EL DERECHO Y LA MASONERIA ASTURIANA

A lo largo de la historia de la masonería el estamento profesional, que posiblemente más haya proliferado dentro de las logias masónicas durante los dos siglos de existencia en nuestras tierras, sea el sector de los profesionales del derecho.

Tal realidad cualidad la encontramos en una primigenia logia de Escocia en la cual convivían masones operativos con una membresía de masones especulativos entre los que se encontraban: ocho abogados de treinta y ocho.

Estamento socio-profesional que es seguido muy de cerca por el amplio sector de los comerciantes, empleados e industriales, que son los que ocupaban el ranking, no solo en las logias escocesas sino en toda la masonería europea y española, cuestión que en Asturias no era una excepción y que abarca prácticamente el período que va desde 1850 a 1938.

Este laborioso sector en sus múltiples variantes y especializaciones: abogados, procuradores, notarios pasando por la judicatura, han conformado todo un conglomerado ideológico que copó, en buena parte y en distintos momentos, la cúspide de la pirámide masónica.

No deja de ser paradójica esta querencia de la abogacía por una Orden calificada “como iniciática y de notable carácter secretista” como es la francmasonería.

Una Institución que atrajo sobre sí, en diversas ocasiones, la acción de los poderes establecidos, que vieron peligrar sus status por la acción de vanguardia social en que a veces se constituyó el hiramismo masónico, lo que acarreó sobre la sociabilidad masónica el que se constituyera en el blanco de las iras más conservadoras, y fuera declarada en múltiples ocasiones como “una institución pérfida y diabólica y cuyos s ideales y ritos simbólicos buscaban la destrucción del poder civil o religioso, lo que contrasta con la posición de una buena parte de la masonería que estaba defendiendo su fidelidad a las tesis deístas, y en cuyos ritos en ocasiones se puede apreciar la influencia del catolicismo tanto en su espíritu, como en las costumbres o los propios ritos, fruto de una contaminación larga de explicar en estos breves ensayos.

Pero será este concepto de perversión, de germen revolucionario que se le achaca a la masonería, el que va a generar una literatura proveniente o inspirada por el mundo eclesiástico que beben de esas fuentes de la masonería como contubernio del maligno y, como tal buscaron no solo esa destrucción sino también el castigo para los disidentes y heterodoxos que practicaban los ritos masónicos, tal efecto ejemplarizante e inquisitorial lo encontramos en las múltiples encíclicas y pastorales que fueron publicadas a lo largo de la historia.

Por no hablar de la fantástica literatura civil sobre la masonería que presentaba a ésta como la vieja y oscura mano que todo lo persigue, fantasías que tanto excitó a los lectores de Tusquet, o de Taxil.[1]

A esa Orden de tan crueles y oscuros perfiles se suman, en Asturias y, en el resto de la península una serie de profesionales de la administración de la justicia que ven en dicha pertenencia un modelo de formación personal y una herramienta para proceder al cambio de la sociedad a través de la unión de conciencias y voluntades.

Aunque es difícil distinguir si esa preferencia por la francmasonería nace de ese espíritu que emanan los ritos, que a simple vista parecen tener poco que ver con la “razón y la realidad”, conceptos tan apegados al espíritu del derecho, o por el contrario habrá que preguntarse sí esa natural inclinación de los “leguleyos” por la Institución masónica, viene del poder que parece irradiar en muchos momentos la Orden Universal de la Masonería.

¿Pudiera ser que el nexo de unión o de enganche, estuviere en ese espíritu reformador de la sociabilidad masónica?

Un espíritu reformador que preocupaba, como ya hemos apuntado, a una monarquía como la española que era secundada en sus acciones por una milicia subyugada y una iglesia inclinada a no perder sus prerrogativas.

Esperemos que este capítulo pueda al menos ir contestando a esas preguntas e interrogantes con ayuda de los distintos currículos masónicos que hoy se encuentran en el archivo de la masonería española.

Los Masones y el Derecho en el Siglo XIX. (Gijón y Oviedo un contrapunto)

Asturias en el llamado siglo del liberalismo no fue ajena a esta desembarque de buena parte del mundo de las leyes en el seno de la Institución masónica, de hecho entre los años 1850 a 1896 se inscriben en las logias treinta y tres profesionales del derecho como miembros activos, que a su vez eran parte de la progresista clase media alta asturiana.

