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24 abril 2019

PRENSA Y PERIODISTAS EN LA MASONERÍA ASTURIANA (1ª Entrega)


 
Continuando con el nivel de aportaciones historiográficas sobre la historia de la masonería asturiana, hace unos día cerraba la correspondiente a la de los fotógrafos, litógrafos y otras profesiones gráficas que se dieron en el seno de la masonería astur tanto del siglo XIX como del XX, hoy traigo a colación un capitulo que está dentro de la Historia de la Masonería gijonesa del siglo XIX como de XX. 

Se trata de la prensa masónica, y del papel jugado por los diferentes masones  tanto en la prensa propia, como el que jugaron como masones en la llamada prensa "profana" , en la cual se denotan abundantes presencias.

Les dejo con el aporte 

Los francmasonería como institución no ha tenido a lo largo de su historia en Asturias una excesiva presencia en los medios de comunicación, los periódicos o revistas propias han sido escasas y, las colaboraciones periodísticas en otros medios a través de manifiestos o documentos similares tampoco han sido abundantes.

 Esa falta de medios de expresión viene explicada en parte por el control inquisitorial que la Iglesia y, los poderes políticos conservadores desarrollaron durante mucho tiempo en el seno de la sociedad asturiana, lo que dificultaba cualquier labor de difusión masónica[1].
Téngase en cuenta que por ejemplo en Oviedo el Obispo Martínez Vigil en marzo de 1897 realiza un decreto con estas características:
 “Prohíbanse también las obras que establecen que el duelo, el suicidio o el divorcio son lícitos, que tratan de las sectas masónicas u otras sociedades del mismo género, y pretenden que son útiles y no funestas a la iglesia y a la sociedad, y las que sostienen errores condenados por la Sede Apostólica[2]

El Decreto del 23 de octubre de 1868 de Sagasta, Ministro de la Gobernación y, reafirmado por la Constitución de 1869 que serán los elementos que institucionalicen la libertad de pensamiento y su libre expresión oral y ello permitirá un gran desarrollo de la prensa regional que se consolidará durante la Restauración, donde la prensa de opinión y la surgida de los partidos políticos conoció un gran auge.

Estos decretos tendrán luego ciertas restricciones, pero aún así,  ello va a suponer una apertura de todo el cauce de expresión del cuerpo intelectual y político del momento.

La Orden masónica en un primer momento no parecía, dada su peculiar idiosincrasia y discreción, muy proclive a una labor publicista, ni a una a la labor proselitista a través de la prensa y, menos en las circunstancias temporales en que nos estamos refiriendo, a excepción de aquella que se expresaba en los órganos oficiales recogida en diversos Boletines, que tenían más un carácter informativo que doctrinal, de ahí que estuvieran constituidos como nexos de unión entre las logias, capítulos y los distintos organismos superiores de las Obediencia, contribuyendo a dar cuerpo y forma al sentido de pertenencia a una Obediencia, a la vez que marcaban las pautas del debate interno y las diferencias con el resto de las Obediencias. Ese es pues el ámbito en que se van a mover dichas publicaciones que además no van a ser de carácter regional sino que estaban en su mayoría radicadas en los valles donde se asentaba el Consejo de la Orden.

En Asturias la situación sociopolítica colaboró para que la la prensa masónica en nuestra región fuera más bien exigua si cabe, arrojando este saldo: un solo periódico en el siglo XIX, y  dos publicaciones en el primer tercio del siglo XX, que tienen como cara que tienen como característica común entre todos ellos, el haber sido publicaciones de muy corta vida.

Esa necesidad de salir del anonimato que se registró en algunos momentos,  fue más bien fruto de las circunstancias externas, como podían ser los ataques que se prodigaban desde distintos púlpitos y, también por la presión que había con la puesta en marcha de las ligas antimasónicas, lo que obligó a distintos colectivos masónicos a generar una prensa propia, fundamentada en dos objetivos:
1º/ Que les sirviera de ariete contra las ligas antimasónicas que los “cogolludos” les estaban orquestando.
2º/ Poder salir del estrecho cíngulo del secretismo al que estaban sujetos los miembros de la Orden y, que en parte les impedía dar a conocer las propuestas que la masonería aportaba ante la situación social y política del momento.

Esa circunstancia también se conjuga con una membresía de alto nivel económico y con un bagaje cultural que se va a dar en las logias ovetenses del siglo XIX, compuesta en una buena parte por una burguesía progresista de empleados, abogados, y catedráticos como: Fermín Canella, Braulio Vigón, Collar del Peso, Vega Isla, Inocencio Sela, Alarcón Jimeno, habituados todos ellos al mundo de la escritura y la prensa, que van a buscar otros cauces de expresión fuera de los “raquíticos” boletines oficiales de las Obediencias.

Este abundante caudal de recursos humanos de extensa formación, capaz de afrontar los retos que desde los estamentos católicos se les estaban planteando van a entrar en el mundo del periodismo bajo un amplio espectro de vinculaciones, como colaboradores, propietarios de periódicos, periodistas profesionales etc.

 Aunque no todos esos recursos se van a lanzar a una campaña a pecho descubierto sino que muchos de ellos van a  escribir en diversos periódicos o revistas de la época, de muy distinta tendencia y, no siempre de una forma concordante con los presupuestos masónicos de la Obediencia a la que pertenecían pero sin que ello les presuponga dar a conocer su condición masónica, o dar a conocer temas internos o ser divulgadores de las posibles directrices masónicas, si es que las había .

Podemos afirmar que las colaboraciones periodísticas entroncan más bien con la filosofía de la cual bebe la masonería, como es el krausismo personificado en la Institución Libre de Enseñanza y, por tanto el tono de esas colaboraciones van a estar en la línea de una apuesta social por la educación, o la mejora social y laboral y, la divulgación antropológica. Algunos de los masones incardinados en la política van a emprender aventuras periodísticas importantes en dicha época y, sin embargo en esos medios que dirigen o coordinan tampoco se ve de forma clara esa tarea difusora de las ideas masónicas al menos de una forma clara.

