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24 abril 2019

PRENSA Y PERIODISTAS EN LA MASONERÍA ASTURIANA (1ª Entrega)


 
Continuando con el nivel de aportaciones historiográficas sobre la historia de la masonería asturiana, hace unos día cerraba la correspondiente a la de los fotógrafos, litógrafos y otras profesiones gráficas que se dieron en el seno de la masonería astur tanto del siglo XIX como del XX, hoy traigo a colación un capitulo que está dentro de la Historia de la Masonería gijonesa del siglo XIX como de XX. 

Se trata de la prensa masónica, y del papel jugado por los diferentes masones  tanto en la prensa propia, como el que jugaron como masones en la llamada prensa "profana" , en la cual se denotan abundantes presencias.

Les dejo con el aporte 

Los francmasonería como institución no ha tenido a lo largo de su historia en Asturias una excesiva presencia en los medios de comunicación, los periódicos o revistas propias han sido escasas y, las colaboraciones periodísticas en otros medios a través de manifiestos o documentos similares tampoco han sido abundantes.

 Esa falta de medios de expresión viene explicada en parte por el control inquisitorial que la Iglesia y, los poderes políticos conservadores desarrollaron durante mucho tiempo en el seno de la sociedad asturiana, lo que dificultaba cualquier labor de difusión masónica[1].
Téngase en cuenta que por ejemplo en Oviedo el Obispo Martínez Vigil en marzo de 1897 realiza un decreto con estas características:
 “Prohíbanse también las obras que establecen que el duelo, el suicidio o el divorcio son lícitos, que tratan de las sectas masónicas u otras sociedades del mismo género, y pretenden que son útiles y no funestas a la iglesia y a la sociedad, y las que sostienen errores condenados por la Sede Apostólica[2]

El Decreto del 23 de octubre de 1868 de Sagasta, Ministro de la Gobernación y, reafirmado por la Constitución de 1869 que serán los elementos que institucionalicen la libertad de pensamiento y su libre expresión oral y ello permitirá un gran desarrollo de la prensa regional que se consolidará durante la Restauración, donde la prensa de opinión y la surgida de los partidos políticos conoció un gran auge.

Estos decretos tendrán luego ciertas restricciones, pero aún así,  ello va a suponer una apertura de todo el cauce de expresión del cuerpo intelectual y político del momento.

La Orden masónica en un primer momento no parecía, dada su peculiar idiosincrasia y discreción, muy proclive a una labor publicista, ni a una a la labor proselitista a través de la prensa y, menos en las circunstancias temporales en que nos estamos refiriendo, a excepción de aquella que se expresaba en los órganos oficiales recogida en diversos Boletines, que tenían más un carácter informativo que doctrinal, de ahí que estuvieran constituidos como nexos de unión entre las logias, capítulos y los distintos organismos superiores de las Obediencia, contribuyendo a dar cuerpo y forma al sentido de pertenencia a una Obediencia, a la vez que marcaban las pautas del debate interno y las diferencias con el resto de las Obediencias. Ese es pues el ámbito en que se van a mover dichas publicaciones que además no van a ser de carácter regional sino que estaban en su mayoría radicadas en los valles donde se asentaba el Consejo de la Orden.

En Asturias la situación sociopolítica colaboró para que la la prensa masónica en nuestra región fuera más bien exigua si cabe, arrojando este saldo: un solo periódico en el siglo XIX, y  dos publicaciones en el primer tercio del siglo XX, que tienen como cara que tienen como característica común entre todos ellos, el haber sido publicaciones de muy corta vida.

Esa necesidad de salir del anonimato que se registró en algunos momentos,  fue más bien fruto de las circunstancias externas, como podían ser los ataques que se prodigaban desde distintos púlpitos y, también por la presión que había con la puesta en marcha de las ligas antimasónicas, lo que obligó a distintos colectivos masónicos a generar una prensa propia, fundamentada en dos objetivos:
1º/ Que les sirviera de ariete contra las ligas antimasónicas que los “cogolludos” les estaban orquestando.
2º/ Poder salir del estrecho cíngulo del secretismo al que estaban sujetos los miembros de la Orden y, que en parte les impedía dar a conocer las propuestas que la masonería aportaba ante la situación social y política del momento.

Esa circunstancia también se conjuga con una membresía de alto nivel económico y con un bagaje cultural que se va a dar en las logias ovetenses del siglo XIX, compuesta en una buena parte por una burguesía progresista de empleados, abogados, y catedráticos como: Fermín Canella, Braulio Vigón, Collar del Peso, Vega Isla, Inocencio Sela, Alarcón Jimeno, habituados todos ellos al mundo de la escritura y la prensa, que van a buscar otros cauces de expresión fuera de los “raquíticos” boletines oficiales de las Obediencias.

