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07 julio 2019

LA LOGIA JOVELLANOS (1912-1939): UNA APROXIMACIÓN



Las aproximaciones historiográficas a la masonería asturiana, digamos que en general tiene una nómina de productores bastante pequeña, hoy por hoy se reduce a dos, uno ubicado en el mundo universitario como es el caso de Yvan Pozuelo Andrés, y otro insertado en la masonería, no siendo historiador profesional,  como es mi caso que en general se nos obvia por no tener titulo garantizador por una institución universitaria..

Y esa es casi que toda la nómina de historiadores de masonería asturiana, más allá de los trabajos de Victoria Hidalgo y algunas aproximaciones esporádicas.

En el caso de Yván Pozuelo, sobre el cual ya he escrito alguna reseña:

Hoy este vuelve a esta palestra por un libro que ha publicado hace unos meses  en la editorial Masónica.es,   La Logia Jovellanos (1912-1939.Memoria e Historia Borradas por el Franquismo, publicada  dentro de la colección Historiadores de la Masonería y que prologa el también historiador  Ricardo Martínez Esquivel, ambos miembros de los mismos colectivos como CEHME o la Revista REHLMLAC, y libro que se presentó un poco sin gloria y sin pena en Gijón, en medio de una actividad que reunió a una docena de personas en torno a la masonería y que convocó precisamente REHLMLAC.

Como nota preliminar al trabajo editado, indicar que ya el subtitulo de la obra induce a cierto error de apreciación puesto que nos habla de «memoria borradas por el franquismo» y no diría yo tanto, puesto que la reconstrucción masónica que se está haciendo en España en un 90%  gracias al material incautado por el franquismo, por tanto en sentido literal el franquismo no borró la memoria masónica, pues que los nutridos archivos que logró conformar en sus hoy nutren gran parte de las historias que se construyen en torno a las cuestiones masónicas.

Digamos que lo que hizo el franquismo no fue borrar la memoria, sino algo muy distinto como fue su distorsión para justificar determinadas acciones antimasónicas que van a estar muy presentes a lo largo del siglo XX, como bien demuestran los trabajos de Javier F. Granda. Prensa Franquista y Masonería (Asturias 1940-1963).

Como premisa puedo indicarles que no busquen en este trabajo de Yván Pozuelo referencias a trabajos publicados bajo mi firma,  porque la invisibilización es completa tanto en citas de textos y en referencias bibliográficas, y lo podrán comprobar en mil y un circunstancias, por ejemplo, en la pag. 85 , cuando se habla de la revista el  Hombre Rojo, se va el autor a una cita de Jose Antonio Ayala, cuando  en realidad en abril del 2007 publicaba en el blog de Masonería en Asturias un trabajo sobre La Prensa masónica gijonesa, en dicho artículo se hablaba sobre dicha revista y su autor Isaac Pacheco. 

Otro ejemplo cuando en la página 86 del libro,  Pozuelo se habla del francmasón José María Loredo, no cita el trabajo que presenté en el primer Congreso sobre la Historia del PCE 1920-1977. Los masones comunistas asturianos, El caso de Jose María Loredo Aparicio. Trabajo publicado además en este mismo blog.

Es un caso el de este historiador que es de hipérbolico, aunque entiendo que cada uno es libre de coger cuantas referencias bibliográficas crea conveniente, aunque sea yendo a terceros de los que al final al final están detrayendo sus informaciones, denegando  autorías y existencias, lo que deja al descubierto el talante de algunos historiadores, incluso "profesionales y académicos" como es el caso de Yván Pozuelo.

En cuanto al trabajo de la Logia Jovellanos, a mi me parece un trabajo un tanto escaso, con puntualizaciones o acotaciones que no tienen mucho sentido, como cuando dice pagina 101 sobre la enumeración de la logia Jovellanos como la nº 1,  y comenta  que « esta numeración no añade un significado de calidad pues otras cuantas logias lo merecería» . 

Creo que es desorbitado hacer este tipo de opiniones, pues la susodicha enumeración de la logias, vino de la mano de la implantación de un nuevo modelo de organización  del GOE, en  grandes logia regionales, de ahí que el territorio astur pasara a denominarse como Gran Logia Regional del Noroeste, y su primer logia, aquella que primeramente abrió sus puertas tras el triángulo AMESE, fue la Logia Jovellanos nº 337, que por tanto pasó a denominarse Logia Jovellanos nº1. Sin más problemas ni definiciones.

Creo que en su texto hay algunas lagunas como cuando habla de la Escuela Neutra, en cuyo trabajo tampoco cita a los diversos autores que han trabajado este tema en Asturias, como Macrino Fernandez Riera, o yo mismo que hemos escrito desde diferentes ángulos sobre la Escuela Neutra.

Estas son las notas discordantes, las cuales ya dicen mucho de autor y de su trabajo, que no puedo negarlo a mi me gusta más bien poco, pues se haya muy ceñido a los archivos policiales de Salamanca, y por tanto persiste en ese tono seguidista que reclaman para sí  buena parte de los historiadores del CEHME para los cuales no parece haber otra fuente que el archivo que reunió Ulibarri para satisfacción del régimen, aunque en parte lo hiciera con documentos masónicos.

En general el libro de Yvan Pozuelo, lo considero un tanto flojo, creo que tiene bastante de tendencioso, por ejemplo cuando le niega a Melquiades Alvarez, una labor intensa en la masonería asturiana, es cierto que hizo de “gancho” para  nuclear masonería y reformismo, pero no cabe duda de que dicho personaje tiene varios y variados registros que parece desconocer el historiador Pozuelo, tanto sus planchas como sus primeros tiempos como activo francmasón en varios  foros nacionales e internacionales.

Creo que la logia Jovellanos debía de dar lugar a un trabajo más extenso y profundo del que se aporta en este libro, que a veces resulta simplón y con temas de relleno, pues la logia Jovellanos tiene por si misma papeles importantes que jugó desde el embrión  de 1911 hasta 1939, y  no solo como grupo logial con importantes posiciones ante el la Gran Logia Regional del Noroeste de la que fue su motor y guía, sino  cono grupo que reunió a importantes hombres que tuvieron un importante desarrollo social, político y masónico, desde Fiera Jacoby, pasando por el que fuera el Gran Maestro Alberto de Lera, Loredo Aparicio, los Cerra. Etc….

