desnaturalizada, tal vez por su politización a ultranza, pero también por esa historia rosa y caballeresca, y aunque no lo expone así de claro, sí que utiliza de forma muy innovadora para su conclusiones las herramientas rituales, como son las divulgaciones del siglo XVIII como la Ordre Trahi …, por ejemplo para llamar la atención a cerca de la desmitificación del culto al mito del Caballero Ramsay, al que titula sin quitarle cierta trascendencia en cuento al «pacifismo y tolerantismo», y su importancia masónica, pero calificándole a la vez y como el mismo Chevel hace, de «un personaje enigmático, mediocre en el fondo, pero activo y decidido, propagandista con pretensiones de pensador, un hombre que tuvo su hora de acción eficaz, no para conducir a los hombres, sino para desviarlos».

Hay otra curiosidad que plantea el autor acerca de la alianza entre Escocismo y misticismo, el cual se va entreverando en la columna vertebral de la masonería y, que Pedro González Blanco nos expone como el resultado de las perniciosas consideraciones que ello ha conllevado para la propia masonería ya que de «este neo ocultismo salen todas las desviaciones masónicas: Iluminismo, Martinismo, Estricta Observancia, etc.»

Al final del libro, el autor lunanquín entra de lleno en unas componentes que ya estaban dentro del desarrollo de su obra profana, como es el tratamiento de grandes personajes, y en este caso introduce en el librito varios textos interesantes, como son los referidos a la defensa de los «Muratore» que hizo fray Benito Jerónimo Feijoo, o la cuestión del Duque de Alba y su presencia en la cuestión de la expulsión de los Jesuitas, o la analogía de sobre Goethe y la masonería, que son junto con la cuestión de Hiram los temas que cierran la pequeña obra que nos legado.

En suma, estamos ante un autor lúcido, ante un masón atrevido en el pensamiento y en la acción, que fue capaz de poner en marcha la mejor revista masónica española del momento, como fue Latomia, y cuyos planteamientos y presupuestos recoge en el librito La Masonería , el cual hoy ponemos en sus manos, como una pieza interesante para conocer el pensamiento de los masones españoles, en este caso el de un grupo de Hermanos que se coaligaron para darnos su visión heterodoxa de la masonería allá sobre 1933, los cuales a decir verdad que iban un tanto a contracorriente… pero hay que reconocer que, hoy ochenta años más tarde, sus reflexiones constituyen el eje central de una determinada reflexión masónica muy en boga, y aún sin resolver, y que nuestro francmasón asturiano supo exponer para conocimiento y debate de sus contemporáneos.

Víctor Guerra García MM.:.

[1] Marín Civera fue iniciado el 20 de enero de 1925 en la Logia Patria Nueva Nº 4 de Grao, Valencia, perteneciente al Grande Oriente Español, con el nombre simbólico de Mario. Exaltado al Grado 2º en junio de 1925 y al 3º en noviembre de 1925, desempeñó con frecuencia, dentro de su Logia, los cargos de mayor responsabilidad: Venerable Maestro, en 1928, Segundo Vigilante, en 1932, y Primer Vigilante, en 1933. Así mismo gozó de la confianza y el reconocimiento de la Gran Logia Regional de Levante, que le eligió para ostentar su representación en distintas tareas[15]: cuando dicha Logia Regional constituyó, en marzo de 1928, la Fundación Cultural Blasco Ibáñez, Marín Civera formó parte, como Vocal, de la Comisión Gestora encargada de iniciar su funcionamiento tres meses más tarde asistió como representante oficial de la masonería de Levante a la Asamblea Nacional Simbólica celebrada en Gijón; a mediados de 1930 se le designó Segundo Vigilante de la Comisión de Gobierno de la Regional Centro, establecida de modo interino en Valencia por decisión del Gran Consejo Federal Simbólico, ante los conflictos internos surgidos en el seno de la masonería madrileña; y en julio de 1934 se le incluyó entre los Maestros Masones que reunían condiciones para ser elegidos Gran Maestre Nacional. http://www.terra.es/personal2/cap.nemo/civeramason.htm#_ftn17.
[2] http://kaosenlared.net/america-latina/item/14060-homenaje-a-marin-civera-mart%C3%ADnez-un-anarcosindicalista-que-fue-tambi%C3%A9n-marxista-o-que-al-menos-lo-intent%C3%B3.html
[3] Su hermano Edmundo González Blanco, al que no recogemos como masón tradujo una novela de importantes influjos ocultistas titulada El Idilio del Loto Blanco.
[4] Sánchez Ferré al respecto nos indica que la obligatoriedad del GADU estaba en el seno del GOE, pero no así en la GLE, y que esa obligatoriedad del landmark vendrá dado por la incorporación de la GLE a la Asociación Internacional Masónica (AMI) en octubre de 1921.

