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14 abril 2019

Fotógrafos en la masonería asturiana: Gijón (3ª entrega y ultima)


Fotografía de Alberto de Lera

Otro miembro de la estirpe de los Peinado, que está también inmerso en la masonería es su hijo Juan Peinado González que a partir de 1925, irá supliendo junto con sus hermanos a su padre en las labores del estudio fotográfico, sin que por otra parte los estudiosos de la fotografía local, nos puedan dar más señas sobre su trayectoria profesional, lo que sí sabemos es que Juan Peinado González sigue masónicamente los pasos de su padre, tal vez influido por éste.

Su vinculación a la masonería la tenemos a través de la comunicación que Alberto de Lera realiza ante le Gran Consejo Simbólico de la Orden, por la cual él y otros masones como Juan Peinado Alonso, constituirán la base para la logia Riego nº2, y será en el cuadro lógico de ese taller el que nos indique que Juan Peinado, ha nacido el 4 de marzo de 1903 y, y que su profesión es la de empleado , nos imaginamos que del establecimiento de su padre.

Peinado, hijo se inicia en el seno de la masonería gijonesa el 26 de enero 1923, imponiéndose el simbólico de Monte Arruit , tal fecha nos viene a decir de que su inclusión en la masonería viene de la mano de su padre que acababa de regularizar su situación masónica de durmiente.

Con este francmasón pasa los mismo que con su padre, una vez dentro de la logia Riego ambos se disuelven en el vacío documental que aqueja a la masonería asturiana.

Ya en pleno siglo XX, y situados en ese renacer del siglo, en el curso de la primera década y dándose la mano la vieja masonería que ve apagarse del todo sus ya casi extinguidas luces que parecen revivir a través de las nuevas aportaciones, iniciándose todo un proceso de regeneración masónica que vendrá a través de los básicos cimientos que colocaran los miembros del triángulo AMESE entre los que se encuentra Luis Medina Farias.[1] o Parias. El investigador Ivan Pozuelo, donde en su libro sobre la Logia Jovellanos  (1912-1939 .Memoria e Historia borradas por el franquismo[1bis] apenas si le dedica 8 líneas. 

Luis Medina Farias, es un andaluz nacido al cobijo de la Mezquita de Córdoba el 1 de enero de 1877. Su ocupación profesional como fotógrafo le lleva a establecerse en Madrid, en cuyos valles se inicia como francmasón dentro de la logia Progreso nº 88 y adoptando, como es ya natural dentro de la masonería española, el simbólico de General André, su diploma de iniciación lleva fecha del 13 de febrero de 1905, siendo exaltado al grado de Compañero (2º) por la misma logia el 24 de junio del mismo año, y comunicado por el Boletín Oficial del Grande Oriente Español del 31 de agosto de 1905

Debe ser por esa época cuando se casa con Matilde Benedet, con la cual se traslada a Gijón sobre 1907, para un año después incardinarse en el proyecto de otro fotógrafo del que hemos hablado, de Ricardo del Río, y llevar así, la sucursal que este había abierto en la calle Cabrales 55.

El emprendedor cordobés no pasará mucho tiempo bajo la batuta de Ricardo  del Río, y empieza a emprender las acciones necesarias para establecerse por cuenta propia,  cosa nada fácil, pues hacen falta recursos y además  cuando la idea era dar un salto importante ya que deseaba establecerse en un planta baja, lo cual consigue mediante la ayuda de su padre, a cuyo nombre registra la matrícula comercial e industrial, y dando lugar al estudio La Fotografía Moderna que se inaugura el 17 de abril de 1910.

