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31 julio 2010

FERNANDO VELA: LA INICIACION

SIMBOLO TUMBA Rosario Acuña Fotografía cedida por Miguel Bernardo, y clasificada dentro de las 20 mejores fotografías del concurso fotográfico : El Símbolo Perdido.Símbolo masónico sito en el Cementerio del Sucu en Gijón.
En el anterior pots escribía sobre  Fernando Vela y sus filiación masónica, que se obvia tantas veces. Hoy traigo a este espacio histórico masónico un discurso de un singular Orador de la Logia Jovellanos de Gijón, aunque en esos momentos era un “Orador accidental”, y que tiene una vital importancia por dos razones:

1ª .- Porque nos hace situarnos y plantearnos los que se expone en el Blog citado anteriormente, y lo que pensaban los masones de la primera década de 1900.

2ª Razón.- Conocer la voz singular de un Orador como Fernando García Vela, más conocido como Fernando Vela, secretario de Ortega y Gasset, fundador y secretario eterno de la Revista de Occidente. 

En la plancha que he traído, que más que situar a los recientes iniciados masones en un halo espiritualista, opta por enmarcarles las ideas y corrientes del sigo, planteando de este modo la logia como una escuela de formación para proyectar luego una sociabilidad que impacta en el medio.
No deja de llamar la atención del discurso de García Vela, exento de ese caduco y noño espiritualismo muy la uso, y que abordaba con la sabía intención de dar armas de reflexión a los nuevos masones para que empezaran a desbarbar la piedra bruta con malletes y cinceles muy precisos, y muy alejados de las temáticas actuales de determinadas masonerías, y muy del gusto de masonerías del siglo XXI.

Dejo hablar pues a FERNANDO GARCIA VELA:
VM.:. y QQ.:. HH.:.

Solamente por un raro azar ocupo hoy este sitio. La condiciones no pueden ser peores para mi, reciente está aún la impresión que nos produjo el discurso del H.:. Alonso en parecida ocasión, reciente, como quien dice, está también mi ingreso en esta augusta Orden. No soy, pues el más indicado para enseñar al neófito. Hermanos más doctos y más experimentados hubiera podido mejor que yo cumplir esta tarea; así en vez de largos errores cosecharíais breves verdades; las lagunas, los vacíos que yo dejaré estarían llenos por el volumen de sus ideas y mis ligerezas sustituidas por el peso de maduro juicio, como maduro, más generoso y fácil de desprenderse de la venerable rama que lo sustenta. En fin, solamente en vuestra benevolencia y en mi brevedad tengo mi único amparo.

Hermano…, el examen que habéis sufrido se ha referido casi exclusivamente a la moral, a la ética; entre símbolos de pasividad y de muerte habéis escrito leyes de vida y norma de actividad. Si las contestaciones que todos tenemos aún mismo concepto de la moral; se podría decir que en el alma existe una “parte no racional”( como decía Aristóteles), algo así como un “instinto” que adivina las nociones puras, tales como las de justicia, belleza y moral, y extrae, claro y luminosos, estos conceptos de los obscuros limbos de la inconsciencia.

Pero ¡Cuántas vuelta ha dado la idea de la moral¡ ¡Cuántos y que distintos modos de fundamentarla¡
Brevemente, os presentaré tres términos de esta evolución, advirtiendo que me refiero a la moralidad de los hombres, que es próximamente la misma hoy que ayer, sino únicamente al concepto de la moral, esto es, a la idea, no a la experiencia.

La ética de los griegos era una doctrina de la dicha; para ellos, virtud y felicidad eran términos idénticos. Platón es una excepción pero las excepciones no son las ideas reinantes. La moral estoica, como más general y más extendida, ha de ser el objeto de nuestro estudio, De ella extraeremos las dos máximas fundamentales; primera: Hay dos cosas que dependen de nosotros mismos, como la opinión, la inclinación, los deseos, y todo lo que es de operación nuestra; otras hay que no dependen en nada de nosotros, como nuestro mismo cuerpo, la riqueza, la reputación, etc.

Segunda:”sufre, abstente”. Ambas se pueden relacionar de este modo: en cuanto a las cosas exteriores e independientes de nuestra voluntad, suframos; en cuanto a lo que sea posible de operación nuestra “abstengámonos” . El hombre es pues, para el estoico, ser meramente pasivo, cuyo libre albedrío se ejercita solo en abstenerse, sin que deba tornarse activo, causa motiva de bienes, de acciones buenas.

La recompensa de la serenidad de ánimo, el sosiego del espíritu, por eso dice Epícteto en el “Enquisidión”: vale más sufrir que tu hijo salga malo, que hacerte tú mismo desdichado, la tranquilidad del alma se ha de preferir a todo. “no te imagines que un hombre pueda ser desdichado; finge, si quieres, para consolarte, pero no te entristezcas realmente en tu corazón.” El concepto de “caridad” se encuentra raras veces en los moralistas griegos.