07 febrero 2013

Victor Guerra en la LNE con el libro LA MASONERIA


La Nueva España

Víctor Guerra ahonda en la obra de los tres hermanos González-Blanco

Dos de ellos, Pedro y Andrés, estuvieron relacionados con la masonería

07.02.2013 | 01:56
Víctor Guerra ahonda en la obra de los tres hermanos González-Blanco Víctor Guerra ahonda en la obra de los tres hermanos González-Blanco

Luján PALACIOS

Los hermanos González-Blanco, originarios de Luanco, llegaron a ser conocidos en los ambientes literarios madrileños en virtud de sus trabajos de traducción, periodísticos y poéticos. Dos de ellos llegaron a tener vinculaciones con la masonería, pero su figura continúa siendo desconocida para el gran público. Víctor Guerra, considerado la máxima autoridad en investigación sobre la masonería en Asturias, ha profundizado en la obra de uno de ellos, Pedro González-Blanco, crítico literario, teósofo, traductor e introductor de Nietzsche y director de la revista masónica «Latomía». Pedro ha sido «el más desapercibido de los tres hermanos», relata Guerra, toda vez que su vida transcurrió con largas estancias en Latinoamérica. Allí «entró en contacto con Carranza y Pancho Villa, se casó en Santo Domingo y fue un tipo aventurero».
A su vuelta a España entró en contacto con la Logia Unión en 1928 en Madrid, y empezó a redactar la revista «Latomía», de la que salieron tres volúmenes. Víctor Guerra ha buceado en sus escritos y ha localizado un pequeño libro sobre masonería, obra de Pedro González-Blanco, editado en 1930. Guerra lo ha transcrito, le ha redactado una introducción y ha añadido varias notas a los «Cuadernos de Cultura. La Masonería», un trabajo que presenta esta tarde en el Club LA NUEVA ESPAÑA de Gijón, a las 20.00 horas en la Sala Cultural de Cajastur Monte de Piedad.

El investigador también hablará sobre Andrés González-Blanco, novelista, poeta y crítico literario que se inició en la Logia Ibérica en Madrid, así como de Edmundo, el primero de los hermanos en edad que no llegó a establecer relaciones con la masonería, y que alcanzó notoriedad como autor de una famosa versión, la primera completa, de los Evangelios Apócrifos. También fue autor de novelas como «Etapas de una degradación» y «Jesús de Nazaret».
Los hermanos tienen una calle el Luanco, pero su obra no ha alcanzado «toda la difusión deseable», sobre todo porque «estuvieron más en contacto con los ambientes intelectuales de Madrid que con los de Asturias», cuenta Guerra. Esta tarde ahondará en la vida y obra de los tres creadores en un acto con entrada libre hasta completar aforo

03 febrero 2013

Memoria Histórica sobre Pedro González Blanco por Victor Guerra

cuadernos-de-cultura-la-masoneria
Los Hermanos González Blanco son naturales de Luanco (Asturias) y uno de ellos Pedro González Blanco escribió un librito: MASONERIA,  en 1933, que se presentaré  en Club del Diario LA NUEVA ESPAÑA de GIJON, el Jueves 7 de febrero del 2013 a las 20 horas.

EL POR QUÉ DE ESTE LIBRO.
Tal vez la mejor justificación para reeditar este libro de Pedro González Blanco (Escritor y traductor) Pertenece a una saga familiar de escritores nacidos en Luanco (Asturias). Tras su estudios universitarios y andanzas por Madrid inicia un azaroso periplo existencial por Latinoamérica recala de nuevo en España para comenzar su carrera masónica (1930-1939) insertándose en la Respetable Logia La Unión del Gran Oriente Español (GOE) y radicada en los valle de Madrid.