Cierto es que no se ha abordado un estudio cuantitativo de las distintas colaboraciones periodísticas de los masones asturianos y, tampoco se ha hecho un análisis profundo de sus contenidos y, menos desde la perspectiva del metalenguaje, de cara a rastrear en ellos, la existencia de un mensaje transmisor de la “esencia masónica”.

Ello necesitaría de un examen crítico y profundo, cuestión compleja y ardua, que sobrepasa los límites de este trabajo; metiéndonos a su vez, en el complejo nudo gordiano del que ya Aldo .A Mola en su artículo sobre “Prensa masónica, liberal y anticlerical” nos adelanta:
“Debemos preguntarnos si todos los colaboradores de las revistas que analizamos fueron masones, y en caso afirmativo, si sus artículos respondían a las directivas de la Orden,( y en particular, a directivas de las que los interesados y sus lectores eran conocedores y a su respecto, estaban de acuerdo) o se trataba de elaboraciones subjetivas, dictadas por la creatividad individual, sin tener en cuenta “planes” o, cuando menos, una orientación o programa, en cierta forma discutido, aprobado, promovido, y traducido precisamente, en estos o aquellos artículos”. :[3]
 Aún así y con todo, la actividad de los masones asturianos del siglo XIX, aparte claro está, del trabajo interior y personal de labrar su propia piedra y, el abordaje de diversos proyectos de beneficencia que les son propios, podemos que su grado de influencia va a ver tener muy poco reflejo en la sociedad asturiana que se pueda reconocer a través de la prensa, y tal como explica Luis P. Martín, tal vez esa incapacidad de emisión es muy posible que tenga este origen:

“La dificultad que entrañaba a los masones definir la masonería, les obligaba incluso a definirla por negación y esto demuestra una instrucción masónica insuficiente o tendenciosa, aunque , no obstante algunos miembros de la Institución son capaces de ofrecer una visión más conforme y concisa [...] aborda la cuestión de la religión y nos dice que la masonería no es una religión, ni una secta, ni un partido político; que es una asociación fundada en el libre examen y que ni impone ninguna creencia religiosa”[4]

 A este respecto hay constancia de una acción más publicitaria y proclive a la participación política de carácter republicano y que proviene de la logia Luz Ovetense, que va a poner en la calle en 1886 [5], una publicación semanal que se denominará “La VerdadSeminario Democrático, a través de cuyas páginas habrá un continuo llamamiento a la unidad republicana y masona, dando a conocer tanto la vida republicana zorrillista en la que se encarnaban parte de los masones ovetenses, como una buena parte también de la vida interna de las logias ovetenses.

En los talleres gijoneses (que llegan a la suma total de ocho formaciones masónicas entre 1850 y 1898),[6] les pasa algo parecido, aunque estos últimos no sienten en principio la necesidad de sacar a la luz un medio de expresión que diera a conocer sus ideales o propuestas y, la confirmación a ésta aseveración, es que dado el componente profesional, cultural y económico de las logias de aquellos momentos, hubiera sido fácil poner en la calle un medio de expresión a pesar de las trabas legislativas y de censura (que las había), al igual modo que lo habían hecho algunos miembros de la masonería, que en función de sus intereses ideológicos y partidistas, como era el caso del francmasón Apolinar Menéndez Acebal que editaba un periódico republicano La Aurora.

Los distintos publicistas y escritores masones encuadrados en las logias gijonesas, tienen cabida en los diferentes medios de expresión que se dan dentro fuera de la región, aunque no con tanta proliferación como sus hermanos los ovetenses, que copan buena parte del mundo periodístico. Aunque en general siguen tanto ovetenses como gijoneses  la misma pauta de comportamiento no abordar o realizar tareas de difusión, ni de una defensa abierta frente a los ataques, al menos de una forma individual sobre la francmasonería.

Aún con dicha situación dentro de las logias gijonesas del XIX, se recoge la presencia de un periodista, concretamente de Nicolás Antonio Peña Pintado, natural de Oviedo, que se encuadra dentro de la singular logia Perla del Cantábrico (logia de la cual se habla en el capítulo Masonería y Milicia), que trabajaba en los valles de Gijón. En dicho taller Peña Pintado ejerce en el curso masónico de 1891 de Orador, y responde al simbólico de Aristogiton, ostentando en aquel momento el grado de Maestro Masón (3º)

 De las pocas noticias escritas que nos han llegado de este periodista, está un pequeño discurso que realizó en el acto de instalación del taller en el cual habló a sus hermanos masones sobre el “concepto de masonería y la ineficacia en todas la épocas de las religiones positivas, puesto que ni antes ni ahora han podido cumplir el fin para que fueron creadas”[7]

Otro de los publicistas gijoneses y miembros de la masonería del siglo XIX, es Apolinar Menéndez Acebal, que colaboró en diversos periódicos democráticos: La República Española (1869)[8] de Gijón; El Eco de Asturias (1877) de Oviedo y, en la Ilustración Gallega y Asturiana (1880-1) de Madrid. Así mismo fundó y dirigió su propio semanario de carácter republicano titulado La Aurora”, y también el Municipio.

Apolinar Menéndez se encuentra en los cuadros lógicos de dos talleres: La Razón en 1878, y más tarde se convertirá en el Venerable de la logia Amigos de la Naturaleza y de la Humanidad (1879-1886) durante el curso masónico de 1879-1880.