Se echa de menos un capítulo sobre las relaciones de Rosario de Acuña y la masonería gijonesa representada por la logia tratada…

En fín es que lo que tenemos, que no estando mal… podría haber sido una obra intensa e interesante, y no una obra para cubrir el expediente y acotar espacios.

Víctor Guerra. Historiador de la Masonería asturiana

14 junio 2019

ROSARIO DE ACUÑA EN EL CANDELERO EDITORIAL




La presencia de la librepensadora (1850-1923 ) siempre resulta grata, y despierta entre una serie de historiadores y estudiosos bastante atracción, lo cual ha conllevado a que en las estanterías se encuentre dos interesantes libros, uno de ellos de divulgación dentro de la colección Mujeres en la Historia que desarrolla un especialista en la figura de Rosario de Acuña como es Macrino Fernández Riera.

Un trabajo generalista, con aportación de numerosos datos sobre la saga familiar de Rosario de Acuña, pasando muy por encima sobre otros temas como el tema masónico, que apenas si ocupa un par de párrafos, y que deja la interrogante de si Rosario de Acuña había mantenido contacto con los masones ferrolanos.

Un libro interesante pues en apenas 140 paginas nos desarrolla la figura de esta madrileña vinculada los últimos años de su vida a la ciudad de Gijón.

La otra novedad viene de la mano de José Bolado, que amablemente me hace llegar una edición colectiva bajo la dirección de Elena Hernández Sandoica y que bajo el titulo de Rosario de Acuña, Hipatía (1850-1923) Emoción y Razón, exponen sus trabajos diversos investigadores:
  • Cristine Arkinstall  Haciéndose Hipatía: muerte y resurrección en los escritos de Rosario de Acuña
  • Jose Bolado García: «Mariposas del Alma»: Corrientes y remanso en la voz poética de Rosario de Acuña; 
  • Ana María Diaz Marcos: «Su Dios no satisface a mi razón» mujer y ateísmo y fe en la obra de Rosario de Acuña
  • Macrino Fernández Riera: Rosario de Acuña y Emilia Pardo Bazán: dos trayectorias divergentes;  
  • Elena Hernández Sondica: La maternidad espiritual de Rosario de Acuña: cartas de guerra e intimidad epistolar ; 
  • Solange Hibbs-Lissorgues: Rosario de Acuña y la literatura francesa: un viaje por el alma y la naturaleza
  • Maria José Lacalzada Mateo:  Sosteniendo la libertad de pensamiento: Rosario de Acuña y la masonería.

Este es el panorama de los trabajos presentados para debate, los cuales resultan muy interesantes para redondear los trabajos en torno a esta carismática y poliédrica autora, que se envuelve a lo largo de sus trayectoria bajo varias banderas como la actividad teatral, la poética, la ensayista, sin menoscabar su presencia como activa librepensadora y masona.

Este último punto, de la masonería es el que me interesa destacar, ya que, si bien hasta ahora hemos asistido a un abordaje del personaje desde la introspección, intentando escudriñar todo el andamiaje vivencial del personaje el cual abordó el amigo Jose Bolado con su monumental obra, creo que falta una lectura crítica con respecto a algunas de sus posicionamientos, sobre las cuales he comentado a veces con Jose Bolado algunas cuestiones que sacan a luz pues otras visiones.

En este sentido es una pena que el trabajo de Maria José Lacalzada sea una ponencia que tiene unos años, pues en verdad toca el punto central del debate que hace tiempo vengo sosteniendo sobre la figura de Rosario de Acuña en la masonería.

Y es que en general, como digo los acercamientos han sido más tendentes a buscar  todo lo referido al personaje y hacerlo encajar en un relato generalista, más que a escudriñar algunas motivaciones que tuvo  Rosario de Acuña o tuvieron con respecto a su persona.

Ello motivo  por mi parte el abordaje de una cierta desmitificación del personaje, en lo que respectaba al papel jugado por Rosario de Acuña, en cuya aproximación la madrileña y asturiana de adopción no sale muy bien parada en cuanto a la cuestión de su inserción en la masonería alicantina, y su posterior desarrollo masónico, y  y sin que por mi parte pierda un ápice de interés tal personaje que me parece grandioso, pero es bueno también entrar en los agujeros muertos de las historiografías, motivo por el cual hace tiempo abordé un trabajo titulado: Rosario de Acuña y la Masonería, Encuentro y desencuentros.

Y es curioso porque estos ultimas publicaciones obvian tal  trabajo, que creo que podría ser un punto de partida para una importante introspección sobre el hecho masónico en el que se insertó Rosario de Acuña y en el cual tuvo un complejo desarrollo que en general los historiadores y estudiosos nos están entrando, y cuyo entramado una vez desembarcado en el  explicaría muchas cuestiones que ahora se plantean como oscuras.

Pues si  bien se habla largamente de su iniciación masónica, no se explican de forma conveniente  las motivaciones que hubo tras ella, con el excéntrico hecho que Rosario de Acuña, se fuera de Alicante, nada más terminar su iniciación y dejase a la logia plantada ante un convite logias y social que tenían preparados los Hermanos masones alicantinos, con la cuestión de que nunca nadie ni la propia Rosario de Acuña diera explicación alguna sobre tal hecho ni sus partenaires y conmilitones.

En ese sentido es una pena, pues algunos autores se sitúan en las líneas de confort de exponer los tópicos al uso, si entrar en las partes oscuras del personaje, y más allá de los tópicos, la relación de Rosario de Acuña con la masonería no fue fácil, ni llana, puesto que parece claro que si bien el impulso de su entorno (R.A) de prohombres de la alta masonería y ligados a la Logia Constante Alona y la construcción de su Cámara de Adopción y querer colocarla como cabeza de puente , cuando este modelo masónico  «discurría desde la conciencia de esposa y madres y así se proyectaba en el mundo masónico».

Tal vez enfrentada Rosario de Acuña frente patriarcal  movido por las fuerzas republicanas, y que ha hemos visto en otra mitificación como la iniciación de Marie Deraisme en Francia, hizo que tal cosa espantase a Rosario de Acuña, aunque mediase «una disposición  hacia la libertad de pensamiento, el anticlericalismo y una actitud galante y expectante hacia el universo femenino».