Este abundante caudal de recursos humanos de extensa formación, capaz de afrontar los retos que desde los estamentos católicos se les estaban planteando van a entrar en el mundo del periodismo bajo un amplio espectro de vinculaciones, como colaboradores, propietarios de periódicos, periodistas profesionales etc.

 Aunque no todos esos recursos se van a lanzar a una campaña a pecho descubierto sino que muchos de ellos van a  escribir en diversos periódicos o revistas de la época, de muy distinta tendencia y, no siempre de una forma concordante con los presupuestos masónicos de la Obediencia a la que pertenecían pero sin que ello les presuponga dar a conocer su condición masónica, o dar a conocer temas internos o ser divulgadores de las posibles directrices masónicas, si es que las había .

Podemos afirmar que las colaboraciones periodísticas entroncan más bien con la filosofía de la cual bebe la masonería, como es el krausismo personificado en la Institución Libre de Enseñanza y, por tanto el tono de esas colaboraciones van a estar en la línea de una apuesta social por la educación, o la mejora social y laboral y, la divulgación antropológica. Algunos de los masones incardinados en la política van a emprender aventuras periodísticas importantes en dicha época y, sin embargo en esos medios que dirigen o coordinan tampoco se ve de forma clara esa tarea difusora de las ideas masónicas al menos de una forma clara.

Cierto es que no se ha abordado un estudio cuantitativo de las distintas colaboraciones periodísticas de los masones asturianos y, tampoco se ha hecho un análisis profundo de sus contenidos y, menos desde la perspectiva del metalenguaje, de cara a rastrear en ellos, la existencia de un mensaje transmisor de la “esencia masónica”.

Ello necesitaría de un examen crítico y profundo, cuestión compleja y ardua, que sobrepasa los límites de este trabajo; metiéndonos a su vez, en el complejo nudo gordiano del que ya Aldo .A Mola en su artículo sobre “Prensa masónica, liberal y anticlerical” nos adelanta:
“Debemos preguntarnos si todos los colaboradores de las revistas que analizamos fueron masones, y en caso afirmativo, si sus artículos respondían a las directivas de la Orden,( y en particular, a directivas de las que los interesados y sus lectores eran conocedores y a su respecto, estaban de acuerdo) o se trataba de elaboraciones subjetivas, dictadas por la creatividad individual, sin tener en cuenta “planes” o, cuando menos, una orientación o programa, en cierta forma discutido, aprobado, promovido, y traducido precisamente, en estos o aquellos artículos”. :[3]
 Aún así y con todo, la actividad de los masones asturianos del siglo XIX, aparte claro está, del trabajo interior y personal de labrar su propia piedra y, el abordaje de diversos proyectos de beneficencia que les son propios, podemos que su grado de influencia va a ver tener muy poco reflejo en la sociedad asturiana que se pueda reconocer a través de la prensa, y tal como explica Luis P. Martín, tal vez esa incapacidad de emisión es muy posible que tenga este origen:

“La dificultad que entrañaba a los masones definir la masonería, les obligaba incluso a definirla por negación y esto demuestra una instrucción masónica insuficiente o tendenciosa, aunque , no obstante algunos miembros de la Institución son capaces de ofrecer una visión más conforme y concisa [...] aborda la cuestión de la religión y nos dice que la masonería no es una religión, ni una secta, ni un partido político; que es una asociación fundada en el libre examen y que ni impone ninguna creencia religiosa”[4]

 A este respecto hay constancia de una acción más publicitaria y proclive a la participación política de carácter republicano y que proviene de la logia Luz Ovetense, que va a poner en la calle en 1886 [5], una publicación semanal que se denominará “La VerdadSeminario Democrático, a través de cuyas páginas habrá un continuo llamamiento a la unidad republicana y masona, dando a conocer tanto la vida republicana zorrillista en la que se encarnaban parte de los masones ovetenses, como una buena parte también de la vida interna de las logias ovetenses.

En los talleres gijoneses (que llegan a la suma total de ocho formaciones masónicas entre 1850 y 1898),[6] les pasa algo parecido, aunque estos últimos no sienten en principio la necesidad de sacar a la luz un medio de expresión que diera a conocer sus ideales o propuestas y, la confirmación a ésta aseveración, es que dado el componente profesional, cultural y económico de las logias de aquellos momentos, hubiera sido fácil poner en la calle un medio de expresión a pesar de las trabas legislativas y de censura (que las había), al igual modo que lo habían hecho algunos miembros de la masonería, que en función de sus intereses ideológicos y partidistas, como era el caso del francmasón Apolinar Menéndez Acebal que editaba un periódico republicano La Aurora.