Así mismo dentro de las logias gijonesas, hay distintos hiramitas relacionados con el sector de las artes gráficas, como el impresor Vicente González Palermo, adscrito al primer taller gijonés: Los Amigos de la Naturaleza y Humanidad (1850-1854) donde ejercía de Guarda Sellos. Nacido en Oviedo en diciembre de 1821y residía en la Plaza Mayor n1 5  de Gijón.
También estaban el tipógrafo Francisco Díaz y el cajista Agapito Llames Umaña; amén de los dibujantes Emilio Schmidt, y Antonio Ángel todos ellos miembros del último taller gijonés del siglo XIX, la logia Amigos de la Humanidad, formación que ya hemos vista implicada en varios temas como la dignificación de cementerios, o la enconada lucha que mantuvieron ante el elemento clerical de la ciudad.

Como conclusión, podemos decir que dentro de los masones que salen a la palestra pública, concretamente en los periódicos, principal medio de expresión de la vanguardia liberal del siglo XIX y, sin entrar en un análisis minucioso de sus escritos, en líneas generales no se registra un afán proselitista, ni parece  existir una mentalidad de querer atrincherarse en una  defensa a toda ultranza  de la Orden, que es lo que  parecería normal  frente a los ataques que ésta recibe, que son muchos y abundantes.

Realizado un somero análisis, se puede comprobar que son escasas las referencias bibliográficas sobre la masonería tanto en artículos  como en  folletos, salvo el caso aislado del periódico antes mencionado editado por la logia Luz Ovetense, [9]

la prensa y los masones en el siglo XX.

El siglo XX, en su primer tercio  arroja un panorama distinto, habrá una mayor vinculación de los masones con el mundo de la prensa, ocupando diversas posiciones, desde la propiedad, a las tareas de dirección o redacción y,  a diferencia de lo que sucedía en el siglo anterior,  algunos de ellos dejaran al descubierto su condición de francmasones, bien por su posición como  directores o redactores de los distintos periódicos masónicos o paramasónicos, o bien como una opción personal en la cual se encuentran: Avelino González García, o Isaac Pacheco, que pueden ser claros ejemplos de lo que se expone.

Al producirse la atomización de talleres masónicos en Gijón,  en torno a la sede de la Gran Logia Regional del Noroeste (que se consigue tras no pocos esfuerzos), será en estos valles donde concentren también su labor profesional y social los diversos hiramitas. que la componen  y,  que se  nuclearan  alrededor de otras publicaciones que en esta ocasión van a cubrir un mayor espectro sociopolítico que  va desde el órgano oficial del socialismo: El Avance, al diario confederal del sindicato “CNT”.

Aunque en este siglo la masonería no tendrá un medio oficial en Asturias, al margen de los intentos que luego referiré, habrá un medio que  oficiará como órgano extraoficial de la masonería y será   El Noroeste,  periódico reformista en el cual encontremos continuas referencias, sobre los  distinguidos masones que actuaban en la vida pública y, sobre las actividades o actuaciones de las logias. Constituyéndose en una prensa paramasónica (publicaciones que, sin ser órganos oficiales de logias y de obediencias, sus directores o redactores eran, masones, o aquellas otras publicaciones que desde sus columnas se sintonizaba ideológicamente con los planteamientos de los hermanos masones)[10] claramente diferenciada de otra estrictamente masónica. En realidad la prensa paramasónica es difícil de precisar y determinar. Nos faltan estudios; aún así podemos considerar que toda prensa republicana lo era.

Dentro de las logias jovellanistas, de siglo XX,  se encuentra una amplia nómina de periodistas: Fernando García Vela, Pedro González Blanco, José María Suárez, Avelino González García, Valentín Ochoa; José Díaz Fernández; Juan Menéndez Arranz; Benigno Fernández Martínez, etc.

Existen otros periodistas masones, que no se han traído hasta éstas páginas por estar en un ámbito geográfico distinto al gijonés, como es el caso del periodista del periódico Avance: Jesús de la Vallina, natural de Oviedo y miembro de una logia ovetense; o el de Valentín Ochoa y Francisco Caramés Riopedre, miembros el primero de la logia Riego y, el segundo vinculado documentalmente a la Argüelles, los cuales desarrollan sus periplos periodísticos y literarios en la cuenca del Nalón; paralelamente lo mismo hacía en la cuenca del Caudal el francmasón del triángulo Costa: Cándido Barbón, que sacaba a la calle El Despertar de Turón.[11]

Víctor Guerra Garcia. Historiador de la Masonería Asturiana




[1] En aquellos momentos la Iglesia había sacado las encíclicas “Qui Pluribius” Pío IX, y León XIII. Humanun Genus” en 1884.
[2] Martínez Vigil; Obispo:. Prohibición y Censura de Libros, capítulo V , apartado 14. 
[3] Dicho trabajo se encuentra en el libro “Masonería y Periodismo en la España Contemporánea” Prensa Universitaria.
[4] Martín, P. Luis: La Masonería en Castilla y León. Diputación Prov. De Salamanca. 1996 . pag 248.
[5][5] Álvarez Lázaro, Pedro: En su libro “La Masonería , escuela de formación del ciudadano” hace referencia en la parte documental a diversos números: 16 de junio; 7 de julio; 25 de agosto; 8 de septiembre; 15 de septiembre; 22 de septiembre; 1 de noviembre y 17 de noviembre, todos ellos de 1889.
[6] Las logias gijonesas eran: logia Los Amigos de la Naturaleza y Humanidad (1850-1854); Los Amigos de la Naturaleza y Humanidad (1871-1875); Amigos de la Naturaleza y de la Humanidad (1879-1888); Amigos de la Humanidad (1889-1894; logia La Perla del Cantábrico (1891-1892); logia La Razón ( 1874-1888); logia Ciencia y Virtud, y el Capítulo Provincial Juan Padilla.
[7] Noticia recogida del Boletín de Procedimientos del Soberano Gran Consejo General Ibérico, año III. Madrid 12 de abril de 1891.
[8] Este periódico era el órgano del embrionario partido Republicano Federal, en el cual encontramos a los francmasones Eduardo Guilmain, al propio Apolinar, que colaboraban en la redacción y como redactor trabajaba Braulio Vigón. El periódico se editaba en la imprenta del alcalde de Gijón Nemesio Sanz Cespo, era dirigido por Eladio Carreño. 
[9] Hay que tener en cuenta que no se ha hecho un rastreo de toda la hemerografía asturiana para ver con detalle tal cuestión. 
[10]  De hecho van a ser diversas las veces que la logia o la GLRN se dirija a Antonio Oliveros , Director de Noroeste, dándoles las gracias por lo artículos publicados o los toques de atención que se daban desde el periódico. Así pues tenemos en el  libro de Oliveros, pag. 180 y 181  unos comentarios al respecto y la reproducción de varias cartas que Alberto de Lera  envía a modo de felicitación  reconociendo “lo justificado de los propósitos de su campaña a fin de levantar el espíritu, y con ello despertar los sentimientos de humanidad, es por lo que esta Logia se honrad dedicar a usted, respetable señor , estas líneas. Reciba usted, pues nuestra enhorabuena y sepa nos tiene a su disposición” 
[11] Este periódico era de tirada mensual y de carácter socialista, su primer número se editó el 2 de julio de 1919, alcanzó una tirada de cuatro números, de los cuales solo se conservan el nº 3 y 4. Recogido del trabajo publicado en el BIDEA nº LVI “Periódicos publicados en Mieres” por Antonio Pérez Feito. pag. 82. 