Una de las características que se registra dentro de esos abogados masones, es que en su mayor parte, casi todos están circunscritos al área de influencia de las logias ovetenses, y por tanto, solo trabajan[2] en logias abiertas en esos valles. Salvo claro está, aquellos que trabajan u habitan en otras latitudes y, como tal van a desarrollar sus trabajos en las logias que se den en resto de Asturias: Luarca, Navia, Belmonte, etc.. Aunque una gran parte de esos miembros abogados estaban residenciados y como tal ejercían en la ciudad de Oviedo.

Lo cual pone de manifiesto la característica estratificación territorial y socio-profesional de la región asturiana, y del peso que supone una ciudad universitaria y de servicios como Oviedo, frente a una urbe industrial como Gijón, que tiene su reflejo, como no podía ser menos, en la composición socio-profesional e incluso de clase social en las logias, en las cuales entre el período que va entre 1850 y 1896, encontramos la siguiente estructura de pertenencia :



ABOGADOS MASONES EN ASTURIAS (Siglo XIX)


Apellidos y Nombre
Simbólico
Profesión
Logia
Años
José Alarcón Jimeno

Andros

Abogado
Nueva Luz
1877
 César Álvarez Cascos
Fulton
Abogado
Los Caballeros de la Luz
1877
Carlos Álvarez Cienfuegos
Rochefort
Secrt Juzg Mieres
Nueva Luz
1877
Silverio Álvarez de la Escosura
Cicerón
Abogado
J. González Río
1877
Mariano Álvarez Díaz
Ahrens
Abogado
J. González Río
1877
 Pancracio Álvarez Llana
Cámara
Abogado
Nueva Luz
1880-81-86
José Álvarez Robles
Cazalla
Secre Jugdo.Mieres
Nueva Luz
1880
 César Argüelles Piedra
J. César
Abogado
Nueva Luz
1880-81
Froilán Arias Carbajal
Jovellanos
Abogado
Nueva Luz
1880-81;86
 Benigno Bances
Cicerón
Abogado
Nueva Luz
1880
León Bango
Saavedra
Abogado
Nueva Luz
1880
Rafael Calzada
J. César
Abogado
Luz Ovetense
1886
 José Campa y Campa
Aranda
Abogado
Nueva Luz
1886
 Bartolomé Cañedo Argüelles
Keops
Abogado
Nueva Luz
1886
Trófimo Collar del Peso
G. Bruno
Abogado
Nueva Luz
1880-81
Rafael Fernández Calzada
Viriato
Notario
Luz Ovetense
1886
Juan Fernández Llana
G. Córdoba
Abogado
J. González Río
1880-81, 86
Federico Fernández Noval
Rousseau
Notario
Concordia
1886
 Eladio García San Miguel
Colón
Abogado
La Justicia
1880-81,86
Julián Godinez
Hatuey
Abogado
Nueva Luz
1878,1880-81,86
Francisco González Llanos
Campomanes
Abogado
Nueva Luz
1880-81,86
 Juan González Río
Riego
Abogado
Nueva Luz /Luz Ovetense
1880/1880-81
Manuel González Río
Cicerón
Abogado
Nueva Luz
1881,1886
Arcadio González Río;
Rossi
Abogado
Nueva Luz
1886
Bernabé Leirana
Pavía
Notario
Antorcha Civilizadora
1888-89
José Manon
Andros
Abogado
Luz Ovetense
1888
 Manuel Padin Alvarez
Robespierre
Abogado
Jovellanos
1888-90
Leopoldo Palacios
Mirabeau
Abogado
Nueva Luz
1879-80
Inocencio Sela Sampil
Oviedo
Abogado
Nueva Luz
1887
José Seras Olida
Sares
Abogado
Luz Ovetense
1881-92
S César Suárez Noval
Escipión
Abogado
Nueva Luz
1879-80, 1882
Antonio Valdés García Miranda
Galileo
Estud. Derecho
Fraternidad
1880

El cuadro de abogados masones ejercientes en la ciudad de Gijón, o que hayan consignado su profesión como abogados dentro de dicha categoría profesional en la filiación masónica, tenemos a tan solo uno:

Apellidos y Nombre
Simbólico
Profesión
Logia
Años
Fermín Suárez Crosa
Mina
Abogado
Propietario
Amigos de la Naturaleza y de la Humanidad
Amigos de la Humanidad
1886
1889-93


Hay que apuntar que se desconoce la filiación profesional de los miembros de la logia gijonesa La Razón.

 De lo expuesto se deduce que el peso de Gijón como ciudad industrial, va a generar una forma de entender y de hacer una masonería distinta, Gijón no solo va ser la primera villa asturiana que acoja en su seno a las logias masónicas, sino que éstas se van a mimetizar con el extracto socio- profesional que impera en la ciudad en esos momentos.