Es ese período de gran intensidad cuando dan comienzo las primeras reuniones para conformar lo que pasando el tiempo serían las bases de la masonería del primer tercio de 1900. El 15 de octubre de 1911 diversos francmasones Nicanor Alonso, Francisco Seguy y Medina Farias, este último secretario del taller que comenzaría en esos momentos la andadura:

“Reunidos los hh.: que la margen se expresan , propuso el h:. Francisco Seguí Marty (grado 32) la formación de un D :. para despertar en estos Vall:. a los hh:. Durmientes y proseguir los trabajos de propaganda en bien de la Orden y del progreso. Teniendo presente que se había remitido al G:. O:. Una carta con el mismo acuerdo sin consignar el nombre del D:. y estando conformes los demás hh:. en lo propuesto se acordó por unanimidad darle el nombre de AMESE, al mismo tiempo que nos recuerda la obligación de aunar , se recordará los nombres de los tres fundadores, ya que está compuesto con la primera sílaba de cada uno , en esta forma A-ME-SE”.[2]

La presencia de Medina Farias en la masonería gijonesa, a pesar del esfuerzo inicial que supone levantar las columnas de un nuevo taller, va ser muy corta, pues en julio de 1912 el boletín del GOE ya recoge la entrega de la Plancha de Quite para el francmasón General André y, de hecho en las catas del triángulo que existen a partir del 5 de julio en el que aparecen sus otros compañeros y alguna adición más ya no está el hermano Medina.

¿Cuál fue el motivo de esa fugaz marcha? A ciencia cierta no se sabe, ni las actas que se poseen dejan al descubierto que podía haber pasado para esta rápida marcha, tal vez la inclusión de profanos para iniciar no le gustarán y menos que pronto se diera el paso para constituir una logia bajo el patronímico de Jovellanos. O qué sus negocios le impidieron seguir ejerciendo las responsabilidades que había tomado como secretario pues en esa época estaba ofreciendo “una docena de retratos “mignón” por una peseta para que puedan retratarse hasta los niños y niñas más desheredados de la fortuna.”[3]

Nuestro durmiente francmasón aún permanecerá activo profesionalmente unos años, aunque la prensa ya no recoge sus trabajos, a excepción de un cierto hecho perturbador que sí recoge el diario El Comercio.

Otros aficionados a la fotografía de menor entidad son entre otros: Luis de Lera Cristóbal, al que los servicios franquistas confunden con su hermano masón José de Lera Cristóbal [4], nacido en Gijón el 26 de noviembre de 1907; de profesión empleado y al que encontramos en la logia Riego nº , donde se inicia en mayo de 1930, con el simbólico Serín, y cuyo domicilio estaba situado en la carretera de Ceares nº 1 4.

Dentro del Grupo de Excursionismo y Fotografía del Ateneo Obrero, cuyo reglamento data de 1923, tenemos a otro francmasón al dentista Gaspar Citoler[5], que representó en octubre de 1913 a su grupo en el Congreso Nacional de Fotografía celebrado en Zaragoza.

Gaspar Citoler Sesé es natural de Huesca donde había nacido en 1894 y, recala en Gijón y se afilia en la masonería a través d en la logia Jovellanos 337 con de simbólico “Marne”, tiene pues una larga trayectoria masónica, su primer mandil lo recibe en diciembre de 1918, llegando a la maestría en enero de 1922, ocupando diversos cargos de importancia: 2º Vigilante, en el curso 1922-23; y Orador en el siguiente Obtiene el grado 4º y, parece que se marcha a Argentina, con su plancha de quite, rea filiándose en logias de la Gran Junta Simbólica Argentina, donde también se registra otra plancha de quite en 1927 de la logia Renovación y, un nuevo alta en la logia Acacia, ambas en los valles de Buenos Aires.

De Acacia se irá con su documento de baja sobre 1928; luego los documentos son muy confusos puesto que el rollo nº 6 de la Causa General 155 de Galicia y Asturias nos dice que ha fallecido, y en un documento “secreto" de la Comisaría General de información del 6 de julio de 1940 se dice “ que tal Gaspar Citoler afiliado a la logia Constancia nº 17 de Valladolid” sin que se especifique el segundo apellido y el año de estancia.