En fín no parece que uno sea buen profeta en su tierra y habrá que esperar a que uno se vaya al Oriente Eterno, tal vez para que se constaten algunos estudios de cara a desmitificar tanta mitificación como se hace si entrar en esas extrañas lagunas que cada personaje tiene.

Em todo caso gracias a todos los autores por poner de nuevo diversos trabajos unos nuevos y no tantos que nos ayudan a comprender a personajes tan singulares como lo fue Rosario de Acuña.

He dicho. Victor Guerra .

24 abril 2019

PRENSA Y PERIODISTAS EN LA MASONERÍA ASTURIANA (1ª Entrega)


 
Continuando con el nivel de aportaciones historiográficas sobre la historia de la masonería asturiana, hace unos día cerraba la correspondiente a la de los fotógrafos, litógrafos y otras profesiones gráficas que se dieron en el seno de la masonería astur tanto del siglo XIX como del XX, hoy traigo a colación un capitulo que está dentro de la Historia de la Masonería gijonesa del siglo XIX como de XX. 

Se trata de la prensa masónica, y del papel jugado por los diferentes masones  tanto en la prensa propia, como el que jugaron como masones en la llamada prensa "profana" , en la cual se denotan abundantes presencias.

Les dejo con el aporte 

Los francmasonería como institución no ha tenido a lo largo de su historia en Asturias una excesiva presencia en los medios de comunicación, los periódicos o revistas propias han sido escasas y, las colaboraciones periodísticas en otros medios a través de manifiestos o documentos similares tampoco han sido abundantes.

 Esa falta de medios de expresión viene explicada en parte por el control inquisitorial que la Iglesia y, los poderes políticos conservadores desarrollaron durante mucho tiempo en el seno de la sociedad asturiana, lo que dificultaba cualquier labor de difusión masónica[1].
Téngase en cuenta que por ejemplo en Oviedo el Obispo Martínez Vigil en marzo de 1897 realiza un decreto con estas características:
 “Prohíbanse también las obras que establecen que el duelo, el suicidio o el divorcio son lícitos, que tratan de las sectas masónicas u otras sociedades del mismo género, y pretenden que son útiles y no funestas a la iglesia y a la sociedad, y las que sostienen errores condenados por la Sede Apostólica[2]

El Decreto del 23 de octubre de 1868 de Sagasta, Ministro de la Gobernación y, reafirmado por la Constitución de 1869 que serán los elementos que institucionalicen la libertad de pensamiento y su libre expresión oral y ello permitirá un gran desarrollo de la prensa regional que se consolidará durante la Restauración, donde la prensa de opinión y la surgida de los partidos políticos conoció un gran auge.

Estos decretos tendrán luego ciertas restricciones, pero aún así,  ello va a suponer una apertura de todo el cauce de expresión del cuerpo intelectual y político del momento.

La Orden masónica en un primer momento no parecía, dada su peculiar idiosincrasia y discreción, muy proclive a una labor publicista, ni a una a la labor proselitista a través de la prensa y, menos en las circunstancias temporales en que nos estamos refiriendo, a excepción de aquella que se expresaba en los órganos oficiales recogida en diversos Boletines, que tenían más un carácter informativo que doctrinal, de ahí que estuvieran constituidos como nexos de unión entre las logias, capítulos y los distintos organismos superiores de las Obediencia, contribuyendo a dar cuerpo y forma al sentido de pertenencia a una Obediencia, a la vez que marcaban las pautas del debate interno y las diferencias con el resto de las Obediencias. Ese es pues el ámbito en que se van a mover dichas publicaciones que además no van a ser de carácter regional sino que estaban en su mayoría radicadas en los valles donde se asentaba el Consejo de la Orden.

En Asturias la situación sociopolítica colaboró para que la la prensa masónica en nuestra región fuera más bien exigua si cabe, arrojando este saldo: un solo periódico en el siglo XIX, y  dos publicaciones en el primer tercio del siglo XX, que tienen como cara que tienen como característica común entre todos ellos, el haber sido publicaciones de muy corta vida.

Esa necesidad de salir del anonimato que se registró en algunos momentos,  fue más bien fruto de las circunstancias externas, como podían ser los ataques que se prodigaban desde distintos púlpitos y, también por la presión que había con la puesta en marcha de las ligas antimasónicas, lo que obligó a distintos colectivos masónicos a generar una prensa propia, fundamentada en dos objetivos:
1º/ Que les sirviera de ariete contra las ligas antimasónicas que los “cogolludos” les estaban orquestando.
2º/ Poder salir del estrecho cíngulo del secretismo al que estaban sujetos los miembros de la Orden y, que en parte les impedía dar a conocer las propuestas que la masonería aportaba ante la situación social y política del momento.

Esa circunstancia también se conjuga con una membresía de alto nivel económico y con un bagaje cultural que se va a dar en las logias ovetenses del siglo XIX, compuesta en una buena parte por una burguesía progresista de empleados, abogados, y catedráticos como: Fermín Canella, Braulio Vigón, Collar del Peso, Vega Isla, Inocencio Sela, Alarcón Jimeno, habituados todos ellos al mundo de la escritura y la prensa, que van a buscar otros cauces de expresión fuera de los “raquíticos” boletines oficiales de las Obediencias.

Este abundante caudal de recursos humanos de extensa formación, capaz de afrontar los retos que desde los estamentos católicos se les estaban planteando van a entrar en el mundo del periodismo bajo un amplio espectro de vinculaciones, como colaboradores, propietarios de periódicos, periodistas profesionales etc.

 Aunque no todos esos recursos se van a lanzar a una campaña a pecho descubierto sino que muchos de ellos van a  escribir en diversos periódicos o revistas de la época, de muy distinta tendencia y, no siempre de una forma concordante con los presupuestos masónicos de la Obediencia a la que pertenecían pero sin que ello les presuponga dar a conocer su condición masónica, o dar a conocer temas internos o ser divulgadores de las posibles directrices masónicas, si es que las había .