Junto con Hermanos como Serradel, Benlliure, etc… y otros cofunda otras logias y lanzará dentro del GOE y también de la Gran Logia Española (GLE) la revista Latomia, que dirigirá durante cuatro provechosos números que concluirán casi que a la par que escribe este pequeño trabajo LA MASONERIA , síntesis de su pensamiento acerca de la masonería y sus desarrollos historiográficos.


Tal vez sobre su propia obra sea tal vez la mejor explicación que él mismo en:  Unas palabras Aclaratorias:

"Más anda tan pobre la bibliografía masónica por tierras de España, que aumentarla con esta poquedad más, no me parecido del todo desconcertado.
Lean estas páginas los que conocen del arte real, advertidos de lo poco que valen. Y si los enterados sacan de ellas alguna sugestión, o siquiera alguna noticia, se dará por harto satisfecho"

Ha sido mi intención con esta puesta en valor de este libro "La Masonería" al reeditarlo dar a conocer a un masón asturiano de la talla de Pedro González Blanco, nacido en Luanco en 1879 y fallecido en el año 1961 en Villaseca de la Sagra (Toledo) el cual además de tener una azarosa vida, ha sido un preclaro pensador masónico que dejó patente sus reflexiones en la revista Latomia (1932-1934) y este mismo libro

Por tanto les dejo con una vieja reseña sobre Pedro González Blanco y su trabajo al frenter de la Revista Latomia  que publiqué en  2008.


El luanquin Pedro Gonzalez Blanco y la revista Latomia


Pedro González Blanco[2], nacido a diferencia de su hermano Andrés, en Luanco (Asturias), y es curioso lo que son los olvidos históricos, pues si bien se dedica en las hagiografías asturianas un abundante espacio a sus hermanos: Andrés y Edmundo, a Pedro se le condena al ostracismo más absoluto. Quien nos vuelve a dar noticias de la vida de Pedro González Blanco es "El Españolito" en su trabajo sobre los escritores asturianos.

Comienza estudios en la Universidad Central de Madrid en la facultad de Filosofía y Letras, que no puede concluir pues en ese interín fallece su padre y la situación económica en que queda la familia, pues no es muy halagüeña, hace que tal circunstancia que empuje a tomar el rumbo de las "américas" al amparo de uno sus tíos allí establecido. Aquello no le convence y regresa de nuevo a España para seguir en sus labores de escritos y ensayista. Aunque hay quien le considera poca cosa, lo que contrapone el preclaro Constantino Suárez:
"En la "generación del 98" fue Pedro González Blanco miembro activo, acaso el más joven. No, es cierto lo que dice Cansinos Assens de que la labor de González Blanco en esta época se limitara a una docena de artículos en la república de las Letras; cierto que nunca se ha mostrado muy fecundo escritor, pero acaso este tiempo de su juventud se caracterice por una mayor producción"[3].

Sea como fuere, y aparte de las vendetas propias entre escritores, Pedro colabora en varias revistas del momento: Vida LiterariaHelios, La lectura y también es encontrable su firma en los diarios: El Imparcial y El Liberal, y como no podía ser menos escribía en el periódico anticlerical El Motín que dirigía Nakens, donde utilizaba el seudónimo de Doctor Atizando Yesca.

En 1905 contrae matrimonio con la profesora Crescencia Alcañiz y tres años más tarde embarca hacia el continente americano, será en Cuba donde mejor se le localice pues allá colaborara con el prestigioso periódicoDiario de la Marina. La vida de Pedro González en casi de periplo aventurero, pues viudo de Crescencia, se embarca con el poeta Santos Chocano en la aventura de recorrer todo el continente. Será en una estancia en Guatemala, cuando contrae matrimonio con la sobrina del presidente de la República Estrada Cabrera, Doña María Albaudín.

En Méjico se le encuentra al lado de los revolucionarios del francmasón Venustiano Carranza, que le ayuda económicamente, pero todo tiene un límite y Pedro González, cansado de sus correrías regresa a España donde desarrolla labores de traductor a la vez que escribe diversos estudios históricos. El país se viene abajo y en 1939 Pedro González Blanco regresa a Méjico.