Otros experto aficionado es Darío Goutayer, hermano a su vez de otro conocido masón relojero Aurelio Goutayer Fernández de simbólico Breguet

La saga de los Marquerie, dinastía de grabadores en madera y litógrafos de origen francés, que se establecieron en Madrid sobre 1830, terminarán a través del fotógrafo Enrique Marquerie Alonso vinculandose con Gijón, y será a través de esa estancia en la ciudad gijonesa cuando se vinculen con las labores masónicas, cuya pertenencia va hacer efectiva Carlos Marquerie, de profesión litógrafo, que en el curso de 1882-1883, le tenemos iniciándose dentro de la logia Fraternidad Ibérica de Madrid, con el simbólico de “Senefelder”. En esa misma logia nueve años más tarde se integrará el que fuera concejal en el Consistorio gijonés Eduardo Guilmain.

La estancia o proveniencia de masones en las logias madrileñas es una cuestión que está bajo estudio pues, en general se afilian o proviene en su mayoría de tres logias radicadas en Madrid: Fraternidad Ibérica, en cuya logia encontramos como Venerable a Eduardo Caballero de Puga, Manuel Nieto maestro de coros del Real, así como el también Maestro Jiménez Delgado o Tomás Bretón, en la logia Progreso, y en el Capítulo Esperanza tenemos a Eduardo Barriobero, Emilio Menéndez Pallarés y, al vegadense Augusto Barcia
Otro fotógrafo, no masón pero que realizó fotos a distinguidos masones fue José Calvet, un fotógrafo madrileño que también ostentaba el título de “fotógrafo de Cámara de S.A.R. la Infanta Isabel, y colaborador gráfico de publicaciones periódicas como La ilustración Española y Americana o Blanco y Negro.

Este reproductor especializado en obras de artistas contemporáneos llega a Gijón en diciembre del 1902 con el encargo de hacerse cargo de la dirección de fotografía de Justino Laverdure.

De su vida apenas si tenemos noticias, salvo la que nos aporta el periódico local El Noroeste del 29 de junio de 1904, noticia en la cual de da a conocer las fotografías miniadas y esmaltes que en ese momento exponía en Gijón.

Calvet como fotógrafo realiza en Madrid un retrato en 1915 del que luego sería Gran Maestre de la Gran Logia Regional del Noroeste Alberto de Lera a su paso por la Presidencia de la Gran Asamblea Masónica y, que está dedicada a la logia Jovellanos nº 337.[6]


  • [1] AHN Expediente personal 31 legajo 93.
  • [1bis] Editorial Masónica . pag 35
  • [2] AHN. Expediente del triángulo AMESE. A-737 /2-2 y B-737/2-1
  • [3] ibiden pag. 169
  • [4] AHN. Expediente personal nº 14, legajo 396.
  • [5] AHN. Expediente personal nº 5, legajo 360.
  • [6] AHN. Legajo 205 Expt. 19 . Fotografía SE-M A Foto 156
Victor Guerra Garcia. Historiador de la Masonería Asturiana

14 marzo 2019

Fotógrafos en la masonería asturiana: Gijón (2ª Entrega)


Foto Archivo de Salamanca. Masones españoles en Covadonga

Las Artes liberales en la masonería asturiana: Pintores, litógrafos y fotógrafos 

Siguiendo con la línea ya emprendida hace tiempo de ir entregando retazos de la historia masónica asturiana, esa que se entrega en otras latitudes y por otros autores bajo los sellos de los prejuicios, las envidias y las invisibilizaciones, pues dentro de esa historia de la masonería gijonesa, escrita hace tiempo pero que reposa tranquilamente en espera de un cuidado repaso, pues hago está entrega de un capítulo que puede ser interesante y es la aportación de profesiones como los pintores , litografos o fotógrafos que los hubo y en cierta abundancia en las filas masónicas que se dieron en Asturias tanto en el siglo XIX como en el XX. de lo cual ya hice un primer acercamiento:


Por tanto aquí les dejo con el texto de la la segunda entrega:

Como hemos podido observar la logia Amigos de la Naturaleza y de la Humanidad, se constituye en un auténtico vivero de fotógrafos, tal vez la relación de unos con otros, era la mano que mece el picaporte de la puerta masónica y el aval necesario para poder entrar dentro de la hermética orden. Así, es como dentro del mismo taller encontramos al hermano Gutemberg, cuyo simbólico nos despistó al vincularlo con la tipografía y más siendo su signación profesional en el cuadro logial el de industrial, pero será de nuevo Crabifosse el que nos aporte la pista necesaria para luego ir reconstruyendo el discreto currículo masónico de este ambivalente tipógrafo: Juan Arranz de la Torre,[1] al que seguimos  a través del citado estudioso de la fotografía asturiana.