14 abril 2019

Fotógrafos en la masonería asturiana: Gijón (3ª entrega y ultima)


Fotografía de Alberto de Lera

Otro miembro de la estirpe de los Peinado, que está también inmerso en la masonería es su hijo Juan Peinado González que a partir de 1925, irá supliendo junto con sus hermanos a su padre en las labores del estudio fotográfico, sin que por otra parte los estudiosos de la fotografía local, nos puedan dar más señas sobre su trayectoria profesional, lo que sí sabemos es que Juan Peinado González sigue masónicamente los pasos de su padre, tal vez influido por éste.

Su vinculación a la masonería la tenemos a través de la comunicación que Alberto de Lera realiza ante le Gran Consejo Simbólico de la Orden, por la cual él y otros masones como Juan Peinado Alonso, constituirán la base para la logia Riego nº2, y será en el cuadro lógico de ese taller el que nos indique que Juan Peinado, ha nacido el 4 de marzo de 1903 y, y que su profesión es la de empleado , nos imaginamos que del establecimiento de su padre.

Peinado, hijo se inicia en el seno de la masonería gijonesa el 26 de enero 1923, imponiéndose el simbólico de Monte Arruit , tal fecha nos viene a decir de que su inclusión en la masonería viene de la mano de su padre que acababa de regularizar su situación masónica de durmiente.

Con este francmasón pasa los mismo que con su padre, una vez dentro de la logia Riego ambos se disuelven en el vacío documental que aqueja a la masonería asturiana.

Ya en pleno siglo XX, y situados en ese renacer del siglo, en el curso de la primera década y dándose la mano la vieja masonería que ve apagarse del todo sus ya casi extinguidas luces que parecen revivir a través de las nuevas aportaciones, iniciándose todo un proceso de regeneración masónica que vendrá a través de los básicos cimientos que colocaran los miembros del triángulo AMESE entre los que se encuentra Luis Medina Farias.[1] o Parias. El investigador Ivan Pozuelo, donde en su libro sobre la Logia Jovellanos  (1912-1939 .Memoria e Historia borradas por el franquismo[1bis] apenas si le dedica 8 líneas. 

Luis Medina Farias, es un andaluz nacido al cobijo de la Mezquita de Córdoba el 1 de enero de 1877. Su ocupación profesional como fotógrafo le lleva a establecerse en Madrid, en cuyos valles se inicia como francmasón dentro de la logia Progreso nº 88 y adoptando, como es ya natural dentro de la masonería española, el simbólico de General André, su diploma de iniciación lleva fecha del 13 de febrero de 1905, siendo exaltado al grado de Compañero (2º) por la misma logia el 24 de junio del mismo año, y comunicado por el Boletín Oficial del Grande Oriente Español del 31 de agosto de 1905

Debe ser por esa época cuando se casa con Matilde Benedet, con la cual se traslada a Gijón sobre 1907, para un año después incardinarse en el proyecto de otro fotógrafo del que hemos hablado, de Ricardo del Río, y llevar así, la sucursal que este había abierto en la calle Cabrales 55.

El emprendedor cordobés no pasará mucho tiempo bajo la batuta de Ricardo  del Río, y empieza a emprender las acciones necesarias para establecerse por cuenta propia,  cosa nada fácil, pues hacen falta recursos y además  cuando la idea era dar un salto importante ya que deseaba establecerse en un planta baja, lo cual consigue mediante la ayuda de su padre, a cuyo nombre registra la matrícula comercial e industrial, y dando lugar al estudio La Fotografía Moderna que se inaugura el 17 de abril de 1910.

Es ese período de gran intensidad cuando dan comienzo las primeras reuniones para conformar lo que pasando el tiempo serían las bases de la masonería del primer tercio de 1900. El 15 de octubre de 1911 diversos francmasones Nicanor Alonso, Francisco Seguy y Medina Farias, este último secretario del taller que comenzaría en esos momentos la andadura:

“Reunidos los hh.: que la margen se expresan , propuso el h:. Francisco Seguí Marty (grado 32) la formación de un D :. para despertar en estos Vall:. a los hh:. Durmientes y proseguir los trabajos de propaganda en bien de la Orden y del progreso. Teniendo presente que se había remitido al G:. O:. Una carta con el mismo acuerdo sin consignar el nombre del D:. y estando conformes los demás hh:. en lo propuesto se acordó por unanimidad darle el nombre de AMESE, al mismo tiempo que nos recuerda la obligación de aunar , se recordará los nombres de los tres fundadores, ya que está compuesto con la primera sílaba de cada uno , en esta forma A-ME-SE”.[2]

La presencia de Medina Farias en la masonería gijonesa, a pesar del esfuerzo inicial que supone levantar las columnas de un nuevo taller, va ser muy corta, pues en julio de 1912 el boletín del GOE ya recoge la entrega de la Plancha de Quite para el francmasón General André y, de hecho en las catas del triángulo que existen a partir del 5 de julio en el que aparecen sus otros compañeros y alguna adición más ya no está el hermano Medina.