Pedro González Blanco y la Masonería


Su carrera masónica comienza en la logia Unión,
Esta logia se funda en abril de 1927, a finales de la Dictadura por lo jóvenes radicales, procedentes de la logiaIbérica, y separados por los problemas habidos en la Regional Centro, según Gómez Molleda la causa era:

"La contraofensiva a la operación Azaña pensada por los amigos de Lerroux. En la logia había un grupo de masones radicales incondicionales de D. Alejandro, dispuestos a minar le terreno al Presidente de Gobierno en la Orden y a apoyar la política lerrouxista, impidiendo que los afiliados secundasen masivamente la política gubernamental "

Su cuadro de luces lo encabeza el abogado Juan Serradell y Farrás, Cipirano Bernal de Puga y tres periodistas: Francisco Escola Besda, Rafael Gerona Martínez y Miguel Cámara Cendoya, luego se afiliarán varios miembros de la Mare Nostrun de la Gran Logia de Española, entre ellos Rodríguez Vera.

en dicho taller se inicia en abril de 1928 imponiéndose el simbólico de Bolívar, en el cuadro lógico de 1932 figura como 2º Experto, aunque un año más tarde en enero de 1933 es irradiado por haber desempeñado cargos de forma irregular, y como hemos entrevisto el fondo todo ello responde a una operación política entre el grupo de Lerroux e Iniesta.

Esta situación le lleva abandonar obligatoriamente la logia Unión, y aunque puede parecer que su vida masónica concluye con esta sentencia[4], pronto le vemos incardinado dentro de la sociabilidad masónica en el seno de lalogia Hiran con el cargo de Orador, y en abril de 1934 figura como Garante de Amistad de la logia Conde de Aranda nº 97 de Madrid, con sede en la Plaza del Congreso. Taller, este último, en el cual desempeñará en cargo de 1º Vigilante, aunque no parece constar en los cuadros lógicos de ambas logias[5].

Lo que no deja de se curioso por que según los informes procurados por el Tribunal de la Represión y la Masonería, el hermano Bolívar, no alcanzó nada más que el segundo grado del simbolismo, el de Compañero (2º), cuestión harto imposible puesto que para desempeñar los importantes cargos de Orador, y 1º Vigilante, es necesario y obligatorio ser Maestro (3º).

Pero Pedro González Blanco es algo más que un simple masón de a pie que cumple con sus obligaciones para con sus hermanos en las tenidas, el va a ir más lejos y es cuando le veremos al frente de la prestigiosa revista masónica Latomia[6]en la cual firma varios trabajos: Rectificaciones Históricas, es uno de ellos, y es claro que sus opiniones no gustan, por el tono y lo que en en ellas expresaba. En opinión de Pedro González:

"No había rama de la historia más necesitada de rectificar errores que la historia d e la masonería. Según este autor, el secreto que los cofrades se exigía y la desaparición de los archivos había sido campo abonado a todas las fantasías y a todas las invectivas: Díaz Pérez, el supuesto Jhon Truth, Morayta, los modernos Usero, Suárez, Guillén y Díaiz, no se han tomado más trabajo que el de copiar a Thory, ante todo; a Clavel y a Fidel, en segundo término. Sin el Acta Latomorun no habría escrito Truht y Díaz Pérez sus libros; y Morayta inconsultadamente la mayor parte de las veces, atribuye a la Masonería funciones que no siempre su por cumplir. Los demás autores citados giran alrededor de los dicho por estos tres o cuatro historiadores"[7]

Era claro al tenor de lo que estamos leyendo, que Pedro González y la revista Latomia marcaban el estilo de la logia Unión, bandera de referencia dentro de la Regional del Centro.

Sus temáticas de reflexiones históricas y su encubierto desdén por los partidismos que se daban en el seno de las logias de Madrid, no la hacían muy querida por algunos de los sectores masónicos, pues además de desear una "vuelta atrás" en tanto que opinaba que: "La República ha creado en España a la francmasonería un grave problema de orientación. La política partidista tiene a penetrar en los talleres, y la historia y nuestros precedentes nos enseñan las fatales consecuencias que puede producir en nuestra Orden tan nefasta introducción" junto con las opiniones vertidas por el hermano Bolívar no les debía hacer mucha gracia a diversos sectores del masonismo español.