Podemos afirmar que las colaboraciones periodísticas entroncan más bien con la filosofía de la cual bebe la masonería, como es el krausismo personificado en la Institución Libre de Enseñanza y, por tanto el tono de esas colaboraciones van a estar en la línea de una apuesta social por la educación, o la mejora social y laboral y, la divulgación antropológica. Algunos de los masones incardinados en la política van a emprender aventuras periodísticas importantes en dicha época y, sin embargo en esos medios que dirigen o coordinan tampoco se ve de forma clara esa tarea difusora de las ideas masónicas al menos de una forma clara.

Cierto es que no se ha abordado un estudio cuantitativo de las distintas colaboraciones periodísticas de los masones asturianos y, tampoco se ha hecho un análisis profundo de sus contenidos y, menos desde la perspectiva del metalenguaje, de cara a rastrear en ellos, la existencia de un mensaje transmisor de la “esencia masónica”.

Ello necesitaría de un examen crítico y profundo, cuestión compleja y ardua, que sobrepasa los límites de este trabajo; metiéndonos a su vez, en el complejo nudo gordiano del que ya Aldo .A Mola en su artículo sobre “Prensa masónica, liberal y anticlerical” nos adelanta:
“Debemos preguntarnos si todos los colaboradores de las revistas que analizamos fueron masones, y en caso afirmativo, si sus artículos respondían a las directivas de la Orden,( y en particular, a directivas de las que los interesados y sus lectores eran conocedores y a su respecto, estaban de acuerdo) o se trataba de elaboraciones subjetivas, dictadas por la creatividad individual, sin tener en cuenta “planes” o, cuando menos, una orientación o programa, en cierta forma discutido, aprobado, promovido, y traducido precisamente, en estos o aquellos artículos”. :[3]
 Aún así y con todo, la actividad de los masones asturianos del siglo XIX, aparte claro está, del trabajo interior y personal de labrar su propia piedra y, el abordaje de diversos proyectos de beneficencia que les son propios, podemos que su grado de influencia va a ver tener muy poco reflejo en la sociedad asturiana que se pueda reconocer a través de la prensa, y tal como explica Luis P. Martín, tal vez esa incapacidad de emisión es muy posible que tenga este origen:

“La dificultad que entrañaba a los masones definir la masonería, les obligaba incluso a definirla por negación y esto demuestra una instrucción masónica insuficiente o tendenciosa, aunque , no obstante algunos miembros de la Institución son capaces de ofrecer una visión más conforme y concisa [...] aborda la cuestión de la religión y nos dice que la masonería no es una religión, ni una secta, ni un partido político; que es una asociación fundada en el libre examen y que ni impone ninguna creencia religiosa”[4]

 A este respecto hay constancia de una acción más publicitaria y proclive a la participación política de carácter republicano y que proviene de la logia Luz Ovetense, que va a poner en la calle en 1886 [5], una publicación semanal que se denominará “La VerdadSeminario Democrático, a través de cuyas páginas habrá un continuo llamamiento a la unidad republicana y masona, dando a conocer tanto la vida republicana zorrillista en la que se encarnaban parte de los masones ovetenses, como una buena parte también de la vida interna de las logias ovetenses.

En los talleres gijoneses (que llegan a la suma total de ocho formaciones masónicas entre 1850 y 1898),[6] les pasa algo parecido, aunque estos últimos no sienten en principio la necesidad de sacar a la luz un medio de expresión que diera a conocer sus ideales o propuestas y, la confirmación a ésta aseveración, es que dado el componente profesional, cultural y económico de las logias de aquellos momentos, hubiera sido fácil poner en la calle un medio de expresión a pesar de las trabas legislativas y de censura (que las había), al igual modo que lo habían hecho algunos miembros de la masonería, que en función de sus intereses ideológicos y partidistas, como era el caso del francmasón Apolinar Menéndez Acebal que editaba un periódico republicano La Aurora.

Los distintos publicistas y escritores masones encuadrados en las logias gijonesas, tienen cabida en los diferentes medios de expresión que se dan dentro fuera de la región, aunque no con tanta proliferación como sus hermanos los ovetenses, que copan buena parte del mundo periodístico. Aunque en general siguen tanto ovetenses como gijoneses  la misma pauta de comportamiento no abordar o realizar tareas de difusión, ni de una defensa abierta frente a los ataques, al menos de una forma individual sobre la francmasonería.

Aún con dicha situación dentro de las logias gijonesas del XIX, se recoge la presencia de un periodista, concretamente de Nicolás Antonio Peña Pintado, natural de Oviedo, que se encuadra dentro de la singular logia Perla del Cantábrico (logia de la cual se habla en el capítulo Masonería y Milicia), que trabajaba en los valles de Gijón. En dicho taller Peña Pintado ejerce en el curso masónico de 1891 de Orador, y responde al simbólico de Aristogiton, ostentando en aquel momento el grado de Maestro Masón (3º)

 De las pocas noticias escritas que nos han llegado de este periodista, está un pequeño discurso que realizó en el acto de instalación del taller en el cual habló a sus hermanos masones sobre el “concepto de masonería y la ineficacia en todas la épocas de las religiones positivas, puesto que ni antes ni ahora han podido cumplir el fin para que fueron creadas”[7]

Otro de los publicistas gijoneses y miembros de la masonería del siglo XIX, es Apolinar Menéndez Acebal, que colaboró en diversos periódicos democráticos: La República Española (1869)[8] de Gijón; El Eco de Asturias (1877) de Oviedo y, en la Ilustración Gallega y Asturiana (1880-1) de Madrid. Así mismo fundó y dirigió su propio semanario de carácter republicano titulado La Aurora”, y también el Municipio.

Apolinar Menéndez se encuentra en los cuadros lógicos de dos talleres: La Razón en 1878, y más tarde se convertirá en el Venerable de la logia Amigos de la Naturaleza y de la Humanidad (1879-1886) durante el curso masónico de 1879-1880.