            Arranz de la Torre, nace en Vigo hacia 1825. Sus padres Fernando Arranz de la Torre y Narcisa Barredo son naturales respectivamente de Fuente Saúco (Zamora) - no Salamanca como indica Crabifosse - y, Santander. La familia se estableció en Oviedo a mediados de la década de los cuarenta, dedicándose probablemente ya el padre, a las labores de imprenta. Juan Arranz continuó la tradición familiar ejerciendo la profesión de impresor en dicha ciudad. [...] «Personalidad inquieta, participó en diversas empresas editoras»

Arranz de la Torre va a trabajar en la galería de los señores Crespo y Cruz, a los cuales terminaría adquiriendo su establecimiento pasando a denominarse la empresa Torre y Compañía , cuya sede se situaba en la calle Libertad 32.

Juan se inició masónicamente el 31 de enero de 1877, en una logia dependiente del Gran Oriente de Francia, la cual no podría ser otra que la logia Los Amigos de la Naturaleza y Humanidad que Victoria Hidalgo da como concluida en 1875, sin embargo las fechas de diversos iniciados datan de 1877, salvo que Amigos de la Naturaleza y de la Humanidad no empezara a trabajar en 1879 bajo el GONE, como indica la historiadora Victoria Hidalgo, sino bajo el GOdF dos años antes y luego cambiara más tarde al GONE, cuestión muy típica esta de cambios de Obediencia que ha llevado a más de una confusión a los estudiosos del tema.

Juan Arranz de la Torre en el último cuadro lógico que se posee de la logia, que data de 1880, consigna que posee el ribeteado mandil de Maestro Masón (3º). Con setenta años pasa al Oriente Eterno. Como anécdota casual decir que fallece el mismo día en que se había iniciado, un 31 de enero, pero evidentemente unos años antes en 1895. Un nieto suyo también formará parte de la masonería: Juan Méndez Arranz de la Torre, cuya referencia se puede encontrar en el capítulo: Prensa y Periodistas

Ricardo del Río,[2] es francmasón, y uno de los pocos fotógrafos gijoneses. Nacido en 1857 del matrimonio luanquín formado  por Bernarda Fernández Ricardo y Santos del Río Artime, que se había ubicado en Gijón, puesto que trabajaba en la Fundición Kessler, Laviada y Cía.

Ricardo, como otros muchos hombres de la época con la inocencia aún colgada de la primera pelusilla viril entró a trabajar en la fabrica de vidrios La Industria, donde su afición por la fotografía fue en aumento hasta llegar a iniciarse en tal actividad en 1881,  desarrollando las labores de fotógrafo ambulante, especialidad en la cual perdurará unos cuantos años, pues en febrero de 1896 pulula por Villaviciosa donde anuncia sus servicios durante algunos días, trasladándose al Monasterio de Valdediós, para realizar las clásicas fotografías de grupos escolares, en las cuales parece ser era todo un especialista.

Hay un momento en la vida de Ricardo, intenso, pues no solo gana el «Premio al Mérito» en la Exposición Local de 1891, sino que contraerá matrimonio con Escolástica Bárzana y Fontán, que fallecería unos años más tarde dejando como fruto de su relación con Ricardo, cinco hijos. Será por esas mismas fechas cuando Ricardo del Río levante el picaporte de la puerta de la masonería, concretamente lo hace ante las puertas de la logia Amigos de la Humanidad y, a buen seguro que de la mano de alguno de sus colegas fotógrafos y, será mediante esta membresía, cuando conozca a Antonio M. Quiroga, miembro de la misma logia y colabore con él en el proyecto de expansión que este último estaba desarrollando, y en esos entretiempos también visita como fotógrafo la villa de Grado, tal y como comenta Crabiffosse en su libro sobre la Historia de la fotografía en Gijón.