Sobre 1850, serán como hemos visto, los sectores del vidrio y de la loza y los trabajadores extranjeros de estas industrias,  los más proclives al ejercicio del trabajo masónico, luego a medida de que se van normalizando las situaciones políticas y sociales y,  se vayan asentando nuevos proyectos de logias será la burguesía industrial, al menos una parte de ella, la que engrose las filas masónicas desplazando a los primigenios componentes de carácter más obrerista.

En el amplio elenco de miembros de la masonería gijonesa que llegan a lo largo del siglo XIX, a un total de doscientos trece [1], solo está inscrito como abogado, labrando la piedra bruta[2] : Fermín Suárez Crosa.
Fermín Suárez, reputado republicano del Comité Federal Demócrata gijonés (1871), le vamos a encontrar en el seno de la logia Amigos de la Naturaleza y de la Humanidad. (1879-1888).
Este taller que desde su fundación tiene un vacío de noticias importante, recobra la normalidad documental en 1886 [3], fecha en la cual tenemos un cuadro lógico donde encontramos a Fermín Suárez con el simbólico de Mina y el grado de Maestro Secreto (4º),  sin que por otra parte se nos aporten más datos sobre las fechas de iniciación o las de exaltación a los distintos grados.

Este taller que había estado bajos los auspicios del Gran Oriente Nacional de España,  que dada  la fusión  con del Gran Oriente España de Morayta,  va a seguir un tiempo en dicho Oriente, hasta que los buenos oficios del Venerable Bastide vuelva a poner el taller bajo el Gran Oriente Nacional del Vizconde de Ros,  realizando una especie de refundación y adoptando el nombre de Amigos de la Humanidad nº 61 “acordándose antes de ahora suprimir “de la Naturaleza” por ser demasiado largo. La ceremonia de instalación se realiza el 28 de junio de 1889 y,  en ella encontramos de nuevo al hermano Mina, pero en esta ocasión con el grado de Príncipe Rosa Cruz (18º).

Fermín Suárez no solo trabajaba en los bancos masónicos sino que también lo veremos sentado en los bancos consistoriales de la Corporación gijonesa en los años 1872 y 1899 desempeñado el cargo de concejal.
Un hijo suyo Bernardo Suárez Crosa seguirá sus pasos en la masonería madrileña 

 Investigación sobre la masonería en Gijon,  de Víctor Guerra

[1] La distribución de efectivos en el siglo XIX en las logias gijonesas se reparte de este modo: Los Amigos de la Naturaleza y Humanidad (1850-1854) tuvo 31 miembros; Amigos de la Naturaleza y Humanidad (1871-1875) la componían 34 miembros; Amigos de la Naturaleza y de la Humanidad (1879-1886) fue la que más miembros llegó a contar en sus filas con 76 miembros; luego estaría Amigos de la y Humanidad (1889-1894) con 48 francmasones; Perla del Cantábrico(1891-1892) con 16 y la logia Razón (1878-1888) con 8 masones. Hay que tener en cuenta a la hora de estas estadísticas que masones que repitieron estadía en otro taller.
[2] La piedra bruta: es la piedra irregular que ha de desbastar los aprendices. Es pues el símbolo de la edad primitiva del hombre sin instrucción y en su estado primigenio. Muy similar a la materia prima de los hermetistas y los alquimistas, un elemento vivo y cuya dureza y estabilidad simbolizaban la inmutabilidad y la firmeza del espíritu. El proceso de iniciarse en los secretos del hiramismo, es lo que se denomina “desbastar la piedra bruta” que se lleva a cabo de forma simbólica con el mazo (energía de la voluntad) el cincel (la recta intención) y la regla de las veinticuatro divisiones, Las horas del día bien aprovechadas) que son las herramientas del aprendiz., según su perfección en el trabajo y en el logro de esa piedra angular, suficientemente pulida, del tamaño adecuado y capaz de realizar la unión constructiva con las otras piedras talladas por el resto de los masones, ocupará un lugar humilde en la construcción del templo que se construye. Hay diversos tipos de piedra: blanca, cúbica, piramidal y la angular, además estaría la del fundación o auspicios
[3] Ello es debido a que toda el dossier documental de estos primigenios talleres está en la Biblioteca Nacional de Francia, y se está en tratos por parte del Archivo Histórico de Asturias, para hacerse con todo el fondo documental y poder hacer así un cabal vaciado de sus contenido.


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