Así mismo dentro de las logias gijonesas, hay distintos hiramitas relacionados con el sector de las artes gráficas, como el impresor Vicente González Palermo, adscrito al primer taller gijonés: Los Amigos de la Naturaleza y Humanidad (1850-1854) donde ejercía de Guarda Sellos. Nacido en Oviedo en diciembre de 1821y residía en la Plaza Mayor n1 5  de Gijón.
También estaban el tipógrafo Francisco Díaz y el cajista Agapito Llames Umaña; amén de los dibujantes Emilio Schmidt, y Antonio Ángel todos ellos miembros del último taller gijonés del siglo XIX, la logia Amigos de la Humanidad, formación que ya hemos vista implicada en varios temas como la dignificación de cementerios, o la enconada lucha que mantuvieron ante el elemento clerical de la ciudad.

Como conclusión, podemos decir que dentro de los masones que salen a la palestra pública, concretamente en los periódicos, principal medio de expresión de la vanguardia liberal del siglo XIX y, sin entrar en un análisis minucioso de sus escritos, en líneas generales no se registra un afán proselitista, ni parece  existir una mentalidad de querer atrincherarse en una  defensa a toda ultranza  de la Orden, que es lo que  parecería normal  frente a los ataques que ésta recibe, que son muchos y abundantes.

Realizado un somero análisis, se puede comprobar que son escasas las referencias bibliográficas sobre la masonería tanto en artículos  como en  folletos, salvo el caso aislado del periódico antes mencionado editado por la logia Luz Ovetense, [9]

la prensa y los masones en el siglo XX.

El siglo XX, en su primer tercio  arroja un panorama distinto, habrá una mayor vinculación de los masones con el mundo de la prensa, ocupando diversas posiciones, desde la propiedad, a las tareas de dirección o redacción y,  a diferencia de lo que sucedía en el siglo anterior,  algunos de ellos dejaran al descubierto su condición de francmasones, bien por su posición como  directores o redactores de los distintos periódicos masónicos o paramasónicos, o bien como una opción personal en la cual se encuentran: Avelino González García, o Isaac Pacheco, que pueden ser claros ejemplos de lo que se expone.

Al producirse la atomización de talleres masónicos en Gijón,  en torno a la sede de la Gran Logia Regional del Noroeste (que se consigue tras no pocos esfuerzos), será en estos valles donde concentren también su labor profesional y social los diversos hiramitas. que la componen  y,  que se  nuclearan  alrededor de otras publicaciones que en esta ocasión van a cubrir un mayor espectro sociopolítico que  va desde el órgano oficial del socialismo: El Avance, al diario confederal del sindicato “CNT”.

Aunque en este siglo la masonería no tendrá un medio oficial en Asturias, al margen de los intentos que luego referiré, habrá un medio que  oficiará como órgano extraoficial de la masonería y será   El Noroeste,  periódico reformista en el cual encontremos continuas referencias, sobre los  distinguidos masones que actuaban en la vida pública y, sobre las actividades o actuaciones de las logias. Constituyéndose en una prensa paramasónica (publicaciones que, sin ser órganos oficiales de logias y de obediencias, sus directores o redactores eran, masones, o aquellas otras publicaciones que desde sus columnas se sintonizaba ideológicamente con los planteamientos de los hermanos masones)[10] claramente diferenciada de otra estrictamente masónica. En realidad la prensa paramasónica es difícil de precisar y determinar. Nos faltan estudios; aún así podemos considerar que toda prensa republicana lo era.

Dentro de las logias jovellanistas, de siglo XX,  se encuentra una amplia nómina de periodistas: Fernando García Vela, Pedro González Blanco, José María Suárez, Avelino González García, Valentín Ochoa; José Díaz Fernández; Juan Menéndez Arranz; Benigno Fernández Martínez, etc.

Existen otros periodistas masones, que no se han traído hasta éstas páginas por estar en un ámbito geográfico distinto al gijonés, como es el caso del periodista del periódico Avance: Jesús de la Vallina, natural de Oviedo y miembro de una logia ovetense; o el de Valentín Ochoa y Francisco Caramés Riopedre, miembros el primero de la logia Riego y, el segundo vinculado documentalmente a la Argüelles, los cuales desarrollan sus periplos periodísticos y literarios en la cuenca del Nalón; paralelamente lo mismo hacía en la cuenca del Caudal el francmasón del triángulo Costa: Cándido Barbón, que sacaba a la calle El Despertar de Turón.[11]

Víctor Guerra Garcia. Historiador de la Masonería Asturiana




[1] En aquellos momentos la Iglesia había sacado las encíclicas “Qui Pluribius” Pío IX, y León XIII. Humanun Genus” en 1884.
[2] Martínez Vigil; Obispo:. Prohibición y Censura de Libros, capítulo V , apartado 14. 
[3] Dicho trabajo se encuentra en el libro “Masonería y Periodismo en la España Contemporánea” Prensa Universitaria.
[4] Martín, P. Luis: La Masonería en Castilla y León. Diputación Prov. De Salamanca. 1996 . pag 248.
[5][5] Álvarez Lázaro, Pedro: En su libro “La Masonería , escuela de formación del ciudadano” hace referencia en la parte documental a diversos números: 16 de junio; 7 de julio; 25 de agosto; 8 de septiembre; 15 de septiembre; 22 de septiembre; 1 de noviembre y 17 de noviembre, todos ellos de 1889.
[6] Las logias gijonesas eran: logia Los Amigos de la Naturaleza y Humanidad (1850-1854); Los Amigos de la Naturaleza y Humanidad (1871-1875); Amigos de la Naturaleza y de la Humanidad (1879-1888); Amigos de la Humanidad (1889-1894; logia La Perla del Cantábrico (1891-1892); logia La Razón ( 1874-1888); logia Ciencia y Virtud, y el Capítulo Provincial Juan Padilla.
[7] Noticia recogida del Boletín de Procedimientos del Soberano Gran Consejo General Ibérico, año III. Madrid 12 de abril de 1891.
[8] Este periódico era el órgano del embrionario partido Republicano Federal, en el cual encontramos a los francmasones Eduardo Guilmain, al propio Apolinar, que colaboraban en la redacción y como redactor trabajaba Braulio Vigón. El periódico se editaba en la imprenta del alcalde de Gijón Nemesio Sanz Cespo, era dirigido por Eladio Carreño. 
[9] Hay que tener en cuenta que no se ha hecho un rastreo de toda la hemerografía asturiana para ver con detalle tal cuestión. 
[10]  De hecho van a ser diversas las veces que la logia o la GLRN se dirija a Antonio Oliveros , Director de Noroeste, dándoles las gracias por lo artículos publicados o los toques de atención que se daban desde el periódico. Así pues tenemos en el  libro de Oliveros, pag. 180 y 181  unos comentarios al respecto y la reproducción de varias cartas que Alberto de Lera  envía a modo de felicitación  reconociendo “lo justificado de los propósitos de su campaña a fin de levantar el espíritu, y con ello despertar los sentimientos de humanidad, es por lo que esta Logia se honrad dedicar a usted, respetable señor , estas líneas. Reciba usted, pues nuestra enhorabuena y sepa nos tiene a su disposición” 
[11] Este periódico era de tirada mensual y de carácter socialista, su primer número se editó el 2 de julio de 1919, alcanzó una tirada de cuatro números, de los cuales solo se conservan el nº 3 y 4. Recogido del trabajo publicado en el BIDEA nº LVI “Periódicos publicados en Mieres” por Antonio Pérez Feito. pag. 82. 