Ricardo del Río se inicia en los misterios del maestro Hiram, en cuya ceremonia se autoimpone el simbólico de Daguerre como no podía ser menos para un fotógrafo. En el seno de esta formación alcanza el grado de Maestro Masón (3º), al menos así lo recoge el cuadro lógico de 1894. Dado el vacío documental, no podemos definir cuales fueron ni sus cargos ni sus años de trabajo masónico, y menos aún sus aportaciones como masón.

Tres años más tarde en 1897, inaugurará su propia galería en el antiguo estudio de Enrique Marquerie ubicado en la calle Libertad 43, realizando trabajos baratos que publicita de este modo «Visitas por 10 reales» , compaginando tales trabajos con copias fotográficas de cuadros como La familia de un anarquista el día de la ejecución del pintor Ventura Álvarez Sala, conectando  así con la radicalidad que se da en la formación masónica en que milita, pues como ya expusimos este taller gijonés es uno de los más combativos contra la presencia en Gijón de los denominados «cogolludos».

Aunque también el taller en que se incardina es combativo con los Jesuitas no deja por ello de hacer hincapié en las labores de beneficencia. Es este taller Amigos de la Humanidad,  un tanto heterodoxo si lo comparamos con los que le precedieron o con sus propios contemporáneos, pues sus ataques a la iglesia van a ser sonados, a lo cual se suma su labor de caridad y beneficencia, y  si ello fuera poco, el liderazgo del taller va a recaer durante algún tiempo en la persona de un pastor evangélico, lo que le convierte en un taller singular.

Las evoluciones de Ricardo del Río nos las relata ampliamente Crabriffosse, detallándonos sus distintos periplos al frente de los cuales no solo estará él mismo, sino algunos de los hombres que conformaran la masonería del siglo XX Así es, como encontramos a Luís Medina Farias que será el encargado de la sucursal que Ricardo abra en la Calle Corrida 37. Ricardo dejará este mundo el 25 de enero de 1921 con 64 años de edad.

Pese a morir en pleno siglo XX, en cuyos comienzos tenemos una masonería que se irá consolidando desde la primera década del siglo, el nombre de Ricardo aparece como uno de los puntales masónicos en los que supuestamente debería haberse apoyado esa nueva masonería. ¿Cuál fue la razón para esa ausencia?

En realidad no la sabemos, pues el vacío documental existente en las logias llevó a la creencia de que ésta había naufragado a la par que el desastre del 98, luego por otros pequeñísimos indicios vemos que no, y comprobamos que una pequeña parte de esa masonería siguió adelante. De hecho, ahí tenemos a Ricardo del Río firmando en 1905 un reconocimiento de méritos masónicos.

También hay que pensar en otra dirección, y es que los nuevos puntales masónicos del siglo no salen por arte de magia o cábalas alquímicas, sino de la vinculación con los viejos hombres del siglo XIX, que de alguna manera les insuflan un nuevo espíritu ya que ellos se sienten ya muy vencidos por la historia y por el tiempo, aunque ,ya digo que son especulaciones pues las nuevas fuentes documentales masónicas que vamos a manejar correspondientes al primer tercio del siglo nada nos digan sobre ello y, todo parezca indicar que esta nueva masonería del siglo XX nace como por generación espontánea.

Hasta ahora hemos hablado de los fotógrafos, pero habría que hacerse una pregunta ¿Qué hay de masónico en sus obras? La verdad es que es un trabajo de investigación difícil y que aún no se ha abordado y que dada su escasa presencia, es posible que hubiera que ampliarlo a todo el territorio peninsular para que dichos datos pudieran tener alguna consideración, fuera de lo puramente anecdótico.