Por otro lado tal revista se aperturaba al exterior, o sea hacia el mundo profano, exponiendo artículos, que según algunos esos mismos sectores contrarios a esa tendencia, en la revista se divulgaba en exceso los llamados secretos masónicos. Sin embargo hoy tal revista es todo un referente en cuanto al carácter de los trabajos publicados.

El primer número se editó en el mes de agosto de 1932, aunque no salió hasta noviembre, constaba de ocho secciones fijas, y el consejo de redacción estaba compuesto por Mariano Benlliure Tuero, Pedro González Blanco, Manuel Pérez Aguirre, Antonio Llagunes Rafael Gerona y Teófilo Moreno.




[1]AHNS. Expediente A552.
[2]AHNS. Expediente personal. A 11/14.
[3]SUAREZ, Constantino, op.cit., pp.261-265.
[4]Como hemos visto antes de producirse la irradiación, se habían procurado las preceptivas "planchas de quite" con lo cual se ponían a salvo de cualquier obstrucción para no seguir trabajando en el seno de la masonería.
[5]En el expediente de Pedro González hay varios testimonios de retractados que le adjudican la membresía a tales logiasHiran Conde de Aranda. AHNS. Expedientes. A 735-1; 733-15.
[6]Sobre esta revista en el X Symposiun presentó un trabajo el profesor SANCHEZ FERRE, Pere, La Revista Latomía y la logia Unión de Madrid. Pag.
[7] AHNS . Revistas 1/1 Rvta. Latomia, Vol.II. Madrid 1933, pag. 45 "Sobre el Arte Real".

Otras Referencias: 
http://es.wikipedia.org/wiki/Pedro_Gonz%C3%A1lez-Blanco
http://cvc.cervantes.es/trujaman/anteriores/mayo_11/17052011.htm
http://www.lne.es/aviles/2010/11/26/humanismo-luanquin-mexico/999562.html

Victor Guerra

04 junio 2008

Los Jovellanistas. ¿Una sociedad secreta..?

En la prestigiosa revista masónica Latomia, que dirigía el luanquin Gonzalez Blanco, boletín o casi libro que era el órgano de expresión de la logia Unión de Madrid, se publicaba este artículo en 1932.

En 1835, dice el Sr. Pizala [Historia d ela Guerra Civil t. IV,pag. 664] principiaron a organizarse de nuevos los masones escoceses- en realidad nuca estuvieron del todo desorganizados, pese a la afirmación del historiador citado-; en el mismo año y en el siguiente los “Jovellanistas”.

Esta sociedad, también secreta, representaba el partido moderado, y aquélla el que luego se denominó progresista.

Considerábanse como jovellanistas los generales Rendón, Ceballos Escalera, conde de Mirasol y algunos otros. La Masonería escocesa recelaba de ellos y quería suplantarlos por coroneles de su confianza. ¿Pero, en realidad, existieron los jovellanistas? ¿Fue simplemente esta Sociedad Secreta un ente de razón inventado por los progresistas para acusar a los moderados de tener también una Sociedad Secreta? Todo parece confirmar esta aserción, más lo cierto es que el propio Espartero, si no cabeza, brazo del partido progresista, lo creyó así.

Lo cierto es que de las maquinaciones de los progresistas surgieron los jovellanistas, dando aires de secta a lo que nunca pasó de cábala e intriga política.

La representación de Espartero, documento histórico de suma importancia, dice en uno de sus párrafos: “ No podrá menos de deducirse la existencia de un proyecto para fomentar la revolución, el desorden, o por lo menos una alarma, que bajo la sombra de la noche introdujese la confusión y diese ostensible pretexto al General Narvaez de acometer con sus fuerzas, para que saliendo, como cierto alboroto, como oportuna la previsión y como necesaria la medida de investir con la dictadura a la persona determinada por las inteligencias- a los moderados se les llamaba sarcásticamente Los de la suprema inteligencia; más tarde llamarían en México a los porfiristas científicos- quienes sabrían robustecerla, dando al suceso el color que convinieses a la extensión de sus miras. Fácil es calcular hasta dónde hubiesen llegado las pretensiones, y hasta dónde los efectos del vasto plan que hace mucho tiempo se fraguan, según la voz publica en la tenebrosa Sociedad, que la misma señala con el nombre de Jovellanos.