Los distintos publicistas y escritores masones encuadrados en las logias gijonesas, tienen cabida en los diferentes medios de expresión que se dan dentro fuera de la región, aunque no con tanta proliferación como sus hermanos los ovetenses, que copan buena parte del mundo periodístico. Aunque en general siguen tanto ovetenses como gijoneses  la misma pauta de comportamiento no abordar o realizar tareas de difusión, ni de una defensa abierta frente a los ataques, al menos de una forma individual sobre la francmasonería.

Aún con dicha situación dentro de las logias gijonesas del XIX, se recoge la presencia de un periodista, concretamente de Nicolás Antonio Peña Pintado, natural de Oviedo, que se encuadra dentro de la singular logia Perla del Cantábrico (logia de la cual se habla en el capítulo Masonería y Milicia), que trabajaba en los valles de Gijón. En dicho taller Peña Pintado ejerce en el curso masónico de 1891 de Orador, y responde al simbólico de Aristogiton, ostentando en aquel momento el grado de Maestro Masón (3º)

 De las pocas noticias escritas que nos han llegado de este periodista, está un pequeño discurso que realizó en el acto de instalación del taller en el cual habló a sus hermanos masones sobre el “concepto de masonería y la ineficacia en todas la épocas de las religiones positivas, puesto que ni antes ni ahora han podido cumplir el fin para que fueron creadas”[7]

Otro de los publicistas gijoneses y miembros de la masonería del siglo XIX, es Apolinar Menéndez Acebal, que colaboró en diversos periódicos democráticos: La República Española (1869)[8] de Gijón; El Eco de Asturias (1877) de Oviedo y, en la Ilustración Gallega y Asturiana (1880-1) de Madrid. Así mismo fundó y dirigió su propio semanario de carácter republicano titulado La Aurora”, y también el Municipio.

Apolinar Menéndez se encuentra en los cuadros lógicos de dos talleres: La Razón en 1878, y más tarde se convertirá en el Venerable de la logia Amigos de la Naturaleza y de la Humanidad (1879-1886) durante el curso masónico de 1879-1880.

Así mismo dentro de las logias gijonesas, hay distintos hiramitas relacionados con el sector de las artes gráficas, como el impresor Vicente González Palermo, adscrito al primer taller gijonés: Los Amigos de la Naturaleza y Humanidad (1850-1854) donde ejercía de Guarda Sellos. Nacido en Oviedo en diciembre de 1821y residía en la Plaza Mayor n1 5  de Gijón.
También estaban el tipógrafo Francisco Díaz y el cajista Agapito Llames Umaña; amén de los dibujantes Emilio Schmidt, y Antonio Ángel todos ellos miembros del último taller gijonés del siglo XIX, la logia Amigos de la Humanidad, formación que ya hemos vista implicada en varios temas como la dignificación de cementerios, o la enconada lucha que mantuvieron ante el elemento clerical de la ciudad.

Como conclusión, podemos decir que dentro de los masones que salen a la palestra pública, concretamente en los periódicos, principal medio de expresión de la vanguardia liberal del siglo XIX y, sin entrar en un análisis minucioso de sus escritos, en líneas generales no se registra un afán proselitista, ni parece  existir una mentalidad de querer atrincherarse en una  defensa a toda ultranza  de la Orden, que es lo que  parecería normal  frente a los ataques que ésta recibe, que son muchos y abundantes.

Realizado un somero análisis, se puede comprobar que son escasas las referencias bibliográficas sobre la masonería tanto en artículos  como en  folletos, salvo el caso aislado del periódico antes mencionado editado por la logia Luz Ovetense, [9]

la prensa y los masones en el siglo XX.

El siglo XX, en su primer tercio  arroja un panorama distinto, habrá una mayor vinculación de los masones con el mundo de la prensa, ocupando diversas posiciones, desde la propiedad, a las tareas de dirección o redacción y,  a diferencia de lo que sucedía en el siglo anterior,  algunos de ellos dejaran al descubierto su condición de francmasones, bien por su posición como  directores o redactores de los distintos periódicos masónicos o paramasónicos, o bien como una opción personal en la cual se encuentran: Avelino González García, o Isaac Pacheco, que pueden ser claros ejemplos de lo que se expone.

Al producirse la atomización de talleres masónicos en Gijón,  en torno a la sede de la Gran Logia Regional del Noroeste (que se consigue tras no pocos esfuerzos), será en estos valles donde concentren también su labor profesional y social los diversos hiramitas. que la componen  y,  que se  nuclearan  alrededor de otras publicaciones que en esta ocasión van a cubrir un mayor espectro sociopolítico que  va desde el órgano oficial del socialismo: El Avance, al diario confederal del sindicato “CNT”.