            Con respecto a los que estamos tratando hay un trabajo de Ricardo del Río muy relacionado con la masonería y, es un excepcional documento fotográfico[3] , en el cual vemos a Marcelino Aguirre Vitorero, vestido de Maestro Masón[4]. El estudio en que se realiza la fotografía estaba ubicado entre las calles Cabrales 55 y Corrida 37. Existen en el fondo documental de Salamanca, que no tienen asignada autoría y que bien pudiera ser de Ricardo del Río, o de algunos de los fotógrafos que actuaban en Asturias, pues en ellas aparece la construcción del edificio de la sede de la Gran Logia Regional del Noroeste.

También en la ciudad de Gijón tenemos a otro reconocido fotógrafo francmasón Julio Peinado Alonso.  A éste se le había vinculado a la nueva masonería que se va a dar en el siglo XX, de él nada nos dice la profesora Victoria Hidalgo sobre su posible membresía en la masonería del XIX, y sin embargo entre los papeles de la logia Amigos de la Humanidad, encontramos el documento, ya citado, que firman: Nicanor Alonso como ex Venerable, Luciano Coste como 1º ex Vigilante, Ricardo del Río como Maestro de Ceremonias y como ex Secretario de la logia Amigos de la Humanidad en los valles de Gijón, Julio Peinado Alonso con el grado de Maestro Masón (3º). Lo cual nos está indicando que su membresía a la Orden de los Hijos de la luz viene de lejos.

Peinado Alonso se va a constituir como el profesional por excelencia que se adapta a una ciudad en continuo proceso de cambio sabiendo dosificar su talento para ir dando todas las novedades que ofrece el medio y una demanda cada vez más interesada en sus productos..

Julio Peinado es un natural de Valladolid, ciudad donde le traen al mundo el 21 de septiembre de 1868[5], sus padres Rafaela y Juan.  La familia al completo y con un mozalbete que ya tiene catorce años, arriba a Gijón de la mano de la profesión de su padre, que buscaba mejores perspectivas para su prole instalando de esta manera un primer estudio fotográfico en la calle San Bernardo, en cuyo edificio vivía toda la familia.

Con apenas 19 años, Julio Peinado se casa con Joaquina González Guinea, de familia que como dirían los castizos, era de pura cepa gijonesa. Con dicha señora llega a tener ocho hijos, y pasando a trabajar profesionalmente a Oviedo, a un estudio que abrirá en la calle Fruela desde el cual irradiará una intensa labor que le lleva a contar con  la presencia de aprendices deseosos de iniciarse en la aventura de la fotografía.

En su labor de innovación se destaca, como así lo hace la prensa ovetense, la adquisición de «un nuevo aparato de luz de 6.000 bujías mediante el cual hace por la noche fotografías instantáneas con igual perfección que valiéndose de la luz solar»[6]

La era de los Peinado en el mundo de la fotografía es amplia, pues tal y como indica Adúriz en su libro, va desde 1883 hasta 1940, trayecto en el cual se va perfilando un avanzado industrial y, un preocupado francmasón de reconocido prestigio en ambos campos.

Su colaboración con otro hermano francmasón, también fotógrafo Antonio Quiroga le obliga abandonar Oviedo e instalarse de nuevo en Gijón, aunque tendrá que encargarse de buena parte de las tareas y compromisos que va adquiriendo Quiroga en su labor de expansión industrial.

Así, vemos a Pintado encargándose de la sucursal que Quiroga había montado en Ferrol, lo cual conlleva que dada su profesionalidad, y la hermandad existente entre ellos y la fraternidad a la que les obliga el ser miembros de los Hijos de la Viuda, termine asociándose como «representante en propiedad administrativa con firma autorizada ante notario -indicando Quiroga- que todos los trabajos del estudio están a cargo del inteligente artista fotógrafo D. Julio Peinado Alonso»[7]

            La ascendencia de Quiroga, tal y como expresa Crabiffosse se va dejar notar tanto en la apuesta profesional, como en el ingreso en la masonería de su colega y amigo al que en 1898 vemos entrar en la cámara de reflexión,[8] y momentos más tarde iniciar los tres viajes que debe realizar el profano que desea adentrase en el mundo de la masonería, y así es como Julio Peinado, con 30 años entra en la logia Amigos de la Humanidad, y escoge como nombre simbólico el de Nipse.