Y sin embargo, aunque se llegó a publicitar el reglamento de ella, la tenebrosa Sociedad no existió nuca. Rossel en sus adicciones a la Historia de España, del padre Mariana. Escribía en 1842: “la famosa Sociedad Secreta de Jovellanos, que pensamos no se conoció sino en el nombre, o como un informe embrión abortado para espanto de los crédulos..”

Flórez – Historia de la vida de Espartero- dice , sin mayores probanzas, y en forma un tanto dubitativa, que los enemigos de la libertad “estaban en realidad secretamente asociados, con la denominación de jovellanistas o alguna otra adoptada últimamente, puesto que esto de los nombre es accidental…”

Añadiendo en otro lugar que entre los que figuraban en las listas de Jovellanistas que circulaban por Madrid estaba González Bravo.

Pizala publicó en su Historia de la Guerra Civil en el tomo III, pag 424- El reglamento de los Jovellanistas, trasunto fiel de otras sociedades análogas, con un preámbulo perfectamente vacuo e hijo de una pluma adocenada. Cabalmente entre los moderados abundaban los buenos literatos.

Se dice que en el sello de la fantástica Sociedad había una leyenda en latín de esta guisa: acheronte movedo”. En todo caso diría Acheronta movebo, Lo moderados eran buenos latinistas; pero sobre todo moderados, y no parece lógico que tomaran en nombre del orden la divisa: Flectere si nequeam superos, Acheronta movebo; esto es Si no logro atraer en mi favor a los dioses del Empireo, recurriré a los poderes infrenales”.

De nuevo en 1839 volvemos a encontrar en un importante documento una alusión a los Jovellanistas. Se trata del programa del club disidente del progresismo, que temeroso de la prepotencia militar de Espartero, trataba de sustituir el ministerio Pita-Arrazola con los progresistas HH.:. Calatrava, Olózaga, Zumalacarrégui y González. En tal documento se considera a la reina “sojuzgada por las pandillas de jovellanistas y ayacuchos”.

Mi aviso es que no existió tal Sociedad Secreta, ino como fantasma que los progresistas, en un momento dado, necesitaron sacar plaza para mejor servicio de sus planes políticos.

H.:.Progreso

Logia La Unión


Los jovellanistas

Un importante grupo de intelectuales opuestos a Napoleón recibieron el nombre de jovellanistas porque siguieron las doctrinas de Jovellanos, el gran pensador de la Ilustración, muerto en plena guerra de la Independencia. Aunque este grupo no aceptó las renuncias de Bayona, coincidía con los afrancesados en proclamar necesidad de reformas. Los jovellanistas consi­deraban que una nación es una formación histórica, en la cual cada generación debe tener en cuenta la labor de la anterior y que el país contaba con una constitución, formada por las leyes tradicionales de los reinos hispánicos, que habían permanecido ahogadas por el absolutismo durante tres siglos. Como modelo de sistema político, tomaban el de Gran Bretaña ­y consideraban la necesidad de independencia poder judicial, así como la intervención de las Cortes (constituidas por los tres estamentos tradicio­nales),en el gobierno y en la labor legislativa.

Son antiguos reformistas y piensan que hay una necesidad de reformas, pero respetando elementos del Antiguo Régimen (son un freno revolucionario) •Intelectuales opuestos a Napoleón recibieron el nombre de jovellanistas porque siguieron las doctrinas de Jovellanos, muerto en plena guerra . •Coincidían con los afrancesados en proclamar necesidad de reformas sin revolución, pero no aceptaban las renuncias de Bayona y por tanto no admitían a Napoleón y a José I. •Pensaban que una nación es una formación histórica, en la cual cada generación debe tener en cuenta la labor de la anterior y que el país contaba con una constitución, formada por las leyes tradicionales. •Como modelo de sistema político, tomaban el de Gran Bretaña y consideraban la necesidad de independencia poder judicial, así como la intervención de las Cortes (constituidas por los tres estamentos tradicionales),en el gobierno y en la labor legislativa.