14 marzo 2019

Fotógrafos en la masonería asturiana: Gijón (2ª Entrega)


Foto Archivo de Salamanca. Masones españoles en Covadonga

Las Artes liberales en la masonería asturiana: Pintores, litógrafos y fotógrafos 

Siguiendo con la línea ya emprendida hace tiempo de ir entregando retazos de la historia masónica asturiana, esa que se entrega en otras latitudes y por otros autores bajo los sellos de los prejuicios, las envidias y las invisibilizaciones, pues dentro de esa historia de la masonería gijonesa, escrita hace tiempo pero que reposa tranquilamente en espera de un cuidado repaso, pues hago está entrega de un capítulo que puede ser interesante y es la aportación de profesiones como los pintores , litografos o fotógrafos que los hubo y en cierta abundancia en las filas masónicas que se dieron en Asturias tanto en el siglo XIX como en el XX. de lo cual ya hice un primer acercamiento:


Por tanto aquí les dejo con el texto de la la segunda entrega:

Como hemos podido observar la logia Amigos de la Naturaleza y de la Humanidad, se constituye en un auténtico vivero de fotógrafos, tal vez la relación de unos con otros, era la mano que mece el picaporte de la puerta masónica y el aval necesario para poder entrar dentro de la hermética orden. Así, es como dentro del mismo taller encontramos al hermano Gutemberg, cuyo simbólico nos despistó al vincularlo con la tipografía y más siendo su signación profesional en el cuadro logial el de industrial, pero será de nuevo Crabifosse el que nos aporte la pista necesaria para luego ir reconstruyendo el discreto currículo masónico de este ambivalente tipógrafo: Juan Arranz de la Torre,[1] al que seguimos  a través del citado estudioso de la fotografía asturiana.

            Arranz de la Torre, nace en Vigo hacia 1825. Sus padres Fernando Arranz de la Torre y Narcisa Barredo son naturales respectivamente de Fuente Saúco (Zamora) - no Salamanca como indica Crabifosse - y, Santander. La familia se estableció en Oviedo a mediados de la década de los cuarenta, dedicándose probablemente ya el padre, a las labores de imprenta. Juan Arranz continuó la tradición familiar ejerciendo la profesión de impresor en dicha ciudad. [...] «Personalidad inquieta, participó en diversas empresas editoras»

Arranz de la Torre va a trabajar en la galería de los señores Crespo y Cruz, a los cuales terminaría adquiriendo su establecimiento pasando a denominarse la empresa Torre y Compañía , cuya sede se situaba en la calle Libertad 32.

Juan se inició masónicamente el 31 de enero de 1877, en una logia dependiente del Gran Oriente de Francia, la cual no podría ser otra que la logia Los Amigos de la Naturaleza y Humanidad que Victoria Hidalgo da como concluida en 1875, sin embargo las fechas de diversos iniciados datan de 1877, salvo que Amigos de la Naturaleza y de la Humanidad no empezara a trabajar en 1879 bajo el GONE, como indica la historiadora Victoria Hidalgo, sino bajo el GOdF dos años antes y luego cambiara más tarde al GONE, cuestión muy típica esta de cambios de Obediencia que ha llevado a más de una confusión a los estudiosos del tema.

Juan Arranz de la Torre en el último cuadro lógico que se posee de la logia, que data de 1880, consigna que posee el ribeteado mandil de Maestro Masón (3º). Con setenta años pasa al Oriente Eterno. Como anécdota casual decir que fallece el mismo día en que se había iniciado, un 31 de enero, pero evidentemente unos años antes en 1895. Un nieto suyo también formará parte de la masonería: Juan Méndez Arranz de la Torre, cuya referencia se puede encontrar en el capítulo: Prensa y Periodistas

Ricardo del Río,[2] es francmasón, y uno de los pocos fotógrafos gijoneses. Nacido en 1857 del matrimonio luanquín formado  por Bernarda Fernández Ricardo y Santos del Río Artime, que se había ubicado en Gijón, puesto que trabajaba en la Fundición Kessler, Laviada y Cía.

Ricardo, como otros muchos hombres de la época con la inocencia aún colgada de la primera pelusilla viril entró a trabajar en la fabrica de vidrios La Industria, donde su afición por la fotografía fue en aumento hasta llegar a iniciarse en tal actividad en 1881,  desarrollando las labores de fotógrafo ambulante, especialidad en la cual perdurará unos cuantos años, pues en febrero de 1896 pulula por Villaviciosa donde anuncia sus servicios durante algunos días, trasladándose al Monasterio de Valdediós, para realizar las clásicas fotografías de grupos escolares, en las cuales parece ser era todo un especialista.

Hay un momento en la vida de Ricardo, intenso, pues no solo gana el «Premio al Mérito» en la Exposición Local de 1891, sino que contraerá matrimonio con Escolástica Bárzana y Fontán, que fallecería unos años más tarde dejando como fruto de su relación con Ricardo, cinco hijos. Será por esas mismas fechas cuando Ricardo del Río levante el picaporte de la puerta de la masonería, concretamente lo hace ante las puertas de la logia Amigos de la Humanidad y, a buen seguro que de la mano de alguno de sus colegas fotógrafos y, será mediante esta membresía, cuando conozca a Antonio M. Quiroga, miembro de la misma logia y colabore con él en el proyecto de expansión que este último estaba desarrollando, y en esos entretiempos también visita como fotógrafo la villa de Grado, tal y como comenta Crabiffosse en su libro sobre la Historia de la fotografía en Gijón.