Moral cristiana: se trata de una moral individual, fundad en una postrera sanción penal, los preceptos son también por omisión y las acciones caritativas son discrecionales, medio recompensa ultra terrenas más que a fin de procurar consuelos. La doctrina de Jesús tenía dos partes una moral, otra religiosa, primeramente predominó aquella, luego se desvió la atención hacia la parte religiosa y sobrenatural, inofensiva para el orden social. San Pablo marca el punto de origen de esta bifurcación, La doctrina paulista es la de la gracia electiva; es consecuencia de la posesión de la fe asegura la salvación. San Agustín lo dice más claramente “Entre dos hombres creyentes, uno creyente y de obras no muy buenas, y el otro infile y de excelencias costumbre, aquel obtendrá la salvación”.
Bajo estas ideas exclusivamente religiosas queda sepultada la moral evangélica, que se transforma en una ética defectuosa, insuficiente e inútil casi.

Pero a despecho de estos defectos, se registra la caridad en el decálogo de las acciones morales, y , a expensas del cristianismo las doctrinas éticas se difunden y adquieren extensos territorios espirituales.
En el siglo XIX tenemos la moral de Kant y la moral de Schopenhauer.

Ambos coinciden en la existencia de un algo primordial en nuestra alma que nos impulsa a la acción moral. Pero Kant, llega a ser tan metafísico, que su teoría es la de una insensibilidad. Schopenhauer, aunque es kantiano, funda el motivo de nuestras acciones en la piedad, en la extrema sensibilidad. Para el, como Lessing “el hombre más compasivo es de los hombres, el más naturalmente dotado para todas las virtudes sociales y para todas la grandezas del alma”

Kant, siguiendo su profunda distinción entre lo que es a “priori y a posteriori, cree que existe en la razón, desde e el punto de su nacimiento, la noción de una ley moral que surge espontáneamente, fuera de toda experiencia sin tomarla de ningún conocimiento. Para que una acción tenga el valor de moral auténtico ha de realizarse solo por deber, sin que intervenga ninguna otra inclinación, aunque esta se tan natural como el amor, la simpatía, la compasión; es más la acción efectuada por mediación de semejantes sentimientos, por muy conforme que esté con el deber, es inmoral.

Doctrina de la insensibilidad como veréis ¡

La ley que se impone categóricamente, que Kant llama “imperante categórico” dice así: No obres más que según máximas que tú puedas querer que se conviertan en ley general de todos los seres racionales.

No vamos a descontar la parte de egoísmos que entra en esta ley, como Schopenhauer en su obra Fundamento de la moral, nos basta que el “imperativo categórico” imponga el bien general y no el individual. Además la doctrina de Kant se funda, no en una sanción dictada a l fin e nuestra vida, sino en una noción a priori, que poseemos antes de obrar sin la perspectiva de sanción alguna, no es tampoco la doctrina de la dicha , es la del deber amargo y doloroso .

Sustituir el “imperativo categórico” de Kant por la piedad y la compasión, innata también; la sequedal metafísica por la más humana sensibilidad, y tendréis la ética de Schopenhauer. Reservemos un hueco a los partidarios del materialismo histórico, es decir a Marx y al Engels, materialistas y deterministas rígidos y absolutos que creen que toda institución humana, hasta las más espirituales, hasta las ideas, los conceptos, están ligados con los medios materiales de la vida en relación de efecto a causa. Esto es, que pensamos así porque vivimos así.

Según esta idea pensamos debiéramos esperar el cambio de sistema económico para cambiar hasta nuestras ideas morales y dejarnos llevar por el interés del torbellino de la revolución capitalista.

Pera ellos mismo acuden a la propaganda para difundir sus ideas, que creen de justicia y de moralidad para adelantar el tiempo del triunfo; esto es , proceden prácticamente al contrario de sus teorías porque todas estás propagandas parecen querer decir “L el modo de pensar influye en la manera material de vivir, y sin cambiamos la ideas reinante cambiaremos el orden social actual.

En este punto de la evolución nos encontramos, Siempre es útil saber dónde estamos, el fin que perseguimos y el camino por donde nos dirigimos. En nuestra Augusta Orden lo es más, puesto que la primera forma de acción de que disponemos es nuestra conducta moral.

Hermano…. Que habéis ingresado en una Institución que e ajusta perfectamente a este último concepto ético, aquí se ejercen actos de caridad, de justicia, de solidaridad, se abandona el interés personal por el colectivo, que como la luz del sol y el amor materna, se reparte y se queda entero, como dice Rontand.

Habéis ingresado, pues, en una institución histórica, porque la lucha por la justicia y por el interés colectivo es todo el motor dinámico de la historia, de agente del movimiento de los pueblos. Institución histórica además, porque está destinada a la formación del espíritu y conciencia pública por medio de la propaganda, la educación y el ejemplo.

Ved, pues que nuestra responsabilidad des la más inmensa que se conoce: La responsabilidad histórica.

AL pie de esas dos columnas, veréis dos piedras, una en bruto, llena de asperezas y escoria, la otra labrada en forma regular. Lo que concedemos al orgullo, al odio a la ambición, al amor propio, es la ganga despreciable mezquina,

Si no tenéis la dicha de haberlo hecho ya, vuestra tarea es por ahora hacer desaparecer esa parte miserable. El hombre que hasta nosotros llega es como ese mineral recién extraído de los veneros de la tierra y que después de una fusión se despoja de impurezas y cristaliza con arreglo a leyes fijas e inmutables que para los masones, son las de libertad, de igualdad y de una fraternidad que no es solo la simpatía que nace de la participación de una ideal común, sino de una fraternidad tan firme y tan duradera como la de la Sangre
He dicho.

Fernando G. Vela

Víctor Guerra. MM.:. del RF, Logia Rosario de Acuña (GODF)
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