¿Cuál fue el motivo de esa fugaz marcha? A ciencia cierta no se sabe, ni las actas que se poseen dejan al descubierto que podía haber pasado para esta rápida marcha, tal vez la inclusión de profanos para iniciar no le gustarán y menos que pronto se diera el paso para constituir una logia bajo el patronímico de Jovellanos. O qué sus negocios le impidieron seguir ejerciendo las responsabilidades que había tomado como secretario pues en esa época estaba ofreciendo “una docena de retratos “mignón” por una peseta para que puedan retratarse hasta los niños y niñas más desheredados de la fortuna.”[3]

Nuestro durmiente francmasón aún permanecerá activo profesionalmente unos años, aunque la prensa ya no recoge sus trabajos, a excepción de un cierto hecho perturbador que sí recoge el diario El Comercio.

Otros aficionados a la fotografía de menor entidad son entre otros: Luis de Lera Cristóbal, al que los servicios franquistas confunden con su hermano masón José de Lera Cristóbal [4], nacido en Gijón el 26 de noviembre de 1907; de profesión empleado y al que encontramos en la logia Riego nº , donde se inicia en mayo de 1930, con el simbólico Serín, y cuyo domicilio estaba situado en la carretera de Ceares nº 1 4.

Dentro del Grupo de Excursionismo y Fotografía del Ateneo Obrero, cuyo reglamento data de 1923, tenemos a otro francmasón al dentista Gaspar Citoler[5], que representó en octubre de 1913 a su grupo en el Congreso Nacional de Fotografía celebrado en Zaragoza.

Gaspar Citoler Sesé es natural de Huesca donde había nacido en 1894 y, recala en Gijón y se afilia en la masonería a través d en la logia Jovellanos 337 con de simbólico “Marne”, tiene pues una larga trayectoria masónica, su primer mandil lo recibe en diciembre de 1918, llegando a la maestría en enero de 1922, ocupando diversos cargos de importancia: 2º Vigilante, en el curso 1922-23; y Orador en el siguiente Obtiene el grado 4º y, parece que se marcha a Argentina, con su plancha de quite, rea filiándose en logias de la Gran Junta Simbólica Argentina, donde también se registra otra plancha de quite en 1927 de la logia Renovación y, un nuevo alta en la logia Acacia, ambas en los valles de Buenos Aires.

De Acacia se irá con su documento de baja sobre 1928; luego los documentos son muy confusos puesto que el rollo nº 6 de la Causa General 155 de Galicia y Asturias nos dice que ha fallecido, y en un documento “secreto" de la Comisaría General de información del 6 de julio de 1940 se dice “ que tal Gaspar Citoler afiliado a la logia Constancia nº 17 de Valladolid” sin que se especifique el segundo apellido y el año de estancia.

Otros experto aficionado es Darío Goutayer, hermano a su vez de otro conocido masón relojero Aurelio Goutayer Fernández de simbólico Breguet

La saga de los Marquerie, dinastía de grabadores en madera y litógrafos de origen francés, que se establecieron en Madrid sobre 1830, terminarán a través del fotógrafo Enrique Marquerie Alonso vinculandose con Gijón, y será a través de esa estancia en la ciudad gijonesa cuando se vinculen con las labores masónicas, cuya pertenencia va hacer efectiva Carlos Marquerie, de profesión litógrafo, que en el curso de 1882-1883, le tenemos iniciándose dentro de la logia Fraternidad Ibérica de Madrid, con el simbólico de “Senefelder”. En esa misma logia nueve años más tarde se integrará el que fuera concejal en el Consistorio gijonés Eduardo Guilmain.

La estancia o proveniencia de masones en las logias madrileñas es una cuestión que está bajo estudio pues, en general se afilian o proviene en su mayoría de tres logias radicadas en Madrid: Fraternidad Ibérica, en cuya logia encontramos como Venerable a Eduardo Caballero de Puga, Manuel Nieto maestro de coros del Real, así como el también Maestro Jiménez Delgado o Tomás Bretón, en la logia Progreso, y en el Capítulo Esperanza tenemos a Eduardo Barriobero, Emilio Menéndez Pallarés y, al vegadense Augusto Barcia
Otro fotógrafo, no masón pero que realizó fotos a distinguidos masones fue José Calvet, un fotógrafo madrileño que también ostentaba el título de “fotógrafo de Cámara de S.A.R. la Infanta Isabel, y colaborador gráfico de publicaciones periódicas como La ilustración Española y Americana o Blanco y Negro.

Este reproductor especializado en obras de artistas contemporáneos llega a Gijón en diciembre del 1902 con el encargo de hacerse cargo de la dirección de fotografía de Justino Laverdure.

De su vida apenas si tenemos noticias, salvo la que nos aporta el periódico local El Noroeste del 29 de junio de 1904, noticia en la cual de da a conocer las fotografías miniadas y esmaltes que en ese momento exponía en Gijón.