Ricardo del Río se inicia en los misterios del maestro Hiram, en cuya ceremonia se autoimpone el simbólico de Daguerre como no podía ser menos para un fotógrafo. En el seno de esta formación alcanza el grado de Maestro Masón (3º), al menos así lo recoge el cuadro lógico de 1894. Dado el vacío documental, no podemos definir cuales fueron ni sus cargos ni sus años de trabajo masónico, y menos aún sus aportaciones como masón.

Tres años más tarde en 1897, inaugurará su propia galería en el antiguo estudio de Enrique Marquerie ubicado en la calle Libertad 43, realizando trabajos baratos que publicita de este modo «Visitas por 10 reales» , compaginando tales trabajos con copias fotográficas de cuadros como La familia de un anarquista el día de la ejecución del pintor Ventura Álvarez Sala, conectando  así con la radicalidad que se da en la formación masónica en que milita, pues como ya expusimos este taller gijonés es uno de los más combativos contra la presencia en Gijón de los denominados «cogolludos».

Aunque también el taller en que se incardina es combativo con los Jesuitas no deja por ello de hacer hincapié en las labores de beneficencia. Es este taller Amigos de la Humanidad,  un tanto heterodoxo si lo comparamos con los que le precedieron o con sus propios contemporáneos, pues sus ataques a la iglesia van a ser sonados, a lo cual se suma su labor de caridad y beneficencia, y  si ello fuera poco, el liderazgo del taller va a recaer durante algún tiempo en la persona de un pastor evangélico, lo que le convierte en un taller singular.

Las evoluciones de Ricardo del Río nos las relata ampliamente Crabriffosse, detallándonos sus distintos periplos al frente de los cuales no solo estará él mismo, sino algunos de los hombres que conformaran la masonería del siglo XX Así es, como encontramos a Luís Medina Farias que será el encargado de la sucursal que Ricardo abra en la Calle Corrida 37. Ricardo dejará este mundo el 25 de enero de 1921 con 64 años de edad.

Pese a morir en pleno siglo XX, en cuyos comienzos tenemos una masonería que se irá consolidando desde la primera década del siglo, el nombre de Ricardo aparece como uno de los puntales masónicos en los que supuestamente debería haberse apoyado esa nueva masonería. ¿Cuál fue la razón para esa ausencia?

En realidad no la sabemos, pues el vacío documental existente en las logias llevó a la creencia de que ésta había naufragado a la par que el desastre del 98, luego por otros pequeñísimos indicios vemos que no, y comprobamos que una pequeña parte de esa masonería siguió adelante. De hecho, ahí tenemos a Ricardo del Río firmando en 1905 un reconocimiento de méritos masónicos.

También hay que pensar en otra dirección, y es que los nuevos puntales masónicos del siglo no salen por arte de magia o cábalas alquímicas, sino de la vinculación con los viejos hombres del siglo XIX, que de alguna manera les insuflan un nuevo espíritu ya que ellos se sienten ya muy vencidos por la historia y por el tiempo, aunque ,ya digo que son especulaciones pues las nuevas fuentes documentales masónicas que vamos a manejar correspondientes al primer tercio del siglo nada nos digan sobre ello y, todo parezca indicar que esta nueva masonería del siglo XX nace como por generación espontánea.

Hasta ahora hemos hablado de los fotógrafos, pero habría que hacerse una pregunta ¿Qué hay de masónico en sus obras? La verdad es que es un trabajo de investigación difícil y que aún no se ha abordado y que dada su escasa presencia, es posible que hubiera que ampliarlo a todo el territorio peninsular para que dichos datos pudieran tener alguna consideración, fuera de lo puramente anecdótico.

            Con respecto a los que estamos tratando hay un trabajo de Ricardo del Río muy relacionado con la masonería y, es un excepcional documento fotográfico[3] , en el cual vemos a Marcelino Aguirre Vitorero, vestido de Maestro Masón[4]. El estudio en que se realiza la fotografía estaba ubicado entre las calles Cabrales 55 y Corrida 37. Existen en el fondo documental de Salamanca, que no tienen asignada autoría y que bien pudiera ser de Ricardo del Río, o de algunos de los fotógrafos que actuaban en Asturias, pues en ellas aparece la construcción del edificio de la sede de la Gran Logia Regional del Noroeste.

También en la ciudad de Gijón tenemos a otro reconocido fotógrafo francmasón Julio Peinado Alonso.  A éste se le había vinculado a la nueva masonería que se va a dar en el siglo XX, de él nada nos dice la profesora Victoria Hidalgo sobre su posible membresía en la masonería del XIX, y sin embargo entre los papeles de la logia Amigos de la Humanidad, encontramos el documento, ya citado, que firman: Nicanor Alonso como ex Venerable, Luciano Coste como 1º ex Vigilante, Ricardo del Río como Maestro de Ceremonias y como ex Secretario de la logia Amigos de la Humanidad en los valles de Gijón, Julio Peinado Alonso con el grado de Maestro Masón (3º). Lo cual nos está indicando que su membresía a la Orden de los Hijos de la luz viene de lejos.

Peinado Alonso se va a constituir como el profesional por excelencia que se adapta a una ciudad en continuo proceso de cambio sabiendo dosificar su talento para ir dando todas las novedades que ofrece el medio y una demanda cada vez más interesada en sus productos..

Julio Peinado es un natural de Valladolid, ciudad donde le traen al mundo el 21 de septiembre de 1868[5], sus padres Rafaela y Juan.  La familia al completo y con un mozalbete que ya tiene catorce años, arriba a Gijón de la mano de la profesión de su padre, que buscaba mejores perspectivas para su prole instalando de esta manera un primer estudio fotográfico en la calle San Bernardo, en cuyo edificio vivía toda la familia.