Aunque en este siglo la masonería no tendrá un medio oficial en Asturias, al margen de los intentos que luego referiré, habrá un medio que  oficiará como órgano extraoficial de la masonería y será   El Noroeste,  periódico reformista en el cual encontremos continuas referencias, sobre los  distinguidos masones que actuaban en la vida pública y, sobre las actividades o actuaciones de las logias. Constituyéndose en una prensa paramasónica (publicaciones que, sin ser órganos oficiales de logias y de obediencias, sus directores o redactores eran, masones, o aquellas otras publicaciones que desde sus columnas se sintonizaba ideológicamente con los planteamientos de los hermanos masones)[10] claramente diferenciada de otra estrictamente masónica. En realidad la prensa paramasónica es difícil de precisar y determinar. Nos faltan estudios; aún así podemos considerar que toda prensa republicana lo era.

Dentro de las logias jovellanistas, de siglo XX,  se encuentra una amplia nómina de periodistas: Fernando García Vela, Pedro González Blanco, José María Suárez, Avelino González García, Valentín Ochoa; José Díaz Fernández; Juan Menéndez Arranz; Benigno Fernández Martínez, etc.

Existen otros periodistas masones, que no se han traído hasta éstas páginas por estar en un ámbito geográfico distinto al gijonés, como es el caso del periodista del periódico Avance: Jesús de la Vallina, natural de Oviedo y miembro de una logia ovetense; o el de Valentín Ochoa y Francisco Caramés Riopedre, miembros el primero de la logia Riego y, el segundo vinculado documentalmente a la Argüelles, los cuales desarrollan sus periplos periodísticos y literarios en la cuenca del Nalón; paralelamente lo mismo hacía en la cuenca del Caudal el francmasón del triángulo Costa: Cándido Barbón, que sacaba a la calle El Despertar de Turón.[11]

Víctor Guerra Garcia. Historiador de la Masonería Asturiana




[1] En aquellos momentos la Iglesia había sacado las encíclicas “Qui Pluribius” Pío IX, y León XIII. Humanun Genus” en 1884.
[2] Martínez Vigil; Obispo:. Prohibición y Censura de Libros, capítulo V , apartado 14. 
[3] Dicho trabajo se encuentra en el libro “Masonería y Periodismo en la España Contemporánea” Prensa Universitaria.
[4] Martín, P. Luis: La Masonería en Castilla y León. Diputación Prov. De Salamanca. 1996 . pag 248.
[5][5] Álvarez Lázaro, Pedro: En su libro “La Masonería , escuela de formación del ciudadano” hace referencia en la parte documental a diversos números: 16 de junio; 7 de julio; 25 de agosto; 8 de septiembre; 15 de septiembre; 22 de septiembre; 1 de noviembre y 17 de noviembre, todos ellos de 1889.
[6] Las logias gijonesas eran: logia Los Amigos de la Naturaleza y Humanidad (1850-1854); Los Amigos de la Naturaleza y Humanidad (1871-1875); Amigos de la Naturaleza y de la Humanidad (1879-1888); Amigos de la Humanidad (1889-1894; logia La Perla del Cantábrico (1891-1892); logia La Razón ( 1874-1888); logia Ciencia y Virtud, y el Capítulo Provincial Juan Padilla.
[7] Noticia recogida del Boletín de Procedimientos del Soberano Gran Consejo General Ibérico, año III. Madrid 12 de abril de 1891.
[8] Este periódico era el órgano del embrionario partido Republicano Federal, en el cual encontramos a los francmasones Eduardo Guilmain, al propio Apolinar, que colaboraban en la redacción y como redactor trabajaba Braulio Vigón. El periódico se editaba en la imprenta del alcalde de Gijón Nemesio Sanz Cespo, era dirigido por Eladio Carreño. 
[9] Hay que tener en cuenta que no se ha hecho un rastreo de toda la hemerografía asturiana para ver con detalle tal cuestión. 
[10]  De hecho van a ser diversas las veces que la logia o la GLRN se dirija a Antonio Oliveros , Director de Noroeste, dándoles las gracias por lo artículos publicados o los toques de atención que se daban desde el periódico. Así pues tenemos en el  libro de Oliveros, pag. 180 y 181  unos comentarios al respecto y la reproducción de varias cartas que Alberto de Lera  envía a modo de felicitación  reconociendo “lo justificado de los propósitos de su campaña a fin de levantar el espíritu, y con ello despertar los sentimientos de humanidad, es por lo que esta Logia se honrad dedicar a usted, respetable señor , estas líneas. Reciba usted, pues nuestra enhorabuena y sepa nos tiene a su disposición” 
[11] Este periódico era de tirada mensual y de carácter socialista, su primer número se editó el 2 de julio de 1919, alcanzó una tirada de cuatro números, de los cuales solo se conservan el nº 3 y 4. Recogido del trabajo publicado en el BIDEA nº LVI “Periódicos publicados en Mieres” por Antonio Pérez Feito. pag. 82. 
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