06 abril 2008

El luanquin Pedro Gonzalez Blanco y la revista Latomia



Pedro González Blanco[2], nacido a diferencia de su hermano Andrés, en Luanco (Asturias), y es curioso lo que son los olvidos históricos, pues si bien se dedica en las hagiografías asturianas un abundante espacio a sus hermanos: Andrés y Edmundo, a Pedro se le condena al ostracismo más absoluto. Quien nos vuelve a dar noticias de la vida de Pedro González Blanco es "El Españolito" en su trabajo sobre los escritores asturianos.

Comienza estudios en la Universidad Central de Madrid en la facultad de Filosofía y Letras, que no puede concluir pues en ese interín fallece su padre y la situación económica en que queda la familia, pues no es muy halagüeña, hace que tal circunstancia que empuje a tomar el rumbo de las "américas" al amparo de uno sus tíos allí establecido. Aquello no le convence y regresa de nuevo a España para seguir en sus labores de escritos y ensayista. Aunque hay quien le considera poca cosa, lo que contrapone el preclaro Constantino Suárez:
"En la "generación del 98" fue Pedro González Blanco miembro activo, acaso el más joven. No, es cierto lo que dice Cansinos Assens de que la labor de González Blanco en esta época se limitara a una docena de artículos en la república de las Letras; cierto que nunca se ha mostrado muy fecundo escritor, pero acaso este tiempo de su juventud se caracterice por una mayor producción" [3].

Sea como fuere, y aparte de las vendetas propias entre escritores, Pedro colabora en varias revistas del momento: Vida Literaria, Helios, La lectura y también es encontrable su firma en los diarios: El Imparcial y El Liberal, y como no podía ser menos escribía en el periódico anticlerical El Motín que dirigía Nakens, donde utilizaba el seudónimo de Doctor Atizando Yesca.

En 1905 contrae matrimonio con la profesora Crescencia Alcañiz y tres años más tarde embarca hacia el continente americano, será en Cuba donde mejor se le localice pues allá colaborara con el prestigioso periódico Diario de la Marina. La vida de Pedro González en casi de periplo aventurero, pues viudo de Crescencia, se embarca con el poeta Santos Chocano en la aventura de recorrer todo el continente. Será en una estancia en Guatemala, cuando contrae matrimonio con la sobrina del presidente de la República Estrada Cabrera, Doña María Albaudín.

En Méjico se le encuentra al lado de los revolucionarios del francmasón Venustiano Carranza, que le ayuda económicamente, pero todo tiene un límite y Pedro González, cansado de sus correrías regresa a España donde desarrolla labores de traductor a la vez que escribe diversos estudios históricos. El país se viene abajo y en 1939 Pedro González Blanco regresa a Méjico.

Pedro González Blanco y la Masonería

Su carrera masónica comienza en la logia Unión,
Esta logia se funda en abril de 1927, a finales de la Dictadura por lo jóvenes radicales, procedentes de la logia Ibérica, y separados por los problemas habidos en la Regional Centro, según Gómez Molleda la causa era:

"La contraofensiva a la operación Azaña pensada por los amigos de Lerroux. En la logia había un grupo de masones radicales incondicionales de D. Alejandro, dispuestos a minar le terreno al Presidente de Gobierno en la Orden y a apoyar la política lerrouxista, impidiendo que los afiliados secundasen masivamente la política gubernamental "

Su cuadro de luces lo encabeza el abogado Juan Serradell y Farrás, Cipirano Bernal de Puga y tres periodistas: Francisco Escola Besda, Rafael Gerona Martínez y Miguel Cámara Cendoya, luego se afiliarán varios miembros de la Mare Nostrun de la Gran Logia de Española, entre ellos Rodríguez Vera.

en dicho taller se inicia en abril de 1928 imponiéndose el simbólico de Bolívar, en el cuadro lógico de 1932 figura como 2º Experto, aunque un año más tarde en enero de 1933 es irradiado por haber desempeñado cargos de forma irregular, y como hemos entrevisto el fondo todo ello responde a una operación política entre el grupo de Lerroux e Iniesta.

Esta situación le lleva abandonar obligatoriamente la logia Unión, y aunque puede parecer que su vida masónica concluye con esta sentencia[4], pronto le vemos incardinado dentro de la sociabilidad masónica en el seno de la logia Hiran con el cargo de Orador, y en abril de 1934 figura como Garante de Amistad de la logia Conde de Aranda nº 97 de Madrid, con sede en la Plaza del Congreso. Taller, este último, en el cual desempeñará en cargo de 1º Vigilante, aunque no parece constar en los cuadros lógicos de ambas logias[5].