No sabemos con fecha exacta cuando abandona la masonería, puesto que su logia se va ir extinguiendo en el tiempo y, parece que tan solo queda la parte administrativa, tal y como lo demuestra un escrito que se realiza en 1905 y que ya se comentó en varias ocasiones.

Su presencia, la vamos a echar de menos en el nuevo renacimiento masónico y,  comprobamos  que es del todo reacio a incorporarse a los nuevos e ilusionantes trabajos masónicos, y todo ello a pesar de que tiene conocidos y amigos que en parte están liderando la puesta en escena de nuevas columnas sobre las cuales se asentarán los nuevos cimientos de la masonería gijonesa.

Su reincorporación no está exenta de cierta presión y hasta de una posible maquinación, puesto que por un lado se estaba preparando la reorganización del GOE en Grandes Logias Regionales y por otra, ciertas personalidades de la masonería gijonesa estaban preparándose para abordar ese salto organizativo y necesitaban de pesos pesados como Julio Peinado.

Durante ese renacer masónico, el prestigio de Peinado es inmenso ya que en 1916, goza de fama al proclamarse oficialmente como fotógrafo de S.A.R. la Infanta doña Isabel, y es en medio de esa aureola profesional en la que se circunscribe su reconocimiento como masón, que se produce el 5 de enero de 1923, en el seno de la logia Jovellanos nº 337, que le reconoce como procedente del Gran Oriente Ibérico, y como no, también del grado que ostentaba de Maestro Masón (3º), aunque un mes más tarde Julio Peinado está pidiendo la plancha de quite para levantar las columnas de la logia Riego nº 2, y en cuyo taller ocupará el cargo de Secretario.

Su permanencia en la masonería se va a registrar hasta 1926, luego su estela desaparece dado que hay un vacío documental que no nos permite saber como prosiguió el currículo de Julio Peinado, que debía estar muy metido en sus trabajos profesionales, pues desde su salto a la logia Riego como Secretario, no se le encuentra entre las grandes dignidades que presiden la logia ni dentro de la estructura de la Gran Logia Regional del Noroeste.

Sabemos que en 1925 presentó una selección de fotografías en la Exposición de la Hulla Blanca de Grenoble y, que partir de aquí sus descendientes serán quienes se vayan haciendo cargo del negocio y que en 1926, «tras el cierre del Teatro Jovellanos, se integra en aquel Gijón Cinema inaugurado el 15 de julio de 1926 con la celebérrima serie muda El Prisionero de Zelda. Yo recuerdo como si fuese ahora que, ya embalados por la década de los treinta, los mocosos del barrio del Carmen andábamos a la caza de aquel amable operador que era Julio Peinado para, día tras día, pedirle vistas que él nos proporcionaba a montones y gozando como un verderón»[9]

El 17 de diciembre de 1940 fallecía en su casa de la calle San Bernardo y, con él, como decía Patricio Adúriz «perdíamos a lo que vino a simbolizar lo que por antonomasia denominaremos la belle epoque de la calle Corrida»

Victor Guerra Garcia. Historiador de la Masonería Asturiana



[1] Ibidem . Pág. 124.
[2] Ibidem Pág. 182.
[3] AHN. Signatura SE-MASONERIA-A foto 333.
[4] Marcelino Aguirre fue exaltado al grado 3º el cinco de diciembre de 1914.
[5] Crabiffosse en su libro sobre la fotografía en Gijón, al igual que Patricio Adúriz en su libro Crónica de la Calle Corrida exponen que Julio Peinado había nacido en 1869, sin embargo en los documentos masónicos se consigna con fecha de 1868.
[6] El correo de Asturias, Oviedo, 17 de octubre 1891.
[7] Ibidem. Pag. 173 y sgts.
[8] Habitación de muy reducidas dimensiones y casi en plena oscuridad y donde se encierra al profano con una serie de símbolos y frases antes de dar comienzo a las ceremonias de iniciación.
[9] Adúriz, Patricio: Crónica de la calle Corrida. Biblioteca Julio Somoza. Ed. Silverio Cañada Gijón 1990.


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