Calvet como fotógrafo realiza en Madrid un retrato en 1915 del que luego sería Gran Maestre de la Gran Logia Regional del Noroeste Alberto de Lera a su paso por la Presidencia de la Gran Asamblea Masónica y, que está dedicada a la logia Jovellanos nº 337.[6]


  • [1] AHN Expediente personal 31 legajo 93.
  • [1bis] Editorial Masónica . pag 35
  • [2] AHN. Expediente del triángulo AMESE. A-737 /2-2 y B-737/2-1
  • [3] ibiden pag. 169
  • [4] AHN. Expediente personal nº 14, legajo 396.
  • [5] AHN. Expediente personal nº 5, legajo 360.
  • [6] AHN. Legajo 205 Expt. 19 . Fotografía SE-M A Foto 156
Victor Guerra Garcia. Historiador de la Masonería Asturiana

14 marzo 2019

Fotógrafos en la masonería asturiana: Gijón (2ª Entrega)


Foto Archivo de Salamanca. Masones españoles en Covadonga

Las Artes liberales en la masonería asturiana: Pintores, litógrafos y fotógrafos 

Siguiendo con la línea ya emprendida hace tiempo de ir entregando retazos de la historia masónica asturiana, esa que se entrega en otras latitudes y por otros autores bajo los sellos de los prejuicios, las envidias y las invisibilizaciones, pues dentro de esa historia de la masonería gijonesa, escrita hace tiempo pero que reposa tranquilamente en espera de un cuidado repaso, pues hago está entrega de un capítulo que puede ser interesante y es la aportación de profesiones como los pintores , litografos o fotógrafos que los hubo y en cierta abundancia en las filas masónicas que se dieron en Asturias tanto en el siglo XIX como en el XX. de lo cual ya hice un primer acercamiento:


Por tanto aquí les dejo con el texto de la la segunda entrega:

Como hemos podido observar la logia Amigos de la Naturaleza y de la Humanidad, se constituye en un auténtico vivero de fotógrafos, tal vez la relación de unos con otros, era la mano que mece el picaporte de la puerta masónica y el aval necesario para poder entrar dentro de la hermética orden. Así, es como dentro del mismo taller encontramos al hermano Gutemberg, cuyo simbólico nos despistó al vincularlo con la tipografía y más siendo su signación profesional en el cuadro logial el de industrial, pero será de nuevo Crabifosse el que nos aporte la pista necesaria para luego ir reconstruyendo el discreto currículo masónico de este ambivalente tipógrafo: Juan Arranz de la Torre,[1] al que seguimos  a través del citado estudioso de la fotografía asturiana.

            Arranz de la Torre, nace en Vigo hacia 1825. Sus padres Fernando Arranz de la Torre y Narcisa Barredo son naturales respectivamente de Fuente Saúco (Zamora) - no Salamanca como indica Crabifosse - y, Santander. La familia se estableció en Oviedo a mediados de la década de los cuarenta, dedicándose probablemente ya el padre, a las labores de imprenta. Juan Arranz continuó la tradición familiar ejerciendo la profesión de impresor en dicha ciudad. [...] «Personalidad inquieta, participó en diversas empresas editoras»

Arranz de la Torre va a trabajar en la galería de los señores Crespo y Cruz, a los cuales terminaría adquiriendo su establecimiento pasando a denominarse la empresa Torre y Compañía , cuya sede se situaba en la calle Libertad 32.

Juan se inició masónicamente el 31 de enero de 1877, en una logia dependiente del Gran Oriente de Francia, la cual no podría ser otra que la logia Los Amigos de la Naturaleza y Humanidad que Victoria Hidalgo da como concluida en 1875, sin embargo las fechas de diversos iniciados datan de 1877, salvo que Amigos de la Naturaleza y de la Humanidad no empezara a trabajar en 1879 bajo el GONE, como indica la historiadora Victoria Hidalgo, sino bajo el GOdF dos años antes y luego cambiara más tarde al GONE, cuestión muy típica esta de cambios de Obediencia que ha llevado a más de una confusión a los estudiosos del tema.

Juan Arranz de la Torre en el último cuadro lógico que se posee de la logia, que data de 1880, consigna que posee el ribeteado mandil de Maestro Masón (3º). Con setenta años pasa al Oriente Eterno. Como anécdota casual decir que fallece el mismo día en que se había iniciado, un 31 de enero, pero evidentemente unos años antes en 1895. Un nieto suyo también formará parte de la masonería: Juan Méndez Arranz de la Torre, cuya referencia se puede encontrar en el capítulo: Prensa y Periodistas

Ricardo del Río,[2] es francmasón, y uno de los pocos fotógrafos gijoneses. Nacido en 1857 del matrimonio luanquín formado  por Bernarda Fernández Ricardo y Santos del Río Artime, que se había ubicado en Gijón, puesto que trabajaba en la Fundición Kessler, Laviada y Cía.

Ricardo, como otros muchos hombres de la época con la inocencia aún colgada de la primera pelusilla viril entró a trabajar en la fabrica de vidrios La Industria, donde su afición por la fotografía fue en aumento hasta llegar a iniciarse en tal actividad en 1881,  desarrollando las labores de fotógrafo ambulante, especialidad en la cual perdurará unos cuantos años, pues en febrero de 1896 pulula por Villaviciosa donde anuncia sus servicios durante algunos días, trasladándose al Monasterio de Valdediós, para realizar las clásicas fotografías de grupos escolares, en las cuales parece ser era todo un especialista.

Hay un momento en la vida de Ricardo, intenso, pues no solo gana el «Premio al Mérito» en la Exposición Local de 1891, sino que contraerá matrimonio con Escolástica Bárzana y Fontán, que fallecería unos años más tarde dejando como fruto de su relación con Ricardo, cinco hijos. Será por esas mismas fechas cuando Ricardo del Río levante el picaporte de la puerta de la masonería, concretamente lo hace ante las puertas de la logia Amigos de la Humanidad y, a buen seguro que de la mano de alguno de sus colegas fotógrafos y, será mediante esta membresía, cuando conozca a Antonio M. Quiroga, miembro de la misma logia y colabore con él en el proyecto de expansión que este último estaba desarrollando, y en esos entretiempos también visita como fotógrafo la villa de Grado, tal y como comenta Crabiffosse en su libro sobre la Historia de la fotografía en Gijón.