Lo que no deja de se curioso por que según los informes procurados por el Tribunal de la Represión y la Masonería, el hermano Bolívar, no alcanzó nada más que el segundo grado del simbolismo, el de Compañero (2º), cuestión harto imposible puesto que para desempeñar los importantes cargos de Orador, y 1º Vigilante, es necesario y obligatorio ser Maestro (3º).

Pero Pedro González Blanco es algo más que un simple masón de a pie que cumple con sus obligaciones para con sus hermanos en las tenidas, el va a ir más lejos y es cuando le veremos al frente de la prestigiosa revista masónica Latomia[6], en la cual firma varios trabajos: Rectificaciones Históricas, es uno de ellos, y es claro que sus opiniones no gustan, por el tono y lo que en en ellas expresaba. En opinión de Pedro González:

"No había rama de la historia más necesitada de rectificar errores que la historia d e la masonería. Según este autor, el secreto que los cofrades se exigía y la desaparición de los archivos había sido campo abonado a todas las fantasías y a todas las invectivas: Díaz Pérez, el supuesto Jhon Truth, Morayta, los modernos Usero, Suárez, Guillén y Díaiz, no se han tomado más trabajo que el de copiar a Thory, ante todo; a Clavel y a Fidel, en segundo término. Sin el Acta Latomorun no habría escrito Truht y Díaz Pérez sus libros; y Morayta inconsultadamente la mayor parte de las veces, atribuye a la Masonería funciones que no siempre su por cumplir. Los demás autores citados giran alrededor de los dicho por estos tres o cuatro historiadores"[7]

Era claro al tenor de lo que estamos leyendo, que Pedro González y la revista Latomia marcaban el estilo de la logia Unión, bandera de referencia dentro de la Regional del Centro.

Sus temáticas de reflexiones históricas y su encubierto desdén por los partidismos que se daban en el seno de las logias de Madrid, no la hacían muy querida por algunos de los sectores masónicos, pues además de desear una "vuelta atrás" en tanto que opinaba que: "La República ha creado en España a la francmasonería un grave problema de orientación. La política partidista tiene a penetrar en los talleres, y la historia y nuestros precedentes nos enseñan las fatales consecuencias que puede producir en nuestra Orden tan nefasta introducción" junto con las opiniones vertidas por el hermano Bolívar no les debía hacer mucha gracia a diversos sectores del masonismo español.

Por otro lado tal revista se aperturaba al exterior, o sea hacia el mundo profano, exponiendo artículos, que según algunos esos mismos sectores contrarios a esa tendencia, en la revista se divulgaba en exceso los llamados secretos masónicos. Sin embargo hoy tal revista es todo un referente en cuanto al carácter de los trabajos publicados.

El primer número se editó en el mes de agosto de 1932, aunque no salió hasta noviembre, constaba de ocho secciones fijas, y el consejo de redacción estaba compuesto por Mariano Benlliure Tuero, Pedro González Blanco, Manuel Pérez Aguirre, Antonio Llagunes Rafael Gerona y Teófilo Moreno.



[1]AHNS. Expediente A552.
[2]AHNS. Expediente personal. A 11/14.
[3]SUAREZ, Constantino, op.cit., pp.261-265.
[4]Como hemos visto antes de producirse la irradiación, se habían procurado las preceptivas "planchas de quite" con lo cual se ponían a salvo de cualquier obstrucción para no seguir trabajando en el seno de la masonería.
[5]En el expediente de Pedro González hay varios testimonios de retractados que le adjudican la membresía a tales logias Hiran y Conde de Aranda. AHNS. Expedientes. A 735-1; 733-15.
[6]Sobre esta revista en el X Symposiun presentó un trabajo el profesor SANCHEZ FERRE, Pere, La Revista Latomía y la logia Unión de Madrid. Pag.
[7] AHNS . Revistas 1/1 Rvta. Latomia, Vol.II. Madrid 1933, pag. 45 "Sobre el Arte Real".

Victor Guerra
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