Con apenas 19 años, Julio Peinado se casa con Joaquina González Guinea, de familia que como dirían los castizos, era de pura cepa gijonesa. Con dicha señora llega a tener ocho hijos, y pasando a trabajar profesionalmente a Oviedo, a un estudio que abrirá en la calle Fruela desde el cual irradiará una intensa labor que le lleva a contar con  la presencia de aprendices deseosos de iniciarse en la aventura de la fotografía.

En su labor de innovación se destaca, como así lo hace la prensa ovetense, la adquisición de «un nuevo aparato de luz de 6.000 bujías mediante el cual hace por la noche fotografías instantáneas con igual perfección que valiéndose de la luz solar»[6]

La era de los Peinado en el mundo de la fotografía es amplia, pues tal y como indica Adúriz en su libro, va desde 1883 hasta 1940, trayecto en el cual se va perfilando un avanzado industrial y, un preocupado francmasón de reconocido prestigio en ambos campos.

Su colaboración con otro hermano francmasón, también fotógrafo Antonio Quiroga le obliga abandonar Oviedo e instalarse de nuevo en Gijón, aunque tendrá que encargarse de buena parte de las tareas y compromisos que va adquiriendo Quiroga en su labor de expansión industrial.

Así, vemos a Pintado encargándose de la sucursal que Quiroga había montado en Ferrol, lo cual conlleva que dada su profesionalidad, y la hermandad existente entre ellos y la fraternidad a la que les obliga el ser miembros de los Hijos de la Viuda, termine asociándose como «representante en propiedad administrativa con firma autorizada ante notario -indicando Quiroga- que todos los trabajos del estudio están a cargo del inteligente artista fotógrafo D. Julio Peinado Alonso»[7]

            La ascendencia de Quiroga, tal y como expresa Crabiffosse se va dejar notar tanto en la apuesta profesional, como en el ingreso en la masonería de su colega y amigo al que en 1898 vemos entrar en la cámara de reflexión,[8] y momentos más tarde iniciar los tres viajes que debe realizar el profano que desea adentrase en el mundo de la masonería, y así es como Julio Peinado, con 30 años entra en la logia Amigos de la Humanidad, y escoge como nombre simbólico el de Nipse.

No sabemos con fecha exacta cuando abandona la masonería, puesto que su logia se va ir extinguiendo en el tiempo y, parece que tan solo queda la parte administrativa, tal y como lo demuestra un escrito que se realiza en 1905 y que ya se comentó en varias ocasiones.

Su presencia, la vamos a echar de menos en el nuevo renacimiento masónico y,  comprobamos  que es del todo reacio a incorporarse a los nuevos e ilusionantes trabajos masónicos, y todo ello a pesar de que tiene conocidos y amigos que en parte están liderando la puesta en escena de nuevas columnas sobre las cuales se asentarán los nuevos cimientos de la masonería gijonesa.

Su reincorporación no está exenta de cierta presión y hasta de una posible maquinación, puesto que por un lado se estaba preparando la reorganización del GOE en Grandes Logias Regionales y por otra, ciertas personalidades de la masonería gijonesa estaban preparándose para abordar ese salto organizativo y necesitaban de pesos pesados como Julio Peinado.

Durante ese renacer masónico, el prestigio de Peinado es inmenso ya que en 1916, goza de fama al proclamarse oficialmente como fotógrafo de S.A.R. la Infanta doña Isabel, y es en medio de esa aureola profesional en la que se circunscribe su reconocimiento como masón, que se produce el 5 de enero de 1923, en el seno de la logia Jovellanos nº 337, que le reconoce como procedente del Gran Oriente Ibérico, y como no, también del grado que ostentaba de Maestro Masón (3º), aunque un mes más tarde Julio Peinado está pidiendo la plancha de quite para levantar las columnas de la logia Riego nº 2, y en cuyo taller ocupará el cargo de Secretario.

Su permanencia en la masonería se va a registrar hasta 1926, luego su estela desaparece dado que hay un vacío documental que no nos permite saber como prosiguió el currículo de Julio Peinado, que debía estar muy metido en sus trabajos profesionales, pues desde su salto a la logia Riego como Secretario, no se le encuentra entre las grandes dignidades que presiden la logia ni dentro de la estructura de la Gran Logia Regional del Noroeste.

Sabemos que en 1925 presentó una selección de fotografías en la Exposición de la Hulla Blanca de Grenoble y, que partir de aquí sus descendientes serán quienes se vayan haciendo cargo del negocio y que en 1926, «tras el cierre del Teatro Jovellanos, se integra en aquel Gijón Cinema inaugurado el 15 de julio de 1926 con la celebérrima serie muda El Prisionero de Zelda. Yo recuerdo como si fuese ahora que, ya embalados por la década de los treinta, los mocosos del barrio del Carmen andábamos a la caza de aquel amable operador que era Julio Peinado para, día tras día, pedirle vistas que él nos proporcionaba a montones y gozando como un verderón»[9]

El 17 de diciembre de 1940 fallecía en su casa de la calle San Bernardo y, con él, como decía Patricio Adúriz «perdíamos a lo que vino a simbolizar lo que por antonomasia denominaremos la belle epoque de la calle Corrida»

Victor Guerra Garcia. Historiador de la Masonería Asturiana



[1] Ibidem . Pág. 124.
[2] Ibidem Pág. 182.
[3] AHN. Signatura SE-MASONERIA-A foto 333.
[4] Marcelino Aguirre fue exaltado al grado 3º el cinco de diciembre de 1914.
[5] Crabiffosse en su libro sobre la fotografía en Gijón, al igual que Patricio Adúriz en su libro Crónica de la Calle Corrida exponen que Julio Peinado había nacido en 1869, sin embargo en los documentos masónicos se consigna con fecha de 1868.
[6] El correo de Asturias, Oviedo, 17 de octubre 1891.
[7] Ibidem. Pag. 173 y sgts.
[8] Habitación de muy reducidas dimensiones y casi en plena oscuridad y donde se encierra al profano con una serie de símbolos y frases antes de dar comienzo a las ceremonias de iniciación.
[9] Adúriz, Patricio: Crónica de la calle Corrida. Biblioteca Julio Somoza. Ed. Silverio Cañada Gijón 1990.


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