Ricardo del Río se inicia en los misterios del maestro Hiram, en cuya ceremonia se autoimpone el simbólico de Daguerre como no podía ser menos para un fotógrafo. En el seno de esta formación alcanza el grado de Maestro Masón (3º), al menos así lo recoge el cuadro lógico de 1894. Dado el vacío documental, no podemos definir cuales fueron ni sus cargos ni sus años de trabajo masónico, y menos aún sus aportaciones como masón.

Tres años más tarde en 1897, inaugurará su propia galería en el antiguo estudio de Enrique Marquerie ubicado en la calle Libertad 43, realizando trabajos baratos que publicita de este modo «Visitas por 10 reales» , compaginando tales trabajos con copias fotográficas de cuadros como La familia de un anarquista el día de la ejecución del pintor Ventura Álvarez Sala, conectando  así con la radicalidad que se da en la formación masónica en que milita, pues como ya expusimos este taller gijonés es uno de los más combativos contra la presencia en Gijón de los denominados «cogolludos».

Aunque también el taller en que se incardina es combativo con los Jesuitas no deja por ello de hacer hincapié en las labores de beneficencia. Es este taller Amigos de la Humanidad,  un tanto heterodoxo si lo comparamos con los que le precedieron o con sus propios contemporáneos, pues sus ataques a la iglesia van a ser sonados, a lo cual se suma su labor de caridad y beneficencia, y  si ello fuera poco, el liderazgo del taller va a recaer durante algún tiempo en la persona de un pastor evangélico, lo que le convierte en un taller singular.

Las evoluciones de Ricardo del Río nos las relata ampliamente Crabriffosse, detallándonos sus distintos periplos al frente de los cuales no solo estará él mismo, sino algunos de los hombres que conformaran la masonería del siglo XX Así es, como encontramos a Luís Medina Farias que será el encargado de la sucursal que Ricardo abra en la Calle Corrida 37. Ricardo dejará este mundo el 25 de enero de 1921 con 64 años de edad.

Pese a morir en pleno siglo XX, en cuyos comienzos tenemos una masonería que se irá consolidando desde la primera década del siglo, el nombre de Ricardo aparece como uno de los puntales masónicos en los que supuestamente debería haberse apoyado esa nueva masonería. ¿Cuál fue la razón para esa ausencia?

En realidad no la sabemos, pues el vacío documental existente en las logias llevó a la creencia de que ésta había naufragado a la par que el desastre del 98, luego por otros pequeñísimos indicios vemos que no, y comprobamos que una pequeña parte de esa masonería siguió adelante. De hecho, ahí tenemos a Ricardo del Río firmando en 1905 un reconocimiento de méritos masónicos.

También hay que pensar en otra dirección, y es que los nuevos puntales masónicos del siglo no salen por arte de magia o cábalas alquímicas, sino de la vinculación con los viejos hombres del siglo XIX, que de alguna manera les insuflan un nuevo espíritu ya que ellos se sienten ya muy vencidos por la historia y por el tiempo, aunque ,ya digo que son especulaciones pues las nuevas fuentes documentales masónicas que vamos a manejar correspondientes al primer tercio del siglo nada nos digan sobre ello y, todo parezca indicar que esta nueva masonería del siglo XX nace como por generación espontánea.

Hasta ahora hemos hablado de los fotógrafos, pero habría que hacerse una pregunta ¿Qué hay de masónico en sus obras? La verdad es que es un trabajo de investigación difícil y que aún no se ha abordado y que dada su escasa presencia, es posible que hubiera que ampliarlo a todo el territorio peninsular para que dichos datos pudieran tener alguna consideración, fuera de lo puramente anecdótico.

            Con respecto a los que estamos tratando hay un trabajo de Ricardo del Río muy relacionado con la masonería y, es un excepcional documento fotográfico[3] , en el cual vemos a Marcelino Aguirre Vitorero, vestido de Maestro Masón[4]. El estudio en que se realiza la fotografía estaba ubicado entre las calles Cabrales 55 y Corrida 37. Existen en el fondo documental de Salamanca, que no tienen asignada autoría y que bien pudiera ser de Ricardo del Río, o de algunos de los fotógrafos que actuaban en Asturias, pues en ellas aparece la construcción del edificio de la sede de la Gran Logia Regional del Noroeste.

También en la ciudad de Gijón tenemos a otro reconocido fotógrafo francmasón Julio Peinado Alonso.  A éste se le había vinculado a la nueva masonería que se va a dar en el siglo XX, de él nada nos dice la profesora Victoria Hidalgo sobre su posible membresía en la masonería del XIX, y sin embargo entre los papeles de la logia Amigos de la Humanidad, encontramos el documento, ya citado, que firman: Nicanor Alonso como ex Venerable, Luciano Coste como 1º ex Vigilante, Ricardo del Río como Maestro de Ceremonias y como ex Secretario de la logia Amigos de la Humanidad en los valles de Gijón, Julio Peinado Alonso con el grado de Maestro Masón (3º). Lo cual nos está indicando que su membresía a la Orden de los Hijos de la luz viene de lejos.

Peinado Alonso se va a constituir como el profesional por excelencia que se adapta a una ciudad en continuo proceso de cambio sabiendo dosificar su talento para ir dando todas las novedades que ofrece el medio y una demanda cada vez más interesada en sus productos..

Julio Peinado es un natural de Valladolid, ciudad donde le traen al mundo el 21 de septiembre de 1868[5], sus padres Rafaela y Juan.  La familia al completo y con un mozalbete que ya tiene catorce años, arriba a Gijón de la mano de la profesión de su padre, que buscaba mejores perspectivas para su prole instalando de esta manera un primer estudio fotográfico en la calle San Bernardo, en cuyo edificio vivía toda la familia.

Con apenas 19 años, Julio Peinado se casa con Joaquina González Guinea, de familia que como dirían los castizos, era de pura cepa gijonesa. Con dicha señora llega a tener ocho hijos, y pasando a trabajar profesionalmente a Oviedo, a un estudio que abrirá en la calle Fruela desde el cual irradiará una intensa labor que le lleva a contar con  la presencia de aprendices deseosos de iniciarse en la aventura de la fotografía.

En su labor de innovación se destaca, como así lo hace la prensa ovetense, la adquisición de «un nuevo aparato de luz de 6.000 bujías mediante el cual hace por la noche fotografías instantáneas con igual perfección que valiéndose de la luz solar»[6]

La era de los Peinado en el mundo de la fotografía es amplia, pues tal y como indica Adúriz en su libro, va desde 1883 hasta 1940, trayecto en el cual se va perfilando un avanzado industrial y, un preocupado francmasón de reconocido prestigio en ambos campos.

Su colaboración con otro hermano francmasón, también fotógrafo Antonio Quiroga le obliga abandonar Oviedo e instalarse de nuevo en Gijón, aunque tendrá que encargarse de buena parte de las tareas y compromisos que va adquiriendo Quiroga en su labor de expansión industrial.

Así, vemos a Pintado encargándose de la sucursal que Quiroga había montado en Ferrol, lo cual conlleva que dada su profesionalidad, y la hermandad existente entre ellos y la fraternidad a la que les obliga el ser miembros de los Hijos de la Viuda, termine asociándose como «representante en propiedad administrativa con firma autorizada ante notario -indicando Quiroga- que todos los trabajos del estudio están a cargo del inteligente artista fotógrafo D. Julio Peinado Alonso»[7]

            La ascendencia de Quiroga, tal y como expresa Crabiffosse se va dejar notar tanto en la apuesta profesional, como en el ingreso en la masonería de su colega y amigo al que en 1898 vemos entrar en la cámara de reflexión,[8] y momentos más tarde iniciar los tres viajes que debe realizar el profano que desea adentrase en el mundo de la masonería, y así es como Julio Peinado, con 30 años entra en la logia Amigos de la Humanidad, y escoge como nombre simbólico el de Nipse.

No sabemos con fecha exacta cuando abandona la masonería, puesto que su logia se va ir extinguiendo en el tiempo y, parece que tan solo queda la parte administrativa, tal y como lo demuestra un escrito que se realiza en 1905 y que ya se comentó en varias ocasiones.

Su presencia, la vamos a echar de menos en el nuevo renacimiento masónico y,  comprobamos  que es del todo reacio a incorporarse a los nuevos e ilusionantes trabajos masónicos, y todo ello a pesar de que tiene conocidos y amigos que en parte están liderando la puesta en escena de nuevas columnas sobre las cuales se asentarán los nuevos cimientos de la masonería gijonesa.

Su reincorporación no está exenta de cierta presión y hasta de una posible maquinación, puesto que por un lado se estaba preparando la reorganización del GOE en Grandes Logias Regionales y por otra, ciertas personalidades de la masonería gijonesa estaban preparándose para abordar ese salto organizativo y necesitaban de pesos pesados como Julio Peinado.

Durante ese renacer masónico, el prestigio de Peinado es inmenso ya que en 1916, goza de fama al proclamarse oficialmente como fotógrafo de S.A.R. la Infanta doña Isabel, y es en medio de esa aureola profesional en la que se circunscribe su reconocimiento como masón, que se produce el 5 de enero de 1923, en el seno de la logia Jovellanos nº 337, que le reconoce como procedente del Gran Oriente Ibérico, y como no, también del grado que ostentaba de Maestro Masón (3º), aunque un mes más tarde Julio Peinado está pidiendo la plancha de quite para levantar las columnas de la logia Riego nº 2, y en cuyo taller ocupará el cargo de Secretario.

Su permanencia en la masonería se va a registrar hasta 1926, luego su estela desaparece dado que hay un vacío documental que no nos permite saber como prosiguió el currículo de Julio Peinado, que debía estar muy metido en sus trabajos profesionales, pues desde su salto a la logia Riego como Secretario, no se le encuentra entre las grandes dignidades que presiden la logia ni dentro de la estructura de la Gran Logia Regional del Noroeste.

Sabemos que en 1925 presentó una selección de fotografías en la Exposición de la Hulla Blanca de Grenoble y, que partir de aquí sus descendientes serán quienes se vayan haciendo cargo del negocio y que en 1926, «tras el cierre del Teatro Jovellanos, se integra en aquel Gijón Cinema inaugurado el 15 de julio de 1926 con la celebérrima serie muda El Prisionero de Zelda. Yo recuerdo como si fuese ahora que, ya embalados por la década de los treinta, los mocosos del barrio del Carmen andábamos a la caza de aquel amable operador que era Julio Peinado para, día tras día, pedirle vistas que él nos proporcionaba a montones y gozando como un verderón»[9]

El 17 de diciembre de 1940 fallecía en su casa de la calle San Bernardo y, con él, como decía Patricio Adúriz «perdíamos a lo que vino a simbolizar lo que por antonomasia denominaremos la belle epoque de la calle Corrida»

Victor Guerra Garcia. Historiador de la Masonería Asturiana



[1] Ibidem . Pág. 124.
[2] Ibidem Pág. 182.
[3] AHN. Signatura SE-MASONERIA-A foto 333.
[4] Marcelino Aguirre fue exaltado al grado 3º el cinco de diciembre de 1914.
[5] Crabiffosse en su libro sobre la fotografía en Gijón, al igual que Patricio Adúriz en su libro Crónica de la Calle Corrida exponen que Julio Peinado había nacido en 1869, sin embargo en los documentos masónicos se consigna con fecha de 1868.
[6] El correo de Asturias, Oviedo, 17 de octubre 1891.
[7] Ibidem. Pag. 173 y sgts.
[8] Habitación de muy reducidas dimensiones y casi en plena oscuridad y donde se encierra al profano con una serie de símbolos y frases antes de dar comienzo a las ceremonias de iniciación.
[9] Adúriz, Patricio: Crónica de la calle Corrida. Biblioteca Julio Somoza. Ed. Silverio Cañada Gijón 1990.


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